Raymond Depardon. La distancia justa para la cámara

Uno de los nombres indispensables del cine de lo real contemporáneo. Intermedio edita este mes de marzo cuatro títulos de su extensa filmografía: San Clemente, sobre la vida en un manicomio mal atendido por el estado italiano, Urgences, sobre la cotidianeidad en un hospital psiquiátrico de urgencias, Délits flagrants, acerca del proceso de detención de gente por delitos menores y 10ème chambre: instants d’audience, una inmersión en un tribunal parisino también de delitos menores.


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San Clemente

SAN CLEMENTE
San Clemente es una de las obras cumbres de Raymond Depardon y una de las mejores aproximaciones cinematográficas que se han hecho sobre el mundo de los enfermos mentales. Parte de un punto similar al de la histórica Titicut follies (Frederick Wiseman, 1969): un grupo de personas que requieren una atención especial son tratadas de forma marginal y a veces infrahumana por parte del estado. En Tititcut los enfermos parecen reclusos de una prisión, sufriendo inquisitivos interrogatorios, cacheos y un trato muy poco adecuado. En el centro que retrata Depardon (San Clemente, situado en Venecia) los problemas nacen por el abandono y la falta de recursos (4). Ambos cineastas consiguen ir más allá del planteamiento inicial, siendo capaces de plasmar en el celuloide las sensaciones vividas en este crudo y surreal ambiente.

El realizador francés parte también de una forma de trabajo similar a la del norteamericano, como son las bases del cinema direct. Sigue a una serie de personas que se encuentran en el manicomio (pacientes, familiares, doctores) durante un tiempo determinado, registrando la acción que lo envuelve, en principio sin intervenir en ella… pero aquí se encuentra la principal diferencia con los orígenes del cinema direct (años 60) y las variantes y evoluciones posteriores. Depardon, sin reconstruir el espacio que filma, participa – inevitablemente – en la acción, pero incluye las tomas “participativas” en la película, las tomas que Wiseman desecharía en pro de un tono más distante. Sin despegar la cámara de su hombro, podemos verlo compartir un cigarrillo en el patio con un paciente (cuando se agacha para encenderlo encuadra el codo de su interlocutor), ser mal recibido por algunos (“¡Búscate un trabajo honesto!”, “¡Sácame otra foto! ¡Idiota!”, recibe escobazos, es expulsado), a veces ser saludado por los pasillos como si fuera uno más (“¿Hola Raymond, como va todo?”), vemos la sonidista en cuadro entre los personajes…. Consigue de esta manera no sólo retratar de una forma directa a las personas, sino también contar el proceso de elaboración y de relaciones que conlleva la realización de una película. Desmitifica la observación supuestamente neutral, la verité, para mostrar que detrás de la cámara y el micro ha habido dos personas que han interactuado en ése espacio.

A nivel formal sobresale su excepcional talento para llevar la cámara. Encuadra, reencuadra, realiza movimientos perfectos, se situa en el punto más útil de la acción donde cazar todo lo que sucede… Un ejemplo: la larga charla de uno de los pacientes, Darío, que trata de convencer al doctor para cambiar de centro. Detrás entran unos médicos (dos veces) que atienden a otros pacientes, y después un tercer paciente entra en la sala interrumpiendo poco a poco la conversación y quejándose al doctor, tiene sueño y quiere vino. Una situación bastante caótica. La secuencia dura 11 minutos y medio, con sólo 5 tomas, donde hay planos generales, medios, primeros planos, barridos, precisos cambios de encuadre, de posición… Una gran capacidad de ver – y a la vez grabar – lo más importante y hacerlo comprensible para el espectador. Cuando el material llega a la sala de montaje más de la mitad del trabajo está hecho. Un buen ejemplo práctico de cómo filmar una realidad donde empiezan a suceder hechos imprevistos. Con este savoir faire está rodado toda la película y gran parte de su filmografía.

De esta manera construyó Depardon un referente del cine documental. Una vuelta de tuerca más a Titicut Follies. Probablemente la siguiente vuelta la ofreció Jordá en Monos como Becky, aportando subjetivismo, apareciendo en cuadro, contando la historia de los pacientes y también la suya, permitiendo que sus personajes se involucraran más en la película. M. Martí Freixas

Urgences

URGENCES
Urgences es la crónica del día a día de un hospital de urgencias psiquiátricas en París. Al centro llegan muchos casos diversos: un conductor de autobús que ha sufrido una crisis nerviosa mientras conducía, un anciano que intentaba suicidarse en las escaleras de su casa con una cuerda, una chica con manía persecutoria, otra con delirium tremens, etc.

Depardon afrontó un reto dificil: hacer atractivo un film donde no hay demasiada acción. Casi todas las secuencias se dan con dos personas sentadas una enfrente de la otra en una habitación. El interés se centra en los magníficos diálogos, en la templada actuación de los psiquiatras y las múltiples e inesperadas reacciones de los pacientes. El orden en que monta posteriormente las secuencias es también un elemento clave, pues podemos ver la chocante evolución – o involución – de algunas personas.

Así como en San Clemente se mueve con la cámara al hombro por todo el manicomio (caminando por los pasillos, por las salas, etc.) en Urgences desarrolla un estilo mucho más pausado. “Desde Urgences Depardon ha ido cuestionando la vinculación causal entre movilidad del encuadre y libertad de la imagen. Los planos secuencia han ido serenándose hasta la inmovilidad” (5) Esta inmovilidad permite que resalten los diálogos, que nos fijemos en los detalles, en los gestos y las miradas.

A menudo, los psiquiatras deben salir a buscar algún medicamento o hacer una gestión. Entonces, el enfermo se queda en la habitación a solas con Depardon y la sonidista, Claudine Nougaret, creando una relación especial y rompiendo el clima anterior sin dejar de ser la misma toma. Dos de estos curiosos momentos son comentados por el director en la larga entrevista que se añade en los extras de la edición de Intermedio, aunque hay más. Cuando un violento hombre (atado con una camisa de fuerza) le pide que pare de rodar y él responde: “¿Porqué? ¿Quieres decirme algo?” y esto provoca la reflexión del paciente “preso”, y cuando una mujer les cuenta su problema (odia violentamente a los niños) y él gira la cámara hacia Nougaret, embarazada.

En conjunto, Urgences es un retrato inolvidable de otro mundo crudo y surreal como el de San Clemente, con un Depardon más maduro y con mayor capacidad para dejar fluir las historias. M. Martí Freixas

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(4) Miguel Marías entronca a San Clemente en una corriente ideológica que pretendía terminar con los centros siquiátricos como simples centros de reclusión “… films preconcebidos bajo la corriente de moda de la antisiquiatría (…) mostrada en los manifiestos de Marco Bellochio y sus compañeros Agosti, Petraglia y Rulli (Matti da slegare), de Ken Loach (Family Life) o de Depardon y Ristelhueber (San Clemente)” en un texto sobre Animación en la sala de espera de Carlos Rodríguez Sanz y Manuel Coronado (1979-1981) que se desmarcó de esta línea.
(5) Carlos Muguiro, “La distancia, el dolor, la duración”, retrospectiva de Depardon, Festival Punto de Vista 2005.

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