Experimenta en 55º BFI London Film Festival. Radicales libres

Comisariada por Mark Webber, la muestra Experimenta del London Film Festival sigue manteniéndose como una imprescindible cita a nivel europeo para acceder a este cine único. Phil Solomon, Chick Strand, Pip Chodorov, Nathaniel Dorsky o Ben Rivers fueron algunos de sus protagonistas.


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El British Film Institute es toda una institución en Inglaterra y un ejemplo a seguir por las demás filmotecas nacionales habidas y por haber. No solo se encarga de investigar, preservar y difundir el grueso de la cinematografía británica, sino que también descubre otros cines internacionales mediante un festival ejemplar como es el BFI London Film Festival. En su edición número 55 la muestra ha contado con una sección imprescindible de cine experimental comisariada por Mark Webber. Del 12 al 27 de octubre de 2011 se han podido visionar algunas de las películas más significativas del panorama actual de la experimentación fílmica. Entre los títulos más relevantes, que a nuestro entender han conformado esta recomendable sección paralela, se hallan los que siguen a continuación.

Free Radicals: A history of experimental film de Pip Chodorov fue presentada el viernes día 21 por el mismo cineasta –uno de los fundadores de la distribuidora Light Cone, director del sello editorial de VHS y DVD Re-Voir, y webmaster del foro Frameworks–. Este documental dedicado a la historia del cine experimental estadounidense de 1921 hasta inicios de los años sesenta, muestra, desde un punto de vista personal inevitablemente pedagógico, las vicisitudes de una serie de cineastas que hicieron florecer toda una escena cinematográfica profundamente singular. Explicada con una voice over en primera persona, la película empieza con un tono autobiográfico para proseguir hacia un carácter más o menos ortodoxo, regido por entrevistas a cineastas, imágenes de archivo y múltiples fragmentos de películas asombrosas. Nacido durante el flower power en un entorno familiar peculiar (su madre era pintora y su padre realizador de televisión interesado por el cine experimental), Chodorov absorbió desde pequeño la efervescencia cultural que le rodeaba. Recuperando el material familiar de esa época, Chodorov reivindica la libertad de la imagen en movimiento y sus estéticas novedosas, radicalmente inusuales: “These were home movies. Then my dog peed on them. I though it looked cool”. Así es como empieza la narración de un documental ciertamente personal, cargado de instantes brillantes, imágenes abstractas, texturas granulosas y declaraciones delirantes. Estructurada en torno a cuatro películas clásicas del cine de vanguardia como son Rhythmus 21 (1921) de Hans Richter, Rainbow dance (1936) y Free radicals (1958) de Len Lye, y Recreation (1956-57) de Robert Breer, el trabajo cuenta con un buen número de entrevistas a primeras figuras del panorama internacional. Hans Richter, Robert Breer, Jonas Mekas, Stan Brakhage, Peter Kubelka, Ken Jacobs, Michael Snow, Stan Vanderbeek y Nam June Paik son todas las personas entrevistadas. Junto a ellas sobresale el padre del director, Stephen Chodorov, un productor de TV que durante los años 70 dirigió un programa de televisión pública sobre artistas del cine de vanguardia. Al fin y al cabo su inquietud es el embrión del documental Free radicals.

Two years at sea de Ben Rivers fue uno de los grandes acontecimientos de esta sección. Galardonada recientemente con el Tiger Award del festival de Rotterdam, este largometraje retrata la vida sedentaria de Jake Williams, un hombre que, desde hace 29 años, vive solo en una casa situada en medio del bosque. El retrato cinematográfico de esta persona al margen de la civilización es una construcción serena y reveladora; entre la documentación de su entorno y la puesta en escena de sus acciones. Remarcadas por la tendencia matérica de la imagen, las secuencias quedan equilibradas entre la naturaleza documental y la ficcionada. El blanco y negro granulado del celuloide de 16mm –revelado manualmente por el mismo cineasta– no amaga las imperfecciones y las manchas acumuladas durante el proceso de laboratorio. Estas texturas vibrantes contrastan con el ritmo pausado de las imágenes. Con un tempo poco habitual para los tiempos que corren, Ben Rivers filma pacientemente un único sujeto mientras come, duerme o lee. La presencia de los sonidos diegéticos que capturan el ambiente de un modo hiperrealista marca el devenir de los sucesos filmados, hasta hacerlos sorprendentemente cercanos. Entre los paseos por la montaña, las tareas del hogar, las escenas íntimas y los desplazamientos en jeep por los alrededores de la casa, sobresalen dos escenas cumbres. La primera, que muestra la colocación de una caravana en la copa de un árbol, remite al filme Fitzcarraldo (1982) de Werner Herzog por su excentricidad; la segunda, centrada en la construcción de un bote para pescar en medio del lago, puede recordar Nanuk, el esquimal (1922) de Robert Flaherty por su ingenua comicidad. A lo largo de 88 minutos el realizador captura el entorno vital del protagonista, acompañándolo con perseverancia, hasta un largo primer plano que finaliza con un lacónico fundido a negro.

El sábado día 22 se proyectó una sesión de piezas breves de diferentes artistas bajo el título Altered States. No fue un programa de comisariado sino una selección a competición de cortometrajes experimentales, ligeramente relacionados entre ellos.  Es aquí donde se pudo volver a presenciar la fuerza visual de un trabajo como Trypps #7 (Badlands) (2010) de Ben Russell, encargada de abrir la sesión. Los movimientos circulares de un espejo filmados por una cámara estática recogen, en un solo plano, el estado alterado de una chica joven –al parecer, bajo efectos del LSD–, a modo de screen test alucinógeno. Ese es el punto de partida de un experimento visual impactante, formalmente impecable. Las películas siguientes no estuvieron a la altura de la inicial y desconcertaron al público asistente por la variedad de sus propuestas. Entre ellas cabe destacar While you were sleeping (2010) de Mary Helena Clark, quien, editando un conjunto de planos realmente divergentes entre sí, conforma un filme de atmósfera inquietante, con sugerentes grabaciones en VHS de los años ochenta. La puesta en escena teatral con trasfondo político de Sans titre (2010) por Neil Beloufa y la documentación de una gimnasta con sorpresa digital final de The Pips (2011) por Emily Wardill no acabaron de encajar. En cambio el tono cósmico de …These blazing starrrs! (2011) de Deborah Stratman supuso una sorpresa hecha de cometas, meteoritos y estrellas vinculadas a la creación del Universo. Conjugando ilustraciones de libros antiguos de astronomía de los siglos XV a XVIII con imágenes de la Jet Propulsion Laboratory NASA, este filme rodado en blanco y negro transita sutilmente entre lo desconocido y lo atmosférico. These hammers don’t hurt us (2010) de Michael Robinson cerró la sesión. El humor hiperbólico de este experimento de montaje, puntuado con espectaculares efectos por ordenador, concuerda la figura de Liz Taylor en Cleopatra (1963) de Joseph L. Mankiewicz con la de Michael Jackson en el videoclip Remember the time (1992). La estética egipcia de los dos productos audiovisuales sirve para elucubrar una narración imposible, que remite a la reconocida amistad de estas dos figuras públicas ya desaparecidas.

La siguiente sesión del día estuvo protagonizada por Nathaniel Dorsky y Ben Rivers. Del norteamericano se proyectaron Pastourelle (2010) y The Return (2011), del británico Sack Barrow (2011). Proyectadas juntas, las tres películas configuraron una suerte de tríptico sobre el valor del tiempo y el poder alquímico de la luz. Las películas silentes de Dorsky están hechas de planos breves de elementos prácticamente inidentificables. Ahí lo estático acaba revelándose extático. Son imágenes imprecisas hechas de desenfoques, ángulos imposibles y obturaciones de diafragma extremadamente cerrados. A medida que transcurre la duración del plano la visión es capaz de hallar el sentido de la imagen. Esa voluntad por hacer despertar la capacidad visual del espectador hace que su modo de entender el cine se acerque a la idea de la visión hipnagógica de Stan Brakhage  –aquella que evita la reducción que supone el uso del lenguaje al tratar aspectos visuales–. Dorsky despliega toda una muestra de encuadres insólitos, rodados en 16mm tanto en interiores como exteriores. Reflejos y sombras de la calle se yuxtaponen en composiciones imposibles que niegan continuamente el equilibrio y la perspectiva con la que estamos acostumbrados a ver el mundo. Son obras enigmáticas surgidas de un entorno cotidiano, observado desde una nueva óptica, ciertamente curiosa. Sack Barrow (2011) de Ben Rivers documenta una pequeña industria inglesa dedicada a la fabricación de componentes electrónicos. Dejando de lado la información objetiva del espacio circundante, Rivers captura lo específico del ambiente filmando los trabajadores, sus mecánicas acciones y los aparatos utilizados. Este espacio inhóspito, queda representado como un local oscuro que parece haberse detenido en el tiempo. La suciedad de los materiales metalúrgicos, los calendarios de modelos desnudas y la iluminación con fluorescentes otorgan un aire fantasmagórico que los ruidos ambientales y las canciones pretéritas de la radio, como The look of love (1967) de Burt Bacharach, ayudan a intensificar.

Gabriel Abrantes, cineasta de orígenes portugueses, aunque nacido y educado en los EEUU, presentó un programa compuesto por tres piezas de realización compartida. Este es el modo de producción habitual del cineasta, que ha venido utilizando desde su trabajo de graduación, Olympia I & II (Gabriel Abrantes & Katie Widloski, 2006) hasta la fecha. En este díptico, basado en el famoso cuadro de Manet, cada cineasta interpreta el papel de un/una ‘Olympia’, en un relato de tintes pasolinianos. Cada ficción sirve como base para tratar temas sociales o políticos, como en Liberdade (Gabriel Abrantes & Benjamin Crotty, 2011), pieza que abría el programa, en el que se narra la historia de un amor truncado entre un angoleño y una emigrante china. Palácios de pena (Gabriel Abrantes & Daniel Schmidt, 2011), su última obra, relata la lucha entre dos adolescentes por ganarse el favor de su abuela, representante de un Portugal oligárquico y caduco. La narración principal en esta última, se entrecruza con el mundo onírico de la abuela, poblado de homosexuales caballeros medievales y sarracenos, con un ambiente que recuerda a ciertas películas de Monteiro. El cine de Abrantes es un cine desigual, que se mueve entre una producción muy cuidada, con técnicas propias del cine hollywoodiense (por el que el director expresa su admiración) y el trabajo con mínimo presupuesto y actores no profesionales.

La noche del sábado se cerraba con la proyección, en sala completa, de la última obra de Jonas Mekas, Sleepless night stories (2011). Al estilo de otros de sus diarios filmados, Mekas agrupa un conjunto de viñetas recogidas a lo largo de varios años, bajo el tema común de las ‘noches insomnes’. Rodado íntegramente en cámara de vídeo (Mekas abandonó el celuloide ya en los años 90), los diversos fragmentos se hilan bajo una estructura de relato dentro de relato, a la ‘Mil y una noches’, acompañados de poemas de Basho e Issa o prosa de Shikibu. Cada fragmento es presentado sin apenas montaje adicional al realizado en cámara, con el sonido directo, añadiendo Mekas apenas en un par de excepciones su voz en off. Al margen del interés o curiosidad que pueda suponer la aparición de ciertos personajes (Marina Abramovic, Harmony Korine, Yoko Ono, Patti Smith, Björk…), Sleepless night stories se queda como un pequeño anecdotario, una sucesión de bagatelas con mayor o menor fortuna lejos de la complejidad o el lirismo de otros trabajos de Mekas.

Chick Strand fue la protagonista del programa más destacado de la sección, tanto por la potencia y creatividad de su contenido, como por la escasez de crítica y difusión de su obra (1). Intimate vision propone un viaje por un conjunto de obras de Strand quizás menos conocidas, que fueron recientemente restauradas por Pacific y Academy Film Archives, como sus trabajos con found-footage como su opera prima Angel blue sweet things (1966), pequeño poema visual al ritmo de jazz donde juega con la truca con las técnicas que le enseñara Pat O’Neill; Cartoon le mousse (1979), o la asombrosa Loose ends (1979), donde combina imágenes procedentes de películas educativas, la cronofotografía de Marey o las sangrientas escenas de La sang des betes de Georges Franju. Mosori Monika (1970), una de sus primeras obras y el único filme que Strand consideraba etnográfico, retrata el encuentro de dos culturas a través de un asentamiento misionero de Venezuela, desde el doble punto de vista de las voces en off de una india Warao y una monja franciscana. Artificial paradise (1986), poesía visual compuesta por rítmicos primeros planos de cuerpos felinos y humanos en movimiento, fue una de las últimas piezas realizadas por Strand, y no deja de ser una velada crítica a ciertas concepciones románticas de la antropología.

El veterano cineasta Phil Solomon presentaba su última obra American Falls (2010), nacida a instancias de la petición que Mark McElhatten, codirector del festival Views from the Avant-Garde le realizó para transformar la instalación del mismo nombre. Esta instalación, creada en 6 canales para ser proyectada en las paredes de la rotonda de la Corcoran Gallery de Washington, se presenta en su nueva versión como tríptico. Inspirada por el cuadro de Frederic Church Niagara que se expone en la misma galería, American Falls es un viaje por una historia americana paralela (3), huyendo de las imágenes típicas y centrándose en aquellas figuras que fueron quedando al margen, que ‘cayeron’ o no forman parte de la historia oficial. La pieza se abre ya con una caída: la de la primera persona que sobrevivió al lanzarse en barril por las cataratas, Annie Edison Taylor. Solomon traza el recorrido a través de presidentes, deportistas, personajes varios del imaginario estadounidense: Abraham Lincoln, Nikola Tesla, Harold Lloyd, Buster Keaton, el bateador Lou Gehrig, Martin Luther King, JFK a través del metraje que Abraham Zapruder grabó de su asesinato… El viaje histórico se detiene en 1968, fecha en la que Solomon tenía catorce años, un punto de inflexión en el que, para el autor, el sueño americano ‘cayó por la catarata’ tras el asesinato de Bob Kennedy. Debido a su estructura básicamente secuencial, American Falls, es una obra muy distinta de todo lo realizado por Solomon hasta ahora, lejos de su habitual ‘espacio elegíaco’, aunque las imágenes alquímicas conservan su sello. Mención especial aparte merece la compleja composición sonora co-creada por Wrick Wolff. El programa se completaba con el corto What’s out tonight is lost (1983).

A falta de poder visionar la sesión de cierre, que presentaba la última obra del ‘reanimador’ y collagista Lewis Klahr, el largometraje The Pettifogger (2011), la sección Experimenta, ya en su novena edición, se sigue manteniendo como una imprescindible cita a nivel europeo para acceder a este cine único, que, aunque pueda pecar de cierto ‘clasicismo’ en su selección, lo compensa sobradamente con la calidad de su criterio.

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(1) En España, al margen de proyecciones esporádicas de cortos, sólo el Festival Internacional de Cine Documental de Navarra Punto de Vista en su edición de 2010 le ha dedicado un programa completo.
(2) Como ya se indica en el juego de palabras del título: falls significa en inglés tanto ‘cataratas’ como ‘caídas’.

Voy a decirlo!


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