Festival Internacional de Cine de Marsella 2011

Crónica del FID Marseille 2011, destacando las mejores películas que en él descubrimos, crónica que se extiende en las reseñas de How I filmed the war y en la entrevista a Hermes Paralluelo, así como en más textos en el próximo número.


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TRAZOS. HILOS
Diálogos entre películas, diálogos entre ficción y documental, fuertes y sanas sacudidas a los pilares del documental -esta palabra no aparecía este año en el cartel, Festival International de Cinema-, buscar o crear un espectador activo, entender el audiovisual contemporáneo de una manera transversal, hilar una línea cinematográfica dentro del caos de imágenes actual, dar oportunidades a jóvenes y nuevos cineastas que despunten por sus originales apuestas en todo el mundo, mantener una resistencia cultural, artística y política frente al mundo que nos rodea (“Mirar, pensar, subvertir, transformar”) (1), siempre arriesgar, apostar por la creatividad en el propio planteamiento de las principales secciones. Más o menos, de manera muy resumida, estos son a mi entender los trazos genéricos del FID Marseille, festival puntero y muy especial capitaneado por Jean-Pierre Rehm desde el año 2001 y al que he podido asistir en las cuatro últimas ediciones. Uno de los mejores festivales de cine que hay en Europa, que pasa de manera más sigilosa que otros que tienen más bombo pero mucha menos indagación y riesgo, que está haciendo un trabajo de pico y pala, constante, serio, con una línea de programación extraordinaria.

Florenty. Rosen
Las dos películas que más me gustaron en esta edición eran de dos autores que ya conocía, pero a ambos los había descubierto en el propio evento. Elise Florenty (de quien vimos el sensacional Gennariello due volte en 2009) y Roee Rosen (Confessions of Roee Rosen, 2008, Hilarious, 2010). Del artista isrealí ya hablamos de Tse en su paso por Rotterdam este año y en el próximo número sino hay contratiempos le dedicaremos una entrevista. De Florenty pudimos disfrutar del estreno de Holy time in eternity, holy eternity in time, corealizado con Marcel Turköwsky. Esta joven realizadora francesa parece tener un mundo personal etéreo, mágico, con unos trucos y recursos de montaje maravillosos para nuestros ojos, que introducen al espectador en esta áurea inasible, flotante. La imaginaria ciudad creada por William Faulkner alrededor del río Mississipi sirve como inspiración de su creación, así como Pasolini sirvió para flotar por Nápoles y sus revueltas estudiantiles. También Le soulèvement commence en promenade, cortometraje de la misma realizadora que se encontraba en secciones paralelas, de estética tirando a pop, con un ritmo especialmente acertado en el montaje, era una acertada coreografía donde unos cascos rojos pasan de mano en mano como si fueran un transmisor de reflexiones.

Desorientación
Llevando a cabo lo citado en el primer párrafo con convicción y año tras año, lo que encuentro después de asistir varias veces seguidas al evento es una hilvanación de imágenes y significados, resuena algun tipo de orden, vago quizá, algunos hilos conectores entre las películas. Por ejemplo en August (Mieko Azuma, 2011), que a pesar de caer en algunas formas ya tópicas de cierto cine contemporáneo -la errancia de un personaje, seguido con largos planos-secuencia normalmente por la espalda, pérdida, desorientación, personaje aplacado frente al mundo- encontramos alguna aportación notable. La inserción de una historia ficcional dentro de un entorno real, que produjo muy buenos momentos de extrañeza, de desubicación para el espectador y también para aquellas personas que se encontraban por azar en el improvisado rodaje en Hiroshima. La trama se basa en la visita a esta ciudad de una escritora alemana que arrastra un pasado familiar confuso que su anciana madre no desvela. Investiga las consecuencias de la bomba atómica para reunir material para su próximo libro, insertando Azuma esta historia inventada en un entorno a menudo real.  El mecanismo recordaba el mediometraje que se pudo ver en este mismo festival, Madame Butterfly (2008) de Tsai Ming-liang. Pérdida entre los recuerdos, misteriosos, opacos, reflejos confusos del pasado, difuminado presente. Otro aspecto destacable fue la estructura en forma de árbol, donde la escritora era el tronco y las personas que se va encontrando eran como las ramas, iniciando la directora historias personales cortas que nunca concluían sino que sólo se apuntaban, más incógitas, para volver de nuevo a la errática novelista.

Archivo poco convencional
Varias películas se inmiscuyeron en el mundo del archivo cinematográfico. Dos de ellas me dejaron extrañado, un poco aburrido, sin acabar de entenderlo del todo, aunque admiro la propuesta de mostrar el archivo sin la intención ni de explicarlo ni de reinventarlo. Hablo de Just shoot me (Claudia Nunes, 2011) y Vikingland (Xurxo Chirro, 2011), unión de materiales en bruto, inconclusos, ideas de películas que nunca se terminaron y que ambos autores tampoco cierran, dejando al espectador entre lagunas. Hubo en ediciones anteriores propuestas de cierto parecido pero estas tenían una voluntad mucho más marcada (Dupa Revolutie, Laurentiu Calciu, 2010; Material, Thomas Heise, 2009). Me interesó mucho más – para mi una de las mejores películas del festival – How I filmed the war (Yuval Sagiv, 2010), estudio literario y cinematográfico sobre una película de guerra, análisis textual con breves apariciones de imágenes de archivo, entramos en profundidad en ella en una reseña aparte. La propuesta más personal con material de archivo fue Poussières d’Amerique (Arnaud des Pallières, 2011), un acurado trabajo en el significado de imágenes, con una narración en off deliberadamente inconexa, de ritmo irregular, a veces pesado, con un apasionante arranque en la historia de los Estados Unidos, a saltos con relatos de memorias personales de la infancia.

Retratos, subjetividades, sentido del humor
Hubo varios retratos cinematográficos que se interrogaron sobre la subjetividad y la objetividad de la mirada, sobre la descripción del otro y de uno mismo frente a los demás, desde perspectivas distintas y a menudo con sentido del humor. Era el caso de Gangster Project (Teboho Edkins, 2011) donde el director se autoridiculiza, presentándose como un blanquito pijo y débil en los duros barrios negros de Johannesbourg, para cumplir un sueño de su amanerada existencia, filmar una película de gangsters. Entre la comedia, la ficción y la inverosimilitud de lo real, hubo buenas secuencias con los traficantes encerrados en sus casa para vender la droga como si fuera una pre-prisión, y detrás de todo ello encontramos una mirada más cruda, en una Sudáfrica premundial de fútbol no explicada ni imaginada por los medios. L’hypotèse du Mokélé-M’Bembé (Marie Voignier, 2011) también apostaba por un yo autoparódico y una búsqueda de algo que no sabremos si fue real o leyenda. Una especie de monstruo raro en unos ríos del Camerún empujan a un investigador a viajes imposibles y a una búsqueda insistente, divertida y frustrada, parodia por un lado del espectáculo etonológico audiovisual, por otro búsqueda pesonal, desesperado rechazo de la idea de uno mismo en aguas extrañas.

Moving up (Loghman Khaledi, 2011) es otro retrato, a momentos divertido, pero de trasfondo más patético, en un Iran represivo, una sociedad espía y socialmente carcomida. El protagonista es un modesto obrero de la construcción que lleva años levantando malas novelas fantasiosas sobre bosques y hadas, dedicándole todos sus esfuerzos en direcciones erróneas. La cabezonería del aprendiz de escritor, fracasado simpático como el buscador del Mokélé, se torna en dramático entorno cuando el vecindario le denuncia y la autoritaria policía le molesta sin motivo, un entorno hostil como el de los gangsters sudafricanos. Cierta rudeza en la realización queda en segundo término por la captación de la complejidad de este fallido escritor. Más impecable formalmente fue el retrato de Hermes Paralluelo, Yatasto, al cual entrevistamos. Una realización más construida sobre un niño cartonero en Córdoba, Argentina, y su entorno familiar, que recordaba en algun modo a cierto estilo de Pedro Costa, película de la cual sobresalen las excelentes secuencias filmadas encima del carro. También con un plano-secuencia de estética impecable, que capta todos los detalles de la acción, Incident by a bank (Ruben Östlund, 2011), se observa un asalto a un banco muy poco profesional en Suecia, de nuevo algo frustrado-divertido. A través de un ojo que todo lo ve se cuestiona la veracidad de lo real y de todas las miradas anteriores.

Listado final
Listo un poco al azar las notas que tomé de otras películas que vi. Decepción en Lech Kowalski (The end of the world begins with one lie, 2011), un montaje rudo y kitsch, comparando con en paralelo un desastre ecológico en el golfo de México con Louisiana History de Flaherty (1948), sólo capté esta idea en la película si es que había otra.  Sibérie (Joana Preiss, 2011) era un autoretrato a modo de diario muy banal de esta actriz y su compañero, el realizador Bruno Dumont, que parten de viaje filmándose constantemente el uno al otro con dos cámaras. Eché de menos el humor de las películas citadas anteriormente, no tomarse siempre tan en serio. Ciertas dudas me quedaron en la película de Philippe Grandrieux (Il se peut que la beauté ait renforcé notre résolution – Masao Adachi, 2011) por un retrato entrevista de interés al director japonés Masao Adachi, con una “estética Grandrieux”, como si de él esperásemos estos planos difuminados, desenfocados, que lo han hecho característico, y tengo dudas de si era necesario en esta ocasión.

Atrajeron más en positivo mi interés el corto brasileño Minhoçáo (Raphaël Grisey, 2011), una película en forma de círculo, recitado -en bucle- de teorías arquitectónicas, lanzadas desde el altavoz de un coche que da vueltas alrededor de un edificio modernista en Brasil. Encierra en su construcción de eterno retorno una fascinación por la estética arquitéctonica y sus contrastes sociales. Honk! (Arnaud Gaillard, Florent Vassault, 2011), una de las mejores del festival, dentro de su apuesta clásica, en algunos aspectos periodística, es una poliédrica mirada a la pena de muerte en Estados Unidos. Sin prejuicios y sin morbo, con oposición y denuncia pero con el debate y el razonamiento en su acercamiento a los personajes, los realizadores franceses trazan un mapa de testimonios para alumbrar los origenes y los sinsentidos del ajusticiamiento humano. Das Schlechte feld (El campo infecundo) de Bernhard Sallmann (2011) es un ensayo denso, austero, de voz robótica, pero que poco a poco permitía entrar en la narración, el espectador va siendo cautivado por esa lentitud en la trama, al saber los origenes de la familia, la relación con los nazis, el legado de Bruckner, la memoria y las conexiones de esta con el presente en este campo infértil al cual la película le dedica su testimonio. Tuve tiempo para ojear alugnas películas “semifinalistas” en la videoteca, en este festival hay aproximadamente una docena de filmes que se quedaron a las puertas de entrar a competición, pero están en el catálogo y en la videoteca. Despertó mi curiosidad la española Adolescentes de Ángel Santos Touza, quien inspirado en Warhol, afronta a la cámara una joven generación, en silencio, contemplativa. Cada una de las tomas es un mundo en sí mismo, lleno de historias no escritas, de interrogantes en ambas direcciones. Dejaremos para el próximo número una reseña en profundidad de la película ganadora del festival, Sip’ohi – El lugar del Manduré, de Sebastián Lingiardi.

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(1) FID Marseille 2010, Mirar, pensar, subvertir, transformar. M. Martí Freixas. Cahiers du Cinéma España, Septiembre 2010.

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