Cirlot. La mirada de Bronwyn

Nos hallamos ante un documental de corte biográfico, pero el itinerario narrativo clásico basado en una sucesión de entrevistas encaminadas a dibujar los trazos de una vida y una trayectoria intelectual, la del poeta Cirlot, está jalonado no solo por fragmentos de las películas cuyas imágenes se convirtieron en revelación poética, sino también por continuas referencias visuales y simbólicas que atañen al universo del poeta y también al del mismo realizador, Gerard Gil.


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“Al salir del agua se encuentran coronas de flores. Sobre todo si quien sale del agua es una doncella muerta que así resucita. Reconoce el cielo, siente el frío del aire porque está desnuda. Reconoce los árboles y las plantas tenebrosas de la orilla. Pero no sabe quién es y nunca podrá saberlo. La tierra es un reverso. En ella se oyen sonidos que ocultan su espantoso silencio.”
Juan Eduardo Cirlot, Bronwyn III (1968)

La Avenida de la Luz estaba situada debajo de Plaza Catalunya de Barcelona. La galería comercial, albergó un cine, el primero del Grupo Balañá.  Allí Juan Eduardo Cirlot vio en 1966 El señor de la guerra (The war lord de Franklin J. Schaffner, 1965). Unos meses más tarde, después de ver la versión fílmica rusa de Hamlet de Grigori Kozinstev (1964), el poeta recibió el impacto de una imagen pregnante, un recuerdo de la primera película. Fue entonces cuando Cirlot escribió Bronwyn, en honor a la heroína del film, a partir de la imagen de un cuerpo resurgiendo de las aguas. La historia del ciclo de poemas se nos anuncia desde los primeros minutos del filme, en que aparecen ya fragmentos de El señor de la guerra. Pero no es hasta la mitad del documental que surge el relato del nacimiento poético de Bronwyn. Entonces, Gerard Gil, construye un mosaico de rostros de la bella actriz, musa del poeta. Rostros que no hacen sino reverberar en la memoria del espectador, pues han estado presentes, diseminados entre las imágenes de otros rostros, los de los personajes entrevistados en el documental.

El documental se abre y se cierra con una imagen de verdes y fecundas aguas que  inundan el encuadre. En el Diccionario de Símbolos de Juan Eduardo Cirlot, publicado por vez primera en 1948 leemos ilimitadas e inmortales, las aguas son el principio y el fin de todas las cosas de la Tierra. Dentro de su carente apariencia de forma se distinguen, ya en las culturas antiguas, las ‘aguas superiores’ de las  ‘inferiores’.  Las primeras corresponden a las posibilidades aún virtuales de la creación, mientras que las segundas conciernen a lo ya determinado.”[1] De las aguas emerge Bronwyn, y todo un ciclo de poemas, pero también la misma trayectoria vital del poeta y crítico catalán.   El agua, los pájaros, la cruz, la espada. En Cirlot. La mirada de Bronwyn, el espectador se interna en un bosque de símbolos. Sin duda nos hallamos ante un documental de corte biográfico, pero el itinerario narrativo clásico basado en una sucesión de entrevistas encaminadas a dibujar los trazos de una vida y una trayectoria intelectual está jalonado no solo por fragmentos de las películas cuyas imágenes se convirtieron en revelación poética, sino también por continuas referencias visuales y simbólicas que atañen al universo de Juan Eduardo Cirlot,  y también al del mismo realizador del documental, Gerard Gil.

La de Gerard Gil es una obra tan multidisciplinaria como la del propio Cirlot. Realizador y compositor de bandas sonoras de filmes como Los condenados,  Los pasos dobles y El cuaderno de barro– todas ellas del realizador Isaki Lacuesta– Gerard Gil reúne en el DVD Videogrames (2007) una serie de trabajos en los que el símbolo cobra protagonismo, y también algunas piezas de found footage como Miralls. En el libreto que acompaña los videogramas de Gerard Gil, el compositor y realizador nos da algunas pistas que nos conducen al corazón de su propuesta en Cirlot. La mirada de Bronwyn. La reivindicación de la naturaleza simbólica del lenguaje poético, algo que trasciende lo discursivo y halla su máxima expresión en la imagen. “La naturaleza del lenguaje poético es otra y es en esencia, simbólica. Aquí nos referimos a símbolo en el sentido empleado por autores como Cirlot, Durand, Guenon, Corbin y muchos otros. El símbolo como una imagen capaz de resonar en innumerables planos o realidades diferentes. (…) La imagen, usando una expresión de Maya Deren, tiene una dimensión vertical en que lo que cuenta ya no es el discurso horizontal, o narrativo, sino las diferentes realidades físicas y metafísicas que la imagen es capaz de evocar o, como diría Marus Schneider, los planos de existencia que vibran con un ritmo común al de la imagen.”

El texto cita a Cirlot y Maya Deren. Los protagonistas de un documental ya estrenado y de otro a punto de ver la luz. En unas líneas Gerard Gil anuncia sus afinidades electivas, el tránsito por cierto componente casi místico de la imagen, por esa frontera tan borrosa que hay entre lo mundano y lo sagrado. La misma en la que transcurre la existencia y la trayectoria artística de Juan Eduardo Cirlot. La revelación poética de la que nace el ciclo Bronwyn se conjuga en el entre-imágenes. En un lapso de tiempo entre el visionado de dos películas, El señor de la guerra, y la versión rusa de Hamlet. Y dicha revelación se da en un cine, el de la Avenida de la Luz, que acompañó a la decadencia de la galería, y que después de convertirse en una sala X terminó por desaparecer.  Cirlot. La mirada de Bronwyn incluye algunas imágenes rodadas años después de su cierre.  A medida que avanza el documental, el retrato de un crítico de arte, pensador y poeta, la narración de la creación de un ciclo de poemas,  se convierten también en el relato de una topografía sentimental -no solo la de Cirlot, la que enuncia su hija Victoria en una de las entrevistas en que cita algunos de los lugares predilectos de su padre como la fuente del Parque de la Ciudadela- sino también de todos los que recordamos la Avenida de la Luz, o una más de las muchas salas de cine que han ido desapareciendo en la ciudad.


[1] Juan Eduardo Cirlot, Diccionario de Símbolos, Ed. Siruela: Madrid, 2003.

FICHA TÉCNICA
Guión, dirección y montaje: Gerard Gil
Producción: Noelia Aparicio, Gerard Gil
Música: Joan Guinjoan
Asesoramiento: Paco Poch
Productoras: Mallerich Films Paco Poch y Lamola
País y año de producción: España, 2005

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