Edificio Master

Una de las características del cine de Eduardo Coutinho es su particular mirada de Brasil, alejada de las postales turísticas o de los reportajes de denuncia social a los que estamos habituados. Heredero del cinéma verité el director retrata a su país a través de unas personas quienes, la mayoría de las veces, habitan en espacios reducidos y cuya voz puede extrapolarse a cualquier temporalidad.


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Edificio Master

Una de las características del cine de Eduardo Coutinho es su particular mirada de Brasil, alejada de las postales turísticas o de los reportajes de denuncia social a los que estamos habituados. Heredero del cinéma verité el director retrata a su país a través de unas personas quienes, la mayoría de las veces, habitan en espacios reducidos y cuya voz puede extrapolarse a cualquier temporalidad. Y si Babilônia 2000, refleja la vida de los habitantes de una favela, Edificio Master indaga en la existencia de treinta y siete vecinos de un edificio de doce pisos ubicado en Copacabana, Río de Janeiro.

Las vivencias de sus personajes, a menudo conmovedoras, y la posibilidad que tienen de reinventarse en su capacidad imaginaria, es lo que hace de Edificio Master, una película que reivindica al cine de la palabra. A Coutinho, como comenta él mismo a menudo, le interesa lo que el personaje transmite durante el rodaje. Ese momento ritual que se produce gracias a la presencia de la cámara, un momento único e irrepetible, capaz de trasformarlo todo.

Por esta razón, el realizador opta por una economía narrativa. No existen imágenes de archivo que apoyen los testimonios de los protagonistas, ni banda sonora. Sólo sus gestos, el tono de la voz, los silencios y la postura del cuerpo. Tampoco vemos el edificio en su totalidad, únicamente los pasillos, algunas habitaciones vacías y los espacios donde los personajes cuentan sus historias.

El director descubre a sus entrevistados en el momento del rodaje. De ahí que el azar también sea un elemento importante en su cine, pues no sabe el modo en que actuarán frente a su presencia. En una opción que pretende abrirle la puerta a la espontaneidad, el brasileño prescinde del “luz, cámara, acción”, y sus preguntas no se relacionan con temas que puedan suscitar juicios de valor, ya que para él lo central está en las historias de vida.

En Edificio Master Coutinho y su equipo participan en la acción. Al inicio del documental la voz en off (que sólo se escuchará en esa oportunidad) relata que la producción alquiló un departamento por un mes y filmó durante una semana. Así los vemos en varias ocasiones, a través de la pantalla de una cámara de seguridad, caminando por los estrechos pasillos de uno de los pisos del edificio (imágenes utilizadas reiteradamente como transición de una escena a otra), entrando en las habitaciones, pidiendo silencio a los vecinos o conversando con los entrevistados. Con este recurso autorreferencial, el cineasta no sólo quiere enfatizar que se trata de un meta-filme, como lo ha hecho desde Cabra marcado para morrer, (mostrando las cámaras, el equipo e informando sobre las circunstancias del rodaje), sino que deja claro que no hace películas sobre los otros, sino con los otros. En una de las escenas, Juan, un desempleado que aun sufre por la muerte de sus padres, le pregunta a Coutinho si éste puede darle trabajo, a lo que él responde con un “No tengo empleo, pero lo entiendo”. En otra, una joven prostituta confiesa haberle mentido al equipo de producción el día anterior.

En palabras del director “Lo único que es real es el encuentro entre el documentalista y el personaje –el acto de rodar-, y esa realidad ya me basta. Yo registro ese encuentro. Es un filme. Mi cámara es visible y yo, (…) estoy allí interactuando con las personas. Es un intercambio. Los propios personajes se refieren a ese acto (1).”

Aunque la mayoría de los habitantes de Edificio Master han lidiado con la adversidad, la mirada de Coutinho dista de ser piadosa. Se trata de sobrevivientes que se reinventan a través de los recuerdos, la expresión artística o la compañía de otro. Y es que tal como lo sentencia el administrador: “La realidad es el funeral de las ilusiones”. Por lo mismo, no es casual que muchos de sus personajes canten, como Enrique, un solitario que resume su vida en cada estrofa de My Way; Jasón, autor de la samba Favela o Nadir, interpretando una canción que apela a la nostalgia.

Solitarios, desolados, melancólicos, esperanzados, una fauna de seres humanos que habitan un edificio de doce pisos, emplazado a metros de una de las playas de Copacabana.

Edificio Master se proyectó el pasado mes de diciembre de 2007 dentro del Segundo Festival de Cine Brasileño de Barcelona.

(1) Lara Silbiger, “Entrevista con Eduardo Coutinho” en Tercer-Ojo.com, nº3 (julio-agosto 2003).

FICHA TÉCNICA
Dirección y guión: Eduardo Coutinho
Director de fotografía: Jacques Cheuiche
Montaje: Jordana Berg
Sonido: Valéria Ferro
Productor: Beth Formaggini
Productor ejecutivo: Maurício Andrade Ramos, João Moreira Salles
País y año de producción: Brasil, 2002

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