Festival Visual de Cine Novísimo XI. Premiar la creatividad en tiempos de crisis

Redefiniéndose (a través de sus categorías) y expandiéndose (a través de Internet), el Festival Visual ha conseguido en su undécima edición materializar ostensiblemente su apuesta por lo “novísimo”: mostrando piezas nacionales que, con mayores o menores cualidades potenciales, sirven de muestra de algunas de las nuevas tendencias recientes en el ámbito de lo audiovisual.


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Con los tiempos que corren, resulta cuanto menos sorprendente asistir a la celebración de una nueva edición de un festival de cine en nuestro país. Todos conocemos algún caso de supresión total o disminución parcial pero significativa de presupuestos para este tipo de concursos-muestra[1], que juegan un papel significativo a la hora de dar a conocer propuestas que no suelen llegar a la gran pantalla, así como de financiar nuevos proyectos por medio de la cantidad (más o menos sustanciosa) que estas entidades entregan en forma de premios.

Es por ello que el hecho de que el Festival Visual haya cambiado ligeramente su línea de actuación en su undécima edición para incluir una sección exclusivamente dedicada a las “Óperas primas” en formato de largometraje puede interpretarse como un voto de confianza hacia aquellos que han querido dar el seguramente aún más trabajoso en la actualidad “paso del corto al largo”; así como quizá también como un intento, por parte del festival, de “hacerse más grande”. Una iniciativa que ha ido pareja a la sustitución de las tres categorías bajo las que hasta ahora se aglutinaban las obras oficiales a concurso, de tono más convencional (“Cortometrajes de ficción”, “Documentales” y “Experimentales”), por otras dos más concordantes con el paisaje audiovisual actual (“Cortometrajes de ficción y “Cortometrajes de no ficción”)[2].

Como consecuencia, los cinco programas dedicados a la no ficción que se proyectaron entre los días 16 y 20 de octubre, y que incluían 28 piezas, comprendían todo tipo de propuestas, adscribibles unas a las tradiciones documental y experimental (ya fuera de manera más o menos ortodoxa), conectadas otras con lenguajes como el videoarte, el videoclip y el arte digital.

El visionado de estos programas exigió, por tanto, un esfuerzo extra por parte del espectador quien, por el motivo mencionado, debía modificar su posicionamiento ante cada nueva pieza –intuimos la dificultad ante la que los miembros del jurado de esta sección deben de haberse enfrentado a la hora de decidir la propuesta ganadora-. De esta manera, la sesión del domingo 16 daba para, por ejemplo, visionar trabajos tan diversos entre sí como: Dreams (Enrique Piñuel), pieza que, por medio del montaje de imágenes de archivo de acuerdo a una inquietante melodía electrónica concebida por Árbol (proyecto de Miguel Marín), recrea los miedos y pulsiones del universo infantil; Si yo fuera tú, me gustarían los “Cicatriz” (Jorge Tur) propone al espectador acompañar al realizador en su búsqueda, por las calles del Vitoria actual, de alguno de los miembros o compañeros de correrías de Cicatriz, una de las bandas más conocidas del punk vasco de los ochenta, en lo que es un intento de encontrar vestigios de un modo de vida aparentemente desaparecido; el video Back, del artista Vicent Gisbert, explora las implicaciones del cuerpo en movimiento en relación con el lenguaje audiovisual en la línea de las nuevas propuestas de vídeodanza; y Me llamo Roberto Delgado (Javier Loarte) adopta el relato en primera persona para, por medio de la herramienta street view de Google maps, ilustrar la incomunicación reinante en ciertos barrios de nueva construcción surgidos recientemente en las grandes ciudades.

De entre los demás programas, destacaríamos la presencia del último videocollage de la caníbal archivística María Cañas, Aceite en llamas no deja cenizas, que compartía sesión con De caballeros (Adrian Orr), donde la disposición inmóvil de una cámara en un espacio cerrado -en este caso, una peluquería de un barrio popular- traslada, no sin cierta ironía, las estereotipadas opiniones del peluquero y sus clientes acerca del género femenino. Por su parte, Odysseus´ Gambit, de Alex Lora, explota las potencialidades del retrato documental para descubrir las diferentes posiciones que Saravuth, un homeless camboyano singular y expansivo, adopta en su relación a los demás poniendo en práctica el que es el principio básico (la supervivencia) del que se ha convertido en su medio de vida, el ajedrez. Bell & Howell 2146XL, de la joven realizadora Ana Rodríguez León, se propone como una “carta escrita desde el presente hacia el futuro y el pasado” (según reza la sinopsis) para conformar, a través de la recreación y la proyección alternada de imágenes caseras acompañadas de una voz subjetiva, una reflexión acerca de la imagen y del tiempo. Por último, la pieza que resultaría ganadora del Primer Premio de No ficción, La danza de la codorniz, de Chus Domínguez y Elena Córdoba, resulta un nuevo y en ocasiones humorístico tipo de vídeodanza conformada a partir de la insólita asociación de un fragmento de la banda sonora de Vivre sa vie (Jean-Luc Godard, 1962) y la imagen de un cuerpo de codorniz desplumado al que se le hacen adoptar formas y movimientos del ballet clásico.

De manera modesta pero sólida, el Festival Visual apuesta por difundir y premiar un cine “novísimo” que comprende tanto los primeros largometrajes de realizadores avezados en el cortometraje (Andrés Duque, Lucina Gil Márquez, Marcelo Bukin e Ignacio Guarderas Merlo, éste último el responsable de la que resultaría ganadora del Primer Premio a la Ópera Prima, Fiebre), como aquellas obras de menos de 20 (ficción) o 30 (no ficción) minutos que no suelen alcanzar la gran pantalla y que suelen perderse con facilidad en el vasto mundo de Internet. Pero, sobre todo, integra en su programación todo tipo de manifestaciones audiovisuales cuya variedad se vuelve especialmente llamativa en la sección de no ficción, materializándose así en ésta la idea más ostensible de lo que es un cine “novísimo”: un cine que, con mayores o menores cualidades potenciales, puede servir de muestra de algunas de las nuevas tendencias recientes en el ámbito de lo audiovisual.


[1] La supresión del festival Punto de Vista este año es un ejemplo del primer caso (finalmente, se celebrará temporalmente cada dos años), mientras que, respecto al segundo caso, podemos referir la reducción de presupuesto que sufrió Documenta Madrid en su última edición.

[2] La tercera novedad principal de esta nueva edición es la posibilidad de visionar las distintas piezas que integran las secciones competitivas de cortometraje (de ficción y de no ficción) en el portal Fest 3.0. (http://www.fest30.com/).

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