November / Lovely Andrea

La revalorización y difusión de la figura de Hito Steyerl (Munich, 1966), videoartista formada en Japón y Alemania, autora de abundantes textos teóricos, esencialmente referidos a las nuevas perspectivas y formas del documental, al feminismo y los modos de expresión y crítica poscolonial, favorecida por su participación en la última Documenta de Kassel, permite establecer una primera y leve aproximación a algunas de las piezas fundamentales de su obra.


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Hito Steyerl

LABERINTOS DE (AUTO)CONOCIMIENTO*
La revalorización y difusión de la figura de Hito Steyerl (Munich, 1966), videoartista formada en Japón y Alemania, autora de abundantes textos teóricos, esencialmente referidos a las nuevas perspectivas y formas del documental, al feminismo y los modos de expresión y crítica poscolonial, favorecida por su participación en la última Documenta de Kassel, permite establecer una primera y leve aproximación a algunas de las piezas fundamentales de su obra. Entre su producción audiovisual sobresalen dos títulos recientes en los que confluyen buena parte de estas preocupaciones, November (2004) y Lovely Andrea (2007), dos trabajos breves (cada uno con una duración inferior a la media hora) aunque sutilmente entrelazados que muestran de modo brillante algunos componentes de la evolución del hecho artístico y fílmico contemporáneo.

El primero de ellos aparece como un relato de tono elegíaco, tan apasionante e insólito como exploratorio. La historia de Andrea Wolf, amiga de Seyerl, con la que ésta realizara una película de artes marciales a los 17 años, sirve para trazar una conmovedora y vibrante pieza que ayuda a desenvolverse entre los muchos interrogantes trazados por la fragmentación del conglomerado audiovisual actual. Mezclando imágenes de la filmación cuasi adolescente con títulos de Russ Meyer, René Viennet y el actor Bruce Lee, vamos progresivamente descubriendo otros aspectos de la vida de Andrea (y de Steyerl). Acusada de pertenecer a la Fracción Roja, con posterioridad se alista en la milicia kurda y es asesinada (“desaparecida”) en 1998 en calidad de presunta terrorista. ¿Qué había ocurrido durante este tiempo? ¿Cómo se modifican las vidas y expectativas de nuestros compañeros de generación? ¿Qué puede llevar a alguien a sacrificar aquellas comodidades o convenciones asumidas? ¿Por qué el olvido de tantos hechos? Steyerl lanza interrogantes, plantea indagaciones y búsquedas antes que certezas o saberes previos. En una soberbia convivencia collage de reflexividad, análisis histórico, autobiografía, recursos propios del diario (confesión, exploración, lucidez con dosis de autocrítica) estructura un trabajo personal y pletórico de sugerencias y engarces temáticos (desde el acto de la mirada a la memoria, la causalidad y el azar o la fuerza de las relaciones hasta las causas del fracaso de la tentativa revolucionaria y una disección de los aspectos que verifican la podredumbre de los sistemas), que se desliza por los meandros del pensamiento más estimulantes. Cine-ensayo o gnosis que no es estrictamente un documental sobre Andrea, ni sobre el Kurdistán, Steyerl, habla de los “gestos de liberación tras el final de la Historia, tal y como se reflejan en la cultura popular y en las imágenes de viajes”; un proyecto sobre la era de Noviembre, “cuando la revolución está acabada y sólo sus gestos siguen circulando”, superado Octubre (interpola fragmentos del filme de Eisenstein), donde “los antiguos héroes mueren locos [… ] y casi nadie se entera nunca”.

Lovely Andrea, videoinstalación presente en 2007 en Kassel (Alemania), aparece como una propuesta más prosaica, pero también vinculada a un sinfín de tendencias y experiencias contemporáneas. A modo de travesía extrema, experiencia existencial, muestra constantes de nuestra época y de su trabajo teórico y político. La autora erige motivo central de su itinerario la búsqueda de una sesión de fotografías (propias) adscritas al bondage, que protagonizara en 1987, atada con la técnica nawa-shibari, un método militar de tortura tradicional en Japón aquí reconducido al negocio de la pornografía y a las diversas formas de explotación sexual, que consiente asociaciones productivas, como la que la emparenta con los no-cuerpos de Guantánamo o la querida Andrea: ataduras y nudos en muchas direcciones que construyen un sólido ejercicio de multiplicidad de sentidos, vivos y muertos que no existen inmersos en las ficciones creadas por los estados modernos. El proceso de seguimiento de la película presente en los diversos archivos pornográficos y eróticos de un Japón destilado a modo de submundo inquietante, en alternancia con fragmentos de películas, lleva a una consciente operación retórica donde se sugiere la fusión de violencia y erotismo que atenaza sus reflexiones, el buceo en la memoria y en el tiempo, el recuerdo a los caídos o las pruebas de la complejidad humana que, como en otras obras modernas, contribuyen a romper la división histórica establecida a través de los relatos oficiales entre la institución del arte y el cinematógrafo.

La traumática amalgama cultural de Steyerl, el inteligente empleo de la primera persona, el crescendo de los sugestivos paralelismos, la fragilidad de las ociosas fronteras no ficción-ficción y el ensayo como posible y gozosa confluencia entre la modalidad documental y la práctica experimental, provocan que la autora, como Mekas, Marker, Godard, Van der Keuken, Akerman, Varda o Jordá, deje fluir una obra “libre”, a la manera que expresa Alain Bergala. La pérdida de límites ayuda a sobrepasar la atávica tendencia a la abstracción, la conceptualización de la videocreación, que desde una perspectiva asociada al arte moderno y a su emplazamiento museístico representaba una propuesta alejada de la búsqueda de objetividad o “verdad” con la que se identifica la práctica documental (aquí y una vez más cercana a toda autenticidad). Si las paradójicas relaciones entre vanguardia y no ficción han crecido pasmosamente durante estos últimos 20 anos, el paso del registro al ensayo en menoscabo de la pretendida objetividad histórica y la aparición de trabajos que representan una subversión de la integridad del metraje original (remontaje, apropiacionismo, uso de material de archivo, integración de imágenes domésticas y material personal, la lúdica extrañeza del falso documental) determinan un material audiovisual de no ficción que impregna de modo avasallador el arte de vanguardia. La audacia y el activismo expresados mediante formas compactas siempre circulan unos pasos por delante del academicismo. Cabría apostillar que afortunadamente.

* Texto publicado originalmente el el número 2 de AG. Revista do Audiovisual Galego

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