Punto de Vista 2007

En los últimos años, los festivales españoles situados en la periferia se han convertido en el centro de atención de la nueva crítica y el público especializado. Es el caso del ya ineludible Festival de Cine de Gijón, del de Las Palmas de Gran Canaria y, por qué no, de Punto de Vista en Pamplona, que en su tercera edición se consagra como el mejor festival dedicado a la no ficción de nuestro país.


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Even if she had been a criminal...

SECCION OFICIAL: CORTOMETRAJES
A menudo en los festivales el cortometraje documental, no sólo es una pieza de menor duración, si no también de menor calidad. Si hace dos años en Punto de Vista predominaba la mirada observacional y la denuncia, frecuentemente constreñida por falta de desarrollo, en la presente edición se ha ensanchado el formato para descubrirnos piezas coherentes que, más allá de un tema, exploran las posibilidades narrativas de la técnica digital (como el uso del night shoot, sin el cual no sería posible un filme como Sweet Monster) o que cuestionan la propia imagen, como If she had been a criminal… que fue galardonado con el premio al mejor cortometraje.

Even if se had been a criminal… del francés Jean Gabriel Périot es un inteligente ejercicio de found footage sobre la maleabilidad de la imagen de archivo y, por ende, de la Historia. El filme comienza con un avasallador bombardeo de imágenes de la Segunda Guerra Mundial al más puro estilo videoclip, un flujo de imágenes que se devoran a sí mismas, cuyo contenido semántico es imposible de asimilar y que, sólo a través de la acumulación alcanza su sentido contextualizador. Tras este acelerado prólogo, el documental presenta una serie de imágenes de celebraciones por el fin de la ocupación nazi en París que se ensamblan, de forma turbadora y desconcertante, con planos de “las vencidas”: mujeres detenidas, vapuleadas y a las que se les afeita la cabeza.

Una última vuelta de tuerca del filme cerrará este recorrido por el documento histórico. Volvemos a ver las mismas imágenes para descubrir que habían sido reencuadradas y que el motivo de júbilo de estos hombres anónimos era la detención, el castigo y la humillación pública de las mujeres acusadas de haber mantenido relaciones sexuales con oficiales nazis. La victoria se convierte en venganza y el documento en objeto de persuasión. En definitiva, un excelente filme metadiscursivo que trabaja a partir del tiempo de lectura de la imagen y su impacto y de su relectura a través del reencuadre.

Otro de los cortometrajes más agudos y sorprendentes fue Sweet Monster de Marco de Stefanis. Gracias al uso del night shoot the una pequeña cámara digital, el cineasta italiano consigue traspasar la pura materialidad documental para acercarnos al universo infantil, las pesadillas y los fantasmas de la noche. Su hijo de poco más de tres años no puede dormir a causa del monstruo que hay en su habitación (“un monstruo dulce, pero oscuro; un monstruo que no duerme porque no tiene cama…”). Su padre, con su cámara siempre presta a filmar, es testigo del mágico y conmovedor testimonio del niño, de sus idas y venidas al cuarto de los mayores en busca de protección. Un trabajo sencillo que, sin embargo resulta algo fallido en su cierre, al romper su propio código documental (de carácter observacional y testimonial), y pretender representar los fantasmas a través del el empleo enfático de la música y diversos movimientos de cámara.

La mirada infantil fue también el tema de otro de los cortometrajes destacados de Punto de Vista, Collection nº1. En este filme, de carácter autobiográfico, el ruso Mikhail Zheleznikov retrata sus memorias en un tiempo en que todos los niños eran comunistas. El autor rememora con un tono naïve, nostálgico e irónico algunos capítulos de su vida y de los estertores de la Rusia comunista, como la omnipresente presencia de Lenin o las simbólicas olimpiadas de 1980 en las que el oso mascota Misha voló (quizás a otro país mejor). Una rememoración que, sin embargo, resulta fallida en su tratamiento visual construído a base de archivo histórico y familiar y de la filmación de objetos en planos cortos y con una luz preciosista con la intención de abstraerlos del presente y dotarlos de una pátina de antigüedad. Fueron estas últimas imágenes las que me hicieron pensar que me encontraba ante un trabajo ya visto.

Y en el plano de las decepciones, quedó la última obra de uno de cineastas afortunadamente ya habituales de Punto de Vista, el americano Jay Rosenblatt con su corto I just wanted to be somebody. En él, el director de la excelente Human Remains, vuelve a hacer gala de su ácido sentido del humor para retratar a personajes históricos reaccionarios. Aquí su protagonista será Anita Bryant, mujer americana que en los años 70 se ganó sus minutos de celebridad anunciando naranjas y promoviendo las virtudes de la vitamina C, y cuya popularidad pronto aprovechó para erigirse en portavoz de un discurso homófono de tintes cristianos: “Creo, más que nunca, que hay fuerzas diabólicas que nos rodean. Incluso puede que disfrazadas de gente buena”. Rosenblatt compila sus intervenciones públicas y anuncios para retratar a tan controvertido personaje. Un filme divertido y eficaz desde el punto de vista histórico y político, pero del que se hecha de menos un carácter más subversivo en el tratamiento del tema, o quizás es que Rosenblatt nos tenía malacostumbrados.

Por último, cabe destacar The Clinic del polaco Tomasz Wolski, que obtuvo el premio a la mejor dirección. Este cortometraje sigue una de las líneas temáticas más fructíferas que abrió el cine directo: la observación de la institución sanitaria, de la que Wiseman y Depardon nos han ofrecido los mejores acercamientos. Sin embargo, The Clinic es una obra depurada en la que apenas quedan estilemas de este movimiento: ni un solo barrido de cámara, predomina el montaje en paralelo y la duración de las secuencias se ajusta a las palabras de sus protagonistas. Y es que del hospital geriátrico de Cracovia que toma como escenario, a Wolski le interesan los seres humanos, sus alegrías, penas, resignaciones y desmemorias. Con la distancia y el cariño justo hacia sus protagonistas, esta pieza reivindica el valor y la vigencia del documental en su concepción más clásica.

East of Paradise

FESTIVAL DE FESTIVALES
Junto con la triada americana formada por Berliner, McElwee y Arlyck, fue en esta sección- dedicada a rescatar documentales que han circulado por los más prestigiosos festivales de documental durante el último año- donde pudimos ver los filmes más estimulantes de Punto de Vista 2007: Bloqueada (2005) del bielorruso Sergei Loznitsa y East of Paradise (2005) del inglés afincado en Francia Lech Kowalski. Dos cineastas apenas conocidos en nuestro país a pesar de su dilatada filmografía, pero reivindicables a gritos y a tener muy en cuenta. Ambos compartieron sección con clásicos contemporáneos como Viktor Kosakovsky (Svyato) e Isaki Lacuesta que, con La leyenda del tiempo, se ha confirmado como uno de los mejores cineastas españoles de nuestros días.

Bloqueada es la primera incursión de Loznitsa en el trabajo con material de archivo y, consecuente con su estilo sobrio y estilizado, este filme es también una rara avis dentro del found footage contemporáneo. Aquí Loznitsa adopta el papel de restaurador u orfebre- frente al de alquimista-, ante las imágenes del Leningrado sitiado durante la Segunda Guerra Mundial. Su trabajo de compilación es absolutamente escrupuloso a la hora de respetar la narrativa espacio temporal de las tomas originales (a menudo tenemos la sensación de que aprovecha todo el metraje existente de cada escena), y su exquisito trabajo de reconstrucción sonora de tinte naturalista apunta en esta misma dirección. El filme, dividido en 24 secuencias puntuadas con fundidos a negro, conforma una crónica-mosaico de la vida cotidiana en tiempos de guerra: mudanzas forzadas, edificios en ruinas, esfuerzos para conseguir agua o cadáveres abandonados sobre la nieve… Bloqueada no evoca, cuenta o reinterpreta la historia, si no que, de alguna forma, la torna presente.

Por su parte, Lech Kowaski, cronista del punk y de los movimientos underground neoyorkinos, se adentra en el terreno autobiográfico en East of Paradise (Premio Horizontes en Venecia 2005 y filme que cierra su trilogía sobre los países del este titulada Wild, Wild, Est). Este cineasta nómada compone un singular díptico sobre la vida de su madre y la propia, un juego de espejos en busca de la identidad.

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial María Werla, la madre del director, fue obligada a abandonar Polonia e ingresar en un campo de concentración en el norte de Rusia, víctima del pacto entre Hitler y Stalin. Tras una magnífica presentación en la que Kowalski reconoce sus dudas para poner en escena la historia de su madre, el director entrevista María, que relata una cruda historia de hambre, miedo, muerte, supervivencia, piojos y horror… bajo la condición de deportado.

Aquí la palabra es la protagonista. Kowalski renuncia al material de archivo u otros elementos evocadores y su cámara se dedicará a fragmentar el rostro de su madre, a escudriñar sus arrugas y sus ojos acuosos. Esta brutal entrevista se cierra con un gesto de (re)conocimiento y compasión: madre e hijo se toman una foto frente a la cámara. La segunda parte del filme, se centra en la vida del propio Kowalski. Bajo su relato en off, discurren las imágenes de sus primeros filmes: Sex Star, sobre una actriz porno, Gringo sobre un yonki neoyorkino, D.O.A sobre la última y apocalíptica gira de los Sex Pistols por Estados Unidos y Rock Soup sobre un comedor de beneficiencia. Films rodados en 16 mm, cuyo grano, suciedad y estilo directo dicen mucho del espíritu rebelde de este cineasta de la marginalidad y cuyas influencias se encuentran los pioneros del direct cinema americano como Shirley Clarke o Tom Reichman. Las notas biográficas se alternan con reflexiones sobre su propia práctica cinematográfica, la independencia del cineasta y su papel político y social. En uno de sus análisis más reveladores, Kowalski confiesa: “No puedo dirigir mi cámara al rostro del poder y filmarlo como filmo a un sin techo. Y lo más humillante es que quizás el rostro del poder sea tan triste y tan fascinante como el de la pobreza”.

Dos vidas, dos retratos y dos estilos cuyos puentes y paralelismos quizás puedan parecer excesivos. Pero estamos ante un film meramente subjetivo que responde, como bien explica Kowalksi, a la necesidad de sacudir su rabia, de patalear y gritar al mundo que tanto su madre como él estaban vivos.

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2 Comentarios

  1. nomeacuerdo 06/04/2007 | Permalink

    Estoy contigo: Bs.As. debería haberse llevado premio. El palmarés perfecto era, además, con The white she-camel y Orange Winter. En cualquier caso, como bien dices, que compitan ya es un valor. Hay otros festivales que las rechazan sin complejos porque no las ven documentales. Peor para ellos.

  2. jfcls 12/04/2007 | Permalink

    Desde luego: punto de vista ha demostrado en tres ediciones ser la gran esperanza de los festivales de documental en España. Ese festival de los productos arriesgados que son tan complicados de seguir por que no podemos viajar constantemente del docslisboa a rotterdam y ahí al visions du reel y suma y sigue…
    La ventaja de Punto de vista es que se hace en pamplona y no en madrid o en barcelona y (es de esperar) las instituciones no apretarán tanto.
    Además, viniendo de donde viene (recuerden el festival que le antecedió) Punto de vista podría convertirse en esa gema entre los periféricos que se hiciese con el espacio del documental: el documental cerca de la experimentalidad, por supuesto.

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