Óscar Pérez

El joven director catalán ha abandonado su habitual y característica discreción en su último documental: El sastre. Aquí ha dejado de ser un observador distante para convertirse en “el hombre de la cámara”, sujeto concreto al que no le queda más remedio que asumir su papel dentro de una película que retrata el día a día y los conflictos de una pequeña sastrería regentada por un inmigrante paquistaní.


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Óscar Pérez

Óscar Pérez ha abandonado su habitual y característica discreción en su último documental: El sastre. Aquí ha dejado de ser un observador distante para convertirse en “el hombre de la cámara”, sujeto concreto al que no le queda más remedio que asumir su papel dentro de una película que retrata el día a día y los conflictos de una pequeña sastrería regentada por un inmigrante paquistaní. El filme ha sido galardonado con el premio Silver Cub (para obras de duración inferior a los 30 minutos) en el prestigioso festival IDFA. A su vuelta del festival conversamos con él, sin cámara, con bloc de notas y algo más de tiempo para abordar su última película, su forma de entender el documental y su próximo proyecto: un largometraje producido bajo el amparo de la Universidad Pompeu Fabra.

¿Cómo encuentras a Mohamed y su sastrería?
Surge de otro proyecto. Yo quería hacer un trabajo sobre inmobiliarias y fui al Raval buscando permiso para rodar en alguna, pero sin obtenerlo. No sólo en este barrio, sino en el resto de Barcelona. Así que paseando por el Raval me senté delante de la sastrería y me llamó la atención ese lugar tan pequeño con el sastre y su ayudante, los clientes que entraban y salían continuamente, todas esas bolsas… Y pensé: “¿Por qué no aquí?”. Entré y le pregunté si podía hacer una película sobre su negocio y me dijo: “Sí, sí, empieza ya.” Fui a por la cámara y comencé el rodaje ese mismo día.

Aquí me descolocas. Precisamente quería preguntarte por tu relación previa al rodaje con Mohamed, el sastre. Se percibe cierta confianza que parece requerir más tiempo…
Empecé un día y a las dos semanas ya había terminado. Es durante el rodaje cuando le voy conociendo. Por supuesto que si después del primer día no intuyo que ahí hay algo más, no sigo. Me tiré a la piscina pero tenía la toalla al lado por si había que salir rápido. No es la primera vez que abandono un proyecto, como trabajo en solitario es algo que puedo hacer. Pero ya el primer día pasaron cosas increíbles, existía una relación curiosa con su ayudante: él es pakistaní, su ayudante, hindú, y ahí ya empecé a ver que había una buena historia y una buena película. De todas formas, mi principal reto con El sastre era encontrar espacio, mi espacio. La sastrería es un lugar tan pequeño que al principio perdí muchos planos porque un cliente se ponía delante de la cámara, por ejemplo. No sabía si ponerme delante del sastre, detrás del sastre, fuera de la sastrería… Era un reto que encontraba muy cinematográfico: poder contar una historia en un espacio tan reducido, de apenas ocho metros cuadrados, y tan abigarrado.

A diferencia de la mayoría de tus películas, donde tanto la cámara como tú adoptáis una posición distante, ¿es esta falta de espacio la que te obliga a meterte en la narración?
Mi actitud a la hora de filmar es, sino la misma, al menos, parecida a la que tengo siempre. Al margen de los primeros trabajos en los que utilizaba trípode y eso marca una distancia mayor con lo que estás filmando -es como si la cámara filmara sola o como si lo filmado fuera algo independiente- en el momento en que te pones la cámara al hombro está claro que ambos sois una misma cosa. De ahí esos diálogos de la película refiriéndose a mí como “el hombre de la cámara”: Yo estoy ahí siempre y la cámara está siempre conmigo. Por lo que respecta a entrar en la historia, ellos me metieron en ella, sin yo saberlo, me acabaron incorporando a la historia.

Lo curioso de tu papel es que no sólo eres testigo, sino también una suerte de “autoridad”. Ellos te interpelan buscando tu aprobación….
No creo que yo fuera en ningún momento una autoridad. Todo lo contrario. Hice muchos recados para ellos, les acompañé al médico, al ayuntamiento… Simplemente fui testigo de los acontecimientos y, por ello, Mohamed se asegura de que me quede clara su versión de lo ocurrido.

El sastre me recuerda al protagonista de tu película Salve Melilla: ambos aglutinan tensiones políticas. Si Rubiales, al menos para mí, representaba una paradoja, tradición vs modernidad; Mohamed representa otra, la del explotado explotador…
No sé, yo creo que todo eso son interpretaciones que salen de la proyección. Por ejemplo, en Melilla nadie hace esa lectura de Salve Melilla. En el caso de El sastre, Mohamed tiene una circunstancia muy determinada, pero creo que se debe a su cultura. Existen también esas tensiones con los clientes y son situaciones que están muy marcadas porque es un espacio pequeño y tú, como espectador, puedes conocer la situación de un personaje y de otro… Pero creo que son situaciones que se dan también en la oficina de aquí al lado. Y es que nos explotan siempre, todo el mundo explota a todo el mundo. Esto es la jungla.

Pero tu filme desprende, por decirlo de alguna forma, cierta “incorrección política”, quizás porque el acercamiento habitual al fenómeno de la inmigración pasa por la compasión y aquí la identificación es desde luego más compleja.
Ellos son inmigrantes, sí, pero por encima de todo para mí son personas. A mí me atraen las cosas con las que no sé si me identifico, pero, al menos, sí como ser humano: lo que puede ocurrir allí dentro que me atañe a mí y atañe a cualquier otro. Por mucho que ellos hablen en otro idioma, un idioma que yo intuyo pero no entiendo o por mucho que sean distintos a mí, cuando estoy filmando no percibo esas diferencias como tales. Me intento fijar en los aspectos que me van dando esos matices, que me sirven para definir al personaje, que en este caso pasa que es un paquistaní, pasa que es un hindú, pero podría ser cualquier otra persona y me estaría fijando en los mismos aspectos.

Lo interesante de tu última película, y también de Salve Melilla, es precisamente esa dualidad de los personajes…
Es que somos así, yo creo, yo también soy así… Si alguien me filmara fliparía. No sé si hay alguien que tenga sólo una cara, sospecharía de alguien que tuviera sólo una cara. Otra cosa es que te la ofrezca y, por eso, yo estoy tan agradecido a todas las personas que he filmado y me han ofrecido esas dos caras, porque es un regalo. Para mí eso es lo más valioso, de lo contrario, no podría hacer películas, sería imposible.

¿Y no crees que quizás sea la “ingenuidad” de Mohamed o su condición de extranjero lo que facilita que no tema mostrar “su otra cara”?
Mohamed siempre pone las dos caras. Incluso cuando las intenta esconder, aparecen. Por eso es especial y distinto a otros. Yo creo que eso tiene que ver con su cultura, con su estado de ánimo y, por encima de todo, con su carácter. El hecho de que Mohamed y Singh puedan hablar en un idioma que yo no entiendo abre una nueva dimensión en la película que nos afecta a los tres. De una forma o de otra, en mayor o menor medida, todos quedamos expuestos.

Entonces los diálogos, que en El sastre son fundamentales, los descubres a posteriori. Es decir, te das cuenta definitivamente de la fuerza de tu historia en el montaje. ¿Cómo te enfrentas entonces durante el rodaje a una situación donde no entiendes exactamente lo que ocurre?
Cuando percibo una tensión, me concentro en ella, y cada vez que los personajes hablan grabo, grabo por disciplina. Sí que a veces hay algún guiño que me hace pensar que puede ocurrir algo o palabras que son universales o palabras que las dicen en inglés… Vas cogiendo de aquí y de allá. De todas formas, yo estuve en la sastrería dos semanas y casi ocho horas diarias, lo que me permite ir viendo la evolución de su estado de ánimo, qué ha pasado antes y si, por ejemplo, alguien tiene que ir al médico yo lo sé y más si le he acompañado… Son pistas que me ayudan a intuir qué es lo que está pasando o qué es lo que va a pasar. Pero sí, en base a lo que descubro después junto a la traductora paquistaní monto. El conflicto entre los dos personajes es el eje principal de la película y todo lo demás gira en torno a su desarrollo: su presentación previa y el desenlace final.

Tu estilo documental está muy definido, ¿Te sitúas dentro de alguna corriente concreta? ¿Hacia dónde se dirige tú búsqueda?
Para mi el documental es una disciplina artística y ahí se abren multitud de ramas, ¿no? Siempre intento que, aún teniendo un estilo aparentemente observacional, mi implicación con lo filmado sea cada vez mayor, teniendo en cuenta mi forma de ser. Yo filmo de la realidad y nunca le digo a nadie lo que tiene que hacer delante de la cámara y, por ejemplo, difícilmente me voy a poner a preguntar porque tampoco me sale en ese momento, pero sí que hay muchas maneras de posicionarse, de subjetivizar lo que estás haciendo. En el caso de El sastre ha sido de una forma que a lo mejor no se volverá a dar otra vez, aunque también tiene que ver con mi implicación cuando filmo: si ellos me piden un favor, nunca digo que no porque para mí es una especie de intercambio. Lo que no intento, aunque a veces no lo parezca, es esconderme; pero sí medir muy bien mis apariciones, tanto con el tipo de plano, como si alguna vez me veo obligado a decir una palabra o si me veo integrado en la historia como ha ocurrido en este caso.

Y, respecto a los temas de tus filmes, ¿tienes alguna inquietud o predilección temática?
No tengo, a priori, inquietudes temáticas. Filmo por necesidad de filmar. Cuando estoy mucho tiempo sin hacerlo, lo paso mal. No necesito demasiado para empezar un nuevo proyecto, si veo algo que me atrae por alguna razón que ni siquiera intento comprender, empiezo. Yo hago la investigación mientras ruedo, es ahí donde me gusta descubrirlo todo o casi todo. No obstante, cada vez necesito más de un tipo de situaciones extremas en las que se ponen manifiesto las contradicciones y las dudas de los personajes. Ante la duda todos somos iguales y eso permite reconocernos en el otro.

En tu caso, podemos hablar de que eres “un documentalista puro” puesto que nunca has abandonado esta forma cinematográfica. ¿De dónde viene tú interés por la no ficción?

Yo estudié en Londres, en el London College of Communication, y allí era muy complicado conseguir una cámara de 16mm, organizar un rodaje en una ciudad que no conoces, tener que pagar- porque en Londres la gente está acostumbrada a recibir dinero por cualquier cosa que haga-. Era también la época en que comenzaron a salir al mercado buenas cámaras digitales y enseguida me compré una. Así que para los primeros trabajos, lo más inmediato era hacer un documental. También tuve un tutor que es William Raban, con el que todavía mantengo una buena amistad, y sus clases de cine experimental y documental me llevaron por ese camino. Él es un cineasta reconocido en Inglaterra y nos alentaba para que saliéramos a la calle a filmar sin más, fue allí donde me acostumbré a filmar sin guión y a confiar, poco a poco, en el ojo-cámara. Por otra parte, supongo que soy poco paciente para esperar ayudas y subvenciones… Todas estas cosas a me cansan un poco, así que, aunque me meta en un proyecto de largometraje y tenga que esperar, mientras tanto voy a filmar dos o tres documentales porque es una necesidad, no sólo interior mía, sino económica también, es la manera que tengo de ganarme la vida.

¿Y te la ganas bien?
Bueno, ahora mejor que antes, va a rachas. Siempre que he dado clases digo que si a la gente le apetece hacer cosas imposibles, que lo hagan… Pero en principio es imposible vivir del documental, si miras a tu alrededor ves que este país no está preparado para que te puedas ganar la vida así ni mucho menos. Pero ocurren cosas imposibles, ¿no? Si te apetece intentarlo…

En tu caso, una de esas cosas “imposibles” sería haber ganado el premio Silver Cub en el festival IDFA, ¿no? ¿Qué puertas te abierto este premio?
De momento, hay un montón de festivales interesados en ver la película, otros ya me han invitado y también estamos pendientes de hablar con varias distribuidoras interesadas en distribuir la película por todo el mundo.

Este tipo de premios y su repercusión dan que pensar. ¿Tienes la sensación de que se ha reconocido tu trabajo fuera antes que aquí?
No, porque no sería verdad. Para empezar, el programa Gran Angular de Televisión Española siempre ha confiado en mí y es el que me ha permitido ganarme la vida con lo que hago, sin ningún tipo de censura y eso es importante en televisión. Pero, sí que tengo la sensación de que fuera se ven las cosas de forma distinta. Aquí cuando haces un corto se ve como el paso previo para el largo. Me parece perfecto hacer un largo, pero en Amsterdam no he tenido esta sensación: allí la gente valora lo que he hecho no lo que voy a hacer. De hecho, ahora El sastre está en un tour por toda Holanda y se pasa en 20 salas de cine. Allí tienes salas de cine que se prestan a este tipo de cosas, aquí cuesta más y creo que es porque tenemos una cultura de la ficción y eso lo veo en muchos documentales españoles que a mí no me parecen documentales, me parecen ficciones, ficciones que utilizan a gente de la calle, vale, pero eso ya lo hacía Rossellini y nadie dice que Rossellini hacía documentales.

Tu próximo proyecto es un largometraje documental auspiciado por el Master en Documental de Creación de la Universidad Pompeu Fabra, ¿me puedes adelantar algo?
El proyecto se llama Hollywood Talkies y es una película de found footage que narra las experiencias de un grupo de actores españoles que estuvieron trabajando en Hollywood a principios de los años 30. Con la aparición del sonido, los grandes estudios hollywoodenses empezaron a exportar internacionalmente películas habladas en inglés, pero los espectadores europeos y sudamericanos se sintieron estafados por no entender el idioma de sus ídolos del celuloide y reaccionaron violentamente. Fue entonces cuando los estudios decidieron filmar cinco, seis, siete veces la misma película, en cada uno de los idiomas exportables- todavía no existía el doblaje- y para ello contrataron actores de todo el mundo: franceses, alemanes, italianos… y por supuesto, españoles. Cincuenta años después, las voces de algunos de ellos nos introducen en un mundo de ensueño lleno de estrellas y glamour. Un sueño que terminó precipitadamente con la aparición del doblaje y el fatal regreso masivo a España donde les esperaba la envidia, el paro y, finalmente, la guerra. Imágenes de archivo grabadas en lugares indeterminados de España, una playa, un bosque, una casa de campo… en las que aparecen jóvenes españoles de la misma edad y condición que aquellos que marcharon, disfrutando de la juventud y la vida, ponen rostro y alma a esta historia.

¿Y en qué punto se encuentra ahora?
Ya llevamos dos años con el proyecto y estamos a punto de terminar una fase. Es un proceso muy largo, todas las imágenes pertenecen a familias catalanas, así que después de la búsqueda y selección, hay que ir familia por familia pidiendo autorización para usarlas y este trabajo se ha alargado hasta lo inimaginable. Todavía estoy pendiente de algún permiso para ver si podemos pasar a la siguiente etapa. Pero bueno, realmente hacer un largo es otra historia…

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3 Comentarios

  1. jfcls 20/12/2007 | Permalink

    Ya que sale citado en este texto, quizá estaría bien un articulito que analizase la muy interesante propuesta granangular.cat, no?

  2. Marisol Soto 03/01/2008 | Permalink

    Conocí a Óscar Pérez hace ya unos cuantos años. Xavó-Xaví desveló claramente su talento para el documental. Es para mi una gran satisfacción que esta primera obra como las siguientes, Al Vol, Lo regador, Gran Mestre, Una festa amb bous, L’últim pagès, Al marge o El sastre, hayan tenido un espacio en Gran Angular (hoy granangular.cat), el programa de La 2 de TVE que dirijo. En todo este tiempo hemos acompañado y apoyado su trabajo por lo que hoy estamos especialmente contentos de que haya recibido este importante premio. Quede aquí pues otra constancia de mi felicitación y la de todo el equipo del programa. ¡Salud! querido amigo Óscar. ¡Brindo contigo por el futuro!

  3. R 17/09/2010 | Permalink

    Ya he visto el documental y me pareció flipante llevo meses buscándolo y no hay forma. Hay alguna forma de conseguirlo?

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