Cine ensayo en Punto de Vista. Cada película es…

Como comentamos en nuestra crónica sobre Punto de Vista 2007, fue sin duda la sección La forma que piensa, dedicada al cine ensayo, la que ofreció los filmes más estimulantes del festival. No en vano, su comisario, Antonio Weinrichter ha calificado esta forma cinematográfica como “un horizonte audiovisual para el siglo XXI”.


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Cine Ensayo
EN PRIMERA PERSONA. ENTRE LA BIOGRAFÍA, EL DIARIO Y EL ENSAYO
Como puntualiza Antonio Weinrichter, lo “performativo no equivale a ensayístico (es condición previa pero no suficiente) porque hablar desde la subjetividad no equivale a establecer una reflexión y construir un discurso en el que el ensayista tenga la última palabra” (6). En Punto de vista, encontramos otros filmes de raigambre claramente performativa, en los que el autor aborda un tema preexistente (el insominio, los desaparecidos en argentina o el sentido del trabajo y los ideales) y nos lo ofrece bajo el prisma de su propia experiencia. Son películas que indagan en la memoria o en el entorno más inmediato, de estructura compleja y que, por su mezcla de tiempos y materiales, tienen un carácter híbrido y de difícil clasificación genérica. ¿Suficientes motivos para considerarlos ensayísticos?

Wide Awake de Alan Berliner (EE.UU, 2006)
Proyectada en Pamplona como estreno en España, sin que estuviera enmarcada en la sección La forma que piensa, el último trabajo de Alan Berliner sí que merece una especial atención como filme que, cuando menos, incluye interesantes elementos ensayísticos. Al igual que en The Sweetest Sound (2001), Berliner parte de un tema previo (en aquél la propia identidad, en éste el insomnio), para ofrecernos sus impresiones sobre el mismo bajo el filtro de su vivencia personal. Es decir, tras su visionado puede que nuestro conocimiento sobre el insomnio siga intacto (su discurso en absoluto es conclusivo), pero sin embargo hemos acompañado a Berliner en su peculiar camino para tratar de entender su malestar y las consecuencias que tiene en su trabajo como artista y en su papel de padre de familia. Y, como viene siendo habitual en él, mezclando todo tipo de archivo con material factual que se nos antoja como una suerte de work in progress. Ante Wide Awake, tenemos la sensación de que Berliner piensa y escribe en presente y, que como espectadores, nosotros reflexionamos junto a él.

Los Rubios de Albertina Carri (Argentina, 2003)
Pocos filmes como Los Rubios convierten la frontera entre ficción y documental en un vertiginoso abismo. Como espectador y como crítico resulta difícil posicionarse en uno u otro lado: ¿estamos ante una ficción, un documental o el making off de una ficción ? A partir de la fricción de los tres elementos, Albertina Carri construye un texto radicalmente libre y desafiante a la hora de averiguar qué ocurrió con sus padres desaparecidos durante la dictadura argentina.

Su comienzo no puede ser más chocante: la actriz Analía Couceyro se presenta a los espectadores con la siguiente frase: “ Soy Analía Couceyro y voy a representar a Albertina Carri en esta película”. Una técnica de distanciamiento con la que la directora-protagonista jugará hábilmente a lo largo de todo el relato y que tensa al extremo en una de sus mejores escenas: cuando da órdenes a la actriz que la interpreta sobre cómo ha de modular su testimonio. Unas palabras que veremos repetidas en tres ocasiones: interpretadas por la actriz, bajo las directrices de Carri y, de nuevo, en boca de Analía bajo la mirada aprobatoria de la directora. No será éste el único código documental que transgrede la película, ahí quedan como momentos ejemplares la lectura de una carta en la que se niega la concesión de una ayuda pública por considerar que un tema tan grave necesita un tratamiento sobrio y ejemplarizante o la repetición por parte de la actriz de una conversación telefónica, ya que la única testigo de la desaparición de sus padres se niega a aparecer en cámara.

Como queda claro a lo largo del relato, Los Rubios no es un filme que pretenda reconstruir el pasado o encontrar respuestas sobre el mismo (desde el principio intuimos que estamos ante la crónica de una búsqueda frustrada). Carri, por el contrario, lo interpela, se adentra por los vericuetos de la memoria, es decir, de lo vivido, lo contado, lo recordado, lo olvidado en incluso lo imaginado (que ilustra con unos muñecos de Playmóbil animados en stop-motion). Y todo ello mediante un texto de estructura aparentemente fragmentada en la que caben los más diversos materiales y tratamientos de la imagen: testimonios, puestas en escena, archivo, uso del color y del blanco y negro, recursos más propios del video arte como la repetición de un mismo plano…

Al igual que Montaigne, Albertina Carri se convierte con Los Rubios en ensayista audiovisual, o al menos, en heredera de su método: “Si filosofar es dudar, como generalmente se siente, con mayor razón será dudar el bobear y fantasear, como yo hago; pues de los aprendices es propio inquirir y cuestionar y sólo a los maestros les incumbe el resolver”. (7)

Following Sean de Ralph Arlyck (EE.UU, 2004)
En palabras de Phillip Lopate en un texto de 1996 y que se ha reproducido en el libro La forma que piensa. Tentativas en torno al cine ensayo, quizás sea Ralph Arlyck el único director consistentemente ensayístico junto con Chris Marker. ¿Sus argumentos para concederle tan privilegiado título? El uso de la voz en off en primera persona con la que el cineasta expone de principio a fin su pensamiento y la implicación personal en el tema, integrando en el filme sus experiencias diarias y el examen de su conciencia.

Y desde luego que su excelente filme Following Sean cumple ambos requisitos. En él, Arlyck sale en búsqueda del protagonista de su primera película rodada hace 25 años, Sean, quien por aquella época era un niño de 4 años que vivía con una familia hippy de San Francisco. Un filme que le sirvió para retratar una época efervescente- amor libre, pacifismo, hedonismo y drogas- y para ganarse el reconocimiento internacional (como la carta de felicitación que recibió de Truffaut).

Utilizando el metraje de los filmes en 16mm que filmó en aquella época, Arlyck se nos presenta como espectador más que como partícipe de los cambios sociales y políticos de los 70, llegando a confesar que aquella “era una época que abría una brecha entre lo que eras y lo que debías ser”. Bajo la condición de personaje escéptico y dubitativo –que mantiene en la actualidad-, sale a la búsqueda de Sean, a quien sigue con su cámara entre 1994 y 2003. Hoy Sean es un electricista de clase obrera cuyos problemas económicos y vitales no encuentran respuesta en los ideales hippies de sus padres. Combinado el material de archivo con el seguimiento y entrevistas a los personajes en presente, Arlyck va confrontando sus ideas con las de tres generaciones: la de Sean, la propia –representada además por el padre de Sean, todavía hippy convencido- y la de los abuelos del protagonista, comunistas en activo durante los años 40. A través de esta dialéctica generacional, construye una interesante y desencantada reflexión sobre el destino sufrido por el activismo comunista y la contracultura de los 70 y sobre la ausencia de ideales en nuestros días. Mientras que hoy concebimos el trabajo como un lastre inevitable, para los hippies era una broma pesada propia de la mentalidad burguesa y para la generación anterior tenía un claro sentido: poner un trozo de pan en la mesa de su familia y, sólo por ello, ya merecía la pena luchar.

A pesar de esta interesante tesis que se convierte en tema del filme, desde nuestro punto de vista, Following Sean, por su exhaustivo seguimiento a los personajes que domina la reflexión, tiene más de biográfico (con la particularidad de que el narrador se inscribe en el texto) que de ensayístico, sin que eso desmerezca en absoluto su calidad, ya que sin lugar a dudas fue uno de los más sólidos y emocionantes trabajos que pudimos ver en Punto de Vista 2007.

Cine Ensayo
¿PERFECTOS FILMES ENSAYO?
November
de Hito Steyerl (Alemania, 2004)

La artista de origen japonés afincada en Alemania, Hito Steyerl brinda con November un perfecto ejemplo de filme ensayo: por su implicación personal en el tema (voz en off, uso de sus propios filmes y examen de su propia imagen y conciencia), su carácter elucubrador e intertextual que le lleva a construir asociaciones con películas de Bruce Lee o Serguéi Eisenstein, entre otros; y la elaboración de un discurso digresivo en el que conviven la elegía a una amiga, la reflexión sobre la creación de mitos y el comentario sobre la muerte de ciertas ideologías.

Para ello, Steyerl parte de su primer filme, una película amateur de artes marciales y corte feminista en la que un grupo de mujeres pelean con todos los hombres que salen a su paso. Una ficción, cuya lectura en presente, le sirve para establecer sugerentes coincidencias con la realidad: entre las protagonistas estaba Andrea Wolf, la mejor amiga de la directora, que fue asesinada en 1998 por ser considerada terrorista kurda y que pronto se convirtió en mártir de la causa. Su imagen, ahora cosificada en un póster, se erigió en icono de la resistencia kurda. Establecidas estas premisas, Steyerl, a partir de la interpretación de la ficción como documento y el documento como ficción, teje una desencantada reflexión política y mediática en November: ya no estamos en la época de Octubre (en alusión al filme de Eisenstein), vivimos una época en que las revoluciones se diluyen en el magma informativo del mundo global, en la que los héroes son considerados locos y mueren sin pena ni gloria y en la que, de forma perversa, el terrorismo se instaura en el Estado. Su discurso concluye con unas palabras clarividentes: “sólo en la ficción las mujeres son más fuertes que los hombres, sólo en la ficción yo muero por mis ideales, sólo en la ficción los héroes no llevan armas, sólo en la ficción Andrea desaparece bajo la puesta de sol”.

Bright Leaves de Ross McElwee (EE.UU, 2003)
A menudo comparado con Alan Berliner (ambos sustentan su filmografía en el relato autobiográfico), Ross McElwee es sin duda uno de los más brillantes cineastas americanos contemporáneos. Pero a diferencia de aquél, McElwee es un “hombre de la cámara”, de la que apenas se despega (paradigmática en este sentido es Sherman’s March, filme en el que besa a todas las mujeres que conoce sin tan siquiera quitársela del hombro). Así, ha ido construyendo un singular y personalísimo corpus fílmico, a medio camino entre el diario y el ensayo. O precisamente, por su carácter experiencial, nos encontramos ante un excelente ensayista, del que además cabe destacar su calidad como escritor cinematográfico: lúcido, sincero y con un brillante sentido del humor.
El detonante de Bright Leaves es una anécdota familiar, el primo del director llega a la conclusión de que un olvidado melodrama de Michael Curtiz está basado en la vida del abuelo de ambos, un magnate del tabaco creador de la marca “Bull Durham”, cuyo imperio naufragó ante la imparable mecanización de una industria -antes manufacturada- que abanderó Buck Duke, antagonista del abuelo McElwee en la vida real. No sin cierta culpa (como vástago de una industria que ha provocado más muertes que la guerra Civil americana), McElwee observa desencantado como la fortuna y prestigio de los Duke pervive hasta hoy (incluso la universidad lleva su nombre), mientras que de el apellido de su familia sólo figura en la losa de un pequeño parque. Una paradoja moral que tensa irónicamente al constatar además que el resto de descendientes del magnate del tabaco, su padre y sus hermanos, se han convertido en médicos que atienden casos de cáncer. Mediante éstos mecanismos asociativos, siempre sustentados el humor, McElwee teje en un discurso complejo que despliega en infinidad de temas: las reflexiones sobre la familia, el vicio de fumar, la configuración económica del mundo que le rodea y el cinemátografo.
Y es al conjeturar sobre el cine, cuando nos ofrece sus escenas más divertidas (como la entrevista a un teórico sobre una silla de ruedas ya que en opinión de éste el cine ha de ser cinemático) y sus más sorprendentes hallazgos, como el de otorgar el valor de home movie a una producción de Hollywood. McElwee lee la película de Curtiz no sólo como un inusitado biopic de su abuelo, sino también como una película doméstica en la que hubiera quedado inscrita la relación sentimental que sus dos protagonistas (Gary Cooper y Patricia Neal) tuvieron fuera de la pantalla. Si, como apunta Christia Blüminger (8), si el ensayo ha conservado desde Montaigne determinadas cualidades (el humor, la ironía, la paradoja) y su principio es la contradicción y la colisión, no cabe duda que McElwee es uno de los autores que transita perfectamente por ese terreno tan difuso que se ha venido a denominar film ensayo.

(6) Antonio Weinrichter, Desvios de lo real. El cine de no ficción (T&B Editores, 2004)
(7) Citado por Angel Quintana en La forma que piensa. Tentativas en torno al cine ensayo (Gobierno de Navarra, 2007)
(8) Leer entre las imágenes, Christia Blüminger en La forma que piensa. Tentativas en torno al cine ensayo (Gobierno de Navarra, 2007)

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