Calendar

¿Por qué defendemos entonces la existencia de lo autobiográfico en Calendar como uno de esos tres elementos categóricos? Porque si bien no hubo ningún matrimonio en crisis, lo autobiográfico adquiere entidad propia cuando Atom Egoyan asume el reto de mostrarse como modelo de una idea superior.


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Dos años después de zarandear al público de Cannes con El liquidador (1991), Atom Egoyan, del que aún se desconocían los pormenores de su biografía, finaliza Calendar, su quinto largometraje. En aquel momento, un primer visionado (distraído o no) de ese trabajo nos llevaría a la siguiente conclusión: Calendar es una ficción formalista que documenta un episodio autobiográfico del cineasta canadiense de origen armenio. Ficción, documental, autobiografía. Elementos categóricos, vértices de un triángulo, en imposible armonía.

Pero empecemos por el “argumento” ante el que nos enfrentamos. Un hombre, fotógrafo de profesión, recibe el encargo de elaborar un calendario con las imágenes de doce iglesias armenias determinadas (1). Acepta el trabajo y viaja hasta Armenia con su esposa, que será la traductora del guía que les llevará hasta cada uno de los parajes marcados. Una vez allí, el guía les revelará la historia que se esconde tras esas piedras. El viaje avanza y su esposa termina enamorándose del guía. Finalmente, él concluye su calendario y ellos se separan.

Situemos ahora el “argumento” en paralelo a la vida de su autor. Atom Egoyan, prestigioso cineasta y fotógrafo no profesional, interpreta al fotógrafo de la película. (Nota. Primera y única vez que Egoyan ponga rostro a uno de sus personajes.) Arsinée Khanjian, esposa de Atom Egoyan y actriz presente en toda su filmografía, interpreta a Arsinée, la mujer del fotógrafo. Ashot Adamyan, actor y lugareño, interpreta al guía de la zona. Egoyan no habla armenio; Khanjian, sí. Las personas, por tanto, encajan con los personajes representados. ¿Y la situación, muestra en parte lo que allí vivieron? Egoyan nos responde: “Cuando presentamos la película en Berlín, Arsinée estaba embarazada y no pudo venir conmigo al festival. Y todo el mundo creyó que era porque habíamos roto, como les sucede a nuestros personajes en la película. Me hizo gracia que la gente del mundillo llegara a pensar que, si hubiéramos roto de verdad, yo iba a ser tan perverso como para documentar todo el proceso. (…) Supongo que esto dice algo sobre la idea que la gente debe tener sobre mi vida privada”. (2)

Sacudido el morbo, ¿por qué defendemos entonces la existencia de lo autobiográfico como uno de esos tres elementos categóricos? Porque si bien no hubo ningún matrimonio en crisis, lo autobiográfico adquiere entidad propia cuando Egoyan asume el reto de mostrarse como modelo de una idea superior. “Al escribir Calendar buscada una historia que pudiera coincidir con los tres niveles de la conciencia armenia: la conciencia nacionalista, la de la diáspora y la de los asimilacionistas. También el guía, como el propio Ashot Adamian, es un armenio nacido y criado en Armenia (ni más ni menos que en Ereván, la capital del país). El traductor, del mismo modo que Arsinée Khanjian, es un armenio que ha crecido en una vasta comunidad armenia, fuera de Armenia (Arsinée nació en Beirut). Y el fotógrafo, como Atom Egoyan, es un armenio completamente integrado en otra cultura (Canadá en contraposición a su El Cairo natal)”. (3)

La biografía al servicio de la causa, en definitiva. Podría decirse incluso que Calendar nació en 1984, cuando Egoyan conoció a Arsinée Khanjian. Ella modificó la relación que mantenía con su remota nacionalidad armenia. Pero no sólo ella, también el arte. “Mi relación con Armenia es todavía más abstracta. Debido a que mis padres también nacieron en Egipto, no podía establecer ninguna relación con Armenia a través de mis recuerdos personales. De hecho, no he comenzado a sentirme realmente armenio hasta que he visto imágenes del arte armenio. Con la visión de estas obras maestras experimenté un sentimiento de orgullo, como si buscara superponerles mis propias tendencias creativas. Era gratificante para mí pensar que era descendiente de un pueblo capaz de trasmitir al imaginario de su descendencia legados tan impresionantes”. (4)

Ahora que hemos perfilado uno de los vértices, ¿cuánto hay de ficción y cuánto de documental en este trabajo? Si bien es cierto que Calendar es lo más próximo que Egoyan ha estado jamás de la no ficción —hay un noble intento por dar testimonio, a través de su legado cultural, de una región—, la distribución es claramente asimétrica, pues la balanza cae del lado de la ficción. Ficción profundamente formalista, además.

No olvidemos que la innegable autoría de Atom Egoyan, admirador confeso de Antonioni, Bergman, Bresson, Buñuel o Resnais, está presente desde su primera película, Next of Kin (1984), donde desplegó —a sus 24 años— algunas de las pulsiones que aún hoy, cuando su relevancia está más cuestionada que nunca, le acompañan: trabajos construidos sobre la base de las emociones, una obra que penetra sistemáticamente en el dolor de unos personajes desgarrados por las ausencias y una densidad temática que viaja a través de una estructura formal que sigue la senda descrita por unas espirales que revelan claves a modo de respuestas, y que al mismo tiempo esparcen nuevos y abiertos interrogantes.

En Calendar, ese formalismo cristaliza en dos juegos complementarios y simultáneos: el tiempo y las texturas. Es decir, fragmentar el discurrir narrativo al tiempo que se mezclan los formatos.

El viaje a Armenia, con imagen del monte Ararat incluido, pertenece al pasado. Lo sabemos porque se proyecta desde el presente de ese fotógrafo: el calendario preside una de las paredes de su apartamento y los recuerdos de las situaciones que rodearon a cada instantánea se acoplan con el ritual en el que se han convertido las indescifrables citas que distraen su soledad. Sin motivación sexual o sentimental alguna, las mujeres se suceden en su vida. Una cada mes. Mujeres sin nombre que, llegado el momento, piden hablar por teléfono. La llamada forma parte del ritual. Sistemáticamente, la cena se interrumpe: mientras la mujer habla con un tercero silenciado, él aprovecha para escribir una carta nunca concluida que nos lee en off. Pasan los meses, pasan las citas, y el decorado se mantiene inalterable. Egoyan mantiene incluso inamovible las dos posiciones de cámara con las que resuelve esa cíclica secuencia. El ritual, eso sí, abraza una novedad: a cada nueva mujer le corresponde una nueva hoja del calendario y una música diegética en particular. Las variaciones sonoras se completan con cada llamada: un nuevo idioma —nunca subtitulado— protagoniza cada una de las conversaciones (nada inocentes) que allí se producen. (5)

Por su parte, el juego de texturas nace de otra de las obsesiones de Egoyan: la diferencia entre la imagen-cine y la imagen-vídeo, sumando aquí la imagen-fotografía. (6) En Calendar, ese juego implica al punto de vista. Las visitas a cada una de las iglesias serán captadas a través del vídeo —virado al azul (7)— o a través de una imagen cinematográfica inamovible que representa esa cámara de fotos, a lomos del trípode, a punto de disparar. Cuando se produce ese plano, el fotógrafo (Egoyan) quedará siempre fuera del cuadro, introduciéndose en la acción mediante una voz en off que interpela a su mujer, cada vez más entregada al guía. (8) Las imágenes en vídeo tampoco muestran al director, pero su presencia, más activa e inmediata, es palpable por su implicación subjetiva. Al fin y al cabo hablamos de un observador que logra registrar en imágenes una separación simulada al tiempo que reflexiona sobre la patria en la que se hunden sus raíces. Ficción, documental, autobiografía.

NOTAS

(1) En realidad, el calendario agrupará once iglesias y un templo pagano. Sobre la imagen de octubre, el fotógrafo reflexionará en off: “A church and a fortress. A fortress in ruins. All that’s meant to protect us is bound to fall apart, bound to become contrived, useless and absurd. All that’s meant to protect is bound to isolate. And all that’s meant to isolate is bound to hurt”. Traducción posible: “Una iglesia y una fortaleza. Una fortaleza en ruinas. Todo esto que se supone nos protege, está destinado a apartarnos, nos hace ser artificiales, inútiles y absurdos. Todo esto que se supone nos protege, está destinado a aislarnos. Y todo lo que nos aísla nos hace daño”. Este pensamiento alude, entre otras cosas, a las barreras lingüísticas que se exponen en todo momento.
(2) Antonio Weinrichter, Emociones formales. El cine de Atom Egoyan, Filmoteca de la Generalitat Valenciana, Valencia, 1995, pág. 42.
(3) La presente cita, así como las siguientes declaraciones entrecomilladas del director, nace de un artículo publicado en la revista Positif en diciembre de 1994 del que se hace eco Antonio Weinrichter en las páginas 66, 67 y 68 del libro ya apuntado. Traducción a cargo de Vicenta Alapont y Carlos Cuéllar.
(4) Señalemos aquí la fascinación de Atom Egoyan por Sayat Nova, film experimental dirigido en 1968 por Sergei Parajanov, otro armenio de adopción.
(5) «Las lenguas que hablan los “invitados” del fotógrafo representan países que han “acogido” a comunidades armenias».
(6) “Lo que me fascina del hecho de contar historias integrando el uso real de aparatos de registro (fotografía, cine, vídeo, etc…) es que el espectador tiene la posibilidad de ser el testigo de las impulsiones reales y de las decisiones de los principales personajes en el momento en que se introducen en un proceso en el que el realizador mismo se encuentra implicado. De este modo el público puede tener acceso a todo el espacio, extremadamente complejo, que se despliega entre el objetivo y el alma de un personaje. Mientras que el espectador mira las imágenes proyectadas de una película, ve también imágenes que le muestran cómo los personajes que está mirando proyectan esas mismas imágenes sobre ellos mismos, así como lo que revelan de sí mismos en ese proceso”.
(7) Todas esas grabaciones en 8 mm. fueron realizadas por el propio Egoyan. Antonio Weinrichter señala además lo siguiente (pág. 66): “Mientras rodaba Calendar, Atom Egoyan realizó un video doméstico con material filmado en Armenia que no llegó a utilizar en la película. Se proyecto en Rotterdam en enero de 1994 con el título Armenia Home Movies y una duración de 10 minutos”.
(8) Importantísima aquí la labor de Steve Munro como diseñador del sonido, pues logra que la textura del sonido cambie ligeramente en función de la imagen utilizada. Egoyan y Munro trabajan juntos desde el rodaje de Family Viewing, en 1987.

FICHA TÉCNICA
DIRECTOR: Atom Egoyan
DIR. DE FOTOGRAFÍA: Norayr Kasper
GUIÓN: Atom Egoyan
MONTAJE: Atom Egoyan
SONIDO: Steve Munro
PRODUCCIÓN: Atom Egoyan, Arsinée Khanjian y Robert Lantos
PAÍS Y AÑO DE PRODUCCIÓN: Armenia, Canadá y Alemania, 1993

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