MICEC’07 Barcelona

La tercera edición de MICEC tuvo lugar en Barcelona a principios del mes de junio. La muestra parte con una finalidad imposible de cumplir y aquí radica su encanto. Clasificar el cine continental es tan complejo como comprender la misma Europa, llena de miradas diversas, de rincones pintorescos, de pueblos en eterna ebullición.


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4. Interludio
Al MICEC le faltó decisión para dejar fuera algunos autores que decepcionaron, por reiterativos (Iosselani, Moretti) o por hacer películas infumables (Zbanic, Asia Argento) y quizá apostar aún más por autores con menos nombre y más riesgo cinematográfico. Hubo algunas decepciones (de Seta, Sokurov) pero estas las consideramos parte del juego.

Puntos a favor hubo muchos. Las proyecciones y la presencia de Pedro Costa, proyecciones especiales como la de Fassbinder o las conferencias y mesas redondas, que aunque suscitan alguna comprensible reivindicación no muy escuchada (“el congreso se convirtió en los años anteriores en discusiones semánticas sobre identidad. Ningún plano, ningún sonido, tenía que ver con ese debate” (1)) no dejan de ser una apuesta muy poco habitual y por este motivo interesante, planteando el Micec como un congreso más un festival, y no sólo proyecciones de películas con, puntualmente, charlas adosadas.

(1) “El estado de las cosas” Gonzalo de Lucas, Cultura/s, La Vanguardia, 30/05/07

5. Sokurov, Dvortsevoi

Elegy of life
Mientras pocos días antes en Cannes se estrenó el último largometraje de Alexander Sokurov, Alexandra, en Barcelona nos tuvimos que conformar con una obra también reciente pero muy (muy) menor. Una nueva elegía, Elegía de la vida, retrato convencional de un músico extraordinario, el violonchelista Mstislav Rostropovich, y su mujer, una diva de la ópera, Galina Vishnevskaya. Un retrato de estos dos octogenarios, hoy en día opulentos ricos, que se codean con la realeza y la nobleza europea y se manifiestan profundamente anticomunistas. Sokurov toca muchas teclas, pero no finaliza ningún acorde. En las entrevistas habla un poco de sus carreras, superficialmente de su expulsión de la Unión Soviética, de la muerte de un hijo… un conjunto de temas bastante dispar. No llega a hacer un retrato denso o incisivo de ninguno de los dos músicos, ni siquiera lo intenta. Sokurov siente profunda admiración por el intérprete y director de orquesta, y así escribe una voz en off sin garra, acrítica, dibuja un ser superficial, donde sólo destaca el entrañable e infantil sentido del humor del músico. En el montaje hay algunas notas interesantes, como el uso de diferentes músicas en función de quien esté hablando (Arpeggione de Schubert opuesto a un fraseo de ópera), pero el material que maneja es pobre y no da para mucho más. Como retrato de Rostropovich se echa en falta gozar de momentos musicales, saber más de su periplo vital. Como retrato de una pareja no es intenso, no llegamos ni a entrever algo de ellos dos como binomio. Un producto muy por debajo de las grandes e históricas películas a las que el maestro ruso nos tiene acostumbrados.

In the dark
Revivir a Sergei Dvortsevoi (ciclo Xcèntric en 2003 y 2005) fue uno de los placeres más grandes de la Muestra. Especialmente In the dark, documental minimalista de gran densidad emocional y excelente factura visual. La primera secuencia más que cine es magia. Dura unos 10 minutos, con pequeños cortes, pero es la misma toma. Una toma maravillosa donde vemos a Iván, un anciano invidente, buscando algo en su pequeña habitación, espacio donde transcurrirá casi toda la obra.. El ojo de la cámara rastrea el cuarto, la cama, la ventana, Iván rebuscando por los cajones, donde aparecen varios ovillos… poco después descubrimos en un movimiento de cámara hacia el techo al segundo personaje, su gato, callado, escondido encima del armario.

Iván teje bolsas e intenta, fracasada e humillantemente, venderlas en la calle. El gato juega y le esconde los ovillos. Esa relación amo – gato, es un amor – odio constante, que Dvortsevoi sabe imprimir en sus fotogramas, con una aparente sencillez, con un saber estar delante del personaje, observando pausadamente las habilidades manuales del anciano. Esta mirada es interrumpida puntualmente por el sonidista (el mismo Sergei) que pretende ayudar al anciano y lo único que consigue son reproches del cámara por entrar en cuadro, tomas interrumpidas que narran la imperfección de reproducir aquello real y que cortan por unos instantes la magia creada entre el personaje y la cámara.

La toma de Iván sentado en la cama llorando amargamente en silencio, la observación de los detalles de la habitación, el borrachín (no podía faltar) aplastando latas vacías, aquellos que menosprecian las bolsas, los sonidos de los niños saliendo del colegio… Un aire eslavo cruza estos tres cuartos de hora, emociones que caen a plomo, un patetismo, un Tchaikovsky, un Dostoievski, que se cuelan desde el objetivo hasta la sala de montaje.
M. Martí Freixas

6. Coda
De las demás películas que vimos podemos mencionar la apuesta arriesgada y firme de la película española La línea recta (J.M. Orbe, 2007), una curiosa Slumming del autríaco Glawogger pero del cual se espera mucho más, la irregular ficción de Vittorio de Seta Lettere dal Sahara, con un guión previsible y una realización funcional, entre otras. Cabe citar un pintoresco director descubierto en el reportaje Cineastes a tout prix. Se llama Jean Jacques Rosseau (no confundir con Jean-Claude Rosseau). Proclamado “cineasta del absurdo”, totalmente autodidacta, lleva unas 30 películas de bajo presupuesto. A menudo vestido con indumentaria de camuflaje y con pasamontañas, durante los rodajes llama la atención de sus actores (amigos, gente que conoce en el mercado…) pegando tiros al aire con una pistola. Según él mismo, es más práctico y motivante que el megáfono. Sería interesante que alguien pudiera ver alguna de sus obras (Fureur Teutonicus, 1999, La vengeance du sacristan cannibal, 2005) para ver si detrás de tanto humo hay algo de interés.

7. Final
Quizá el punto más flaco fue la escasa asistencia de público. La cifra oficial que dio la Muestra (17.500 visitantes) no encaja por ninguna parte con las proyecciones en que asistimos, bastante vacías, ni con el tímido público que se movió por el CCCB. Los organizadores deberían preguntarse y encontrar soluciones a esta escasez, dado que la corta pero firme trayectoria del MICEC merece más calor en las salas. Este festival-congreso es sin duda un buen proyecto de futuro, que esperemos se consolide en Barcelona y, porqué no, acabe siendo una referencia. No hace falta crecer en número de títulos para crecer como festival, más bien lo contrario. 50 títulos en 9 días es una cifra perfecta, asumible. Mejor pelear en la tría de éstas y en la calidad de las conferencias, alimentar bien el festival antes que comprarle un abrigo nuevo.

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3 Comentarios

  1. nomeacuerdo 04/07/2007 | Permalink

    ¿Sokurov menor? Vaya… a mí no me lo parece en absoluto. Creo que la grandeza de esa película está precisamente en que esconde, bajo la apariencia de un relato convencional, los grandes temas de Sokurov. Y es un retrato precioso de una historia de amor, frente a todo, frente a un mundo que se derrumba.

  2. Antonio 05/07/2007 | Permalink

    ¿A caso hay algún Sokurov mayor?

  3. jfcls 06/07/2007 | Permalink

    bueno, parece que esto se anima algo, pero ¿qué sentido tiene ‘discutir’ si Sokurov es mayor o menor?
    De hecho, en el texto, el comentario es muy de pasada y por lo tanto, no creo que merezca la pena enzarzase en eso. Claro, con tanto título, los comentarios tienen que ser impresionistas… siempre que se aborde la crónica por títulos, aunque se haga con varios autores y sin pretender llegar a todo (como es el caso). Quizá el MICEC y cualquier otro de los muchos festivales de Barcelona (y me refiero a estos por la gran proliferación, fenómeno también a estudiar) no se deberían abordar por las películas que programa, sino por el concepto que hay detrás. Ejemplar en ese sentido la Mostra de Films de Dones, celebrada justo una semana después del MICEC y que espero ver reseñada en el siguien B&D! A mi me da igual que se diga en una crónica que el último Sokurov es basura o es una maravilla. Lo que mas me ha interesado de todo el texto ha sido el 7. Final: ¿qué es el MICEC, a dónde va y a dónde llega? Ese es el debate. Creo. Un festival, igual que un blog, tiene que tener una idea. ¿Tiene el MICEC una idea clara de lo que es? Eso me gustaría que me respondiese una crónica del festival. Yo no estuve en el MICEC, pero he estado en numerosas Mostras de Films de Dones (por seguir con los mismos ejemplos) y me parece EJEMPLAR. Como el fin de fiesta de este año (decimo quinta edición, ahí es nada!) con Born In Flames de Lizzie Borden en la Bonnemaison mientras el Barça perdía la liga. Cine militante, provocar, ensayístico y al aire libre. Fantastico. Eso es una proyección (no solo una película) que da una idea de un festival, una muestra o lo que sea.

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