Sean / Following Sean

Following Sean nace del interés por mirar atrás. ¿Qué habrá sido de Sean? A partir de esa pregunta, Arlyck se sirve del tiempo presente para esbozar una radiografía que comprenda el devenir de aquel niño. El suyo y el de las dos generaciones que le precedieron. Resulta evidente, por tanto, que el filme funciona en parte como un fresco (multi)generacional sobre el que desplegar la descomposición de unos ideales compartidos años atrás.


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Sean / Following Sean

San Francisco. 1969. Un niño de cuatro años y medio, descalzo y con el pelo alborotado, mira a cámara, despliega toda su candidez y confiesa con una sonrisa: «I smoke grass». El niño, el mismo que con cuatro años y medio rechaza la autoridad policial pero no acierta a ordenar los días de la semana, se llama Sean. El hombre de la cámara, el joven que le interpela en off, el mismo que sigue y captura sus pasos durante varios días, es uno de sus vecinos en el número 629 de Cole Street. O lo que es lo mismo, Haight-Ashbury, epicentro emocional del movimiento hippie. Ese vecino, un veinteañero sumido en un proyecto en 16 mm. para la San Francisco State College, es Ralph Arlyck, quien despide su trabajo universitario saludando a cámara al tiempo que le cede a Sean los honores: una enérgica palmada sirve como claqueta final. Concluyen así, sin créditos de ningún tipo, 14 minutos en blanco y negro gobernados por dos únicas voces. Dos voces separadas por una generación.

Dado que las transgresiones no suelen perdonarse, tampoco en plena exaltación de la contracultura, con Vietnam como telón de fondo, la citada frase se convirtió en el indeseado mascarón de proa de Sean, un cortometraje que, premios aparte, alcanzó cierta notoriedad: a una proyección privada en la Casa Blanca le siguieron un montaje teatral y un programa doble en el London Film Festival junto al enfant sauvage de un François Truffaut que selló por carta su admiración por la obra de un amateur: «I screened [Sean] with infinite pleasure and I have nothing but compliments for the director and the little star who is truly the ‘kid’ of our Modern Times». (1)

Tras el ruido sin furia (2), años de anonimato. De hecho, no fue hasta 1989 cuando Arlyck rodó Current Events, su primer largometraje (55 minutos) asumido como tal. 1969-1989. Durante ese periodo sólo un puñado de cortometrajes y mediometrajes, con An Acquired Taste y Godzilla Meets Mona Lisa a la cabeza, traspasaron su ámbito familiar, suerte de centro de experimentación artística. Títulos que pudieron verse en el New York Film Festival… y en no muchos lugares más. Su nombre se reubicaba en el panorama de la no ficción para caer de nuevo en el olvido que obliga la falta de exposición y exhibición.

Así y todo, algunos ya advirtieron en su escurridiza obra (3) una relevancia extrema. Hablamos, por ejemplo, de Phillip Lopate, quien en 1996 sentenció: «Que yo sepa, Ralph Arlyck es, junto a [Chris] Marker, el único director consistente de cine-ensayo». (4) Más que para sumarnos a la desmesura, la cita, recuperada ya en el número 7 de esta misma publicación, nos sirve para atrapar y no soltar un concepto: cine-ensayo. Phillip Lopate no lo sabía entonces, pero mientras argumentaba tan provocativa aseveración, Arlyck se encontraba inmerso en Following Sean, trabajo que terminaría por confirmar punto por punto el espíritu que subyace en aquellas palabras.

Ajeno a toda tesis inamovible, Following Sean nace del interés por mirar atrás. ¿Qué habrá sido de Sean? A partir de esa pregunta, Arlyck se sirve del tiempo presente para esbozar en 88 minutos —nos encontramos ante su obra de mayor metraje— una radiografía en 16 mm. que comprenda el devenir de aquel niño. El suyo y el de las dos generaciones que le precedieron. Resulta evidente, por tanto, que Following Sean funciona en parte como un fresco (multi)generacional sobre el que desplegar la descomposición de unos ideales compartidos años atrás.

Ahora bien, admitiendo que Sean Farrell es la piedra angular del “relato”, Following Sean bien podría subtitularse Following Ralph, pues Arlyck, en cuanto ensayista que trasciende la mirada biográfica, relaciona en todo momento su objeto de estudio (sus reencuentros con Sean y su núcleo familiar durante nueve años: 1994-2003) con sus propias experiencias (la presencia de sus padres, su esposa y sus dos hijos, así como la de sus tribulaciones, empapan toda la cinta), asumiendo con esa acción el examen de su propia conciencia. (5) Esta idea, apuntada en cierta forma por Phillip Lopante en el artículo ya citado, resume muy bien el posicionamiento del cineasta: sempiterna voz en off que nos ofrece notas, dudas y alguna respuesta; incansable voz en off que reflexiona en voz alta sobre una búsqueda interior con la ayuda del otro. Observar para aprender, en definitiva.

En sus manos, el diario filmado no existe como tal, pues éste muda hacia un glosario audiovisual de episodios sueltos sin un único protagonista: Sean, el propio Ralph, Johnny, Zhanna, Elisabeth… En esta compilación de episodios, Arlyck, que opta por zafarse de la dictadura del orden cronológico, esquiva fechar cada bloque. Sabemos que todo arranca en 1969. (6) A partir de ahí, el vaivén temporal vendrá dado por el contexto, apoyado en ocasiones por una narración en off que se detiene más en apuntar edades que en concretar fechas. Este gesto, totalmente intencionado, le permite enmarcar distintas épocas de una forma global, confirmando que en cada una de ellas vivieron generaciones discordantes. No en balde, la película, que “pone en escena” imágenes que pertenecen a no menos de cinco décadas distintas, expone cómo un mismo elemento, ya sea la aventura del comunismo, los anhelos familiares o la concepción del trabajo, puede ser asimilado, según el entorno que integremos o del que procedamos, de forma radicalmente distinta. Reflexión que no es nueva, pero de la que se sirve para presentar, con o sin montaje paralelo, una serie de antinomias con las que jugar. A saber: San Francisco frente a Nueva York, el diálogo con Sean en Sean frente a la conversación con Elisabeth en Following Sean, el compromiso ideológico de Hon frente al coqueteo político de Diana…

Asimismo, esta idea de glosario como variante ramificada del diario filmado abunda en un elemento ya perfilado en Sean: su plena autoconsciencia como creador. La novedad reside aquí en algunos “personajes”, que no sólo hablan con su “creador”, sino que apelan a la propia película, a la “criatura” que ellos integran, mediante un diálogo simulado. Guiños sobre los que se alzan los distintos niveles narrativos, metalenguaje incluido, que articulan la cinta. En este sentido, Following Sean atrapa un momento desgarrador. Se produce casi al final, cuando el cineasta nos confiesa una inquietud de su nonagenario padre: «Me pregunta si acabaré la película antes de que se muera». (7)

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(1) Transcripción extraída de P.O.V. – Following Sean. Resources.
(2) «Sean se convirtió en el icono perfecto de una década tachada de pueril. El Haight y este niño encarnaban todo lo que iba mal en América. La crítica de una sociedad. Este niño adorable y su familia se habían convertido en un símbolo. Y todo por mi culpa», lamenta Arlyck desde su condición de narrador en primera persona.
(3) La filmografía de Ralph Arlyck ha permanecido inédita en España hasta que el Festival Internacional de Cine Documental de Navarra – Punto de Vista, en su edición de 2007, programó Following Sean dentro de un ciclo dedicado al cine-ensayo. El sello Docurama, fundado en 1999 y especializado en el cine de no-ficción, hizo el resto editando su DVD en marzo de 2007. Entre su material adicional, Sean.
(4) Publicado originariamente en Charles Warren (ed.), Beyond Document: Essays on Nonfiction Film, Wesleyan University Press, Hanover, 1996. Con traducción de Susana Antón, el artículo ha sido recuperado en el libro La forma que piensa. Tentativas en torno al cine-ensayo, Gobierno de Navarra. Fondo de Publicaciones, Colección Punto de Vista, Pamplona, 2007.
(5) Comprendida su naturaleza como obra que dota de nuevos significados a su germen en blanco y negro, Following Sean nos permite descubrir hasta qué punto el papel de entrevistador que jugó en Sean era la traslación directa de su realidad vivencial como vecino en Haight-Ashbury. Ralph Arlyck, así lo reconoce 35 años después de abandonar San Francisco para regresar a su Nueva York natal, vivió aquella etapa de su vida como mero espectador. Un espectador seducido, seducido desde el escepticismo, pero espectador al fin y al cabo.
(6) De hecho, el arranque y el final de Following Sean toman prestados (plano a plano) el arranque y el final de Sean.
(7) Alex y Diana, los padres de Ralph Arlyck, fallecieron en 2005. Llegaron a ver la película acabada.

FICHAS TÉCNICAS
Sean
Guión y dirección: Ralph Arlyck
Montaje: Ralph Arlyck
Fotografía: Ralph Arlyck
Sonido: Ralph Arlyck
Productor: Ralph Arlyck
País y año de producción: Estados Unidos, 1969

Following Sean
Guión y dirección: Ralph Arlyck
Montaje: Malcolm Pullinger
Fotografía: Ralph Arlyck y Tom Tucker
Sonido: Dan Gleich
Productor: Ralph Arlyck y Malcolm Pullinger
País y año de producción: Estados Unidos, 2004

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