Sergei Loznitsa, la soledad del corredor de fondo

Sergei Loznitsa es un cineasta que desde hace un tiempo busca la manera de retratar mundos que hace rato dejaron de ser interesantes para el espectador, no por el mero afán de ir contracorriente sino porque él ve algo ahí que intenta atrapar en fílmico y luego retransmitirlo. Se ha escrito poco sobre él, quizás porque su cine es demasiado simple, de ritmo lento o porque no hay colores en la mayoría de sus películas o simplemente porque sus filmes no se distribuyen por los canales habituales.


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Sergei Losnitza

“A menudo me he referido a lo que llamo
la imaginería inadecuada de la civilización actual.
Tengo la impresión de que las imágenes que
nos rodean están gastadas; hemos abusado de ellas,
son inútiles, están exhaustas.”

Werner Herzog

PARTE UNO
Por un lado está el arte cinematográfico que sólo tiene 113 años, luego con su unidad esencial que es el fotograma se hace 70 años mayor, considerando como progenitora a la fotografía y su construcción de imágenes indiciales, pero otra cosa son las imágenes y el cine al trabajar con ellas, se hace muy mayor si nos remontamos a los juegos de sombras en las paredes de las cavernas o a las pinturas rupestres. El hombre siempre ha deseado representar el mundo construyendo iconos, aunque tradicionalmente situados en un espacio sacro, lejos de lo cotidiano, hasta la irrupción de la reproducción mecánica y su masificación como espectáculo. Con la invención de la caja de luz que todos tenemos en nuestro salones, muchas imágenes ya no intentan representar el mundo por asimilación directa, algunas son reflejos de otras imágenes y así sucesivamente vamos construyendo un enorme salón de espejos a nuestro alrededor como un retorno a las cavernas, pero no a ese mítico refugio de nuestros ancestros, sino a la caverna que describió Platón o incluso a una más obscura y húmeda, pues ya no es que el mundo lo entendamos a través de sus sombras reflejadas, a esas sombras ya ni siquiera podemos acceder con claridad, entre ellas y nuestros ojos ha aparecido una espesa niebla que cuesta mucho disipar.

Werner Herzog tiene razón al ser alarmista con respecto a la banalización que hace nuestra cultura sobre las imágenes, pero no creo que sea necesario viajar a Marte para encontrar imágenes puras como dice en su encuentro con Wim Wenders en Tokio Ga allá por los años ochenta, el problema no lo tienen las imágenes sino el ojo que las mira y el ojo que la crea. Hay cineastas que buscan esa imagen proponiéndole al espectador una exigente sesión de limpieza de la mirada, para esto el espectador debe estar consciente de la sobre exigencia que se le hace y así cerrar el círculo de significación.

Hay una serie de cineastas que por intentar retornar al gesto mínimo de representación, se juzga su mirar como insustancial y sus imágenes como innecesarias, si no hay espectáculo, sucesos extraordinarios, personajes excéntricos, drama o simple diversión, estas van perdiendo valor para el gran público. James Benning con 13 Lakes (2004) sólo intenta “retratar” trece lagos de Norteamérica con su cámara de S16mm en su magnífica desolación, 13 planos estáticos y extáticos o Abbas Kiarostami y su film Five (2003), instaló esta discusión alrededor del cine ya muy lejos del espectáculo, cinco escenas que tienen como denominador común el agua, van hilvanando un relato de lo mínimo proponiendo al espectador una observación detallada desde la inquietud que provoca la espera, finalmente se revela un mundo de otro tiempo, de otro sitio lejos del cine, el cuál al perecer llegó tarde a representar lo mas mínimo.

PARTE DOS
Sergei Loznitsa es un cineasta que desde hace un tiempo busca la manera de retratar mundos que hace rato dejaron de ser interesantes para el espectador, no por el mero afán de ir contracorriente sino porque él ve algo ahí que intenta atrapar en fílmico y luego retransmitirlo. Se ha escrito poco sobre él, quizás porque su cine es demasiado simple, de ritmo lento o porque no hay colores en la mayoría de sus películas o simplemente porque sus filmes no se distribuyen por los canales habituales, pero creo que también es muy difícil decir algo sobre una búsqueda tan austera y esencialmente visual, las palabras podrían describir la estructura, pero quizás la poesía sería la única manera para poder describir lo que vemos realmente en sus films.

El formalismo ruso (no son términos intercambiables pero en el cine a veces suena a tautología) caló hondo en sus principios narrativos, siempre buscando una comunión entre el lenguaje escogido y el tema tratado. Su film Landscape (2003) se reseña oficialmente de esta manera: “Invierno, la parada de autobús en un pequeño pueblo. Ellos hablan. Escuchando sus conversaciones el espectador puede imaginar el mundo en el que viven. Unido al movimiento de cámara, todo el entorno y las personas entran en comunión”, aquí Loznitsa encuentra un dispositivo en apariencia demasiado rígido, como dice en la sinopsis basado en “el movimiento de cámara”, filma toda la película con panorámicas de diferente extensión o graduación con un espacio negro de un segundo aproximadamente entre ellas, al inicio nos concentramos en la radicalidad de la propuesta al mostrar el entorno del pueblo, luego vemos personas a una distancia considerable dirigirse a algún lugar. Ya en la parada del autobús, nos acercamos a rostros anónimos que poco a poco van articulando murmullos, monosílabos, conversaciones coloquiales, relatos desconectados del contexto ordinario en el que se encuentran, esperando la llegada del autobús. Casi como una alegoría al mito de la creación, Landscape se instala en un paisaje invernal despojado de presencia humana desde donde cada elemento que se nos entrega parece un regalo, los rostros de los aldeanos, sus voces, la humanidad. Con esto el mecanismo de limpieza ocular funciona, sin el largo y costoso preámbulo no se hubiese valorado su propuesta mínima y elemental, como decía Herzog; “para obtener una buena cosecha hay que arar cuidadosamente”, para valorar nuevamente la imagen de un rostro humano, es necesario pasar por una renovación del acto de mirar, aunque sea momentáneamente, aunque sea durante una hora en una película titulada simplemente “Paisaje”.

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