10# Berlinale Talent Campus. Redes, diálogos, creación

Durante sus diez años de historia el Berlinale Talent Campus se ha convertido en un punto de encuentro para profesionales emergentes donde se invita a profundizar sobre el fenómeno audiovisual contemporáneo y se fomenta la creación de redes e inercias de colaboración entre los cinco continentes.


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Fotografía: © Peter Himsel

En el marco de la 62 edición de la Berlinale se celebró la 10 edición del Berlinale Talent Campus congregando a trescientos cincuenta participantes venidos de más de noventa países y a ciento cincuenta ponentes de las más diversas especialidades. A partir de una amplísima oferta de clases maestras, talleres, charlas, seminarios especializados y encuentros de pequeño formato, el Talent Campus posibilitó seis días de estimulante interacción de ideas, pensamientos e inercias entorno al hecho cinematográfico.

En el proceso de selección para la presente edición participaron más de cuatro mil solicitantes. Los afortunados que fuimos seleccionados pudimos compartir e intercambiar impresiones con otros profesionales de los más diversos ámbitos. El alojamiento centralizado, la cercana ubicación de todas las sedes, los desayunos en grupo, la organización de cenas y fiestas nocturnas además de las famosas (y mareantes) sesiones de Speed Matching, donde en un tiempo de una hora tuvimos ocasión de hablar con más de treinta participantes, facilitaban y promocionaban la interacción no solo entre los participantes del Talent Campus sino también entre estos y los ponentes u otros asistentes a la Berlinale. Además, para aquellos que quisieran tener citas programadas sin estar a la merced del azar y la aleatoriedad,  la comunidad online facilitada por la organización, con los perfiles de todos los participantes, posibilitaba concertar reuniones específicas en función de los intereses de cada uno. Todo ello enmarcado en uno de los festivales/mercados cinematográficos más relevantes del panorama internacional y con una impecable organización de inconfundible sello germánico.

No es mi intención detallar en esta crónica el sinfín de actividades que se dieron lugar en la última edición del Talent Campus, ya que por un lado la oferta era tan estimulante como inabarcable y por otro eso nos desviaría de lo que creo más importante, que es intentar (re)construir los diálogos que de un modo más o menos evidente se dieron durante esos seis días de intensa actividad cinematográfica y humana entre el frío, el viento y la nieve de la capital alemana.

Creación y Compromiso

Al acudir a clases maestras en las que autores con gran trayectoria hablan de su trabajo, de sus preocupaciones o simplemente comparten sus puntos de vista sobre aspectos más o menos relevantes del cine o la vida, es inevitable que nos invadan sensaciones contradictorias. Que una película nos llegue, nos acoja o nos transforme no significa necesariamente que sus creadores nos tengan que resultar simpáticos, interesantes o ejemplares. Nos puede interesar su obra, su interpretación del mundo, su construcción de un lenguaje capaz de desenterrar interrogantes olvidados o alterar emociones estancadas, pero ¿Hasta que punto queremos saber más de esas personas? ¿En que medida nos interesa su discurso más allá de sus películas? Uno de los puntos de interés a la hora de escuchar a cualquier persona hablar de su propio trabajo y de sus inquietudes al respecto, es intentar dilucidar que tipo de compromiso existe entre su persona y aquello que lleva a cabo. ¿Por qué se dedica a eso y no a otra cosa? ¿Cómo se enfrenta a los dilemas que nos plantea la existencia y/o el mundo actual?

Tuvimos la oportunidad de estar ante cineastas que exploran la naturaleza humana, que aportan nuevas formas de ver y entender el mundo que nos rodea, o que ahondan en los misterios de lo inefable. Si cualquier obra o película es el resultado y el reflejo de un determinado proceso y en este intervienen un sinfín de factores de todo tipo, el compromiso moral y ético debería ser el aglutinante sólido alrededor del cual se articulara todo lo demás.  Dicho compromiso es representado a través de una determinada estética y esta es a su vez el resultado de un método. Analizar el modo con que los creadores se enfrentan a su trabajo, debería llevarnos a entrever su compromiso ante el cine y la vida.

Bajo el lema Changing Perspectives se articuló toda la programación de la presente edición, y con el mismo título empezó la primera sesión de gran formato con Gaston Kaboré y Juliette Binoche.  Unas palabras de la actriz francesa nos servirán como punto de partida en este recorrido por algunos de los creadores más destacados que acudieron al Talent Campus. “…Tienes que saber posicionarte con respecto a ti mismo. Sabes que te va a suponer un sacrificio. Sino fuera así ¿Que sentido tendría hacerlo? Tienes que relacionar tus secretos más íntimos con aquello que quieres dar a la expresión artística. Yo quiero dar todo lo que llevo dentro, completamente. Sin cálculos ni reservas”. Por su parte el cineasta e historiador de Burkina Faso habló de su interés en el cine por ser el medio más directo para comunicarse con su propia gente y contribuir así en la construcción de la Historia del continente desde un punto de vista africano. ” África apenas está representada en las distintas pantallas que conforman y definen el mundo actual” apuntaba el director de Ween Kuni (1985).

Por su parte el director turco Nuri Bilge Ceylan, autor de Érase una vez en Anatolia (2011), destacó por su honestidad y sencillez, regalándonos algunos de los momentos más memorables de la semana. “… Soy una persona a la que no le gusta tomar decisiones. Me es imposible decidir durante el rodaje, se trata de un proceso de búsqueda en el que el instinto se acaba imponiendo. (…) Si vas en busca de algo profundo, no debería estar permitido trabajar con un guión, ya que las variaciones de la vida real son algo que no puedes preveer. La vida real siempre te supera”.  Cuando se refirió al proceso de gestación de su película Lejano (2002) señaló lo siguiente: “Yo tenía una vida solitaria, completamente opuesta a todo aquello que se supone bueno de la vida (…) Trataba de encontrar un sentido a mi vida que no tenía ningún sentido en aquel tiempo. (…) Quería intentar hacer una película sobre aquello que era lo más importante para mí en esos momentos.”

De la audiencia surgió una pregunta que vale la pena rescatar, un compatriota de Ceylan le preguntó como podía concentrar su enfoque en los temas de sus películas cuando a su alrededor, en su propio país, hay tantas injusticias y desigualdades que generan tanto dolor, y por qué no hablaba directamente de ello en sus filmes. “…Los asuntos eternos me producen una motivación mucho mayor, los temas de actualidad no me dicen gran cosa, en tres años ya nadie se acuerda de ellos” fue la respuesta del director turco. Mike Leigh, presidente del jurado de la presente edición de la Berlinale y protagonista de otra de las sesiones del Talent Campus, diría al respecto. “…Cuando durante el rodaje de mis películas escucho la radio por la mañana y oigo todo lo que está pasando en el mundo, entristezco ya que tengo la impresión que eso es mucho más importante que mi película”. El director británico puso énfasis en el modo en que trabaja con los actores. Sus creaciones se gestan a partir de un largo proceso de ensayos en los que se va escribiendo el guión a medida que se definen las actitudes de los personajes. Eso sí, en el momento del rodaje todo está medidamente estudiado y calculado fruto del intenso trabajo previo.

Otra de las sesiones destacadas tuvo como protagonista a Hou Hsiao-Hsien. De un modo relajado y preciso como si reprodujera la cadencia de sus películas, el director de Taiwan nos dejó las siguientes reflexiones para el recuerdo. “…El cine es todo lo que nos rodea a diario: los pequeños gestos, las actitudes (…) Esta acumulación de vida es la que luego se convierte en cine (…) Es una cuestión de respeto (…) El cine no puede ser más amplio que la Vida, en ella debe recaer el enfoque principal.  Los elementos cotidianos deben ser ubicados desde el respeto (…) Salid ahí fuera y filmad espacios y gente. Quedaros con los planos que os gusten y el resto lo borráis. Este puede ser un modo de respetar la vida”.

Fotografía: © Peter Himsel

No-ficción, horizontes, industria

Una imagen propuesta por Viktor Kossakovsky resumía perfectamente el panorama industrial del audiovisual actual.  “…En el rodaje de mi última película, volando en helicóptero sobre las llanuras de África veíamos una charca a la que se acercaban los animales a beber, a medida que los días pasaban y la sequía acechaba, la charca era cada vez más pequeña y a ella llegaban cada vez más y más animales, los más fuertes y grandes bebían primero mientras los débiles y pequeños debían esperar pacientemente su turno, si es que llegaba… Estamos en época de sequía ¡Os deseo buena suerte!”

Así nos dio la bienvenida el director ruso que desplegó sus indudables dotes de showman comunicativo en una de las sesiones dedicadas al cine de no-ficción. Junto con la directora británica Sophie Fiennes protagonizaron la sesión “The Other Side of Reality” donde analizaron sus métodos personales de trabajo a partir de la proyección de fragmentos de sus películas . El resultado fue desigual. No porque la directora de The Perverts Guide to Cinema (2006) no planteara aspectos interesantes, sino porque las elucubraciones del cineasta ruso, siempre aliñadas con buenas dosis de comicidad e ingenio, acababan ocupando todo el espacio escénico.  El director de referentes del cine no-ficción como Belovy (1994) o Tishe! (2003)  siempre se ha caracterizado por sus atinadas y agudas observaciones a la hora de analizar el trabajo y el compromiso de un creador. Repitió algunas de sus conocidas ‘reglas para directores de documentales’ que siempre vale la pena recordar: “…Yo nunca he creído ni querido contar historias, para ello sería escritor, mi intención siempre ha sido mostrar historias, por ello uso el audiovisual…”.

Tras invitar a un análisis crudo y realista del panorama industrial actual y explicar el proceso de filmación en algunas de las escenas más memorables de su filmografía, acabó con la siguiente reflexión “…Se hacen demasiadas películas (…) ya no existe la necesidad de hacer buenas películas sino que basta con crear imágenes inesperadas de este mundo…”  Con esta afirmación parece renunciar al cine como lenguaje, en base a la sobreproducción de películas que existe en la actualidad (sin ir más lejos a la Berlinale postularon alrededor de diez mil títulos). No sabemos que grado profético pueden tener las palabras del director ruso pero tal vez nos sirvan para explicar la inconsistencia discursiva de su último film Vivan las Antípodas (2011), que no deja de ser eso, un seguido de imágenes (en ocasiones) inesperadas de nuestro mundo.

 Quien no se cansa de explorar los caminos expresivos del cine no-ficción como lenguaje es el alemán Werner Herzog que presentó personalmente el estreno mundial de su último trabajo. Death Row (2012) es un documental de más de tres horas dividido en cuatro episodios pensados para ser emitidos en televisión.  Herzog retoma el tema de la pena de muerte en Estados Unidos como en su último largometraje Into the Abyss (2011). En esta ocasión son cuatro historias independientes centradas en cuatro personajes que se encuentran en el corredor de la muerte. El maestro alemán logra llenar la pantalla de emociones contradictorias tan sencillas de identificar como complejas de digerir. Moviéndose en unos cánones estéticos aparentemente cercanos al reportaje televisivo convencional, Herzog nos demuestra el poder cinematográfico de la palabra y  del rostro. Pero sobretodo su habilidad para sacar a relucir la fuerza de la verdad y la sinceridad expresadas delante de una cámara por personajes que han llevado al límite la experiencia del horror.

Si bien hubo una sesión titulada “Looks who’s talking, Interview on screen” protagonizada por Keanu Reaves y Mark Cousins fue complicado que pudieran aportar claves que no se vieran empequeñecidas ante la experiencia “Herzoguiana” del día anterior. Más si tenemos en cuenta que Keanu Reaves venía en calidad de productor y entrevistador de Side by Side (2012) de Chris Kenneally una propuesta esencialmente periodística que indaga en como la tecnología digital está afectando la industria y el arte cinematográfico a través del testimonio de conocidos y renombrados directores.

Este fue precisamente uno de los temas en los que más se incidió durante las numerosas sesiones a las que tuvimos la ocasión de acudir. “The indie Filmmakers guide to Cross Media” se dividió en dos sesiones con ponentes como Michel Reilhac director de Arte France Cinéma, Caspar Sonnen director y programador del IDFA Doc lab o Jighar Mehta vídeo periodista del NewYork Times y director del interesante proyecto documental interactivo y participativo 18 Days in Egypt (2012) sobre la revuelta egipcia. Transmedia y Crossmedia son dos de los términos que más en boga están últimamente en los círculos de productores y distribuidores más innovadores.  Muchas veces se usan de modo erróneo para nombrar cualquier proyecto que se base en las nuevas tecnologías. En el fondo el concepto es sencillo, en palabras de Michel Reilhac  “…a partir de un mismo núcleo discursivo o narrativo generar una forma de desarrollo específica y diferenciada para cada una de las ventanas de difusión a las que va dirigido, si se desarrolla en dos ventanas distintas estamos ante un proyecto Crossmedia si abarca más de dos ventanas es lo que llamamos Transmedia”.

La no-ficción está experimentando abundantemente en estos campos tal como pudimos leer en la traducción del artículo de Chuck Tyron publicado en esta misma revista.  Es interesante destacar la incesante labor de ‘Arte France Cinéma’  y del ‘National Film Board of Canada’ como agentes principales en la apuesta y financiación de proyectos en nuevos formatos. Los proyectos no-ficción interactivos y de exhibición online Gaza Sderot (2008) y Bear71 (2012) serían buena muestra de ello.

En otras sesiones se habló también de la forma en que los avances tecnológicos están cambiando los métodos de trabajo. La digitalización de las salas de proyección y el modo en que esto afecta a la creación estética fue tratado por Edward Lachman, reconocido director de fotografía con títulos en la no-ficción como Relámpago sobre el agua (1980) y Tokyo Ga (1985). También nos habló de su modo de enfocar su trabajo al lado de renombrados directores. “…Aunque estés filmando una ficción no dejas de estar documentando un cierto tiempo en un cierto espacio (…)  Estás respondiendo al momento específico que tienes delante tuyo y esto es lo que más me gusta”

Críticas y perspectivas

Hubo otros momentos dignos de mención como la clase maestra del músico japonés Ryüchi Sakamoto mentor del seminario para compositores en la presente edición, la presencia de Andy Mcdowell realizando un taller para actores o la sesión “Directing Scripts, Editing Stories” con el director alemán Volker Schöndorff, la novelista estadounidense de origen chino Yan Gelling y la editora danesa Molly Malene colaboradora habitual de Lars Von Trier. Sin olvidarnos de la multitud de encuentros de pequeño formato en los que un grupo de entre diez y quince participantes tenía la ocasión de hablar distendidamente con alguno de los ponentes. Para dar continuidad a la labor realizada durante el campus, gran parte de las sesiones de los últimos diez años están disponibles online en una plataforma donde la gran comunidad de participantes y expertos va creciendo año a año.

Tal vez la única experiencia negativa en todo el Talent Campus (el festival en su conjunto es otra historia) tuvo lugar en el taller “What Criticism is” donde uno de los ponentes defendió, en base a argumentos muy discutibles,  posturas que están en las antípodas de lo que entiendo debería ser el trabajo del crítico cinematográfico. Entre otras cosas apuntó que jamás escribía sobre películas que no le parecían “buenas”, haciendo una apología de su subjetividad que no deja de ser un modo encubierto de censura. Es una actitud que otros también tomaron, como Jonas Mekas quien se propuso sólo escribir sobre films que le parecieran imprescinbibles y le suscitaran una emoción, pero a la vez, nunca aceptó ser definido con la etiqueta de “crítico”, precisamente por este mismo motivo. Por suerte esta experiencia no logró empañar una semana apasionante llena de estímulos creativos y humanos. Poder compartir momentos y experiencias con los demás participantes nos permitió tomar el pulso de las actitudes e inquietudes que se están gestando. Siendo partícipes del entusiasmo por una profesión, un arte, un medio de expresión, que pese a estar sometido a complejas condiciones económicas no deja de suscitar entusiasmo y pasión, creando constantemente caminos nuevos por los que explorar y seguir con la búsqueda incesante.

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