Apichatpong Weerasethakul

“Había una vez…”, con esta frase de cuento de hadas se cimienta la primera película de Apichatpong Weerasethakul y de paso todas las que la suceden, considerando la primera escena de una filmografía como una declaración de principios, podemos detenernos e intentar comprender desde este, en apariencia, desafortunado incidente entre el director y su personaje, la pulsión renovadora del lenguaje cinematográfico de este joven realizador tailandés.


    Post2PDF
Inicio   1 2

PROVOCANDO LO (PRE)VISIBLE
Exterior/día, una autopista de Bangkok desde el asiento del copiloto, el coche avanza casi por inercia por la ruta, mientras se oye por la radio una melosa canción y el relato de una historia de amor rosa, el presentador anuncia el nombre del programa; “tomorrow I will love you” , luego salimos de la autopista para entrar por unas estrechas calles de un barrio en el límite del área urbana, un largo plano secuencia nos muestra los detalles de un paisaje transitorio, edificios, comercios, grandes residencias, calles sin pavimentar, mucha vegetación, un barrio de viviendas precarias. De fondo se impone la voz saturada de un vendedor ambulante; pescados, mariscos, salsas y curries se ofertan a través de un megáfono que interfiere en el ambiente aparentemente tranquilo de la comuna. Rostros en blanco y negro se acercan al vendedor para ver la mercancía, las mujeres hacen bromas, piden rebajas, regatean la compra. La ayudante que va en la parte de atrás de la camioneta mira a cámara y se dispone a contar la historia que la trajo a vivir a la capital, cuando era pequeña, sus padres no tenían dinero y se fueron a vivir con unos tíos, la chica llorando, recuerda que un día sus padres la abandonaron en aquella casa, sin comprender que sucedió, preguntó a sus tíos donde estaba su familia, ellos le contestaron que se habían ido y que la habían vendido por unas pocas monedas para el transporte. Ella aún no puede perdonar, aún se emociona con esta historia que determinó su vida y la trajo a vivir a la gran ciudad. Una voz detrás de cámara la interrumpe y le dice fríamente: “¿Tienes alguna otra historia que contarnos?, ¿No importa si es realidad o ficción?”, la chica mira a cámara desconcertada, con un dejo de humillación en su rostro.

“Había una vez…”, con esta frase de cuento de hadas se cimienta la primera película de Apichatpong Weerasethakul y de paso todas las que la suceden, considerando la primera escena de una filmografía como una declaración de principios, podemos detenernos e intentar comprender desde este, en apariencia, desafortunado incidente entre el director y su personaje, la pulsión renovadora del lenguaje cinematográfico de este joven realizador tailandés.

En la primera escena de Mysterious Objects at Noon, el director interviene en el curso natural para cortar tajantemente con el sentimentalismo que comienza a invadir la película, la canción kitsch, el cuento de amor radial, la historia que nos cuenta la chica. El director no lleva la escena a un terreno de cursilería con la cuál encontraría una conveniente complicidad con el público, al contrario, nos presenta una historia que apela a la compasión que cualquier espectador con un poco de humanidad pueda generar ante el dolor ajeno para luego arrojarnos un balde de agua fría y advertirnos que aquella empatía es una equivocación. Weerasethakul decide dejar la historia de la chica en la película, aunque después nos demuestre su rechazo, utiliza la escena como un señuelo, un ejercicio de estilo clásico del cuál se pretende liberar, un convencionalismo al cuál embiste con la desconcertante incorrección de la rebeldía. Las preguntas con las que interrumpe el emotivo relato son importantes para poder comprender las reglas del juego en los que se sustenta el filme, pero no por eso son menos impertinentes. Luego de pedirle a la joven que cuente otra historia, le explica que no importa si es real o ficticia, con lo que toma una evidente distancia del registro documental más tradicional y se aleja de la verdad como fin y de la verosimilitud como una constante. Como gesto compensatorio, utiliza como primer eslabón de la cadena la historia ficticia de la joven, con lo cual Weerasethakul prefiere quedarse con la proyección de esta que con su pasado, con su imaginación que con el testimonio de su dolor, la vida le pasa por delante, pero él prefiere no sentirse aludido, opta por seguir sus reglas y terminar el filme que se imaginó o mejor dicho el que se imaginan sus personajes.

En Mysterious Objects at Noon el realizador hace un viaje de norte a sur del territorio para recoger aportes que hagan avanzar la historia ficticia que la ayudante del vendedor ambulante propone, una suerte de cadáver exquisito filmado. La historia comienza con un chico discapacitado y su maestra particular, mientras ambos charlan animadamente durante la clase, súbitamente ella se desmaya y expulsa de su cuerpo un extraño objeto, situación ante la cuál el chico no sabe que hacer. Este simple esquema dramático da pie a que el director vaya por los pueblos y ciudades de Tailandia, preguntando como podría continuar la historia, consiguiendo una sucesión delirante de giros narrativos. Este relato de la maestra, el niño minusválido y el misterioso objeto es la cara más palpable de la película pero la menos legible, el texto inevitablemente se convierte en pretexto delegando a la búsqueda el peso de la significación por que el viaje y el encuentro con estos accidentales dramaturgos es lo substancial y el juego de completar la historia es el dispositivo que le permite conseguir que una película aparentemente extraviada sea finalmente un reflejo auténtico del imaginario popular tailandés.

Weerasethakul va intercalando los diferentes registros de forma equilibrada en la estructura pero con una cierta resistencia a asumir la subordinación argumental a la documental, es como si quisiera remarcar la naturaleza representacional del cine y que la única forma posible de acercarse a su obra es teniendo siempre presente que no hay nada más que cine. El documental para él no es más que una estrategia narrativa, como cualquier otra, no ve en el ningún factor axiomático que lo posicione sobre los otros géneros, aunque en su opera prima lo utilice a su favor como un campo de experimentación. Viendo su filmografía nos damos cuenta que su actitud cuestionadora se erige ante todo el cine como arte narrativa, su propuesta es una especie de neo-brechtianismo, en el cuál la evidenciación de la técnica es una constante y una obligación para quién esta detrás de cámara. El realizador propone las reglas del juego, no las impone y es necesario para afianzar el vínculo filme-espectador (difícil y ambicioso en su caso), que estas sean claras. Uno de los segmentos más verdaderos de Mysterious Objects at Noon es cuando en medio de la recreación de la historia del niño y la maestra, abre el plano, dejando entrar al equipo de rodaje (él incluido) en la película, distendiendo las formas y de paso regalándonos una bocanada de aire fresco tras la confusión y el extravío por el cuál nos estaba llevando. En todas sus siguientes películas estos momentos de verdad aparecen cada vez que la trama nos hace olvidar que estamos ante una escenificación, por eso en Blissfully Yours la protagonista en la escena final mira fijamente a cámara, cuando sentíamos que nuestra mirada extasiada sobre su cuerpo estaba encubierta tras la pantalla o como en Syndromes and a Century hace un magistral y elegante fuera de campo, dejando correr el audio del diálogo de los actores incluso después del corte, quienes comentan relajadamente sobre el resultado de su interpretación, mientras en la imagen van pasando los créditos iniciales. Mucho se ha hablado de la gratuidad de estas decisiones en sus filmes, pero lo cierto es que si opta por poner el título una hora después de avanzada la película como en Blissfully Yours, no es un simple capricho sino un llamado de atención contra la conformidad y el conservadurismo, ese es su mayor aporte, intentar reinventar el cine, señalando que no hay mandamientos, reglas fijas o fórmulas mágicas y que ante cualquier decisión formal sólo hay que hacerse una simple y sana pregunta: ¿Por qué?.

Inicio   1 2

Un Comentario

  1. Rex 28/06/2007 | Permalink

    1. Dónde se ven estas pelis?
    2. La solemnidad en el cine es algo de lo que se está empezando a hablar. Muchos directores caen tal vez apuntar la flecha a ciertos festivales, que aunque podría darles prestigio, algo de ventas y un cierto público… los aprisiona. Nadie habla de lo malas que son sus últimas películas. Un error pasa en las mejores familias, pero cómo puede ser que al tercer film ya gocen de “retrospectivas”. ¿Qué es eso? No veo ninguna crítica sobre la vanagloria de estos jóvenes talentos -solo escucho la desilusión de los que los seguimos siempre-
    3. Aguije. (gracias).

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Redes sociales y canales de vídeo

  • Facebook
  • Twitter
  • Vimeo
  • ETIQUETAS

    ARCHIVO