Nescafé-Dakar

Hay dos tipos de documentalistas que encuentro especialmente misteriosos: el que se abandona al viaje (el exiliado, el flâneur, el caminante solitario); y el que se somete disciplinadamente a las decisiones, muchas veces dolorosas, que el azar toma por él (es decir, el que parece no poder o no querer decidir). Son el cineasta errante y el cineasta herido.


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Nescafé-Dakar

TRES HERIDAS
Hay dos tipos de documentalistas que encuentro especialmente misteriosos: el que se abandona al viaje (el exiliado, el flâneur, el caminante solitario); y el que se somete disciplinadamente a las decisiones, muchas veces dolorosas, que el azar toma por él (es decir, el que parece no poder o no querer decidir). Son el cineasta errante y el cineasta herido. Hasta Nescafé-Dakar (2008), Lluis Escartín pertenecía, según mi opinión, a la primera categoría, especialmente por tres películas (Texas Sunrise, 75 Drive-a-way y Mohave Cruising) y un cierto vagar reconocible en el pulso inquieto de otras obras. También Nescafé-Dakar arranca con un plano que como una nota perdida remite a esa trilogía errante: un viaje en automóvil por una carretera que cruza perpendicular el desierto. Pero conviene no equivocarse: ese plano es realmente un acorde de final. Esta vez el coche (una ambulancia) no conduce al cineasta más allá del horizonte, sino que le lleva al hospital de Dakar, después de haber sufrido, junto a su amigo Cesare Costanzo, un grave accidente. El viaje ha terminado. A partir de ahí comienza la historia del cineasta herido o de cómo un director se gana el derecho a filmar África. Este texto pretende ser una breve crónica de esa transfiguración.

Si rastreamos en las causas necesarias, hay que decir que Nescafé-Dakar es directamente el resultado de un golpe de la realidad: la descripción de la convalecencia del cineasta y su compañero de viaje en la habitación de un hospital de Dakar. Sin el accidente, sin ese contratiempo fatal, la película no sólo no existiría, sino que no podría existir aunque lo quisiera el cineasta. Escartín nos muestra brevemente el traslado en ambulancia, pero, inmediatamente después del título, su cámara queda confinada en la habitación de la clínica, mirando por la ventana, con la resignación de quien no puede hacer otra cosa sino ver pasar el tiempo y esperar a que sanen las heridas. Trece breves secuencias, como trece estaciones, dan cuenta de esa lenta mejoría.

Ahora bien, en ese proceso de curación quedan tres llagas abiertas como prueba de que el accidente, la realidad, también ha golpeado la mirada del cineasta de manera definitiva y quizá irreversible. Así, al mismo tiempo que cuida de su amigo (llevan veinte años trabajando juntos), Escartín debe atender también las demandas, las preguntas, los gemidos, la parálisis de la cámara. Digamos de forma genérica que la hermosa honestidad de Nescafé-Dakar tiene su razón de ser precisamente en la herida que la realidad infringe al cineasta a la hora de enfrentarse al mundo y que se concreta en toda la serie de cortapisas que debe afrontar; en los lastres que el director no elige y le vienen dados y que condicionan la película; en las decisiones del azar que asume con todas las consecuencias. El amigo herido y la cámara doliente: ¿qué filmar? ¿desde dónde? y, sobre todo, ¿con qué derecho? Tres heridas que se manifiestan como tres renuncias. La primera tiene que ver con el sitio de la cámara: Lluís Escartín se ve obligado a grabar desde un lugar que él no ha elegido y que aparece como una imposición del mundo. La segunda se refiere a su altura y angulación (tampoco decidida por el cineasta), mirando de arriba a abajo, estableciendo una relación vertical que hace imposible el diálogo entre la esfera de la calle y la de la habitación. Dos mundos, dos hemisferios, alejados, distantes, imposible de encontrarse en un cruce de miradas, en un plano-contraplano montado en el eje, en un diálogo espontáneo y no previsto, tal y como sí había ocurrido en otros filmes del director. La tercera herida afecta a la imposibilidad de atrapar lo visible. La cámara mira (sobrevuela la calle) sin atarse a nada, sin comprometerse con ninguno de los personajes, incapaz de retener el tiempo, de ordenar el flujo de la vida que se cuela entre sus dedos. La cámara se sabe extraña, extranjera, exiliada; se sabe pasajera. Y, así, maniatada por las restricciones formales, se deja atravesar por el mundo: lejos de imponer un punto de vista, simplemente señala una fuga por donde lo real se escapa para siempre. Y Escartín lo acepta con hermosa sumisión: no busca repeticiones ni comportamientos cotidianos que tengan una consistencia estructural para el film, no se empeña en reconocer rostros, en volver a ver a aquella mujer que pasó fugaz, en recomponer el ritmo secreto de esas vidas, en saber más de aquel niño, en preguntar por una ausencia que se hace evidente. No quiere dar sentido ni respuestas. Un puesto ambulante de venta de café es el único elemento constante y reiterado, la única boya, el único mojón permanente, el único letrero que nombra esa encrucijada: Nescafé-Dakar. Como el París-Texas de Wim Wenders, Nescafé-Dakar es el centro de un lugar al que llegar es imposible para nosotros.

La película de Escartín es, pues, el resultado de esta triple herida, de estas renuncias, de todas estas imposiciones. De ahí que el resultado (el agua que se destila entre estos intersticios) sea de una honestidad primitiva, absolutamente incuestionable, sólida, informe, densa. Es probable que, en el fondo, Escartín nos muestre en Nescafé-Dakar la única imagen posible, la única película posible: la única que el mundo ha consentido al director. Como si la mirada occidental tuviese que abonar un tributo para mirar a África; como si sólo los cineastas heridos se ganasen el derecho a filmarla; como si hubiese que pagar el precio de una amputación o dejarse marcar por la cicatriz. La cicatriz, precisamente, como última frontera antes de poder mirar. Así es la película de Escartín. Pienso en el cine poseído de Jean Rouch y en Raymond Depardon, por supuesto, como cineastas que atravesaron este rito de aceptación para rodar una imagen de África. Recuérdese Afriques: Comment ça va avec la douleur? : cada vez que en su viaje por el continente llega a un nuevo destino, el director francés planta la cámara de manera ritual y traza una panorámica circular, como un acto de justicia ante lo visible, como un signo de respeto y perdón, como una declaración de su propia impotencia: “Porque seleccionar un encuadre significaría descartar otros. Y, ¿quién soy yo para hacerlo?”. Nescafé-Dakar pertenece a esta estirpe de obras que asumen la prueba (incluso física, como expiación) de tener que ganarse el derecho a mirar y filmar al otro. La formulación cinematográfica de por qué cuando miramos a África simplemente no la vemos.

Nescafé-Dakar de Lluís Escartín se presentó en la pasada edición del Festival Punto de Vista dentro de su sección Heterodocsias

FICHA TÉCNICA
Dirección, cámara y montaje: Lluís Escartín
País y año de producción: España, 2008

13 Comentarios

  1. Andrés 05/03/2008 | Permalink

    Carta a Lluis:

    Aún se me escapa mucho del diálogo al inicio, entiendo que habéis tenido un accidente en Dakar, no entiendo bien cómo, pero eso no es lo importante, o sí, pero para efectos del documental es apenas el inicio.

    Todo lo mágico empieza a ocurrir cuando sin tener más que hacer por tu amigo descubres la ventana de la habitación y allí te encuentras con un universo: ¿Los niños que juegan en la calle escondían una granada? ¿Quién le enseñó al vendedor de frutas secas a ordenar su producto así? ¡Qué erotismo desprende esa mujer…y aquel tío! ¿El hombre del Nescafé se siente más importante por vender un producto importado? ¿Es poeta el hombre de las rastas y zapatos de bolsas plásticas?

    Los fragmentos de vida me despiertan tantas interrogantes sobre la vida de ese barrio o esquina que podría poner pausa en cada toma y contemplar un rato más del que nos ofreces.

    A mi me gusta entender imágenes (que no leer imágenes), así… a través de una mirada distante, sensible, como la tuya.

    Lo que sí está claro y en eso Nescafé-Dakar es aleccionadora, es que tanto la Cruz Roja como las ONG’s o Los Médicos Sin Fronteras son un gran fracaso. Vamos, el gran fracaso del fin de siglo. De nada vale el muñequito pintado en la pared que dice “Límpiate las manos” porque para ellos es algo ajeno, la limpieza quizás tiene otras connotaciones. Lo que grabas desde la ventana es todo un universo difícil de penetrar, casi diría imposible para un extranjero.

    Por mucho que las ONG’s hayan conseguido cosas positivas, hay una cultura allí tan fuerte como incomprensible. (Aún así, no me siento muy distante de esa esquina). Pero insisto… la carga que se percibe “out of frame” es de una cultura extraña e intensa, casi mágica. Creo que pude percibir el olor de la calle.

    Luego está el mundo del hospital, tu amigo, el protagonista por accidente y a la vez accidentado padeciendo una rehabilitación dolorosa, un contraste extraño que se alterna con el mundo exterior. Y tu en el medio (que momento tan difícil para un cineasta) y lo has resuelto de manera tan sencilla: marcando posición en ese punto de la habitación que no le da la espalda al amigo, ni tampoco al mundo exterior.

    Bueno te puedo estar aburriendo con todo esto y no es la idea. Pero es un buen ejercicio para comprender mejor tu documental. Seguro que la vuelvo a ver y te escribo otra carta aún más extensa. Así que jódete, jajajajaja.

    Un abrazo,

  2. jfcls 05/03/2008 | Permalink

    Crítica sobresaliente para un igualmente sobresaliente film. Cuando alguien decide montar como ha montado Lluis Escartín Lara Nescafe-Dakar cualquier discusión al respecto del film siempre está de más. Y aún así tanto la crítica como la carta que se le escribe más arriba nos son útiles. Me viene a la memoria la anécdota del pianista al que después de interpretar una pieza propia le preguntó un periodista qué quería decir con su música. Por respuesta el músico volvió a interpretar la pieza. Hay pocas películas que nos inviten a volver una y otra vez sobre ellas, pero sin duda, Nescafé-Dakar es una de ellas (y otra reciente que recuerdo es Paralelo 10).

  3. nanaki neko 07/03/2008 | Permalink

    Paralelo 10 es una danza.
    Andrés.

    A mí no me gusta Nescafé- Dakar. Es la película que menos me gusta de Escartín y en la que lo veo menos comprometido.
    Que las condiciones eran inevitables me parece claro. Me pregunto si la película era necesaria.
    El ángulo de la cámara produce un rechazo inmediato. Podría haber estado filmando un techo, un mono o una antena.
    La única imagen que me atraviesa es la mirada de su amigo. Recupero en el azul, al hombre que se acerca a las cosas hasta fundirse con ellas.
    Todos los planos del amigo de Escartín traen al cineasta de regreso, con su compromiso, su lealtad , su belleza.
    Sobra muchísimo material en esta película. Cuando el protagonismo es tan alto, puede uno coger la cámara? necesitamos que el amigo lo filme a él?
    La historia está en otros ojos.

  4. Andrés 07/03/2008 | Permalink

    Creo que tus preguntas se refieren todas a la naturaleza y al estado de ánimo de quien está detrás de la cámara. Un repaso del texto de Muguiro te puede dar algunas claves.

    Recuerda que la forma no es fórmula y que las imágenes buenas son aquellas que nos muestran “lo otro”.

    Saludos,

  5. nanaki neko 07/03/2008 | Permalink

    A qué le llamas “lo otro”?

    Paralelo 10 y Nescafé Dakar no tienen nada que ver.

  6. Andrés 07/03/2008 | Permalink

    La respuesta la encontrarás en “Arrebato” de Iván Zulueta.

  7. Trini 09/03/2008 | Permalink

    Yo seré tu accidente, tú serás mi ambulancia.

  8. MISTERRA 10/03/2008 | Permalink

    Ir al aseo, coger las llaves, apagar las luces ¡Ah, el putomovil ! salir a la calle,pillar un transporte,llegas al sitio, te reunes en el hall, con el resto de peña entras, te sientas, ves
    Nescafe-Dakar, sales, comentas la jugada, por alli percibo a Andres y nanaki, muchos son empleados de la industria cultural, compran y venden.Un amigo me vende algo discretamente, se me funde la cara de aquel gringo asustado. Unos seguratas gesticulan y se tocan la porra para vaciar el edificio de diseño, salgo a la calle y varios grupos de indigentes no amenazan a nadie.Llego a casa, han vuelto todos. Doy un poco la lata con mi chute urbano cultural mientras preparo droga. Verborrea. Me gusta mi vida, tan llena de eventos. Mañana mas, porque la vida es un fracaso llena de eventos. Y si te molestamos los que tenemos inquietudes culturales siempre te pueds pirar, por ejemplo a Dakar, donde la vida sigue siendo un fracaso, pero sin eventos o muy pocos. Solo la fe puede salvarnos, queridos hermanos.

  9. nanaki neko 11/03/2008 | Permalink

    Y alguien había comentado que las drogas podían ser utilizadas con fines creativos…

  10. Andrés 13/03/2008 | Permalink

    Sobre las drogas: “You might, but you may not”. Pero “lo otro” no necesariamente tiene que ver con las drogas. No sé que decirte, lee a Lacan, aunque no sea fácil.

  11. rita 25/03/2008 | Permalink

    No se si me ha gustado o no, es un tipo de documental muy raro, muy simple, pero me gustaría verlo otra vez en pantalla grande. Alguien sabe si se proyectará próximamente por Barcelona?
    Gracias.

  12. B&D 29/03/2008 | Permalink

    Nescafé-Dakar se podrá ver el 11 de mayo en el ciclo Xcèntric del CCCB. En la misma sesión, Landscapes in a Truck de Andrés Duque y Po de estrelas de Alberte Pagán…

  13. jfcls 04/04/2008 | Permalink

    Por supuesto que ND y P10 no tienen nada que ver en lo formal. Más vale. Pero la forma en que los dos realizadores buscan fuera de los terrenos que más conocemos y nos reconfortan es paralela. Eso sin duda. Por ahí se ha hablado de Zulueta. Claro: con o sin drogas (mal menor en una sociedad como la nuestra donde las drogas, legales e ilegales, son el pan nuestro de cada día, y no lo digo como acusación moral, más bien al contrario), hay gente (cineastas, escritores, panaderos, carpinteros…) que buscan y otros que simplemente citan (no voy a entrar en el concepto de ‘escritor’ de foucault por que sería aburrido y matar moscas a cañonazos). Escartín y Duque son panaderos que buscan. El cine de Zulueta busca. El cine español es imitativo al menos desde los años sesenta. Imitativo de ese cine de autor que parece que todavía despierta tanta admiración en suelo patrio. Y eso nos ha llevado al colapso actual. Y en lo imitativo seguimos estancados, mientras la vida pasa. Y la vida pasa poro ND como pasa por P10. Para mi ND es la obra más arriesgada de Escartín, la menos fácil, la que más hace falta volver a ver. Por eso es mejor no buscar referentes, ni comparaciones, ni casi hablar sobre ella. Hay que volver a verla: por ejemplo el 11 de mayo en Barcelona.

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