Fotografía española en los años 50 y 60. Parte II: Momentos decisivos

Durante los años 50 y 60 del pasado siglo, en pleno ecuador de la dictadura, España vivió un momento de renovación de la cultura y las artes. Literatura, cine, pintura, arquitectura… todos los ámbitos fueron objeto de un despertar siempre condicionado por los estrechos márgenes que permitía el régimen. En el caso de la fotografía, el olor a naftalina fue dejando paso a una nueva generación de fotógrafos que agitaron el apolillado ambiente con la renovación como estímulo.


    Post2PDF

“Nunca dudé que un pequeño grupo de ciudadanos
conscientes y pensantes puede cambiar el mundo;
en realidad es lo único que ha conseguido hacerlo”
(Margaret Mead)

Críticos feroces del tradicionalismo fotográfico, los renovadores miraban la fotografía extranjera con los ojos inalcanzables con los que contempla un niño el pastel de un escaparate. Si a alguno le quedaba alguna duda, el libro-catálogo de The Family of Man la despejó de un plumazo: “cuando alguien os hable, después, de que la fotografía es arte únicamente cuando imita a la pintura, (enseñadle) este grandioso poema fotográfico” (1). Los renovadores se revolvían molestos ante una manera de entender la fotografía y sus trasnochados sistemas de producción, exhibición y competencia. Su espejo era el nuevo humanismo de las obras de Henri Cartier-Bresson, Robert Frank, William Klein, Robert Doisneau, Irving Penn y Elliott Erwitt, pero también las propuestas de otros fotógrafos como Otto Steinert o Richard Avedon. Distintos, como ellos mismos, estos autores proponían la superación formal y conceptual de los viejos corsés, demostrando con su trabajo el mundo en el que vivían y que formaban parte de él. La apuesta era clara, la fotografía del presente era ya la fotografía del futuro. No había tiempo que perder. No había marcha atrás.

Los años movidos

La tiranía parecía eternizarse y su larga sombra aconsejó a los más el acomodo a las circunstancias. De entre los círculos artísticos e intelectuales surgieron las primeras iniciativas disonantes: Dau al Set (Barcelona), el grupo Pórtico (Zaragoza), El Paso (Madrid) o Equipo 57 (París) fueron la prueba fehaciente de estos primeros envites. Una nueva generación de jóvenes estaba dispuesta a plantar cara al inmovilismo franquista desde sus respectivos ámbitos. Eran los “hijos de los vencedores” según expresión de Basilio Martín Patino, quien en 1955 se encargaba de hacer convergir las primeras señales de hartazgo en el ámbito cinematográfico. Las Conversaciones de Salamanca demostraban una manifiesta inquietud que solo parecía preocupar a algunos cuadros medios del régimen. Tras más de una década de dictadura, el movimiento en el medio fotográfico era cuestión de tiempo.

En 1953 un artículo firmado por Luis Conde Vélez (2) en la revista Arte Fotográfico se expresaba de la siguiente manera: “vamos hacia las puertas que nos abre una generación de artistas fotógrafos, de jóvenes que saben ver con ojos nuevos y que actualmente vacilan ante la angustia de lo que representa una época pasada y la esperanza de un espacio inédito para sus vuelos”. El apenas espejismo cobraba corporeidad: en 1957 se produjo la primera crítica abierta a la situación fotográfica del país. En un artículo titulado “Salonismo” (3) y publicado también en Arte Fotográfico, Oriol Maspons apuntaba hacia un nuevo imaginario para la fotografía española. El artículo de Maspons, gran conocedor de la fotografía europea, generó una fuerte controversia. Atacaba el sistema de salones y concursos, y por lo tanto jurados y criterios, que dominaban el panorama fotográfico nacional. Lo cierto es que los concursos, lances en los que se comparaba y competía, no aportaban grandes estímulos. Al contrario, era fuera de esos círculos competitivos donde se iba a encontrar el nuevo arte. El artículo no hacía sino visibilizar un descontento que ese mismo año tuvo otras dos importantes manifestaciones: la exposición colectiva Terré-Miserachs-Masats y la formación del grupo La Palangana (4).

La exposición  organizada por la Agrupació Fotogràfica de Catalunya (AFC), la más potente de todo el país, no dejaba lugar a dudas. Las fotos de Ricard Terré, Xavier Miserachs y Ramón Masats portaban en su ADN los aires frescos de realismo y cambio, ya por entonces presentes en la obra de Català-Roca y que también pudieron contemplarse en la exposición de Leopoldo Pomés (5). Es a partir de 1957, año en que un modesto contable de nombre Joan Colom entra a formar parte de la AFC, cuando el crítico Josep Maria Casademont comienza a hablar de la “nueva vanguardia”, una tendencia todavía por concretar en la que pronto se inscriben otros dos fotógrafos, el citado Maspons y Francisco Ontañón. El activo papel de Casademont resultará crucial para consolidar los impulsos de renovación en Catalunya. Abogado de profesión, el teórico catalán se convertirá en responsable de la programación de la Sala Aixelà, lugar donde se vestirán de largo no pocas iniciativas en los años siguientes. La inauguración de Aixelà en 1959 volvería a acoger la muestra del exitoso trío Terré-Miserachs-Masats. El hecho era que los síntomas de cambio, que hasta entonces aparecían como débiles y difusos, comenzaban a ganar enteros. Ahora la cuestión era: ¿la nueva fotografía sería capaz de modificar el establishment o tendría que abrirse paso por sí misma? Partidarios y detractores de la fotografía moderna entablaron una reñida pugna en el seno de las dos grandes agrupaciones. Combate que, con la expulsión de Oriol Maspons de la AFC, el sector inmovilista vencía por K.O. técnico. La sanción a Maspons podía leerse como un escarmiento individual al fotógrafo o como un correctivo ejemplarizante, pero la conclusión era una sola: la reforma era imposible.

El segundo de los focos tenía su razón social en Madrid y recibía por nombre La Palangana (6). Se trataba de un grupo formado por Leonardo Cantero, Paco Gómez, Joaquín Rubio Camín y Gabriel Cualladó junto a otros dos conocidos, Masats y Ontañón, a quienes se debería el nombre del grupo y la conocida foto de sus integrantes. La obra de Masats, que había marchado a Madrid por motivos profesionales dando de lado a la mismísima agencia Magnum, causó una honda impresión en los miembros de la Real Sociedad Fotográfica de Madrid (RSFM). Comenzaría entonces una relación personal y profesional entre ellos enormemente fructífera, con frecuentes excursiones colectivas fuera de la capital que les servían para salir a la caza y captura del instante y, en definitiva, para encontrar su propia fotografía. Criticada por algunos por retratar “los mocos y la miseria” (7), según recordaba Cualladó, los ecos de La Palangana no tardarían en llegar a otras latitudes.

En casi todas las agrupaciones fotográficas se realizaron encuentros y muestras para dar a conocer el trabajo de los jóvenes fotógrafos nacionales y extranjeros. Aunque justo es reconocer que ninguna con la fotografía social intensa y de alto octanaje practicada en Madrid y Barcelona. Con una excepción: Almería.

– – – –
(1) Afal nº10, verano del 57.

(2) Alter ego de Luis Navarro, quien instauraría en 1954 el premio que llevaba su nombre y en cuyas bases se animaba a una interpretación subjetiva de la realidad.

(3) Oriol Maspons en Arte Fotográfico nº 61 (enero 1957). Gracias a sus estancias en París, Maspons abrió una puerta al exterior en las páginas de Arte Fotográfico entrevistando a Cartier-Bresson, Brassaï, Sudre, Sougez…

(4) En 1957 tuvo lugar también una destacada exposición colectiva en la librería Abril de Madrid con fotografías de Gómez, Cualladó, Aguilar y Romero.

(5) Leopoldo Pomés había dado a conocer su trabajo fotográfico en una exposición en las Galerías Layetanas de Barcelona en 1955, ante el interés de los medios artísticos catalanes, a los que pertenecían buena parte de los retratados, y el desinterés del medio fotográfico de la Ciudad Condal.

(6) Entre las fuentes consultadas no hay quórum respecto a la fecha de fundación del grupo. Si bien Laura Terré señala el año 1959, ya rodado el proyecto de Afal, tanto Publio López Mondéjar como otros fechan la constitución del grupo en 1957, coincidiendo con la llegada de Masats a Madrid.

(7) En términos similares se expresaría Ignacio Barceló: “hay quien se empeña en seguir practicando en la creencia de que aquello, la miseria, la tristeza, la cochambre es fotografía moderna”. En Arte Fotográfico nº 79, julio de 1958.

Un Comentario

  1. Revista Web 22/05/2013 | Permalink

    Excelente viaje por la España de los años 50-60, enhorabuena!

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Redes sociales y canales de vídeo

  • Facebook
  • Twitter
  • Vimeo
  • ETIQUETAS

    ARCHIVO