Fotografías

Tras unos inicios en el documental televisivo y de corte más clásico, Andrés Di Tella prosigue con Fotografías (2007) su camino por la vertiente performativa y autobiográfica del documental que inició con La Televisión y yo (2002).


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Fotografías

Tras unos inicios en el documental televisivo y de corte más clásico, Andrés Di Tella prosigue con Fotografías (2007) su camino por la vertiente performativa y autobiográfica del documental que inició con La Televisión y yo (2002). En ambas el director argentino parte de la ausencia de un imaginario, zigzaguea entre lo privado y lo público y articula sendas propuestas fílmicas de carácter ensayístico bajo una perspectiva microhistórica.

Si en La Televisión y yo, la ausencia de un imaginario colectivo, aquel que ofrece la televisión y que Andrés Di Tella no comparte con su generación por haber vivido fuera del país durante su infancia, era el detonante para iniciar su particular “autohistoria” del medio, en Fotografías, el director parte de unas imágenes concretas y familiares pero que esconden otra ausencia, la de lo no transmitido. En las primeras escenas de la película, el director nos muestra una serie de fotos donde aparece su madre Kamala, de origen hindú, así como un baúl con objetos y esculturas procedentes de la India que, como veremos más adelante, han perdido para el director su simbolismo cultural: bajo su mirada no dejan de ser típicos souvenirs más propios de un turista que de alguien que tiene filiación directa con la India. Su padre le entregó esa caja de fotos sin mayor explicación y tampoco la tuvo por parte de su madre cuando todavía vivía: Kamala apenas le habló de su país, de la cultura y la familia que dejó en la India a mediados de los años cincuenta. Como nos hace notar el director también al comienzo de la película, la única huella de este legado ha quedado inscrita en su rostro mestizo (“moracho”, como comenta la actriz que en algunas escenas de carácter onírico recrea a Kamala), motivo por el cual fue objeto de insultos en el colegio cuando era niño (“fucking wog”), lo que provocó, a su vez, su irremediable rechazo a todo aquello que tuviera que ver con la India, como si preguntar a su madre implicara también un reproche.

Este limbo identitario en el que se encuentra el director (un ser sin saber qué se es, un no ser aun a sabiendas de que al mismo tiempo se es) es el punto de partida para que Di Tella emprenda una investigación fílmica para entender quién fue su madre, quién es esa familia exótica que vive en la India y, por curiosidad histórica o ánimo de compartir su condición de extraterritorial, buscar posibles intersecciones entre la cultura india y la argentina. Un viaje al pasado (la vida de su madre mediante entrevistas, cartas y archivo) y dos viajes en presente (a la India para conocer a su familia y a la Patagonia para encontrarse con el heredero del primer viajero argentino al país oriental), articulan una obra concebida, ante todo, como work-in-progress y cuyo planteamiento formal es sintomático de la inscripción del yo en el documental contemporáneo siguiendo la estela de figuras paradigmáticas, como el americano Ross McElwee.

Así biografía, diario e historicismo conviven bajo el complejo entramado narrativo de Fotografías, filme que visualmente combina elementos propios del cine familiar, el diario de viaje y el cine ensayo. De éste último, resulta característica su voz en off en primera persona que da pie a digresiones, paréntesis, nuevas asociaciones, al tiempo que reconduce, evalúa y connota lo vivido/filmado, llegando incluso a sobreponerse a la voz de los entrevistados. Mientras que de los dos primeros, la película toma la estética de “lo inmediato”: el filme está totalmente rodado cámara al hombro, con encuadres imperfectos e intuitivos, aunque con la significativa diferencia de que el padre/viajero/director muchas veces se encuentra dentro del plano y no detrás de la cámara. Una retórica de “lo mal hecho”, propia del documental performativo americano, a la que se suma “la estética del fracaso”, término acuñado por Paul Arthur para describir una serie de cintas que presentan al cineasta como perdedor (incapaz de alcanzar su objetivo o responder fehacientemente a sus preguntas iniciales), un sujeto dubitativo e inestable que no teme mostrar su talón de Aquiles (1). Claves en este sentido son escenas como aquella en la que la cámara, encendida por olvido, registra las quejas del equipo respecto a la falta de planificación e impuntualidad del director y otra en la que Di Tella confiesa su vértigo ante un inminente viaje a la India. Así Fotografías no es tanto una historia, como la historia de contar una historia o las reflexiones que surgen cuando se ha de contar una historia, pues como comenta uno de los personajes del filme: “caminar es una forma de meditación”.

En un momento de Fotografías, Andrés Di Tella se encuentra en la India con la prima de su madre, un personaje que recuerda a Kamala por su carácter rebelde y que alberga multitud de historias fascinantes, como la de su padre que era príncipe o la de sus matrimonios: primero con un príncipe y luego con el hermano de éste. Sin embargo, ninguno de los dos tiene demasiadas ganas de hablar en ese momento, Di Tella preferirá, entonces, contar la de su primo carnicero. Esta fatiga del narrador se presenta como una constatación implícita e irónica de su incapacidad de acotar el relato, de ofrecer una visión compacta y cerrada de su experiencia o de la realidad a documentar, tan sólo impresiones o apuntes. Fatiga que a veces se reviste de impotencia, como en los momentos en los que su padre le responde con elusivas (“too late”, “¿ya empezamos con el psicoanálisis?”) o con medias verdades, como cuando le dice que, como pareja interracial, Kamala y él no llamaban la atención en la Inglaterra de los cincuenta.

Así, las notas biográficas sobre Kamala no sirven tanto para reconstruir una vida, sino para convertirla en símbolo temático de la película. En este sentido, poco sabremos de ella: que fue simpatizante de izquierdas en la India, amiga de los artistas vanguardistas en la Argentina de los 60 o seguidora en Londres de la antipsiquiatría de Ronald David Laing… Kamala se perfila como un personaje rebelde y excéntrico, pero atrapado entre la tradición de su país y la modernidad de Occidente. Kamala representa al mismo tiempo la huida y la imposibilidad de huir de los lazos sociales, culturales y familiares. Su imagen se condensa en varios recuerdos de la infancia que conserva Di Tella: en la India atendiendo a los desheredados, aquellos que han renunciado a sus privilegios para convertirse en trashumantes; y bajando una pendiente con el motor del coche apagado, movida únicamente por la inercia. Una imagen de felicidad, comenta el director, Kamala liberada, al fin, del peso de la raza, la cultura, la nacionalidad.

Porque a diferencia de otro cineasta familiar de referencia casi ineludible como Alan Berliner que apela con tesón al pasado, para Di Tella los lazos de sangre se convierten en una atadura y la identidad, en una frontera que conviene traspasar o, en palabras del director, “como algo contingente, necesariamente incompleto, que muta en forma permanente, en función de la experiencia, que la confronta con distintas posibilidades” (2). De hecho, todos los protagonistas del filme comparten la doble condición de intrusos y apátridas: Kamala, Di Tella y Ramachandra, una suerte de alter ego de ambos, hijo adoptivo de Ricardo Güiraldes, el primer argentino en viajar a la India y autor de una novela mítica sobre la figura del gaucho, el icono de la “argentinidad” pero que, como nos descubre Di Tella en su filme, sus raíces profundas se encuentran en la India. Fotografías se convierte así en una exploración prolija de carácter circular, donde el punto de partida es idéntico al punto de llegada y que gira en torno al concepto de “lo siniestro” acuñado por Freud, donde lo exótico forma parte de lo familiar y lo familiar se convierte en extraño.

FICHA TÉCNICA
Guión y dirección: Andrés Di Tella
Producción: Andrés Di Tella, Marcelo Céspedes
Producción ejecutiva: Marcelo Céspedes
Fotografía: Víctor González
Música: Diego Vainer
Sonido: Lena Esquenazi
País y año de producción: Argentina, 2007

(1) Citado por Maria Luisa Ortega en Las modulaciones del yo en el documental contemporáneo, artículo incluido en Cineastas frente al espejo, Gregorio Martín Gutierrez (ed.), Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria y T&B Editores, Madrid, 2003. En este texto la autora describe las claves de esta estética de lo mal hecho y del fracaso que se ha convertido en seña de identidad del documental performativo contemporáneo.
(2) Diario de la India de Andrés Di Tella. Texto inédito y versión de una charla que tuvo lugar en el congreso Visible Evidence, São Paulo, Brasil, agosto 2006.

Un Comentario

  1. josé walter nunes 24/08/2010 | Permalink

    necesito de este texto que está muy bueno y lo voy a citar en mi investigación.

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