MICEC’07 Barcelona

La tercera edición de MICEC tuvo lugar en Barcelona a principios del mes de junio. La muestra parte con una finalidad imposible de cumplir y aquí radica su encanto. Clasificar el cine continental es tan complejo como comprender la misma Europa, llena de miradas diversas, de rincones pintorescos, de pueblos en eterna ebullición.


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MICEC 2007

MUESTRA INTERNACIONAL DE CINE EUROPEO CONTEMPORÁNEO (MICEC)

1. Obertura
La tercera edición de MICEC tuvo lugar en Barcelona a principios del mes de junio. La muestra parte con una finalidad imposible de cumplir y aquí radica su encanto. Clasificar el cine continental es tan complejo como comprender la misma Europa, llena de miradas diversas, de rincones pintorescos, de pueblos en eterna ebullición. La lista de películas (unos 50 títulos) partía con la intención de ser representativa de los autores aislados por los criterios comerciales, auténticas fronteras culturales. Autores a veces inconexos, a menudo con concomitancias, provinientes de ciudades lejanas y criterios cercanos, cruzaron sus obras en ese espacio común que fue la pantalla. Algunos con más eficiacia que otros.

2. Resnais y Oliveira
La muestra se abrió y clausuró con Coeurs de Alain Resnais y Belle Toujours de Manoel de Oliveira. Ambas películas, cada una a su manera, son modos paradigmáticos de habitar el multifacético territorio del cine europeo actual. Tanto Resnais como Oliveira son realizadores de más de ochenta años con trayectorias consolidadas y pertenecen a esa categoría comúnmente denominada “de autor” con la que Europa gusta diferenciarse, sobre todo de la invasiva industria norteamericana. Son cineastas que dejan huellas de sí mismos, huellas que devinieron marcas, marcas que conforman una obra. Pero, ante todo, son cineastas que atravesaron el convulsionado siglo veinte del que Europa aún sufre por sus heridas. Con sus películas los autores proponen alternativas a la mirada culpabilizadora, desde el humor uno y desde el diálogo el otro, estableciendo el reverso de la moneda al mentado flagelo autocrítico. Resnais y Oliveira dicen: hay más formas de ser europeo.

Coeurs
La soledad, como el clima, irremediablemente hace su aparición cuando las coordenadas son las apropiadas, estemos los mortales preparados o no. La primavera y el otoño, en todo caso, son las menos tiranas de los extremos. Pero en cualquier lugar del planeta la naturaleza y el misterio que tantas veces la envuelve, determinan la temperatura con la cual hemos de relacionarnos con nosotros mismos y con el exterior. La nieve, la más blanca de las situaciones, sobrevuela el duro y a veces oculto costado de las emociones, así Coeurs salpica los abrigos de blanco y desenmascara la cruda cara del invierno parisino.

De la oficina inmobiliaria donde trabajan Charlotte y Thierry a la barra del bar de un hotel; del apartamento pequeño y disconforme donde viven Nicole y Dan a la casa donde convalece el padre de Lionel, el barman del hotel; del aturdido café donde Gaelle, hermana de Thierry, se da cita a ciegas con la esperanza de encontrar el amor, al video donde Charlotte juega, ¿juega? con algunos personajes. Espacios y personajes confluyen en un decorado estructurado como un storyboard que contiene algo más que el esquema de sus dibujos.

El filme es una adaptación de una obra del dramaturgo inglés Alan Ayckbourn, en quien ya se inspiró para dirigir Smoking y No Smoking en 1993. Alain Resnais construye ahora una historia en varios actos. Pone a cada actor en situación y sin compadecerse va quitando las capas secas, ecos de una modernidad desfasada. Europa no es sólo la Europa de las culpas y las heridas de guerra, es la historia de los desengaños que el siglo de las luces se llevó consigo. La era de la comunicación es el escenario donde Resnais construye un decorado artificial plagado de luces de neón, plástico, ventanas y columnas como líneas divisorias, para dar cuenta del artificio del que somos presos. La comedia hace su aparición y el personaje de Charlotte, interpretada por Sabine Azéma, va tirando de un fino hilo para destejer al menos una parte del ovillo oculto. Charlotte, la agente inmobiliaria, amable compañera de trabajo de Thierry, paciente enfermera del padre de Lionel, se esconde bajo la figura de mujer creyente y religiosa, admiradora de los programas de televisión que muestran personajes a quienes una canción les ha cambiado la vida, para convertirse por unos instantes en una femme fatale y distorsionar la superficialidad de las situaciones. Doble juego en la mirada entre una posición irónica y cruda hacia sus personajes y un intersticio de verdad, verdad que es profundo sentido del humor, en la perversión que ella ejerce. Como si en ese acto, en el de la subversión de la aparentemente abnegada Charlotte, hubiese más verdad que en el de los deseos y frustaciones cotidianas de los otros comediantes. Como dijo Rivette en una entrevista, refiriéndose a lo aprendido junto a Renoir cuando rodaban las emisiones de Cinéastes de notre temps, “Tras la mentira, de golpe estaba la verdad. Tras un cine eminentemente artificial estaba la verdad del cine”. Coeurs es una sátira contemporánea de un cineasta que marcó, junto con los acontecimientos del siglo, gran parte de la mirada europea.
Celina López Seco

Belle toujours
Un homenaje a Buñuel, un acercamiento al posible devenir de los protagonistas de Belle du jour, la mítica Belle du jour de los años sesenta que interpretaba Catherine Deneuve. ¿Qué es Belle toujours? ¿Cine dentro del cine? ¿Una doble ocupación de territorio ya habitado? Oliveira encuentra a dos de los tres protagonistas cuarenta años después: Sevérine, interpretada ahora por Bulle Oggier y en el papel de Henry Hudson (el amigo del marido que instó a Séverine a visitar las casas de citas) el mismo Michel Piccoli. Pero lejos de responder cualquiera de la las preguntas imaginables, mira y reconstruye pacientemente el artificio de una historia para dar cuenta de las infinitas posibilidades del tejido cinematográfico. Oliveira juega con el discurso, dialoga con Buñuel y con los espectadores. Detiene el tiempo y aunque la vida haya seguido su curso y los años marcado su paso, vuelve a posar como Buñuel, la mirada sobre el conflictivo mundo interior de Séverine. Para ello la enfrenta otra vez al cinismo de Henry Hudson, quien le propone, tácitamente, develarle el secreto que a ella tanto la tortura: saber si su marido, recientemente fallecido, supo que quién con el disparo le provocó la parálisis fue uno de sus amantes. A través de este MacGuffin Oliveira se instala en el cine no para resolver ningún misterio sino más bien para mirar el misterio que es la vida misma y entender así que la verdad está en la construcción que se haga de ella, no en su análisis o interpretación.

¿Cuál fue o cuál es la verdad de Séverine Serizy?
Lo que nos queda es siempre el artificio y a veces el diálogo, y en este caso un cineasta que mira el cine como un diálogo contemplativo en el que participan quienes aún no buscan respuestas en él pero son capaces de dejarse llevar por sus derroteros. Oliveira no finaliza, no completa ni supera una obra que ya habla por sí misma. Oliveira hace cine existencial pero con la particular capacidad de detenerse en los detalles cotidianos que son los que al fin y al cabo le dan cuerpo a la existencia.
Celina López Seco

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3 Comentarios

  1. nomeacuerdo 04/07/2007 | Permalink

    ¿Sokurov menor? Vaya… a mí no me lo parece en absoluto. Creo que la grandeza de esa película está precisamente en que esconde, bajo la apariencia de un relato convencional, los grandes temas de Sokurov. Y es un retrato precioso de una historia de amor, frente a todo, frente a un mundo que se derrumba.

  2. Antonio 05/07/2007 | Permalink

    ¿A caso hay algún Sokurov mayor?

  3. jfcls 06/07/2007 | Permalink

    bueno, parece que esto se anima algo, pero ¿qué sentido tiene ‘discutir’ si Sokurov es mayor o menor?
    De hecho, en el texto, el comentario es muy de pasada y por lo tanto, no creo que merezca la pena enzarzase en eso. Claro, con tanto título, los comentarios tienen que ser impresionistas… siempre que se aborde la crónica por títulos, aunque se haga con varios autores y sin pretender llegar a todo (como es el caso). Quizá el MICEC y cualquier otro de los muchos festivales de Barcelona (y me refiero a estos por la gran proliferación, fenómeno también a estudiar) no se deberían abordar por las películas que programa, sino por el concepto que hay detrás. Ejemplar en ese sentido la Mostra de Films de Dones, celebrada justo una semana después del MICEC y que espero ver reseñada en el siguien B&D! A mi me da igual que se diga en una crónica que el último Sokurov es basura o es una maravilla. Lo que mas me ha interesado de todo el texto ha sido el 7. Final: ¿qué es el MICEC, a dónde va y a dónde llega? Ese es el debate. Creo. Un festival, igual que un blog, tiene que tener una idea. ¿Tiene el MICEC una idea clara de lo que es? Eso me gustaría que me respondiese una crónica del festival. Yo no estuve en el MICEC, pero he estado en numerosas Mostras de Films de Dones (por seguir con los mismos ejemplos) y me parece EJEMPLAR. Como el fin de fiesta de este año (decimo quinta edición, ahí es nada!) con Born In Flames de Lizzie Borden en la Bonnemaison mientras el Barça perdía la liga. Cine militante, provocar, ensayístico y al aire libre. Fantastico. Eso es una proyección (no solo una película) que da una idea de un festival, una muestra o lo que sea.

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