Leer libros en el cine

Texto e imagen están vinculados desde los inicios del cine, corrientemente se considera uno opuesto al otro y se usa el texto como subtítulo de la imagen. Pero pensar la relación entre texto y imagen a partir de la lectura en el cine, no es pensar en algo que se contrapone, sino más bien todo lo contrario. El hecho de leer está vinculado al ojo, la escritura está de lleno dentro de la imagen – la escritura, como la imagen habla a los ojos. De tal forma que espectador y lector cohabitan en el cine.


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Buster Keaton

Hay siempre instantes de lectura en el cine, se leen anotaciones, periódicos, revistas, inscripciones, cartas, mapas, telegramas, libros… Y no sólo los personajes leen, el espectador también, en el cine mudo el espectador lee constantemente intertítulos y hoy, siempre y cuando las películas no son dobladas, lee habitualmente los subtítulos… Texto e imagen están así vinculados desde los inicios del cine, corrientemente se considera uno opuesto al otro y se usa el texto como subtítulo de la imagen. Pero pensar la relación entre texto y imagen a partir de la lectura en el cine, no es pensar en algo que se contrapone, sino más bien todo lo contrario. El hecho de leer está vinculado al ojo, la escritura está de lleno dentro de la imagen – la escritura, como la imagen habla a los ojos (1). De tal forma que espectador y lector cohabitan en el cine.

Tanto el texto como el video, Aquel que lee, tratan de reflexionar sobre la lectura en el cine, y de lo que se ocupan es de la lectura de libros. El cine como la pintura o la fotografía (2) están llenos de libros, en cada rincón, en las manos, en los muebles, abiertos, cerrados, retratados como naturalezas muertas, con presencia silenciosa, o caracterizando espacios o personajes. Se representa la lectura a través de páginas de libros a menudo legibles u otras que, aunque ocupen el centro de nuestra atención visual, no se pueden leer.

Se trata así de hablar de alguien que está con un libro entre manos y lo abre para leer, ese momento de concentración que es la lectura, calma aparente en la que se sumerge el lector. Se lee en silencio, sin mover los labios – la soledad del lector – o en voz alta – aquí la lectura atañe al espectador, se lee para el espectador. Y más que tratar de la adaptación o representación de un libro, se trata de pensar como se muestra “materialmente” en película, como se proyecta su presencia o lectura. Al mostrar el libro “materialmente”, condición para toda posibilidad de lectura y/o escritura, siempre se inserta la posibilidad de algo virtualmente presente y la amenaza de su desaparición.

Integrada en la exposición El món i un llibre: de l’escriptor al lector, que hasta el pasado mes de junio acogió el Palau Moja de Barcelona, un found footage de Andrés Hispano y Félix Pérez Hita recogía algunos momentos de lectura y de libros en el cine. Entre otros, Buster Keaton leyendo How to be a detective, Audrey Hepburn buscando entre libros información sobre Brasil en la Biblioteca Pública de Nueva York en Breakfast at Tiffany´s, la Lolita leyendo en el jardín en el film de Kubrick, se lee en Clock Orange en la biblioteca de la cárcel, también en El manuscrito encontrado en Zaragoza de Wojciech Has, y hay libros en Otrantsky Zamek de Svanmajer, Sayat nova de Paradjanov o Fahrenheit 451 de Truffaut

Además de los ejemplos que recoge este found footage podríamos añadir otros, como No quarto de Vanda (2000) de Pedro Costa. Las páginas amarillas son el único libro presente en el filme de Costa y Vanda lo abre a menudo, no para leer, sino para buscar la droga entre las páginas. Ese libro es sórdido, tiene una presencia obscena. Pero es a la vez el libro sagrado, antiguo y nuevo testamento de una revelación por haber. En Vale Abraão (1993) de Manoel de Oliveira, Ema, en su juventud, pasa las tardes leyendo Madame Bovary de Flaubert. En La chica de la turbera, Tösen från Stormyrtorpet (1917) de Victor Sjöström, la madre soltera, en el único trabajo que ha podido conseguir, suele leer en voz alta libros a la señora de la casa. Huw en How green is my valley (1941) de John Ford lee La isla del tesoro de Stevenson y otros libros de Scott, Dickens… mientras recupera el andar. Heddy Honingmann va hasta Río de Janeiro y filma gente leyendo el libro desconocido de la poesía erótica del poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade, el título del libro es el de la película, O amor natural (1996). Pero no se trata de reflexionar sobre la iconografía de la lectura en el cine -habrían muchos más ejemplos que apuntar-, sino de cómo a partir de ese gesto de lectura se construyen filmes y videos. Se trataría entonces de hablar sobre algunos trabajos de autores como Jean-Marie Straub y Danielle Huillet, Jean Luc Godard, Gary Hill, Valie Export o Harun Farocki.

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(1) El surgir de la escritura está vinculado a unas estructuras visuales creadas por la atención del ojo, ver Havelock, “Las musas aprenden a escribir”.

(2) En la “Anunciación” de Robert Campin (1425) la virgen aparece leyendo el “Libro de horas”, “San Gerónimo en su gabinete” lee silenciosamente, Antonello da Messina (1460) o “la Lectora” de Camile Corot (1870), son apenas algunos ejemplos de lectura en el arte. Hay también fotografías como algunas de Anne Zahalka, de la serie “Open House” y “Resemblance” donde aparece gente leyendo, o las de Abelardo Morell sobre libros.

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