Robert Kramer. Cineasta a la deriva

En 1997, Robert Kramer contaba a Frederick Wiseman durante el festival de cine de Yamagata que a él “le interesaba básicamente la idea de que no existe el afuera, excepto en la negociación entre la persona que ve y esto: yo y esto”. Una negociación, un intento por hacer partícipe del relato al que observa, nosotros los espectadores.


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“…yo no soy sino un insignificante madero abandonado por la resaca
un puñado de arena y hojas muertas
y me confundo con las arenas y con los restos del naufragio…”
Walt Whitman

En 1997, Robert Kramer contaba a Frederick Wiseman durante el festival de cine de Yamagata que a él “le interesaba básicamente la idea de que no existe el afuera, excepto en la negociación entre la persona que ve y esto: yo y esto”. Una negociación, un intento por hacer partícipe del relato al que observa, nosotros los espectadores. A pesar de estar considerado uno de los exponentes de la contracultura norteamericana, la desconocida filmografía de Robert Kramer (1939 – 1999) va más allá de una simple reacción hacia el sistema americano. Su cine se intentó alejar de cualquier actitud dogmática y panfletaria, incluso paulatinamente fue focalizando su punto de vista hacia la introspección, la expresión íntima. Mantuvo fuertes vínculos ideológicos con sus compañeros de generación, aunque sus películas dentro de ese contexto de confrontación buscaran más formular preguntas para poder iniciar esa negociación entre espectador y director, “el que ve y esto”. Dentro de estos grupos (Newsreel, Alpha 60, Free Vermont) el joven Kramer halla más una concordia entre personas que piensan de la misma manera antes que una postura artística definida, siempre abogando por la anarquía e individualidad y por un intento firme de desterrar la errónea búsqueda de la objetividad. Sus obras son ensayos abiertos, preguntas lanzadas que buscan iniciar esa negociación. Muchas veces partiendo de reconstrucciones, de “pequeñas ficciones” de la realidad que tenía delante. Podría usar para sus películas las expresiones “sueños de realidad” o “ficciones de realidad” con las que Wiseman definía habitualmente las suyas. Desde su primer filme militante sobre el Frente Armado de Liberación Nacional venezolano (FALN, 1965) hasta sus últimas filmaciones personales en Francia coqueteando con el digital y el cine diario, su filmografía va sufriendo un fuerte desarraigo hacia las formas establecidas, vinieran de los grupos que viniesen, hasta iniciar un viaje disidente, sin una hoja de ruta definida, pero en aras de la expresión íntima y, por supuesto, comprometida. Aunque este compromiso naciera y muriese en él mismo.

Kramer y las ficciones de realidad
La dificultad que encierra catalogar la obra de Robert Kramer puede ser una de las grandes virtudes que arroja enfrentarse a sus películas. Sería ridículo encorsetar su cine en un género concreto: anárquico en las formas pero sin olvidar un gusto estético depurado (el arranque de Route One: USA, acompañando el piano de Michel Petrucciani la llegada de Paul McIsaac al puerto de New York es modélico) su filmografía es un continuo ejercicio de escritura, contundente pero a la vez difusa, de confusión de géneros supuestamente antagónicos, quedando en una zona de nadie donde es Kramer el que da forma al relato a su antojo. No es tanto el ofrecer lo que tenemos delante, sino cuál es la mejor manera de hacerlo. Como muestra arquetípica tenemos Route One: USA (1989), su obra más premiada y renombrada, un mosaico de las culturas y contradicciones que impregnan Norteamérica donde el hilo conductor es un compañero de viaje ficticio, Doc, personaje encarnado por Paul McIsaac y que en Doc´s Kingdom (1987) vivía en Portugal una historia con su hijo que sólo existía en la pluma de Robert Kramer.

McIsaac como trasunto de Kramer cuando éste no puede ponerse delante de lo que se filma; por tanto, el fuera de campo que representa Kramer cámara en mano queda eliminado por la presencia de Doc. Este personaje surge en tres momentos de la filmografía de Kramer: además de las mencionadas Doc´s Kingdom y la maratoniana Route One, el filme Ice (1969) una fábula futurista sobre la eterna resistencia, también cuenta con un joven Doc como miembro del grupo revolucionario. Con la figura de este alter ego volvemos a entender esa conversación con Wiseman en la que reafirmaba la idea de que no existía el afuera; Doc, Paul McIsaac, ejecuta las acciones de Kramer delante de la cámara que éste sostiene.

“La única diferencia entre el documental y la ficción tiene que ver con el dinero”, citó en una ocasión. Más allá de la ironía, este aforismo muestra su carácter subversivo además de buscar la comunión de estos géneros. La puesta en escena salía a la superficie para construir estas “ficciones de realidad”. Así parece que se rodó Ice (1969) película extraña sobre la acción de un grupo de revolucionarios dentro de un futuro indeterminado. La paradoja reside en que todo está rodado dentro de los cánones del direct cinema, dándole a la historia un halo de realidad que muchas veces es difícil de asimilar y crea cierto distanciamiento.

La interacción de ficción y realidad crea nuevas realidades, y en éstas emerge para edificar el relato la memoria, apuntada por Chris Marker como aquel territorio fronterizo que eliminaba las barreras entre la ficción y lo documental. Enfangados en este territorio fronterizo de Marker, Kramer parece acercar su cine al del cineasta francés: Berlín 10/ 90 (1991) está construida desde los residuos que componen los recuerdos del propio Robert Kramer, sentado frente a la cámara en el baño de un hotel berlinés donde va aparcando como algo secundario las imágenes que, emitiéndose en un televisor cercano, testimonian ese recuerdo. La memoria de Kramer puede más que las propias imágenes, parece ser la enseñanza de este ensayo fílmico que rodó para la cadena francesa Arte. Durante la hora que dura este plano secuencia grabado íntegramente en el baño, sus recuerdos evocan aquellos años de ideales y compañeros comprometidos, de los cuales poco a poco fue distanciándose, aquellos a los que amaba, llega a decir con cierto aire de nostalgia y desesperanza beat. Las imágenes en el televisor que le acompaña no dejan de emitir a estos compañeros (militantes les llama) aunque nosotros nos quedamos con la presencia de Kramer rememorando estas situaciones antes que con las propias imágenes. Kramer se siente cómodo anquilosado en el difuso territorio de la memoria reconstruida.

Berlin 10/ 90, rodada un año después de la caída del muro, se constituye como un ensayo que aglutina las enseñanzas del cine de Chris Marker y coquetea con las experiencias más personales del cine diario y las cartas visuales rodadas por Jonas Mekas. Kramer aparece exiliado en un cuarto de baño de Berlín, una ciudad a la que vuelve pero en la que cree que nunca ha estado; paradoja sensacional de su condición de nómada.

Kramer y la ruta hacia la libertad

Para forjar un carácter nómada es necesario primero un desarraigo, más tarde, en el transcurso de esta deriva, también es inevitable que germine la nostalgia por lo abandonado. El choque con algunas actitudes del underground americano y su alma independiente le hizo ver que su cine comprometido no podía estancarse en unos parámetros concretos. Kramer cambió de vida yéndose a vivir a Francia, emprendiendo en el viejo continente una nueva ruta alejándose del desengaño que sentía por las formas de actuar de la sociedad americana. La lucha en América empezaba a cansar. Francia y Europa en general ofrecían nuevas vías de expresión personal. Ya había filmado a insurgentes en América, revolucionarios en Venezuela, desastres en Vietnam… en Europa encontraría nuevos emplazamientos geográficos para enfocar esa biografía errante: Portugal, Alemania, Francia. Pero entre tanto, el incipiente desarrollo de la nostalgia hacia América ofrecería la obra por la que cosechó más éxito, Route One: USA.

Sin duda es Route One la película que aglutina las características definitorias del cine de Kramer: autobiografía filmada, implicación con lo que se ofrece, además de una pulsión vitalista inmanente. La cinta empieza con el dedo de Paul McIsaac sobre un mapa señalando la ruta uno que atraviesa de norte a sur la costa este americana. Las cuatro horas de película sirven para que este viaje de Doc, de Kramer, no sólo sea una experiencia vital narrada en primera persona, sino que brota ante nosotros como una exploración antropológica de los tics de las costumbres americanas. Además, confluye una transparencia en la narración notoria, habida cuenta de que es el alter ego ficticio de Robert Kramer quien preside el viaje (1).

Termina la película y Kramer nos ha ofrecido una oda a la libertad, creativa y personal. Las referencias literarias así lo explicitan: Doc recita los versos de Walt Whitman Song of the open road al iniciar el camino, en el transcurso nos cruzamos con el lago Walden y las enseñanzas reaccionarias de aquel filósofo amante de la naturaleza llamado Thoreau, adalid americano de la anarquía e individualismo. Kramer (Doc) viaja a su lugar de meditación buscando allí un reflejo de sus enseñanzas. Además, es inevitable la equiparación con la obra de Jack Kerouac On the road (En el camino) (1957), no sólo por ofrecer un camino por la vasta geografía americana, sino por el carácter existencialista, vitalista y de libertad que emana de ambas obras (2).

Route One sirvió para limar asperezas con su país, filmando ese retorno pendiente que todo nómada debe emprender, y para encontrarle un destino a su alter ego Doc, siendo la última película en la que aparecería. El camino seguiría después de este filme (como sugieren sus últimos planos, que muestran un puente a medio hacer sobre una bahía): Alemania después de la reunificación, Vietnam más de dos décadas después de su película People´s war (1969)… La autobiografía seguía emergiendo. Walk the walk (1995) nace de la preocupación que surge cuando su hija de 17 años decide abandonar el hogar para conocer el mundo.

Las últimas filmaciones en Francia recogían estados de ánimo, reflexiones, reconstrucciones hechas a partir de la memoria. Su obra póstuma (Cities of plain, 1999) ofrece la historia de un hombre anciano que antes de cuidarse de su terrible enfermedad decide rememorar lo hecho en su vida. De nuevo, la ficción y la autobiografía volvían a chocar en el terreno de la memoria.

El uso radical de las formas cinematográficas acaba resumiendo la obra de Robert Kramer, ofreciendo una potenciación extrema de la autobiografía filmada. Tenemos la lucha por ofrecer un cine que no le pudiese traicionar, cine comprometido, desnudo, donde la película fuera una proyección personal. “Filmo para combatir, filmo para luchar”, balbucea al final de la hora de reflexiones que ha grabado en el baño de Berlín 10/ 90. Vemos sus películas y por encima de posibles altibajos nos quedamos con la presencia de unos ideales inquebrantables. Parece por tanto que la elección de la cita que abre su página web no es casual: “Sé implacable. Te lo he dicho una docena de veces. Ser implacable significa poner tu vida al servicio de tus decisiones” (“Don Juan”, sueño 155).

– – –

(1) Años antes ya había rodado Kramer una película documental con la misma premisa que Route One. Milestones (1975) ofrecía al director viajando a lo largo de varios puntos de la geografía americana, aunque sin una ruta tan definida como ésta.

(2) Se encuentras más citas en Kramer a iconos de la cultura americana del siglo XX: Las reflexiones sobre Ezra Pound y su situación en la cárcel de Italia abren Berlín 10/90, además, en la web sobre Kramer encontramos una carta escrita a Bob Dylan desde Francia en la que le proponía trabajar codo con codo: “durante años has sido una voz en mi cabeza, hemos caminado juntos a través de una historia (…) quizás hablas de alguien, de ella, pero lo que oigo es que algo va mal, es América, el sueño americano (…) Me gustaría hacer una película contigo. No sobre ti. Una película juntos…”. Lógicamente, la carta no tuvo respuesta por parte del huidizo bardo norteamericano.

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3 Comentarios

  1. sccg 11/03/2008 | Permalink

    menos mal que alguien escribe de vez en cuando sobre R.Kramer… por desgracia sigue siendo casi imposible ver muchos de sus films.

  2. pela 19/03/2008 | Permalink

    he conseguido una copia de route one subtitulada en castellano, algún interesado/a…?contestar a mi dirección de mail. pela7@hotmail.com
    alguien tiene east of paradise de kowalski?
    boas noites

  3. miquel 30/03/2008 | Permalink

    para sccg:

    precisamente en barcelona cae un xcentric maravilloso en abril, que junta Berlin de kramer con chats perches de chris marker. gran obra también. algo es algo. en emule tb hay algunas obras suyas (precisamente berlin, route one y ice).

    odio esta frase pero la voy a decir: es lo que hay. es lo que tenemos en este país y a quien no le guste tiene dos opciones. una es quejarse, la otra es quejarse y ademas hacer algo. esta casi todo por hacer, asi que espacio… de haberlo hailo.

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