El misterio Koumiko

El cofre con 4 DVDs que ha editado Intermedio hace unos meses dedicado a la figura de Chris Marker ha vuelto a poner de actualidad la obra del cineasta francés. Como toda selección, la que realiza Intermedio nos da una visión parcial de la obra markeriana, centrada en varios de sus filmes más conocidos. Pero, como no podía ser de otra manera, la selección de Intermedio deja zonas inexploradas, como la que Marker nos muestra en El misterio Koumiko.


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El cofre con 4 DVDs que ha editado Intermedio hace unos meses dedicado a la figura de Chris Marker ha vuelto a poner de actualidad la obra del cineasta francés. Como toda selección, la que realiza Intermedio nos da una visión parcial de la obra markeriana, centrada en varios de sus filmes más conocidos. Filmes que, con diversas estrategias, se centran en la elaboración de lo que –con Jacques Rancière– podemos denominar “ficciones de la memoria”, y que forman el núcleo de las aportaciones de Marker a la historia del documental contemporánea y al desarrollo de un cine de corte ensayístico.

Pero, como no podía ser de otra manera, la selección de Intermedio deja zonas inexploradas, como la que Marker nos muestra en El misterio Koumiko (1965), un filme que se construye en tiempo presente, rodado a mediados de los años 60, cuando en Francia el documental vive bajo el impacto ineludible del “cinema verité” y la controversia sobre su validez. Marker viene de realizar su filme más cercano a esta etiqueta, la película-encuesta Le joli mai (1962). El “cinema verité” como un “cine que persigue al otro” (1), pero que lo hace no para observarlo (al estilo de Flaherty) sino para medirse con él de tú a tú y cederle la palabra. En El misterio Koumiko reconocemos rastros evidentes del “cinema verité”: desde las estrategias de puesta en escena –el cuestionario grabado que responde Koumiko y que se superpone a la imagen de su actividad cotidiana– a los temas habituales del género, que conciernen a lo social tanto como a lo presuntamente banal y que se pueden resumir en la pregunta que se lanzaba esa obra manifiesto que es Chronique d’un été (1960): “¿Cómo vives?”

Pero en las películas de Marker –alguien que se ha negado siempre a utilizar la etiqueta “cinema verité”– las cosas no son nunca tan sencillas como aparentan. El cineasta, según nos cuenta el filme, encuentra a Koumiko por azar durante los Juegos Olímpicos de Tokyo, e incluso se nos presenta una posible representación de ese encuentro, con el rostro de Koumiko destacando entre la masa de espectadores. En realidad, Koumiko es una amiga de los ayudantes de producción, y en la pantalla asistimos ante una mezcla de la Koumiko real y de una creación markeriana. Reconocemos, de hecho, el inconfundible estilo literario de Marker en las palabras de Koumiko. Marker nos ofrece uno de sus habituales juegos de máscaras, donde resulta extremadamente difícil precisar quién nos habla en el filme, y desde qué lugar. Algo que, en todo caso, forma parte de las estrategias del cineasta a la hora de diseñar estructuras que apelan directamente al espectador. En El misterio Koumiko, una vez más, se adopta el género epistolar como referente, de modo que, como ha señalado Josep María Català, “el espectador no puede evitar estar situado en medio de una estructura comunicativa que lo envuelve”.(2) Que lo envuelve al tiempo que lo acerca a la intimidad de Koumiko, involucrándolo en una posible conversación privada. Lo íntimo está también en una cámara que se enfrenta al rostro de Koumiko, que lo interroga y lo escruta en sus mínimos gestos y expresiones. El rostro como pregunta, como máscara, y el filme como retrato de una singularidad irreducible, de una mujer que “no es un ejemplo de nada, que no es un caso, no es una causa, no es una clase. Es como las mujeres que no se parecen a otras mujeres”. (3) Una mujer, podríamos añadir, como las que proliferan en el cine moderno contemporáneo, de la Monica Vitti de los filmes de Antonioni a la Anna Karina del primer Godard. Como estas, Koumiko es imprevisible, indecisa, y la cámara se distrae siguiendo su vagabundeo por las calles de Tokyo, con tantas dificultades para integrarse en su entorno como sus equivalentes europeas. El misterio Koumiko es, como buena parte del mejor cine de la época, un cine del malestar.

– – –

(1) Margarita Ledo Andión: Del Cine-Ojo al Dogma 95, Paidós, Barcelona, 2004, p. 105.
(2) Josep María Català: “La forma ensayo en Marker” en María Luisa Ortega y Antonio Weinrichter (ed.): Mystére Marker. Pasajes en la obra de Chris Marker, T&B, Madrid, 2006, p. 153.
(3) Fragmento del comentario del filme.

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