Tarachime (Nacimiento/Madre)

Ante todo, Tarachime es una celebración de la maternidad, filmada en el momento en que es posible la conciliación con la figura materna, cuando ya están superados los viejos reproches. Y también en el momento, en el que la directora parece redescubrir el mundo a medida que se lo muestra a su hijo.


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Tarachime

Una sensación de punto y aparte transmite Tarachime (Nacimiento /Madre, 2006), la última película inscrita en el terreno de la no ficción de la directora japonesa Naomi Kawase. Aunque sea arriesgado establecerlo en una obra tan personal como la suya, donde vida y cine se entrelazan de forma inusual, donde la autora se sirve del registro documental para escribir su biografía y donde los trazos biográficos se inscriben en sus ficciones.

Pero con ese cordón umbilical, una membrana de un rojo brillante con la que se abre y se cierra el filme, con ese gesto abrupto a través del cual Kawase toma la cámara para filmar en su propio parto el momento en el que su hijo se separa de su cuerpo, con ese movimiento de cámara de 180º, Kawase parece dibujar el cierre de una etapa vital.

En Tarachime, la Kawase madre filma un nacimiento: el de su hijo. Y en Tarachime, la Kawase hija filma un ocaso: el de su madre adoptiva. Pero además del arco vital que traza en esta película, como espectadores tenemos la sensación de que la directora salda la última cuenta pendiente con los fantasmas de su infancia, aquellos que había ido exorcizando en sus anteriores películas. Desde la inaugural Embracing (1992), construida como una investigación sobre su padre que la abandonó cuando era una niña, hasta Sky, Wind, Fire, Water, Earth (2001), donde se nos informa de su muerte, la ausencia ha sido un elemento clave en sus documentales autobiográficos y en sus ficciones. Recordemos también la enigmática desaparición del joven Kei y la revelación de su origen a Yu por parte de la que hasta entonces consideraba su madre en Shara (2003) o las figuras familiares ausentes en Moe no Suzaku (1997).

Ahora, Kawase se enfrenta con quien estuvo allí, con Uno, la madre que realmente le crió y que hoy es una anciana de 90 años. En Tarachime, la ausencia es presencia y, quizás por eso, su cámara no puede ser elusiva (1). A diferencia del dramatismo latente en sus ficciones, las emociones -sutiles o intensas, sinceras e íntimas- aquí se concretan dentro del plano.

Las primeras escenas del filme están concebidas como un cuerpo a cuerpo en el que, por primera vez, la voz de la directora se levanta para manifestar su dolor. Kawase empuña su cámara, encuadra a su madre en un primerísimo primer plano y la interroga de forma insistente para entender porqué en un momento de su adolescencia pareció desentenderse de ella, instándole a que abandonara el hogar si no se encontraba bien con su familia adoptiva. Uno Kawase, frente a este cuestionamiento sobre su “verdadera cualidad de madre”, no puede más que pedir perdón y desgarrarse en lágrimas. Un gesto que, de nuevo, contemplamos en toda su brutalidad: la directora reencuadra bruscamente para enfrentarnos a un rostro que oculta con sus manos su llanto.

Poco antes habíamos visto las arrugas que surcan el vientre flácido de Uno, sus pechos caídos, en una escena que, como pocas, retrata sin tapujos la orografía de un cuerpo anciano. Sobre estas imágenes, Kawase pregunta a su madre si de pequeña trataba de amamantarse con ellos (“¿Chupaba tus pechos?”). Indirectamente, la directora se interroga sobre su sentimiento de filiación, sobre un vínculo instintivo hacia aquella madre que nunca dió a luz.

La interrogación sobre el sentimiento materno-filial se desgrana en este filme a través de un triple diálogo: de hija a madre; de madre a madre y de madre a hijo. Eludiendo cualquier temporalidad lineal, Kawase construye una narración en torno a ecos vitales o emocionales. Como en un juego de espejos, sobre los recuerdos en off de Uno en torno a los primeros años de vida su hija vemos las imágenes de su nieto, el pequeño Mitsuki, gateando por un pasillo. Y tras la imagen del cuerpo Uno en la bañera, pasamos por corte al de la propia directora bajo el agua y, a continuación, a sus pechos que, como los de su madre, presentan la huella de una mamografía. Experiencias y sentimientos en paralelo que confluyen en varias escenas donde ambas comparten la maternidad como una experiencia gozosa. Como aquella en la que, con Uno tendida en la cama junto al bebé, conversan sobre la felicidad: “Yo soy feliz, porque te tengo a ti, ahora que tienes este bebé deberías ser feliz”.

Ante todo, Tarachime es una celebración de la maternidad, filmada en el momento en que es posible la conciliación con la figura materna, cuando ya están superados los viejos reproches. Y también en el momento, en el que la directora parece redescubrir el mundo a medida que se lo muestra a su hijo. Son estos planos filmados en 16 mm, temblorosos y de trazo diarístico, con los que Kawase establece un diálogo con su hijo y nos releva la poética de la cotidianeidad. Así desvela a Mitsuki el nombre de las flores y de los alimentos que se suceden en la pantalla, lo filma jugueteando con una cámara de cine, comiendo una fresa o cuando la luz de la ventana le permite proyectar la sombra de su mano en el rostro del pequeño a modo de caricia. Mientras, resuena su frágil voz: “Ser bencedida con una vida es como compartir la vida. Supongo”.

Al igual que ocurría en Shara, el nacimiento permite que el hogar recobre su equilibrio, sin que eso signifique olvidar a los ausentes. Y aquí, también encontramos un cierre circular, las palabras del principio (“¿Chupaba tus pechos?”) resuenan al final, esta vez sobre fotos e imagen en movimiento de Kawase desnuda junto a su hijo. Una voz que da paso a la del pequeño Mitsuki propunciando la palabra “abuela”, la última palabra que oímos en el filme sobre la imagen de una membrana de rojo intenso, el órgano que unía a Kawase y a Mitsuki y que “tenía un ligero sabor a sangre y a calor”.

(1) Jose Manuel López realiza, en el número 3 de Tren de Sombras, un interesante análisis sobre lo visible y lo invisible en la película Shara. En él aborda cuestiones como el uso de la elipsis y el fuera de campo por parte de Kawase.

Tarachime (Nacimiento/Madre) se proyectó en la última edición de la Mostra Internacional de Dones de Barcelona dentro de su sección Clásicas de la muestra.

FICHA TÉCNICA
Dirección, guión, sonido y cámara: Naomi Kawase
Montaje:Naomi Kawase, Kayo Takefuji
Duración: 43 minutos
País y año de producción: Francia/Japón, 2006

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