Profit motive and the whispering wind

Un paseo por las tumbas de los resistentes americanos. Eso es lo que nos ofrece John Gianvito en su nuevo filme, Profit motive and the whispering wind (2007). Tan simple como intenso. Un ejercicio de memoria radical (en el sentido de que va a la raíz, a la lápida o el no-lugar como resto material de lo que sucedió). Un poema fúnebre, un memorial cinematográfico.


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Profit motive and the whispering wind

Historia (lapidaria) de la lucha de clases
Un paseo por las tumbas de los resistentes americanos. Eso es lo que nos ofrece John Gianvito en su nuevo filme, Profit motive and the whispering wind (2007). Tan simple como intenso. Un ejercicio de memoria radical (en el sentido de que va a la raíz, a la lápida o el no-lugar como resto material de lo que sucedió). Un poema fúnebre, un memorial cinematográfico. Acaso también un par de preguntas. ¿Cómo escapar a la recuperación de una memoria pasiva? ¿Cómo convertir el ejercicio de memoria en un verdadero acto político? ¿Qué tiene que ver ese pasado con nuestro presente?

Las mismas preguntas se dejan sentir en el voluminoso libro de Howard Zinn La otra Historia de los Estados Unidos, el cual no sólo es la inspiración de Gianvito, sino una obra a la que el filme quiere rendir homenaje. Zinn es autor de un trabajo histórico peculiar, que no cree en la supuesta neutralidad de la historia, y ya desde su inicio toma partido explícito por los que nunca consiguieron el poder (por eso que, no sin cierto reparo, podríamos llamar el “pueblo” (1). De hecho, el libro de Zinn es un penetrante recordatorio de las víctimas: el listado siempre incompleto de las experiencias de oposición a la injusticia, que teje un tapiz sobre el que se van sucediendo, indiferentes, los grandes nombres de la nación. La elegía sustituye al discurso científico. En ningún caso una explicación legitimadora de las políticas estatales, del progreso de la civilización, sino la constatación del precio que algunos (la mayoría) pagaron por ello. La convicción, en definitiva, de que, citando una vez más (hasta el agotamiento) la máxima de Walter Benjamín que le sirvió –notable coincidencia– de inscripción funeraria, “todo documento de cultura es siempre un documento de barbarie”.

Gianvito lleva al límite de la depuración la estructura y los fines del libro de Zinn. Profit motive and the whispering wind es un peregrinaje por las tumbas de esa memoria, cubriendo el mismo margen cronológico: de las primeras, pertenecientes a los indios, sin nombre, erosionadas por el tiempo, con las que el cineasta compone una imagen casi abstracta de la piedra gastada, hasta nuestros días, con el monumento a César Chávez y la tumba pintada de Philip Francis Berrigan, en un heterodoxo repaso a la historia de la izquierda americana. Las únicas voces que escuchamos (leemos) son la del epitafio y la de los carteles que fijan los escenarios del crimen, erigidos por colectivos de diversa procedencia. La escritura como legado, como último gesto que establece una continuidad con el presente. Voz muda que el filme hace suya, evitando imponer ningún comentario superpuesto. No representar o reconstruir, sólo mostrar. Ceder la palabra, al tiempo que se crea – porque es necesario construirlo, nunca nos viene dado – un espacio para la escucha. La música, cuando aparece, remite a la misma lógica, como en esa bella secuencia en que (a falta de una lápida que señale el lugar) Paul Robeson canta Joe Hill sobre unos bosques donde (suponemos) las cenizas de éste fueron esparcidas al viento.

En persistente contrapunto a los lugares de enterramiento encontramos el paisaje americano, del que Gianvito transmite una imagen fuertemente materialista. Pensamos inmediatamente en James Benning, pero también en la nómina de fotógrafos que citaba Celeste Araújo en su reseña de One Way Boggie / 27 Years Later (2004). El propio Gianvito aparentaba ser consciente de esta última filiación cuando señaló que parecía una “idea más adecuada para un ensayo fotográfico que para un filme” (2). Pero, como en Bennning, múltiples movimientos dinamizan las imágenes: los árboles, el viento, los elementos que aparecen en un segundo término… Además, Gianvito rechaza “la representación objetual puramente fotográfica” (3) en la que se atascaron buena parte de la primera generación de fotógrafos conceptuales, provocando una fetichización de la imagen de lo real y una estética de la melancolía de la que se aleja totalmente Profit motive and the whispering wind. El filme rompe además con el tabú purista de la narración, sin dejarse encerrar en la lógica únicamente acumulativa del catálogo.

En realidad, la influencia que más se deja sentir en Profit motive and the whispering wind es la de los franceses Jean-Marie Straub y Danièle Huillet. Con motivo de la muerte de Danièle Huillet, el cineasta americano escribía un sentido obituario de la recién fallecida (4). En este, recordaba el primer contacto que tuvo con un filme de Straub-Huillet: Trop tôt, trop tard (1982), en su estreno en Nueva York en 1982. Recordando la presentación de los cineastas franceses, Gianvito casi parece retratar su último filme (que en el momento de escribir este texto estaba en fase de realización): un filme que trata de la relación entre “paisaje y memoria” (Huillet); un “film topográfico, sobre cosas cercanas y lejanas, sobre las huellas del pasado en el presente” (Straub). Pero por encima de todo el trabajo con el sonido, el cual tenía una presencia tangible que Gianvito nunca había sentido en una película. Decía en su momento Serge Daney que Straub-Huillet habían conseguido “uno de los raros filmes que, luego de Sjöström, ha filmado el viento.” (5) 25 años después, podríamos pensar en otro cineasta que lo ha alcanzado. Como señalaba el crítico francés, se tiene que estar dispuesto a vivir la experiencia. El sonido nos da la verdadera dimensión de la experiencia de los espacios que nos muestra Gianvito, relacionándolos con un entorno siempre distinto. Es parte del ceremonial, la sensación de un estar allí, de acompañar al cineasta en su camino, de restituirnos su vivencia. El gesto, en definitiva, de “estar con el árbol”, que presidía la práctica de Antonio López en El sol del membrillo (Víctor Erice, 1992).

Un elemento más en la construcción del filme: la imagen irreal del capital, representada en pequeñas animaciones que realizó el mismo cineasta. El capital como proceso abstracto, opuesto a la materialidad del paisaje, y reducido a una serie de gestos manuales -¿no hace pensar esto en El dinero (L’argent, 1983), de Robert Bresson?– que siguen una cierta progresión cronológica: de la búsqueda de oro a la arena de las grandes bolsas. Hacia el final del filme, cuando Gianvito cierra su recorrido por las tumbas, varios planos explicitan el rechazo entre estos dos niveles de realidad. En estos, las ramas de los árboles tapan (diríamos que intentan borrar, que tratan de negar su aparición como una imagen tangible) los letreros que coronan los edificios de las multinacionales. Un preludio a los sorprendentes últimos 5 minutos del filme.

A diferencia de lo que ocurre en la última obra de Straub-Huillet, Europa 2005, 27 de octubre, no hay silencio después de la colocación de la lápida. Después del lamento elegíaco, se nos transporta al interior de una manifestación antiglobalización. Música rítmica, de percusión, que da lugar a un montaje en que los árboles (literalmente) empiezan a bailar. Una buena parte de los críticos norteamericanos señalan la mala recepción que ha tenido esta conclusión en algunos pases en festivales, achacándolo al cinismo de una crítica (europea, claro) dominante en el circuito festivalero que no puede tolerar tal dosis de optimismo (otros dirían ingenuidad, no seré yo). Al menos por mi parte, se equivocan. Conocemos bien ese sentimiento que lleva del momento del duelo a la acción política: es el puño que se cierra delante del improvisado túmulo de Vakulinchuk en El acorazado Potemkin (Bronenosets Potyomkin, Sergei Eisenstein, 1925), o la indignación que nace delante del cadáver en el cómic francés Ha muerto un hombre (Un homme est mort, Kris y Étienne Davodeau, 2007). El problema está en otro lado, en unas imágenes sin fuerza y un montaje videoclipero que desmerecen lo que habíamos visto hasta ahora. Nada que ver, por ejemplo, con la forma de grabar las manifestaciones de la última obra maestra de Chris Marker, Chats perchés (2004), desbordante de optimismo y vitalidad. Una lástima ese final, pero aún así, Profit motive and the whispering wind es un film admirable.

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(1) El título original del libro de Howard Zinn es A People’s History of America. En todo caso, el pueblo entendido siempre –con Deleuze– como aquello que falta, un lugar a tomar, a ocupar.
(2) Michael Sicinski: Reigniting the Flame: John Gianvito’s Profit motive and the whispering wind en Cinema scope nº 32, Otoño 2007, Toronto, p. 20. Esta interesante entrevista se encuentra en Internet aquí.
(3) Benjamin H. D. Buchloh: “Lo siniestro arquitectónico en las fotografías de Andrea Robbins y Max Becher” en Efecto real. Debates posmodernos sobre la fotografía, Gustavo Gili. Barcelona, 2004, p. 342.
(4) Consultable aquí.
(5) Serge Daney, Cine, arte del presente, Santiago Arcos editor, Buenos Aires, 2004, p.132.

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FICHA TÉCNICA
Dirección y guión: John Gianvito
Dirección de fotografía: John Gianvito, Mary-Helena Clark, Lesley Gall, Tatiana McCabe
Montaje: John Gianvito
Producción: John Gianvito
Música: Paul Robeson, Roberto Cassan, Infernal Noise Brigade, Ani DiFranco, Utah Phillips
País y año de producción: Estados Unidos, 2007.

Un Comentario

  1. Susana 10/03/2010 | Permalink

    Interesante apunte el del puño… Now de Santiago Álvarez, sigue ese mismo esquema que apuntas del duelo al puño… los últimos fotogramas de la película se centran precisamente en puños, antes de que el título vuelva a aparecer escrito simulando disparos y metralla

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