Di Cavalcanti o Ninguém assistiu ao formidável enterro…

Di AKA Di Cavalcanti AKA Ninguém assistiu ao formidável enterro de sua última quimera; somente a ingratidão, essa pantera, foi sua companheira inseparável.
Esta pequeña obra maestra de título extensible (como esos juegos de memoria que repiten el principio de una frase, haciéndola cada vez más larga) ha […]


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Di Cavalcanti - Rocha

Di AKA Di Cavalcanti AKA Ninguém assistiu ao formidável enterro de sua última quimera; somente a ingratidão, essa pantera, foi sua companheira inseparável.

Esta pequeña obra maestra de título extensible (como esos juegos de memoria que repiten el principio de una frase, haciéndola cada vez más larga) ha sido hasta hace poco una de las películas más difíciles de ver de Glauber Rocha. Prohibida en su momento por un juez brasileño, ha tenido en los últimos años cierta difusión a través de internet (haciendo clic en “Assista na integra”), y empieza a revelarse como fundamental dentro de una filmografía que, tal y como quedó recogido en la breve aparición del cineasta en Viento del este (J.-L. Godard, 1969), quiso indicar al cine caminos que apuntaran no en una, sino en varias direcciones simultáneas, a menudo contradictorias.

Di Cavalcanti fue realizada de modo muy precario y pobre, casi como una improvisación, incluso en el sentido musical,de impromptu. Roberto Rossellini, que siempre fue muy sensible a ese tipo de empeños (el consejo que dio a la nouvelle vague fue: “Haced películas que no cuesten dinero”) se ocupó de que Di Cavalcanti ganara el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de 1977.

Rocha se había enterado de la muerte del gran pintor brasileño Emiliano Di Cavalcanti por una esquela en el periódico, y sólo unas horas después se presentó en la capilla ardiente, con una cámara y con un operador. En ese momento había poco más que la intuición, el impulso de filmar un funeral (el cine de Rocha tiene sobre todo un sentido muy agudo de lo que se oculta, cuando se oculta algo, detrás de las ceremonias).

Para comprender esta película es importante conocer un suceso de la vida privada de Rocha: pocos meses antes, su hermana pequeña, Anecy, había muerto al caer por el hueco de un ascensor. El cineasta empezó desde entonces a repetir que él también moriría joven. Muchos de sus amigos recuerdan lo que entonces interpretaron como signo de una obsesión, de una locura (una más en la lista de las que se le atribuyeron en sus últimos años). El hecho no es ya que Rocha muriera en efecto poco después -en 1981, tras una enfermedad fulminante-, sino que el tramo final de su obra fue desde entonces construido más o menos del mismo modo que se construyen las profecías. Como dice Sylvie Pierre, hay en al final de la filmografía de Rocha, y especialmente en su última película (A Idade da Terra, 1980), una insistencia, un propósito -incluso irritante a la luz de sus anteriores posiciones-, en representar de un modo directo, aunque no desprovisto de ironía, el sacrificio del artista y la “edificación del monumento de una cruz a la que el mismo Rocha había considerado escandaloso que todavía se creyera obligatorio subir” (son por ejemplo inolvidables sus objeciones al masoquismo puritano de Godard, una de las críticas más certeras que se han hecho nunca de este cineasta.) No sólo fue en Di Cavalcanti y en A Idade da Terra donde la figura del artista ocupó -por primera vez en su cine, con la excepción parcial de Terra em transe (1967)- el centro del escenario, sino que también en el documental de encargo que hizo de bisagra entre estas dos películas, Jorjamado no cinema (1977), la figura del patriarca de las letras brasileñas Jorge Amado convocó imágenes de este tipo, que iban mucho más allá del simple documento (el propio Rocha aparece en la película, como presentador).

Pero no fue esto lo que algunos amigos del cineasta encontraban “escandaloso” en las últimas películas de Rocha, lo que hizo que la realización de Di Cavalcanti fuera también sentida, por los familiares del pintor, como una provocación. Rocha se había presentado en la capilla ardiente y en el entierro de Di Cavalcanti con intenciones poco claras y con una cámara (con la que llegó a filmar el rostro impresionante del muerto, hundido entre flores) pero también acompañando a la amante mulata del pintor, visible en varios momentos de la película entre el cortejo fúnebre. Los familiares se querellaron al ver el resultado y la película fue prohibida en Brasil, donde sigue sin poder proyectarse a día de hoy. En 2004 un sobrino de Rocha montó una página web en Estados Unidos desde la que era posible descargar el cortometraje y en la que se daba abundante información sobre la película y su situación legal (la página, www.dicavalcantidiglauber.us, parece que no está actualmente en uso). Así la película empezó a vivir una segunda vida a través de la red, y hoy es posible verla en You Tube (1) o a través de la página de la fundación Tempo Glauber.

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Un Comentario

  1. Francisco Javier Irazoki 25/03/2008 | Permalink

    «Todo artista debe ser loco y ambicioso» es una frase atribuida al cineasta brasileño Glauber Rocha.

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