Jem Cohen. Películas con sonido, obras maestras no complicadas

Reconocido por su trabajo con diversos músicos desde comienzos de los ochenta, autodidacta y con una clara postura activista, la obra de Jem Cohen, presentada casi íntegramente en el 9º Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente refleja una de las búsquedas más personales y ocultas del cine norteamericano de las últimas décadas. Una charla, junto al programador del Bafici Leandro Listorti, con Jem Cohen, ¡en un centro comercial!


    Post2PDF

Jem Cohen

Viendo muchas de tus películas, desde Buried in Light hasta NYC Weights & Measures, es difícil no notar que los espacios públicos tienen una gran importancia, ¿por qué piensas que sucede esto?
Siento que los espacios públicos son los lugares donde está representada la democracia, y en ese sentido es importante, pero también me gusta la idea de que son espacios no controlados. Y entonces pueden ocurrir más cosas imprevistas. Como un cineasta formado en la tradición documental pienso que se trata de descubrir y capturar acontecimientos inesperados. Entonces, para mí, tiene sentido ir a un espacio público sin control. Es el lugar ideal. Estoy realmente interesado en la manera en las que las personas actúan de una manera muy privada en un lugar público. Una gran ciudad es un lugar donde la gente empieza a tener conductas privadas en público.

¿Qué cambios viste a través de los años en estos lugares públicos?
Chain
es justamente la respuesta a eso. Es de alguna manera una exploración que lamenta el final de un tipo de lugar. Porque el espacio de los centros comerciales de alguna manera es público pero a su vez enteramente controlado. Como una suerte de simulación del espacio público. Chain muestra personas tratando de navegar en un mundo donde lo regional ha desaparecido. Cualquier lugar es ningún lugar. Me parece que la película toma una aproximación complicada y ambigua. Donde lo humano de las personas es todavía posible, pero también profundamente alienado. Las personas son personas y son muy flexibles y si se las ponen en cárceles encuentran maneras de existir. Lo mismo con los centros comerciales. Pueden continuar funcionando, pero no significa que algo no se haya perdido. Se adaptan. Chain es un filme sobre personas adaptándose, pero también sobre una cierta pérdida.

¿Y cómo haces para filmar en centros comerciales, estaciones, el metro?
Filmo sin ningún permiso. Son películas robadas. La gente cree que el cine de guerilla es con cámaras DV, escondidas en un bolso o algo así, pero yo quería hacer algo bien distinto. Hacerlo en 16mm, con imágenes claras, fuertes y contemplativas. Entonces busqué maneras de hacerlo secretamente. La primera vez que fui a un centro comercial, simplemente a medir la luz, me detuvieron inmediatamente. Les expliqué que era un fotómetro. Me dijeron que no podía hacerlo. Ahora en los Estados Unidos es muy difícil, después del 11 de septiembre, siempre creen que estás planeando un ataque terrorista.

Esas situaciones también modifican los espacios…
Sí, ya eran así, sólo se volvieron más restrictivos. Es algo complicado. Porque, por ejemplo, en este centro comercial en el que estamos ahora no me siento tan restringido como si estuviera en una cárcel. Aunque siempre este potencialmente vigilado. Si estás vestido de manera extraña o si infringís la posibilidad de una actividad comercial, de repente la seguridad va a estar ahí. Algunos lugares funcionan mejores que otros y algunas seguridades son más estrictas. Pero en general es lamentable que la gente confunda el espacio público de los centros comerciales con el verdadero espacio público. No son lo mismo. En parte, quise hacer Chain para recordarle a la gente esa diferencia.

El otro gran componente de tu cine es la música, ¿cómo llegaste a trabajar con músicos y con la música como tema central?
Fue algo muy natural. Desde la secundaria estuve rodeado de músicos. Era una época muy interesante, a fines de los setenta con el punk. En Washington DC, donde yo estudiaba, había una variedad muy particular de opciones. Un verdadero sentimiento de hazlo tú mismo. Todos los que conocía empezaron a agarrar instrumentos cuando nunca antes habían tocado. Todos los freaks se juntaban en algún show de Gang of Four, Buzzcocks, The Cramps. Mirabas a tu alrededor y veías a los más raros y decías “ah… tenemos nuestro propio país”.

Haciendo un paralelo con esto que decías de los espacios públicos y privados, ¿qué cambios aparecen al trabajar con una banda independiente y otra respaldada por una compañía discográfica?
Es algo muy distinto, obviamente. Pero el tema es que, cuando comencé a trabajar con REM, no eran conocidos, entonces era un mundo totalmente distinto. Era más fácil acercarse a ellos. Y su trabajo con cineastas era muy abierto, a Michael Stipe le importaba mucho en esa época. Pero a medida que los años pasaron se fueron rindiendo. Por mi parte, seguí trabajando con bandas poco conocidas. Pero el paralelo que plantean fue siempre muy evidente para mí: ciertas bandas cargan sus propios equipos y otras no.

Por otra parte, la semejanza con la música existe en el hecho que la gente trata de ser libre, de hacer lo quiere sin restricciones. No es una ecuación complicada. Si estás en una discográfica grande, ciertas limitaciones son inevitables. Alguien está tomando mucho riesgo con su dinero y quieren participar, porque no quieren perderlo. La cosa con Fugazi es que ningún recital tiene lista de temas preestablecida. Durante casi toda su carrera, la entrada a los recitales costó 5 dólares, o 6 a lo sumo. Si vas a ver a los Rolling Stones te puede costar 400 o 500 dólares, es una locura. Lo de los 5 dólares era en parte para hacerlo accesible para gente con poca plata, pero también era la manera que tenían de decir “no estamos aquí para entretenerlos, estamos aquí para expresarnos musicalmente, porque como no pagaron mucho dinero no estamos en la obligación de hacerlos felices”. Esto es muy parecido con las películas. Si uno hace grandes films con enormes presupuestos, se ve en la obligación de maximizar cierta previsible felicidad para el público.
Para mí, la música es como un territorio abierto. Porque los músicos no necesitan toda la maquinaria que necesitan los cineastas. Una persona puede agarrar una guitarra y volarte la cabeza. Y si bien en el cine también es posible, existen más obstáculos en el camino. Es por eso que, si estoy buscando esta especie de libertad de expresión, personalmente miro más hacia la música. De ahí saco la mayor parte de la inspiración. Aunque, por otro lado, también debe ser porque soy un músico frustrado, no toco ningún instrumento.

En la búsqueda por estos márgenes físicos y musicales te fuiste alejando de una concepción más convencional del cine, ¿piensas en tus películas como “experimentales”, “ensayos documentales”…?
No, estoy completamente confundido acerca de cómo etiquetar mis trabajos. Son simplemente películas con sonido. Nunca me gustó el término “cine experimental”, me parece una especie de ghetto que implica una experiencia difícil y no accesible para la gente. Pienso que mis películas son muy accesibles, con algunas excepciones. Puede que no sean fáciles, como Chain, pero sí accesibles. Por otro lado, me gustan muchas películas que se enorgullecen de llamarse experimentales, me parecen muy importantes y hermosas, pero no es la etiqueta que uso para mi cine. Aunque ciertamente no haga películas normales… bah, para mí lo son.

¿Tus influencias?
En términos cinematográficos, la gente a la que refiero constantemente son, comenzando desde muy atrás, los Lumière y ese territorio del documental que no puede ser visto como documental tradicional. Gente como Dziga Vertov (y el resto de las sinfonías urbanas) y Georges Franju con La sangre de las bestias (1949). Cassavetes.

¿Y Jonas Mekas…?
Sí, también. Amo a Jonas Mekas. Cada tanto lo veo en la calle en Nueva York y, si bien no lo conozco, es hermoso cruzarlo caminando. Porque siempre fue un espíritu libre y ayudó a crear esta zona abierta de la que vengo hablando. Pero más que todo es una persona que, de la misma manera que algunos poetas y músicos, crea cosas simples y profundas a partir de la vida cotidiana. Es una tradición muy linda. Y siempre usa sombrero… me gusta eso.

– – –

Partes de esta entrevista fueron publicadas en Sin Aliento, periódico del Buenos Aires, 9º Festival Internacional de Cine Independiente.

Un Comentario

  1. jfcls 03/05/2007 | Permalink

    Ya ha estado en el Bafici, ¿para cuando por aquí?

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Redes sociales y canales de vídeo

  • Facebook
  • Twitter
  • Vimeo
  • ETIQUETAS

    ARCHIVO