Burning Down the Palace

Tres trabajos de Mara Mattushcka y Chris Haring conforman la última referencia de la editorial austriaca Index. Part Time Heroes, Running sushi y Burning palace son piezas en las que el lenguaje y el deseo convulsiona los cuerpos a través de coreografías desarticuladas. La sexualidad, el narcisismo o el fetichismo son algunas de las cuestiones que abordan.


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Mimi Minus goes to the Art Horror Movies House

Mara Mattuschka, nacida en Bulgaria en 1959 y establecida en Viena, es una figura esencial e inclasificable del paisaje cinematográfico experimental europeo. Es pintora, docente, performer y desde principios de los años 80 ha realizado unas veinte películas. Sus primeros trabajos, cortas películas en blanco y negro, renovaron de manera curiosa y burlesca el arte del autorretrato, recurriendo a técnicas artesanales de animación y jugando constantemente con la superficie de la pantalla. En ellas, Mattuschka se dedicaba a explorar los meandros y desfases de la identidad y de la vida de su alter ego, la denominada Mimi Minus (una suerte de Minnie Mouse sucia, rapada y libidinosa), a través de puestas en escena grotescas y orgánicas. La cineasta hacia uso tanto de distorsiones, juegos de apariciones y desapariciones de la figura, materias sucias y oscuras, como del imaginario del travestismo, de la masturbación y del exorcismo de los tópicos alienantes de la feminidad. Kugelkopf (1985), Parasympathica (1986) o Danke, es hat mich sehr gefreut (1987), verdaderos clásicos underground, desarrollaban una estética low-fi expresionista, retomando el legado del Accionismo vienés en clave cómica, en una era en la que el narcisismo y el arte posconceptual estaban a punto de debilitar el potencial subversivo del feminismo radical de los 70.

Siguiendo su peculiar senda creativa, la obra de Mattuschka en los 90 se desliza hacia un terreno más elaborado, con una serie de interesantes películas que reivindican aspectos de la cultura popular y de ciertos géneros cinematográficos. El punto de partida de esta segunda etapa podría ser la divertidísima S.O.S. Extraterrestria (1993), que complejiza la performance y la auto-filmación incluyendo found-footage y una narración típica del cine comercial catastrófico americano. En esta, una Mimi Minus agigantada y sedienta de destrucción irrumpe en una ciudad de liliputienses bélicos y se sube a una réplica fálica de la torre Eiffel para sumirse en un gozo onanista al tiempo que combate contra helicópteros y tanques. Con sus trabajos posteriores, Mattuschka indaga en esta vena posmoderna, añadiendo color, efectos digitales y maquillajes complejos. ID (2003) se vuelca en el limbo del cine de ciencia-ficción gore, organizando el encuentro y la confrontación de dos curiosos alienígenas gemelos, encarnados por una Mattuschka irreconocible. Este encuentro del tercer tipo es la ocasión de generar un mundo viscoso y absurdo, que remite tanto a las mutaciones húmedas de los gremlins como al sin sentido de toda ilusión acerca de una identidad exclusiva. Matuschka parece decir que en cualquier dimensión insospechada existe un bicho inaudito que se parece a otro bicho. En Plasma (2004), Mimi Minus se sumerge en una galería de espejos deformantes que evoca los orígenes del cine y la tradición de los espectáculos populares de óptica. En este palacio especular, juega con su imagen, se exhibe y disfruta sin moderación de la jouissance optique hasta ver su apariencia real alterada.

Muchas de las piezas que conforman estas dos primeras etapas quedaron recopiladas en el DVD que la editorial austriaca Index dedicó hace unos años a la cineasta, titulado Iris Scan (Referencia 006). La personal concepción desarrollada por Mattuschka acerca del cuerpo, entendido como terreno de lucha entre impulsos e identidades contradictorias y cambiantes, encuentra desde hace unos años un nuevo campo de experimentación junto al coreógrafo Chris Haring. Este, tras haber participado en varias compañías de danza europeas, funda y dirige el colectivo Liquid Loft. Influenciado por el cine de ciencia ficción, este coreografo concibe el cuerpo como un “paisaje cibernético” y sus piezas constituyen una reflexión sobre la “auto-exposición” en relación con nuestro “mundo cotidiano de los medios y de las redes sociales”. Hoy en día, la colaboración entre Haring y Mattuschka se traduce en cuatro películas, todas derivaciones y concentraciones de espectáculos desarrollados en el escenario por Liquid Loft, empezando por Legal Errorist (2005), pieza editada por el mismo sello en la recopilación As she Likes it – Female Performance Art from Austria (Index 023). En Legal Errorist, la atención se focalizaba en la actuación de la alucinante Stephanie Cummings, presente en todos los films de la serie. Filmada en un escenario vacío y apenas perceptible, Cummings encarnaba una serie de cortas escenas en las que su cuerpo era sacudido por movimientos intempestivos e inconexos fragmentos de palabras con las que el espectador experimentaba la sensación de estar frente a un fenómeno de enajenación o de posesión.

La presente edición, Burning Down the Palace (Index 038), recopila los tres trabajos posteriores de la pareja creativa. En el primero de ellos, Part Time Heroes (2007, 33’), el tema central es el lenguaje y su relación somática con el comportamiento físico. Rodada en un antiguo gran almacén de Viena, la película pone en escena cuatro protagonistas que evolucionan por separado, como en cápsulas autónomas, inmersos en un decorado a la vez anticuado y lujosamente retro. Cada personaje habla de sí mismo. En su habitación, Cummings, interpretando una estrella cualquiera, no deja de mirarse y cambiar la disposición de su ropa interior, preguntándose: “¿cómo me vuelvo eterna?”. El personaje de Ulrika se habla a sí misma en un micrófono, afirmando: “nadie sabrá nunca lo que es ser yo”, etc. Los personajes, siguiendo sus instintos cual animales, despiertan poco a poco de su ensimismamiento narcisista y funcional, empiezan a sentir la presencia de los demás e intentan, mediante extrañas danzas de seducción, juntarse y establecer algún un tipo de relación.

El lenguaje constituye el virus incontrolable del deseo que atraviesa, sacude, activa y relaciona los cuerpos aislados y sedientos de contacto, propagándose a través de artilugios técnicos como teléfonos, altavoces, ascensores, megáfonos, etc. Su voz no es controlada sino bestial o regresiva y se convierte a menudo en aullidos o en onomatopeyas. Y es que este deseo atemoriza y por lo tanto no acaba nunca de concretarse en una relación física consentida. El personaje interpretado por Johnny Scouf, otro de los performers habituales de LIiquid Loft, entiende a su manera que la palabra es peligrosa, tirando la llave de la caja fuerte en la que está encerrado el teléfono con el que acaba de acosar a Cummings (que, por su lado, utiliza como consolador un extraño micrófono). La histeria del deseo trabaja el cuerpo bajo la forma de impulsos incontrolables que son, a su vez, desesperadamente reprimidos. Juegos de velocidades de la imagen y del sonido, ángulos oblicuos, así como la expresividad de las coreografías desarticuladas de Haring, restituyen fílmicamente esta tensión. De hecho, el encuentro se revela imposible; como en esta curiosa sesión de management erótico entre Scoof, Cummings y Ulrika, en donde los reflejos de los protagonistas, a través de un cristal, permiten el desarrollo de contactos ilusorios siguiendo una serie de curiosas instrucciones. Al final de la película, cada protagonista acaba exhibiéndose y repitiendo sus pausas favoritas en el escaparate del almacén.

Running Sushi (2008, 28’), el siguiente filme, retoma de algún modo el principio de Legal Errorist, remplazando el soliloquio del cuerpo poseído de Cummings por una pareja y el decorado minimalista por un restaurante de sushis y una serie de fondos cambiantes, generados digitalmente, creendo un efecto karaoke. Mientras la pareja comiendo conversa sobre sus fantasías y sus pensamientos reprimidos se visualizan en escenas que interrumpen la banalidad de la conversación. Los performers desnudos dan rienda suelta a sus impulsos, alternando las obscenidades y los combates con reminiscencias de comics, de manga y de juegos electrónicos. Si la temática principal de Part Time Heroes es el narcisismo, la de Running Sushi es claramente la guerra de los sexos, enfatizada por el mismo estilo visual paroxístico hecho de alteraciones del sonido y de las velocidades, con efectos de repetición y de avance/retroceso. Las potencialidades del cine digital se unen así a la poética de la dislocación del lenguaje corporal desarrollada por Chris Haring.

Burning Palace (2009, 32’) propone nuevamente puestas en escena complejas. Rodada durante la noche en un hotel de lujo de Viena, casi a escondidas, el trabajo se centra en la tentación y la sexualidad, empezando por una sobrecogedora secuencia de sombras chinas pornográficas, cuyo mecanismo ilusorio nos es revelado ostentosamente. Se trata de pasar detrás del telón rojo de un universo hipersexualizado y de sus pantallas de humo. De nuevo, pequeños personajes autónomos, aislados en sus propios espacios, despiertan de noche al oír la llamada de Pan y entran en las habitaciones de los soñadores para dedicarse a oscuros y solitarios rituales eróticos. El voyerismo, el exhibicionismo y el fetichismo son los valores deconstruidos por la película mediante escenas irónicas que alternan maestría coreográfica (distorsiones, narración corporal, fusión con los objetos) y anécdotas obscenas, cargadas sexualmente. Las referencias visuales oscilan entre el sadismo sofisticado de David Lynch y la pintura clásica decadente (David, Delacroix). Pero este brío cultural no oculta el hecho principal: estas historias nocturnas, vislumbradas en la clandestinidad noctámbula, hablan sobre todo de represión e incomunicación. Como lo recuerda Mara Mattuschka en la entrevista incluida en la libreta de Burning Down the Palace: “uno no puede entrar realmente en otra persona. Incluso penetrando, uno sólo se desliza por la superficie. La piel forma simplemente una barrera con el interior. Incluso cuando una persona pone su lengua en la boca de otra, sigue siendo un extranjero”.

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