Las alas de la vida

Mi cuerpo está fracasado y yo vivo dentro de él ¡Y es el único que tengo!” dice entre sonrisas Carlos Cristos, médico gallego afincado en Mallorca, quien cerca de los 50 años sufrió una enfermedad neurodegenerativa que puso fin a su vida. El realizador Antoni P. Canet rodó el documental Las alas de la vida desde el 2003 hasta el 2006 junto con Cristos, sus familiares y amigos cercanos.


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“Mi cuerpo está fracasado y yo vivo dentro de él ¡Y es el único que tengo!” dice entre sonrisas Carlos Cristos, médico gallego afincado en Mallorca, quien cerca de los 50 años sufrió una enfermedad neurodegenerativa que puso fin a su vida. El realizador Antoni P. Canet rodó el documental Las alas de la vida desde el 2003 hasta el 2006 junto con Cristos, sus familiares y amigos cercanos.

El mayor peligro de la película era el de caer en el tratamiento tópico de esta temática. Hay sobreabundancia de estos temas en el mundo audiovisual y habitualmente son abordados con un exceso de sensiblería, dramatismo, y con reflexiones superficiales. Es decir, un baño de lágrimas dentro y fuera de la pantalla. Diría que hasta una buena parte del público se echa atrás al ver una sinopsis que plantea un tema tan duro. Afortunadamente, el director ha sabido evitar este peligro, en parte gracias a la manera en que el protagonista reacciona ante la enfermedad.

Las alas de la vida es el convivir día a día con la enfermedad, las visitas al médico, algunos momentos cotidianos… y las interesantes reflexiones de Cristos van apareciendo poco a poco, en conversaciones con sus amigos, con su mujer, o directamente con el director, y van calando en el espectador. Descubrimos un ser que asume el dolor sin hundirse y que es capaz de afrontar su grave problema desde el raciocinio, en algunos momentos con una integridad sobrehumana. Este seguimiento es combinado con entrevistas a su mujer, a su cuidador, a sus padres cuando este los visita en Galicia… El buen hacer del director destaca en las entrevistas, que podían haber sido muy dramáticas o pesadas, pues las declaraciones elegidas son cortas, precisas y montadas ágilmente, aprovechando los momentos de relajación de los entrevistados huyendo de la fría puesta en escena de las típicas entrevistas y poder así sacar lo mejor de cada persona.

En lo que al planteamiento formal se refiere el realizador no admite complicaciones, ni se pierde en metáforas forzadas. Tan sólo un apunte poético que le ofreció el paso del tiempo: cuando empieza la película la hija de Carlos está con su madre aprendiendo a tocar el piano. Consigue con esfuerzo terminar una simple escala con una mano. De fondo van apareciendo algunas notas del piano a lo largo del film y al llegar al final, vemos a su hija tocar velozmente una pieza con las dos manos. Tres años de aprendizaje han pasado por sus dedos, tres años donde hemos visto como el cuerpo de su padre ha ido desaprendiendo, un triste cruce de caminos inversos.

Canet hace una película donde la trama contiene un dramatismo absoluto, el de un hombre vigoroso y creativo que ve como su cuerpo se debilita y él no puede evitarlo, y la convierte en un buen material de reflexión sobre la capacidad del ser humano para superarse, para afrontar los golpes del destino sin derrumbarse, des del raciocinio y la fe en uno mismo. Y además, Carlos siempre con una sonrisa. “Mientras haya música, que siga la fiesta”, comenta sobre la fecha incierta de su final.

FICHA TÉCNICA
Dirección:
Antoni P. Canet
Guión: Jorge Goldenberg, Carmen Font, Francesc Hernández, Xavi Garcia-Raffi, Carmen Santos, María Tomás, Antoni P. Canet
Fotografía: Alejandro Plá
Música: Carlos Cristos, Enric Murillo
Sonido: Kiku Vidal
Montaje: J. Carlos Arroyo
Diseño gráfico: Manuel Boix
Idea original: Carlos Cristos
Producción ejecutiva: Enrique Navarro, Enric Alcina, Antoni P. Canet.
Producción: Gorgos Films
País y año de producción: España, 2006

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