Punto de Vista 2007

En los últimos años, los festivales españoles situados en la periferia se han convertido en el centro de atención de la nueva crítica y el público especializado. Es el caso del ya ineludible Festival de Cine de Gijón, del de Las Palmas de Gran Canaria y, por qué no, de Punto de Vista en Pamplona, que en su tercera edición se consagra como el mejor festival dedicado a la no ficción de nuestro país.


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EL CENTRO Y LA PERIFERIA
En los últimos años, los festivales españoles situados en la periferia se han convertido en el centro de atención de la nueva crítica y el público especializado. Es el caso del ya ineludible Festival de Cine de Gijón, del de Las Palmas de Gran Canaria y, por qué no, de Punto de Vista en Pamplona, que en su tercera edición se consagra como el mejor festival dedicado a la no ficción de nuestro país.

Por su carácter abierto a la hora de entender este “no género” e innovador en sus secciones paralelas, Punto de Vista se diferencia de otras propuestas existentes en ciudades como Barcelona o Madrid – motores de la revolución del documental durante la última década- , donde certámenes como Docúpolis (demasiado pendiente del cine social), Docsbarcelona (en su apuesta por el documental televisivo de gran formato ) y Documentamadrid (con una línea editorial todavía titubeante) resultan insuficientes para un público cada vez más exigente. Así, este pequeño-gran festival poco a poco se ha ido ganando un más que merecido hueco en los medios de comunicación especializados.

En la programación de este año destacaron la proyección de los Diarios de David Perlov (1930-2003), cineasta brasileño afincado en Israel de cuya obra os hablaremos en el próximo número de Blogs&Docs; el estreno de la última y excelente película de Alan Berliner, Wide Awake (2006), quien también ofreció una master class y sus secciones paralelas: Querido Andrei y La forma que piensa.

Como ya viene siendo un tópico, acudir a un festival (y por extensión realizar una crónica sobre el mismo) se está convirtiendo en el arte de la renuncia. En mi caso, opté por los nuevos caminos del documental a través del cine ensayo antes que por los documentales dedicados a la vida y obra del gran cineasta ruso. Aún con todo, Querido Andrei ofreció la posibilidad de saldar cuentas pendientes, como el visionado de Un día en la vida de Andrei Arsenevich (2000) de Chris Marker, un lúcido retrato de la obra y forma de trabajar de Tarkovsky, capaz de regalarnos análisis tan bellos y conmovedores como el que cierra el filme: “el único cineasta cuya filmografía transcurre entre dos niños y dos árboles”. Sin duda, otro momento sublime más en la cinematografía de Marker.

Por su parte, La forma que piensa, sección acompañada con la publicación de un libro con el más que acertado subtítulo Tentativas en torno al cine ensayo, fue el ciclo donde pudimos ver las mejores películas del festival (junto con Sergei Loznitsa y Lech Kowalski, presentes en Festival de Festivales): November de Hito Steyerl, Bright Leaves de Ross McElwee o Following Sean de Ralph Aldrick (cineasta desconocido en nuestro país pero al que convendría seguir la pista); al tiempo que permitió el reencuentro con filmes reveladores y absolutamente radicales como Los Rubios de Albertina Carri o Eye Machine de Harun Farocki. La crónica de esta sección la publicaremos en los próximos días. De momento, analizamos brevemente las películas más destacadas que conformaron el resto del festival.

SECCIÓN OFICIAL: LARGOMETRAJES
Forever
Forever de la peruana afincada en Holanda Heddy Honigmann fue la discutida obra ganadora de la tercera edición del festival. En su contra, juega ese savoir faire francés (excelente producción y personajes dotados de una verbigracia sólo propia del país vecino) y un aire de producto manufacturado por el canal ARTE. A su favor, cuenta con la veteranía de la directora peruana, su extrema sensibilidad a la hora de elegir y entrevistar a sus personajes y la apuesta por un dispositivo sencillo y eficaz, que recuerda a Metal y Melancolía. Como en ésta, Forever toma como excusa un espacio (aquí el cementerio de las celebridades de Père-Lachaise en París) para retratar las experiencias comunes de quienes están aferrados a él de forma vital. Los protagonistas del filme son personajes anónimos que visitan las tumbas de artistas como Proust, Apollinaire o Chopin y de otros menos conocidos como el poeta israelí Sadegh Hedayat; y para la mayoría de los cuales el arte se erige en motor de sus vidas. Así su planteamiento queda sintetizado por el guía del cementerio en un soliloquio que recuerda al Woody Allen de Manhattan preguntándose por qué merece la pena vivir: “si llenas tu vida con Chopin o con Balzac nunca estarás sólo”.

Desde luego, no estamos ante una película novedosa o arriesgada, pero sí ante la más redonda que pudimos ver en la sección oficial (teniendo en cuenta que se nos escaparon filmes como Last Thoughts de Kevin Henry o Our America de Kristina Konrad). Aunque quizás en un certamen de estas características, se hecha de menos que algunas obras más eclécticas y tremendamente contemporáneas, como BS.AS de Alberte Pagán, hubieran tenido un mínimo reconocimiento por parte del jurado.

También en una línea fronteriza con el cine experimental, aunque mucho más conceptual que BS.AS, encontramos The White She Camel del belga Xavier Cristianes. Un trabajo de incómodo visionado ya que apenas cuenta con una narración a la que se pueda asir el espectador, pero que hipnotiza por su excelente fotografía en blanco y negro altamente contrastada y su tono a medio camino entre el documental, el relato poético y la ciencia ficción, que en sus mejores momentos recuerda a La Jetée de Chris Marker. Con una estructura capitular conducida por una voz en off que relata el imposible diario de un cosmonauta (su formato panorámico imita la visión a través de un casco), el director retrata el Mar del Aral asolado por la sequía, un paisaje apocalíptico de tintes post-nucleares. Un filme plástico y sensitivo, cuya inclusión en la sección oficial de un festival de documental es sin duda digna de aplauso.

También destacable (e incluso merecedora de encontrar un hueco en la sección La forma que piensa) fue Orange Winter del ucraniano Andrei Zagdansky que obtuvo una mención especial del jurado. Un filme cercano al ensayo, por su carácter intertextual, sus múltiples asociaciones y su narración en primera persona, en el que su director es capaz de encontrar resonancias entre las elecciones presidenciales de 2004, el argumento del filme La tierra (1930) de Alexander Dovjenko y La Traviata. La película analiza la revolución naranja comandada por Yushchenko, legítimo vencedor de unas elecciones fraudulentas, tras las cuales sus partidarios salieron a la calle durante meses hasta lograr la revisión de los comicios. Zagdansky analiza la política de su país con un hábil sentido de la narración, una fina ironía y un material de archivo sorprendente (como el de la periodista sordomuda, único personaje que públicamente desvela el fraude, eso sí sólo para los cien mil sordos que existen en Ucrania). Como en una ópera, este filme tiene algo de sublime, pasional y trágico.

En el capítulo de las sorpresas, también cabe señalar Super Amigos del mexicano Arturo Pérez Torres, que nos acerca a cinco estrambóticos súper héroes que, ataviados con el traje propio de la lucha libre mexicana, se enfrentan a todo tipo de injusticias que asolan el D.F.: la especulación inmobiliaria (Súper Barrio), la tortura a los animales (Súper Animal) o la homofobia (Súper Gay). Apropiándose de la estética del cómic y siguiendo a estos personajes en su particular lucha contra el mal, Super Amigos destaca por su sentido del humor (siempre de agradecer ante tanta densidad documental) y la excepcionalidad de sus protagonistas, aunque su estructura narrativa acabe resultando repetitiva y esquemática, ya que una vez mostradas sus cartas el director es incapaz de construir una trama (más allá de la descripción y acumulación de momentos) que mantenga la atención del espectador.

Como obra menor, pero que contó con mayor afluencia de público ya que poco antes de su proyección en Pamplona obtuvo el Oscar al Mejor Corto Documental, resulta casi inevitable reseñar The Blood of Yingzhou District de la directora Ruby Yang. Yang nos acerca al problema del SIDA infantil en China, donde unos 75.000 niños huérfanos son víctimas de la enfermedad y del rechazo social (incluso por parte de sus familiares) y abandonados a su propia suerte. Una película inevitablemente conmovedora por la crudeza de su tema, pero ante la cual uno no deja de sentir cierto rechazo por su carácter maniqueo de manual: música extra diegética sensibloide y un happy ending que permite que el espectador salga de la sala con la conciencia medianamente tranquila a pesar de la sacudida inicial. Un filme que sin duda vuelve a poner sobre la mesas las cuestiones éticas que acechan al documental social y que, hiperbólicamente, ya denunció Luis Ospina en 1977 con su fake Agarrando pueblo: ¿cómo representar la miseria y el sufrimiento ajeno? ¿cuál es la eficacia real de este tipo de películas? ¿qué poder tiene el sujeto representado frente al documentalista?

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2 Comentarios

  1. nomeacuerdo 06/04/2007 | Permalink

    Estoy contigo: Bs.As. debería haberse llevado premio. El palmarés perfecto era, además, con The white she-camel y Orange Winter. En cualquier caso, como bien dices, que compitan ya es un valor. Hay otros festivales que las rechazan sin complejos porque no las ven documentales. Peor para ellos.

  2. jfcls 12/04/2007 | Permalink

    Desde luego: punto de vista ha demostrado en tres ediciones ser la gran esperanza de los festivales de documental en España. Ese festival de los productos arriesgados que son tan complicados de seguir por que no podemos viajar constantemente del docslisboa a rotterdam y ahí al visions du reel y suma y sigue…
    La ventaja de Punto de vista es que se hace en pamplona y no en madrid o en barcelona y (es de esperar) las instituciones no apretarán tanto.
    Además, viniendo de donde viene (recuerden el festival que le antecedió) Punto de vista podría convertirse en esa gema entre los periféricos que se hiciese con el espacio del documental: el documental cerca de la experimentalidad, por supuesto.

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