Hamaca Media & Art Distribution from Spain

El videoarte ha sido, y es aún para muchos, el hermano adolescente del arte contemporáneo y también, de una forma más lejana, de las artes cinematográficas. Su propia terminología implica una hibridación de dos conceptos (video y arte) difícil de definir, valorar y hasta de aceptar tanto para unos como para otros.


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Hamaca

LA PRIMERA DISTRIBUIDORA DE VIDEOARTE EN ESPAÑA
El videoarte ha sido, y es aún para muchos, el hermano adolescente del arte contemporáneo y también, de una forma más lejana, de las artes cinematográficas. Su propia terminología implica una hibridación de dos conceptos (video y arte) difícil de definir, valorar y hasta de aceptar tanto para unos como para otros. El cine se lo toma como un divertimento misterioso o como una tomadura de pelo, que emplea sus mismas herramientas pero que huye de sus leyes para precisamente ser orgullosamente sólo arte, no un proceso industrial, no entretenimiento, no espectáculo, no narración convencional; como una depuración. El arte contemporáneo se lo mira con fascinación de vanguardia, porque aúna el arte con las nuevas tecnologías audiovisuales cambiantes, pero a su vez lo ve con cierto rechazo e incomodidad, porque paradójicamente no ha encontrado fórmulas para comercializarlo con normalidad; su propia naturaleza para exhibirse, su exposición, encaja más en el formato festival, en lo precariamente alternativo o en el centro cultural institucional por su (más paradojas) espectacular modernidad inclasificable, que en el tradicional tejido mercantil de las galerías o subastas de arte. Un formato (si es que se le puede llamar así) atractivo y farsante como cualquier pantalla, y misterioso como las mejores y peores cosas; como un hermano adolescente apasionado y complicado, que aún vive en casa de sus padres porque ni él sabe ni nadie le ha dicho aún cómo se puede vivir ahí fuera con dignidad.

Si miramos hacia España, todas estas impresiones y contradicciones anteriores se multiplican exponencialmente. El retroceso cultural del franquismo y la tardía normalización del medio audiovisual pusieron freno a las prácticas artísticas más críticas, políticas y experimentales, tal como sucedía internacionalmente; la primera generación de videoartistas españoles (Antoni Muntadas, Eugenia Balcells o Francesc Torres) tuvieron que viajar a Estados Unidos a finales de los 60 para importar ideas y cacharrería, por ejemplo. Ahora bien, en pleno siglo XXI con el actual y progresivo bajo coste de los equipos videográficos y de edición no lineal, y la sensacional coyuntura con los revolucionarios cambios tecnológicos en el mundo de la información y la comunicación (Internet, lo digital y derivados), han provocado un impulso determinante para la práctica del videoarte (llámenlo videoarte, o llámenlo video-instalación, video-experimental, video-documental, video-musical, video-danza, video-acción o simplemente video como obra artística). Y aquí es donde el proyecto Hamaca , la primera distribuidora de videoarte desde España, aparece para ayudar a normalizar radicalmente el panorama. Un proyecto de mediación, de visibilidad, de difusión y de gestión, con más de dos años de trabajo, recientemente inaugurado. Serio, ágil, necesario, muy necesario.

Siguiendo modelos anglosajones como el Electronic Ars Intermix–EAI o Lux , Hamaca, una iniciativa de la Associació d’Artistes Visuals de Catalunya-AAVC, dirigida por la productora cultural YProductions y ubicada físicamente en el centro de producción multimedia Hangar, representa un trabajo titánico: encontrar, seleccionar y explicar lo mejor de la practica del videoarte en España en forma de catálogo online viviente, con una apabullante web que hace sencillo lo complicado (algo no muy habitual) y con el objetivo de “incentivar la difusión de las obras y generar un flujo económico que revierta sobre la producción de los artistas seleccionados”. O sea: ser intermediario entre artista y exhibidor, ya sean instituciones, centros culturales, televisiones, mediatecas o universidades, mediante alquileres y ventas de videocopias (80% para el artista), o contratando bonos de visionados online, cosa que cualquiera puede hacer. Un primer catálogo elaborado por un comité de selección de plena garantía y credibilidad (Susana Blas, Eugeni Bonet, Lola Dopico, Juan Guardiola, Jorge Luís Marzo, Fito Rodríguez, Esther Regueira y Virginia Villaplana) que permite acceder gratuitamente a las fichas técnicas de los autores y las obras así como a previews de la mayoría de los vídeos. Una selección de artistas, con una primera criba de 100 sobre 400 propuestos, en las que podemos encontrar a nombres tan dispares como Julián Álvarez, Txomin Badiola, Maria Cañas, Esferobite, Isaki Lacuesta, Joan Morey, José Rekalde, Toni Serra, lo pioneros de Video-Nou, Xavier Villaverde o el colectivo Zemos98. Un primer catálogo que no será el último, porque el proceso sigue vivo. En octubre próximo se abrirá nueva convocatoria pública con un nuevo comité de selección que decidirá otros artistas y otras obras. Y en la que se prevé la incorporación (si los trabajos de gestión fructifican) de clásicos como Val de Omar, Iván Zulueta o Joaquin Jordá.

En plena era de hibridación de géneros y formatos, cuando lo new media lo engulle todo como un gran cajón de sastre, y cuando las palabras clave parecen ser la mejor guía para entender y superar las viejas y solemnes clasificaciones, el ejercicio que propone Hamaca, con esto que seguramente mal llamamos videoarte, resulta un extraordinario paso más para hacer visible y localizable lo audiovisualmente marginal; eso que se arrincona como arte, con un pie en mil disciplinas y que no encuentra su lugar. Un ejercicio impecable para seguir rompiendo fronteras. Bienvenido sea.

5 DE 80 Ó UNA PRIMERA APROXIMACIÓN AL CATÁLOGO DE HAMACA
Por Elena Oroz

A pesar de que la institución cultural y museística sea el principal foco de difusión de las obras de Hamaca, en su apuesta por las nuevas tecnologías, su catálogo se encuentra digitalizado casi al 100% y cualquier usuario (previo pago y registro) puede visionarlo desde casa en formato streaming. El único inconveniente, el pequeño (pequeñísimo) tamaño de la pantalla que no hace justicia a la calidad de buena parte de sus obras.

Entre los más de ochenta autores que, de momento, configuran el repertorio de Hamaca, destacamos cinco, una selección quizás caprichosa, una primera aproximación con la que simplemente pretendemos subrayar el valor histórico de alguna de sus piezas, así como el carácter híbrido (en el que los antiguos cajones estanco- video arte, documental y ficción- resultan insuficientes) del panorama audiovisual contemporáneo que se crea desde los márgenes. Y cuyo acceso, afortunadamente, cada vez es menos marginal.

Telediario Montesol–Onliyou del Colectivo Video Nou, 1977
Gracias al MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona) buena parte del archivo de Video-Nou / Servei de Vídeo Comunitari ha sido recuperado y restaurado, y una pequeña muestra (un total de cinco piezas) las distribuye actualmente Hamaca. Las actuaciones de Ocaña, la huelga de gasolineras del 77 o las elecciones al parlamento de Cataluña de 1980 en forma de crónica satírica son los temas que abordan; al tiempo que constituyen un significativo ejemplo del quehacer de este colectivo que durante seis años (1977-1983) realizó una interesantísima labor de video activista en el sentido más amplio de término: acción, democratización, denuncia y testigo de la efervescencia social y política de la transición.

Como crítica temprana e inusual en nuestro país a los medios de comunicación, encontramos el Telediario Montesol-Onliyou. Ocho minutos en los que, partiendo de un guión radiofónico que ambos interpretan, se evidencia el carácter teatral de todo informativo. Sin apenas cortes, con los mínimos recursos escenográficos y con un irónico sentido del humor, Montesol y Onliyou desmontan algunos de los tópicos de “la puesta en escena de la actualidad”: su carácter urgente y necesario (ahí está el corresponsal francés que confiesa que “en París no pasa absolutamente nada”) o sus códigos retóricos ( a través del corresponsal de una estación de metro que retransmite a “los sufridos televidentes” el trayecto como si de un partido de fútbol se tratase), siempre con un sentido del humor que roza lo absurdo y que está magnificamente representado por el corresponsal soviético que informa sobre el anhelo de que vuelvan los zares a la URSS. Directos, divertidos, imaginativos y transgresores. No podemos dejar de mirar estas piezas con cierta nostalgia y resignación, preguntándonos dónde están hoy los herederos de este espíritu y modo de hacer.

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