Sergei Loznitsa, la soledad del corredor de fondo

Sergei Loznitsa es un cineasta que desde hace un tiempo busca la manera de retratar mundos que hace rato dejaron de ser interesantes para el espectador, no por el mero afán de ir contracorriente sino porque él ve algo ahí que intenta atrapar en fílmico y luego retransmitirlo. Se ha escrito poco sobre él, quizás porque su cine es demasiado simple, de ritmo lento o porque no hay colores en la mayoría de sus películas o simplemente porque sus filmes no se distribuyen por los canales habituales.


    Post2PDF
Inicio   1 2

Settlement

En Life, Autumn (1998) , co-dirigida con Marat Magambetov, unos cuántos campesinos viven en una aldea que cada día está más deshabitada, la película retrata la vida cotidiana siguiendo como guía los elementos que ellos mencionan como esenciales en su vida; su villa, el tiempo, los amigos y la familia, los niños, las bodas, las tormentas, la mañana, las conversaciones, la felicidad, la muerte, el sol, el invierno y el amor. Loznitsa separa el film de 34 minutos en capítulos titulados como estos elementos. Life, Autumn es un poema visual alegre, optimista y esperanzador, no hay diálogos, excepto la historia que una campesina nos cuenta al inicio del film y las canciones populares que las mujeres nos van cantando con una emotividad pocas veces vista en su cine.

En Settlement (2001), uno de sus films más difíciles pero quizás también el más interesante, la distancia de la cámara toma un papel crucial, situado nuevamente en algún lugar del campo ruso, a lo lejos vemos personas que hacen trabajos agrícolas, pasean animales, conducen tractores y motocultores, en un ambiente idílico, con una luz de media estación evocadora pero a medida que nos vamos acercando metro a metro a los seres humanos que atraviesan el paisaje, vemos con inquietud algo que no funciona, detalles en sus movimientos o maneras de comportarse que rompen aquella armonía, pronto personajes con delantales blancos pululando alrededor nos sugieren que estamos en una comunidad de enfermos mentales, alejados de la ciudad, cuando este dato se hace evidente la película parece acabar, pero retorna con una hermosa melodía y los primeros planos de todos los personajes que vimos en la primera parte, su mirada extrañada atraviesa la pantalla y nos dejan en completo silencio en un final inolvidable, porque esos rostros que nos imaginábamos durante la proyección son filmados sin artificios, un plano frontal y limpio en donde la mirada de ellos y la de él se conecta con nuestra mirada.

En el cine de Loznitsa siempre se va del rostro al paisaje o viceversa, planos despojados de presencia humana, espacios que determinan a quienes los transitan transformándose en un protagonista más, como un escenario en donde esos cuerpos se mueven. En cada una de sus películas no hay protagonistas, nombres, historias de vida, sino anónimas personas que son retratadas por la única razón de estar ahí, habitar ese espacio concreto y particular, como en Factory (2004), film en el cuál se nos muestra la coreografía de la producción mecánica en una fábrica que funciona de noche, o en The Train Stop (2000), donde filma el dormir de personas que esperan en una estación la llegada de un tren, la película está rodada con una cámara invisible, borrosa y somnolienta. Luego con Portrait (2002), vuelve a poner el foco de atención en el ser humano y no tanto en su entorno y construye un álbum de fotografías, una colección de imágenes con gente del campo posando en silencio, con la mirada fija, diciéndolo todo con su forma de pararse frente a la cámara, con los elementos que los rodean, el espacio que ocupan y las ropas que visten. Portrait es un bello ejercicio visual que traslada el lenguaje de la fotografía al cine, invitando al espectador a desarrollar lecturas profundas de la imagen que está sobre la pantalla, si casi ningún elemento del plano se mueve, es el ojo que las lee el que comienza a pasearse por todos los rincones de aquella imagen monocromática.

Loznitsa rompe con su propia forma de concebir un film con Blockade (2005), un documental con material filmado por camarógrafos en la segunda guerra mundial, en la que una ciudad resiste al asedio del enemigo. Ha reconstruido íntegramente la banda sonora del film, remontándolo y dándole un sentido totalmente nuevo al material, que yacía separado en diferentes depósitos de película de Leningrado. El trabajo de audio es finalmente lo que guía el desarrollo del film, poniendo el acento en ciertos elementos del cuadro, uniendo atmosféricamente escenas, llevando nuestra atención a segundos planos, al clima, al ruido de la ciudad que se prepara para sobrevivir desde su lenta agonía, el sonido da vida a imágenes viejas, gastadas. El documental es una obra de referencia del found footage, con filmaciones de personas paseando con cadáveres al costado del camino o con los prisioneros de guerra en fila marchando por la ciudad para que se les insulte. Con este film logró mayor notoriedad y logró la exhibición de su obra fuera de Alemania y del festival de Leipzig, en donde es un cineasta siempre presente en su programación.

Loznitsa siempre ha hecho sus películas con material fílmico, principalmente 35mm blanco y negro (Landscape y Factory están rodadas con material color), lo cuál en el documental es cada vez más raro, supongo que lo hace por el mero hecho de continuar una línea de coherencia en el panorama del cine actual. En la era digital, su cine lento y atávico cada vez tiene menos espacio. Cada escena de Loznitsa además de costar dinero en material cinematográfico, lo cuál es una obviedad, cuesta trabajo, concentración y paciencia, eso es exactamente lo mismo que él exige a sus espectadores, con esto nos dice que hay toda una planificación detrás, hay un cúmulo de decisiones bien o mal tomadas, pero si una intención, un proyecto, una dirección, cero gratuidad, aunque a veces lo parezca o muchos quieran verla en sus películas. Con Artel (2006), su último film hasta el día de hoy, Loznitsa retorna a los temas y formas a los cuáles nos tenía habituados, transformando momentos de aparente banalidad en pasajes de un irrefutable valor documental, un lugar cerca del círculo polar ártico, una pequeña villa, pescadores anónimos en un entorno duro, realizando una actividad perdida en el tiempo, Artel es un film sobre la pesca artesanal, sólo eso, una película hecha con las manos, Loznitsa; cineasta y artesano.

Con motivo del décimo aniversario del Master en Documental Creativo de la Universidad Autónoma de Barcelona, la Filmoteca de Catalunya acogerá en enero del 2008 una retrospectiva completa de la obra de Losnitza y el director impartirá una clase magistral en la SGAE.

Inicio   1 2

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Redes sociales y canales de vídeo

  • Facebook
  • Twitter
  • Vimeo
  • ETIQUETAS

    ARCHIVO