The Ballad of Genesis and Lady Jaye

Marie Losier concibe el retrato como una construcción compartida, implicada emocionalmente, y que acaba funcionando como un organismo vivo que reacciona ejemplarmente a los estados de ánimo que pone en escena.


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La primera imagen de The Ballad of Genesis and Lady Jaye nos sumerge plenamente en el desconcierto, en una inquietante extrañeza. Desenvolviéndose en un gastado blanco y negro, un personaje ataviado de forma extraña (un cruce de traje de bebé y modelito a lo Jackie Kennedy) silba mientras gesticula ostentosamente ante la cámara. A esta perturbadora abertura le sigue otra imagen que nos coloca en el territorio de la performance más barroca, en una composición de colores saturados y motivos kistch, para que a continuación la película cambie totalmente de ámbito para adentrarse en imágenes cotidianas, en pequeños momentos de vida que podrían estar sacados de una película de Jonas Mekas,  mientras de fondo la música rítmica y mecánica creada por Genesis P-Orridge consigue dar una cierta unidad a este conjunto heterogéneo. Este simple comienzo nos permite ya entender la forma en la que la película va a operar a lo lardo de su metraje. En primer lugar, nos encontramos con un filme con un alto componente performativo, que no duda en crear una serie de imágenes de alto componente surreal, desconectadas en ocasiones del relato, pero de gran fuerza visual. Esas primeras imágenes anuncian una cierta estética del shock, de lo transgresor, que que sirven también de advertencia de que en este repaso de la vida, obra y amores de Genesis Breyer P-Orridge y Lady Jaye Breyer P-Orridge va a ser cualquier cosa menos convencional.

En segundo término, observamos que va a ser el collage el método que el filme va a utilizar para estructurar esta biografía imposible. Un uso recurrente de la yuxtaposición, el choque de materiales, la disyunción de imagen y sonido viniendo este de las fuentes más diversas posibles. Aunque esta apuesta por la fragmentación que a veces le cuesta al filme una cierta dispersión en su recorrido narrativo y en los diferentes temas que aparecen. En determinado momento del filme de Losier, Genesis cita la decisiva inspiración recibida de Brion Gysin y William Burroughs, que le descubren la técnica del cut-up, una forma de escritura que se plantea romper con los esquemas literarios a base del uso de diferentes recortes, que después se reorganizan para dar lugar a un nuevo texto. Técnica de edición, de transformación, que Genesis utilizará en toda su trayectoria musical, caracterizada por el tratamiento de los sonidos, por la impureza de su música industrial. Lo que acaba haciendo Marie Losier es una especie de transposición de esta estética a su filme, que puede entenderse tanto como un retrato personal, como también un intento de acercarse al mundo estético creado por Genesis y Lady Jaye, de encontrar un equivalente visual a ese territorio simbólico y formal. Porque Marie Losier realiza un filme que mira a sus personajes desde dentro, absolutamente indiferente a las interpretaciones que nos hubieran ofrecido una serie de cabezas parlantes.

En último lugar, esas imágenes iniciales nos muestran la facilidad con la que el filme pasa de la obra a la vida, y cómo este se introduce en la cotidianidad y la vida íntima de los personajes. Y este paso se hace sin tipo de ruptura, ya que en todo momento lo que predomina es una cierta idea del cuerpo que actúa para la cámara. Bien sea escenificando una fantasía de estética nazi, bien tocando el teclado con el culo, hay en el filme esa sensación constante de una cámara que participa, para la que se ponen en situación poses, actuaciones y juegos. Una dimensión de performatividad baña todo el filme y todas las presencias que allí aparecen, filmadas por un Marie Losier que con su cámara de 16mm. ha conseguido sumergirse pacientemente (el proceso de realización se alarga durante 7 años) en el mundo que vemos en la pantalla, dando esa sensación de filme de amigos, de película rodada de forma lúdica, en absoluta simbiosis entre retratista y retratado. Como decíamos arriba, una sensación de espontaneidad que nos recuerda a Mekas, pero que por su componente teatral nos remite quizás de forma más clara a las películas de los hermanos Kuchar o incluso las de Jack Smith, a ese cine experimental que opta por la ruptura de los límites y la improvisación antes que por la exploración de los componentes del lenguaje fílmico.

En todo caso, esa sensación de indistición entre vida y obra es un componente clave no sólo del filme, sino también de una obra que progresivamente traspasa los límites del arte para concentrarse en la modificación de la vida y el cuerpo propios. Porque uno de los puntos centrales del filme de Losier es el proyecto de la “Pandroginia”, por el cual Genesis y Lady Jaye, a través de una serie de intervenciones quirúrgicas, intentan destruir la idea de género para parecerse cada vez más uno al otro, de crear un género nuevo que vaya más allá de los estereotipos recibidos y de esa maleta de carne (así lo denomina Lady Jaye: “flesh suitcase “) que condiciona nuestras vidas. Una idea que aparece finalmente -en parte de forma paródica- como una especie de sublimación del amor romántico, esa búsqueda de fundirse literalmente con la otra persona como en el momento del orgasmo.

De hecho, el filme puede verse como una serie de variaciones sobre conceptos románticos, que son convenientemente desviados a través del exceso o de la parodia. La idea de un amor bigger than life, que lleva a una transformación total de la persona y a una identificación de los seres, tratado a través de la transgresión genérica, pero también la de la identificación arte-vida, la alusión al género de la balada, con todas esas resonancias épicas que conviven con la imágenes más banales, o la idea del artista como demiurgo, que convive con su propia desmitificación. Esta desmitificación se produce sobre todo en la fase en que el filme centra su atención en la forma de documental de rock, que aparece convenientemente distorsionada por las actitudes de unos músicos que no dejan de jugar y actuar evitando la autocomplacencia. Pero también en la visión de un artista para el que lo lúdico y lo transgresor se cruzan constantemente, y que no se toma en serio a sí mismo más de lo necesario, como en ese gran momento en que el archivo, lugar de la momificación de la memoria de lo conseguido, se convierte en el lugar más propicio para jugar al escondite.  Personajes poliformes, que cruzan sin aparente dificultad todo tipo de géneros artísticos, y alrededor de los que se construye un filme que concibe el retrato como una construcción compartida, implicada emocionalmente, y que acaba funcionando como un organismo vivo que reacciona ejemplarmente a los estados de ánimo que pone en escena.

FICHA TÉCNICA
Dirección: Marie Losier
Dirección de fotografía: Marie Losier
Montaje: Marie Losier
Ayudante de montaje: Marc Vives
Sonido: Bryin Dall
Producción: Marie Losier, Steve Holmgren, Martin Maquet
Producido por: Marie Losier
Con el apoyo de: Jerome Foundation, CNAP, Centre National des Arts Plastiques, ETC Experimental Television Center, French Institute Alliance Française, IFP Market, NYSCA, Wexner Center of Arts, Bernard Henry Kyle, Pascale Cassagneau, Thierry Giacomino
País y año de producción: EEUU, Reino Unido, Alemania, Holanda, Bélgica, Francia, 2011.

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