Holy Time in Eternity, Holy Eternity in Time

En este film, el fabuloso reto de Florenty y Türkowsky es viajar y encontrar la esencia de Yoknapatawpha, el territorio del sur norteamericano que imaginó William Faulkner en sus novelas. Esta búsqueda azarosa ofrece una bella colección de imágenes que consiguen dar forma al mítico territorio faulkneriano.


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El tiempo se había marchado tirado por caballos…
William Faulkner

El sur de los Estados Unidos mantiene un aura de leyenda y misticismo que las novelas de William Faulkner ayudaron poderosamente a fomentar. Faulkner es el escritor  americano que más radicalizó el estilo literario en su época, el maestro del drama psicológico y de los traumas generados por la segregación en el sur. En los personajes de sus novelas se hallaba, según Sartre, “el gran animal divino y sin Dios, perdido desde su nacimiento y encarnizado en perderse: cruel, moral hasta el crimen”. Yoknapatawpha es el condado imaginario donde habitan sus novelas y esos personajes autoconscientes. El fabuloso reto de la directora francesa Élise Florenty (Gennariello due volte, 2009) y de Marcel Türkowsky fue viajar y encontrar la esencia de este territorio faulkneriano en el presente. Escritor de lo diferido como lo define Florenty, Faulkner tenía la maestría de no decir nada de forma directa y de fragmentar sus relatos hasta el infinito para que el lector fuese el que vislumbrase una poderosa unidad. Partiendo de esta idea de la fragmentación y dentro del indómito paisaje del sur americano, el resultado es Holy Time in Eternity, Holy Eternity in Time, 40 minutos que remiten a literatura, derechos civiles y a ese terreno salvaje y mítico, Yoknapatawpha.

Cuando te miro, tú te pareces a mí y yo me parezco a ti

La radicalidad en la forma literaria de Faulkner es uno de los referentes de los que parte Florenty y Türkowsky para filmar su película. Atendiendo a ese “arte de lo diferido”, la directora francesa busca también fragmentar su película y ofrecer múltiples detalles que conformen un hondo sentimiento en torno al espacio. La primera postura que encontramos está en ese encuentro con Mayor Young, personaje locuaz y desconcertante que podría pertenecer a cualquier novela de Faulkner. La presencia de Mayor Young es en off, sobre un fondo en negro, con rótulos que cambian la enunciación consiguiendo que su discurso funcione como una especie de espejo: los rótulos apuntan al espectador mientras que la voz habla de él. Según los realizadores, con este desdoblamiento se significa en la película tanto la figura de Young como la de nosotros mismos (1). “Cuando te miro, tú te pareces a mí y yo me parezco a ti”, afirma Young.

Ya en su largo parlamento aparecen temas capitales, la segregación, los ancestros, la naturaleza, el sentido de pertenencia a América y a la vez un sentimiento de vacío dentro de la gran nación. Puede parecer un discurso bufonesco, pero es un punto de partida perfecto para entrar en el inquietante devenir de las imágenes. Las personas que aparecen más adelante bañándose en el río siguen desconcertando, miran al objetivo, alguno porta una cámara de 16mm, todos se desvanecen dentro de las aguas; figuras encontradas al azar (así lo reconocen los realizadores) y que se pierden dentro del paisaje.

La lenta realidad

Desde sus anteriores películas Florenty había trabajado en narraciones fragmentadas y complejas, que aún así adquirían un coherente sentido lineal. En sus obras las imágenes fluyen hacia otras con una naturalidad asombrosa a pesar de parecer opuestas. No es menos en Holy Time…, donde el trabajo del tiempo y el ritmo interno es fundamental. Toda la película se sustenta sobre una cadencia anormal, a menor velocidad, que dan una armonía envolvente, como si sus imágenes fueran deslizándose. Para ello, el estudio que Florenty y Türkowsky hacen del sonido de la naturaleza es notable, ayuda al espectador a entrar en esa extraña atmósfera del páramo, ese “wilderness” que se cita en The Bear, el relato de Faulkner que va acompañando las imágenes. La selección de los planos, de los ambientes, y del banjo que corta o une cada secuencia (a tune on a saw, like a banjo) consiguen que el espectador esté inmerso en los lugares, pero igualmente perdido en ellos. Este relato sonoro, más el ritmo de la imágenes, cimientan el misterioso paisaje, donde el azar tiene una gran significación. El resultado es una serie de fenómenos que perturban toda la inmovilidad del lugar.

Es curioso que los directores opten por este ritmo, sibilante y enigmático. En un estudio de Cesare Pavese sobre Santuario, la novela de Faulkner de 1931, encontramos la siguiente reflexión sobre el escritor americano: “En las figuras que se autoanalizan se clarifica la naturaleza de Faulkner, que hasta cierto punto conserva el tono fascinado, de hechizo incesante, de lenta realidad (…) es el bullir de una vida interior ininterrumpida” (2). Más adelante Pavese vuelve a ahondar en el “hechizado relieve de ciertos humildes detalles de la realidad”. La cita sirve de apoyo a lo que antes hemos desgranado sobre las imágenes de la película: parece que ese “hechizo incesante” que encontraba el escritor italiano en la obra de Faulkner es el mismo que han buscado con sus propios recursos cinematográficos.

La Literatura como punto de partida

Florenty y Türkowsky reconocen en la literatura “un interesante punto de partida para realizar una investigación de lo real” (3). Ya en la anterior Gennariello due volte (2009) partía de una carta escrita por Pasolini para trazar un retrato sobre la joven y la vieja izquierda italiana. En su cine parece tener mucha importancia lo que se lee y lo que se ve: sobre la voz en off del relato de Faulkner se llega a las imágenes nocturnas en Yoknapatawpha, en Misisipi. Los referentes literarios son la puerta hacia ese presente en ebullición que son las imágenes: el discurso de James Meredith, el primer estudiante afronorteamericano en ser aceptado en la Universidad de Misisipi, y a continuación la yuxtaposición de voces en torno al relato de Faulkner: la antigua voz del escritor Malcolm Cowley (4) leyendo a Faulkner y una voz del presente que acompaña en susurros el relato. Todo da un pesado significado al espacio que se filma. Parece encontrar parecidos con aquella reciente película de Thom Andersen, Get out of the car (2010) en la que tomando como escenario Los Ángeles, Andersen se servía de grabaciones antiguas, relatos, canciones o voces de radio para construir el significado de la imagen filmada. El audio en la película de Elise Florenty posee igualmente una influencia enorme, pero aquí parece que esas imágenes, con su maravillosa cadencia interna, podrían tener peso por sí solas.

La película termina con un enigmático plano filmado desde un coche que acompaña a unos chicos a caballo por Old Taylor Road, lugar donde vivió el escritor norteamericano. Parece como si estos caballos tiraran de la propia imagen, como en la frase de Faulkner, donde “el tiempo se marcha tirado por caballos”. Acaba esta secuencia y aparece una cita que viene a reafirmar la naturaleza fílmica y literaria que se ha registrado: “Filmado en Yoknapatawpha.”

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(1) Esta dislocación de la enunciación podría encontrar correspondencias con la pluralidad de puntos de vista que se da en las novelas de Faulkner, el cual cambiaba habitualmente los puntos de la narración para ahondar en la psicología de cada uno de sus personajes.

(2) Citado del capítulo “William Faulkner, un ángel sin cura de almas”, recopilado en: Cesare Pavese, La literatura norteamericana y otros ensayos, (ed. DeBolsillo, 2010).

(3) Las citas de Florenty y Türkowsky están extraídas de la entrevista que realizó Rebecca De Pas dentro del marco del Festival Internacional de Marsella (FID) en 2011.

(4) Malcolm Cowley (1898 – 1989) escritor y teórico literario, defendió desde sus primeras publicaciones la obra de William Faulkner. En 1946 publicó “The Portable Faulkner”, libro que reúne extractos de novelas del escritor y sirvió para extender su fama.

FICHA TÉCNICA
Imagen, sonido, montaje: Elise Florenty, Marcel Türkowsky
Producción: Elise Florenty, Marcel Türkowsky
País y año de producción: Francia, 2011

Las obras de la realizadora Elise Florenty junto con la pieza corealizada con Marcel Türkowsky “Holy time in eternity…” pudieron verse en el marco de las proyecciones Xcentric del CCCB de Barcelona el pasado mes de diciembre 2011.

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