He Fengming

Si nos atenemos a su aspecto más funcional o práctico, el “caso” Wang Bing pone en evidencia que la crítica cinematográfica todavía sirve para algo. Sin la reivindicación entusiasta por parte de ciertos escritores de cine, sobre todo franceses, difícilmente la obra de este cineasta chino, cuya tarjeta de presentación fue un documental de nueve horas de duración Al oeste de las vías, hubiera trascendido algún festival especializado.


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He Fengming

DEL RELATO ORAL COMO UNA DE LAS BELLAS ARTES
Si nos atenemos a su aspecto más funcional o práctico, el “caso” Wang Bing pone en evidencia que la crítica cinematográfica todavía sirve para algo. Sin la reivindicación entusiasta por parte de ciertos escritores de cine, sobre todo franceses, difícilmente la obra de este cineasta chino, cuya tarjeta de presentación fue un documental de nueve horas de duración Al oeste de las vías (Tie Xi Qu), hubiera trascendido algún festival especializado. Gracias al apoyo de algunas personalidades de la crítica, Wang se ha convertido en uno de los cineastas de referencia del cine contemporáneo, al que incluso se puede acceder fácilmente a través de los cada vez más transitados canales de la exhibición no comercial. Esta especie de adopción oficiada por los franceses se ha traducido en la presencia de Wang Bing por partida doble en la edición 2007 del Festival de Cannes.

En formato corto en la película omnibús O estado do mundo, formada por las particulares visiones de la contemporaneidad ofrecidas respectivamente por el cineasta chino junto al tailandés Apichatpong Weerasethakul, el brasileño Vicente Ferraz, la india Ayisha Abraham, el portugués Pedro Costa y la belga Chantal Akerman. La pieza de Wang, titulada Brutality Factory, podría funcionar como un epílogo de West of the Tracks. El corto está situado en un momento no concreto de la actualidad, en un complejo industrial ya en desuso. Al inicio del metraje, la cámara se mueve por ese inmenso esqueleto fabril como flotando por un espacio fantasma. La amenaza que supone este inmenso vacío se concreta una vez que nos adentramos dentro de una de las naves. Las fábricas abandonadas han sido utilizadas por los ejecutores de la dictadura china como cámaras de tortura. Por supuesto, no hay imágenes “reales” que den testimonio de ello. Por lo que, por primera vez en lo que conozco de trayectoria de Wang, el cineasta recurre a la ficción para mostrarnos esta evidencia del horror. O, para ser más exacta, al docudrama. En varias set pieces situadas en diferentes espacios de la factoría, se recrean diferentes escenas de tortura rodadas al estilo documental. Los personajes no están personalizados, no se les otorga identidad. Víctimas y verdugos podrían ser cualquier ciudadano chino. Pero la opción de la reconstrucción ficcional no le sienta bien a Wang. El docudrama, salvo honrosas excepciones (United 93 de Paul Greengrass, por ejemplo), sigue funcionando como uno de los recursos más despreciables de la expresión cinematográfica: ficción reducida a la idea más simple de “poner en escena” y documental pervertido en su propia esencia. Las secuencias de tortura en Brutality Factory pierden fuerza precisamente porque se nota demasiado que están siendo recreadas, “actuadas”, pero con la vocación de veracidad documental. Y no funcionan ni como ficción ni como transmisión de la realidad. Solo cuando Wang abandona el tremendismo explícito de la acción, vuelve a recuperar su grandeza: como en el plano fijo de una víctima tendida en el suelo, abandonada, con su cuerpo sin vida integrado en el espacio decadente de la fábrica en ruinas.

Si su flirteo con el estado más básico de la ficción que se pretende documental no acaba de convencer, en cambio sí que resulta estimulante la otra propuesta de Wang Bing presente en Cannes: la radical He Fengming. Ante todo confieso que no pude ver la obra en toda su integridad. Se proyectó en una única sesión y en el encaje de bolillos que resulta la cuadratura de horarios en un festival resulta difícil colocar un film de más de tres horas sin que pise otra película de obligada visión. Del relato que me ofrecieron otros compañeros de los minutos que me perdí (y aquí la narración oral es especialmente importante) sé que puedo trazar las ideas generales de la película a pesar de no haberla experimentado en su totalidad.

Con He Fengming, Wang vuelve a transgredir las convenciones de la duración cinematográfica: la duración equivalente al metraje, la duración de los planos, y la duración del tiempo real en la diégesis del film. He Fengming permite un resumen rápido: la señora del título explica a cámara su vida, que es una historia de la Historia de la China contemporánea, durante tres horas resueltas prácticamente en un único plano fijo. Por supuesto, el argumento (por llamarlo de alguna manera) engrosa el gran fresco histórico en que se está constituyendo la obra de Wang: un inmenso mural sobre las terribles miserias humanas de ese gran país que devora a sus hijos que es China. A primera vista parece que la elección de la protagonista como único eje del film responde a su trayectoria vital. He Fengming ilustra las tribulaciones de tantos ciudadanos chinos nacidos en la primera mitad del siglo XX que han tenido que soportar sobre sus hombros los diferentes giros políticos acaecidos en el país. Como tantos otros de sus conciudadanos, la joven Fengming abrazó con entusiasmo el idealismo comunista. A partir de allí: represión laboral por su sentido (auto)crítico (ella y su marido trabajaban de periodistas), desplazamientos obligados, separación de su familia, “reinserción” y nueva condena, internamientos en campos de trabajo, búsqueda en otros del marido perdido, intentos de recuperación de los hijos… 30 años de una odisea del horror marcada por la política del país. Sí, He Fengming es un excepcional testimonio viviente de este pedazo olvidado del terror del pasado siglo. Pero en seguida se hace evidente que no es sólo lo que ha vivido He Fengming aquello que le interesa a Wang sino sobre todo cómo lo cuenta.

Al contrario que en Brutal Factory, aquí el cineasta vuelve al documental más estricto. Al estilo de Claude Lanzmann, Wang obvia recurrir a cualquier material complementario (documentos o imágenes) para ilustrar aquello que explica su protagonista. Pero incluso prescinde de otros posibles testimonios que pudieran complementar su historia. El francés también construyó su Sobibor sobre una única entrevista, pero es fácil deducir que en este caso se encontró con que Yehuda Lerner era la única persona viva que podía hablar en primera persona de la rebelión triunfal en el campo de extermino nazi que titula el film. En algunos momentos de He Fengming se adivina, en cambio, que el chino sí entrevistó a otras personas que habían padecido situaciones parecidas a las de su protagonista. Que le otorgue el protagonismo exclusivo a esta anciana permite concluir que a Wang no le interesa tanto edificar una radiografía exhaustiva y multifocal de la historia de China de la segunda mitad del siglo XX a partir de testimonios directos, como rendir tributo a la narración. A la narración oral. La fascinación ante la capacidad para el relato que demuestra Fengming es el pivote que mueve este documental. Por ello la opción del plano fijo durante tres horas (con escasas excepciones: un mínimo prólogo en que la cámara sigue a la señora entrando en su casa y sentándose en el sofá donde permanecerá casi toda la película, algún mínimo cambio de encuadre…) no responde a una vocación de estilo extrema sino a una justificada decisión de puesta en escena. Para Wang la narración la construye totalmente la mujer a través de sus palabras. Por tanto, subyuga la puesta en escena cinematográfica como constructora de narratividad, reduciéndola a la mínima expresión de captadora de un momento de realidad, al discurso de su protagonista. Incluso deja en pantalla aquellos momentos que en un montaje tradicional irían a parar a la cubeta de los descartes: Fengming levantándose para encender la luz o atender una llamada de teléfono. He Fengming representa la reivindicación de un talento para la construcción de una historia, que habla de la Historia, a través del relato oral; un talento que se ha ido perdiendo en la marisma de las nuevas fórmulas “artificiales” de narratividad.

He Fengming de Wang Bing se estrenó en la pasada edición del Festival de Cannes

FICHA TÉCNICA
Dirección: Wang Bing
Fotografía: Wang Bing
Montaje: Adam Kerby
Sonido: Jinguang Shen
País y año de producción: China, Hong Kong, Bélgica, 2007

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