Lech Kowalski y el discurso del poder

Lech Kowalski siempre ha hecho evidente su condición crítica con las sociedades que habita (luego de un tiempo deja Nueva York para auto exiliarse en París), su filmografía está conectada con esa evolución identitaria hacia los márgenes. Sus películas más que hablar sobre la alteridad, hablan con la alteridad esencialmente porque Kowalski comparte aquella condición de ser otro, nos habla desde ahí.


    Post2PDF
Inicio   1 2

The Boot Factory de Lech Kowalski

“Cuando llegué a Nueva York realmente nada era oficial, ni siquiera las green cards que nosotros no teníamos de todas formas… Mi Nueva York es la Nueva York no oficial”. Kowalski necesita reafirmarse frente a un mundo que lo identifica con la marginalidad, porque la sociedad necesita explicarse a sí misma y que cada zona de su diversidad hable desde su estado y posición, eso es el inicio de un diálogo. Kowalski entra al sistema, circula por el entramado del cine como un extraño en el discurso pero integrado en la acción, no es contradicción, sólo sobrevivencia.

Pornografía.
(De pornógrafo).
1.f. Carácter obsceno de obras literarias o artísticas.

Kowalski habla del porno desde dentro, no como un mundo cerrado sino como una realidad cercana, por lo menos para él: “el porno en ese tiempo no tenía nada que ver con lo que es hoy en día. Algunas películas eran realmente creativas y radicales. Era un género diferente. Y, para un montón de gente, el porno era una manera de comenzar a crear una productora, obtener equipo o montar una tienda. Cada uno tenía una cámara y era posible hacer películas colectivas.”

La etnografía y la pornografía comparten discursos de dominio, el intelectual quiere representar lo exótico, el hombre desea representar lo femenino, ambas disciplinas son manifestaciones del poder hegemónico del hombre blanco occidental. Esta tendencia cambia en el momento en que la mujer entra al porno y coge la cámara para representar sus propias imágenes, cuando el extraño hace películas regidas por su imaginario y transgreden lo establecido, difieren de lo que estábamos acostumbrados, también cuando la representación de la misma pornografía la hace alguien que ya estuvo ahí. Lech Kowalski incluso dentro del porno, rompe las reglas, su mirada extrañada ha desaparecido, es un lugar habitual, por eso puede plantearse ir más allá, buscar bajo otras capas mas profundas. Una escena de sexo, una de comercio sexual u otra de un adicto a la heroína inyectándose una dosis no se justifica solo por mostrar estas escenas mas o menos veladas, sino que para entrar en una película, afirma, tiene que haber algo más, traspasar el morbo, no necesariamente ir mas lejos sino al contrario, traer esa situación hasta aquí, buscando su cercanía, apartándola de aquel lugar oscuro al cual normalmente se le relega.

Tabú.
(Del polinesio tabú, lo prohibido).
1. m. Condición de las personas, instituciones y cosas a las que no es lícito censurar o mencionar.

Las películas de Kowalski tratan principalmente sobre los tres tabús de cualquier sociedad humana; el sexo, la muerte y la magia, quizás esta última sea el pilar menos visible, las drogas por lo general nos acercan a esa dimensión mágica de la vida aunque las drogas en los filmes de Kowalski no son un medio para acercarse a lo divino, sino un catalizador de extremos en vidas vaciadas. A pesar que nos pueda remover cosas su aparente nihilismo, su mirada de alguna forma busca el encuentro misterioso con un tipo de redención en sus (anti)héroes como por ejemplo oírlo despedirse de un cadáver cuando su “amigo” gringo, o mas bien su cuerpo marcado por jeringas y el sarcoma de Kaposi, yace sobre una fría plataforma fría en el tanatorio de la ciudad.

Kowalski ve en su cine una búsqueda sin fin de su propio rostro, hace cine porque ve algo liberador en él, una excusa para seguir cruzando límites y dejar constancia de ello, lo que significa compartir la experiencia vivida algo que ningún nihilista quisiera, porque niegan cualquier principio social.

Punk.
(Voz ingl.).
3. m. Movimiento musical aparecido en Inglaterra a fines de la década de 1970, que surge con carácter de protesta juvenil y cuyos seguidores adoptan atuendos y comportamientos no convencionales.

Kowalski filma la estupidez, el primitivismo, la agresividad, la impostura, el real compromiso, las dudas de una comunidad a la cual, con cámara en mano, dice pertenecer . No construye un panfleto, aunque asegura que el cine documental es propaganda sobre la mirada del propio realizador. En ese gesto visceral de lanzarse a registrar de forma “no oficial” la gira americana de Sex Pistols, hay que rescatar su fidelidad final con el cine, entendido por él como el arte de las imágenes más que un arte de la narración. Kowalski es sucio, amateur a veces aparentemente inoperante o negligente con la construcción de lenguaje cinematográfico, pero no como resultado del trazo puro o del avance irreflexivo, es la búsqueda de una identidad en el caos pero de una identidad móvil, la que se amolda a las circunstancias, que se aferra a una sola verdad, la de cuestionar todo alrededor, menos la propia base.

La negación de la autoridad, es algo que lo conecta con todos sus personajes, ese disconformismo que lo lleva a no aceptar lo establecido, los principios, las convenciones, las reglas, la teoría, todo esto es para Lech Kowalski el cáncer de arte y el cine, por eso su siempre útil idea de fuerza nace desde una pregunta, nunca desde una certeza; “Why?”.

Con motivo del décimo aniversario del Master en Documental Creativo de la Universidad Autónoma de Barcelona, la Filmoteca de Catalunya acogió en enero del 2008 una retrospectiva de la obra de Kowalski, director que también impartió una clase magistral en la SGAE.

Inicio   1 2

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Redes sociales y canales de vídeo

  • Facebook
  • Twitter
  • Vimeo
  • ETIQUETAS

    ARCHIVO