Fotografía española en los años 50 y 60. Parte I: Sombras y luces

Durante los años 50 y 60 del pasado siglo, en pleno ecuador de la dictadura, España vivió un momento de renovación de la cultura y las artes. Literatura, cine, pintura, arquitectura… todos los ámbitos fueron objeto de un despertar siempre condicionado por los estrechos márgenes que permitía el régimen. En el caso de la fotografía, el olor a naftalina fue dejando paso a una nueva generación de fotógrafos que agitaron el apolillado ambiente con la renovación como estímulo.


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Yo solo puedo repetirles que eso estaba así
Henri Cartier-Bresson

“Al sensible espíritu artístico del autor se le ha unido un excelente colaborador: la cámara Leica”. Así reza un envejecido pasquín publicitario de principios de los 50. La Leica y otras, como los modelos de Contax o Rolleiflex, testimoniaban en primera línea las nuevas realidades surgidas tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. La cámara, “el instrumento de la intuición y la espontaneidad, la dueña del instante” (Cartier-Bresson), se convirtió en la compañera indispensable de aquellos fotógrafos que capturaban apasionadamente el latir intenso de lo cotidiano. La fotografía y el periodismo gráfico gozaron a nivel internacional durante los años 50 de una edad dulce, imborrable. Pero mientras Robert Capa y Henri Cartier-Bresson ponían la primera piedra de la agencia fotográfica más nombrada de la historia, la mítica Magnum, la situación en España era bien diferente. En las cartillas de racionamiento del nacionalcatolicismo triunfante, el menú constaba de platos de sobra conocidos: entremeses de hambre, Franco de primero, Franco de segundo y Sección Femenina a los postres. La cultura y las artes se encontraban exoneradas de sus responsabilidades y en lo que respecta a la fotografía, dominaba el blanco y negro, también, como en el extranjero, pero bastante más negro.

Antecedentes: el fotoperiodismo en los años 30

Era difícil reconocer en esa lúgubre realidad el período brillante que se había conocido apenas unos años atrás. Durante la Segunda República, España había gozado de una expansión sin precedentes en el terreno de las artes y la cultura. Con el advenimiento de la República se centuplicaron el número de revistas y publicaciones que vieron la luz, llegando a su cota de prestigio cabeceras como Mundo Gráfico, Estampa o Blanco y Negro. El boom de la prensa ilustrada puso de relieve a una serie de profesionales que, como Agustí Centelles, José María Díaz Casariego, Cesar y Alberto Benítez Casaus, Manuel Albero y Segovia, Santos Yubero o los Hermanos Mayo (1), se sumaban a las sagas de fotoperiodistas encabezadas por Alfonso (2), Carlos Pérez de Rozas (3) y Josep Brangulí (4). El estallido de la Guerra Civil hizo saltar por los aires los intentos de transformación del país y, ante la tibieza de las cancillerías europeas, se abría vía libre para la ayuda nazifascista a los militares golpistas y su séquito.

España se convirtió en un auténtico campo de pruebas armamentístico para los totalitarismos, pero no fue el único terreno donde lidiaron las partes enfrentadas. Dada la intensidad del pulso ideológico, la prensa se convirtió en un poderoso medio de propaganda, un nuevo frente de lucha donde se batieron algunos de los mejores reporteros gráficos del momento. Los Robert Capa, Gerda Taro o David Chim Seymour se sumaron a la larga lista de fotoperiodistas españoles que cubrieron el conflicto. Ambos bandos concedieron cuantiosos esfuerzos a la creación de medios de difusión y propaganda. Entre los nacionales destacó el trabajo de los ilustradores de la revista falangista Vértice, estética triunfalista que halló en Tono y en Sáenz de Tejada, incansable en su retrato de camisas azules, legionarios y requetés, su máxima expresión. Del lado republicano se desarrollaron importantes departamentos de propaganda en los que Català-Pic, Josep Sala o Renau hicieron muestra con profusión y eficacia de la técnica del fotomontaje que había puesto de relevancia John Heartfield (5). Artistas plásticos, fotógrafos y cineastas pusieron su trabajo al servicio de una causa mayor, muchos de ellos con un denodado empeño que pronto les pasaría factura.

Franquismo y fotografía

Con la victoria de los nacionales, la vitalidad del fotoperiodismo del período republicano decayó a mínimos y las condiciones de trabajo se ajustaron a la política de férreo control de las autoridades franquistas. Excepcionales reporteros como Luis Escobar, Alfonso, Brangulí o el joven Pérez Molinos fueron depurados, mientras que Santos Yubero cambió hábilmente de chaqueta poniendo su objetivo al servicio de Franco. La peor parte sin duda se la llevaron los más significados con el bando antifascista, cuyas fotos fueron destruidas, requisadas o tuvieron que desaparecer de la circulación. Con los grandes animadores del fotoperiodismo español fuera de juego (6), la estética del franquismo buscó entre los suyos las coordenadas que habrían de marcar el paso en los años venideros.

Consciente de la influencia que ejercía la propaganda visual, el ejército de Franco se había servido del trabajo de fotógrafos como Juan José Serrano y Ángel Llanos para documentar los avances de Queipo de Llano o Aranda. Pero, una vez terminada la guerra, la prioridad residía en conformar una imagen del régimen capaz de enaltecer la cruzada y glorificar a sus principales dirigentes. La estética oficial conoció uno de sus momentos álgidos de la mano de Pascual Marín o de Juan Gyenes, retratistas preferidos por las nuevas esferas de poder, y especialmente del aragonés Jalón Ángel, a quien se debe la famosa colección Forjadores del Imperio. Una larga lista de fotógrafos se encargaban, por su parte, de retratar la vida cotidiana del nuevo régimen en cada provincia (7). Las imágenes de Franco y de Primo de Rivera presidían impertérritas todas las plazas y ceremonias, escuelas e instituciones que poblaban la geografía española. A decir del historiador Publio López Mondéjar, “tras largos años de lucha pertinaz entre lo viejo y lo nuevo, el futuro era, una vez más, el pasado”.

La prensa y la fotografía española veían reducido drásticamente su campo de acción, adquiriendo nuevas funciones más acordes al momento. En términos absolutos, el negativo de la victoria significaba la anulación de toda perspectiva de cambio. Nada se movía fuera de la prensa del régimen y lo que se movía dentro de ésta cabía en las páginas de publicaciones como Fotos o Destino, o de diarios como La Vanguardia, por entonces, Española. La quiebra respecto a los aires que dominaban la fotografía internacional era evidente, y la anquilosada tendencia pictorialista, más que superada fuera de nuestras fronteras, sobrevivió en España por largo tiempo. Este género, una suerte de tardío victorianismo, congeniaba con los valores tradicionalistas y conservadores del Movimiento Nacional, que veía en él un aliado para componer el rancio fresco de un país abocado a ser durante largo tiempo unidad de destino en lo universal.

Pintoresquismo, folklore y costumbrismo caracterizaron a la fotografía española de los años 40, una visión entomológica a la que hubieron de plegarse profesionales y aficionados. La Ley de Prensa de 1938, obra del germanófilo Serrano Suñer, no dejaba lugar a duda: el periodista debía de ser un “apóstol del pensamiento y de la fe de la nación recobrada a sus destinos (…) digno trabajador al servicio de España”. Un año más tarde el propio Serrano Suñer creaba la agencia EFE para la centralización informativa. El jerarca de la unificada Falange Española Tradicionalista y de las JONS, cuñado de doña Carmen Polo, alias “la Collares”, establecía la línea de marca del medio comunicativo, panegírico transmisor de los valores oficiales y central instrumento para el adoctrinamiento político. Los reporteros, lejos de conocer el trabajo del fotoperiodismo realizado en el extranjero y supeditados a la Dirección General de Prensa y Propaganda del Movimiento, apenas sí podían dejar su impronta en algunos trabajos. Nadie osaba moverse para la foto. Tampoco a nadie se le ocurría. Por lo menos no por ahora.
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(1) Bajo la firma Hermanos Mayo se agrupaban los fotógrafos Julio, Francisco y Cándido Souza y los también hermanos Faustino y Pablo del Castillo.
(2) Alfonso Sánchez García y sus hijos Alfonso, Luis y José Sánchez Portela
(3) Carlos Pérez de Rozas e hijos
(4) Josep Brangulí Soler y sus hijos Joaquim y Xavier Brangulí Claramunt
(5) John Heartfield, seudónimo de Helmut Herzfeld, fue pionero en el uso del fotomontaje, medio artístico y político con el que trató de socavar el ascenso de Hitler en Alemania desde las páginas de la revista comunista AIZ.
(6) Díaz Casariego fue condenado a muerte y después indultado; se le impidió volver a ejercer. Hermanos Mayo tuvieron que marchar al exilio, como también harían Torrents, Renau, José Suárez o Guillermo F. Zúñiga tras pasar por el campo de concentración de Argelès-Sur-Mer. Centelles, que cayó preso en el de Bram, ocultó allí sus negativos e incluso montó un pequeño estudio de revelado dentro de su barracón. Tras salir, colaborar con la Resistencia francesa y volver a España, fue inhabilitado y redujo su fotografía al ámbito industrial y publicitario. No recuperó sus archivos hasta 1976.
(7) Veamos dos ejemplos representativos: en el caso de León, el vallisoletano Francisco Lorenzo estableció en 1925 un negocio de óptica y fotografía, La Gafa de Oro, que se convirtió en una conocida escuela de profesionales de la que saldrían fotógrafos como Manuel Martín de la Madrid. En el caso de Zaragoza son conocidas las trayectorias de Carlos Skogler, Ángel Cortés o José Oltra, que además atesoran una interesantísima colección fotográfica de la Guerra Civil desde el bando sublevado. Otro fotógrafo aragonés de reconocida trayectoria, Marín Chivite, ejerció con éxito durante el franquismo no sin antes pagar con un año de cárcel su participación en la defensa de la República.

2 Comentarios

  1. Danya Galicia 01/12/2011 | Permalink

    Es la primera vez que visito un blog, y me llamo mucho la atencion este tema de fotografia es por eso me decidi empezar a leer, me he dado cuenta que es una gran historia por la que ha pasado la fotografia, ademas de que al paso del tiempo se ha ido renovando con nuevas aportaciones y que durante esta epoca varias personas sobresalieron como fotografos, y que ahora son muy recordados. Me ha gustado mucho esta lectura. Gracias.

  2. lorena 01/12/2011 | Permalink

    leyendo un poco la historia de como surge la fotografía y el periodismo, las diferentes ámbitos donde nacieron, es impactante conocer y aumentar nuestra cultura y conocimientos de como inicia esta profesion, es la primera vez que entro en los blog sin duda alguna magnifico dar nuestro punto de vista

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