Ensayo final para utopía

El nuevo largometraje de Andrés Duque son trazos de vida que parecen nacer de las insólitas conexiones del subconsciente. Su proceder intuitivo le da al film un trasfondo onírico que lo sitúa en el limbo de los vivos y los muertos, entre lo real y lo desconocido, como los últimos meses de vida de su progenitor.


    Post2PDF

Respirar, filmar, respirar, filmar, respirar…

Cuesta valorar la nueva película de Andrés Duque con los parámetros corrientes, “película buena” o “película mala”, pues es más una experiencia, unos trazos de vida, que una película en el sentido habitual de la palabra, la cual el realizador transgrede, amplia, propone variantes. Como película-experiencia es un reto fascinante, hechizador, que apetece vivir varias veces: es como una inmersión onírica, un viaje en un mundo de sensaciones y emociones (tristeza, desubicación, libertad) transmitidas con imágenes. Ensayo final para utopía (Dress Rehearsal for utopia, 2012) tiene también una sinopsis, como la mayoría de las películas, pero también podría no tenerla pues el “argumento” es sobrevolado. En todo caso, es esta: el realizador viaja a Mozambique, donde encuentra compañeros y busca cine de la época revolucionaria, y en un periodo de tiempo cercano al viaje, un ser muy querido, su padre, se encuentra en el tramo final de su vida.

Con un hilo narrativo muy libre el espectador tiene la sensación de que Ensayo final… podría seguir cuando esta acaba. Si termina es por la voluntad o la necesidad del cineasta de mostrar el material, las vivencias de una época. Pero el flujo de imágenes-poema-diario no contiene en su origen una delimitación prevista con anterioridad. Cuando fue grabado el material (la mayoría de él con un Iphone, algo esencial para el espíritu del proyecto) no estaba pensado para ser insertado en ningun esquema preconcebido, se filmó con la misma actitud que uno anda, habla, respira o simplemente vive. Algo semejante sucede con los diarios filmados de Joseph Morder, muchos de ellos inéditos, que se hacían con la sencillez del respirar y la super8 preparada en el bolsillo, trazos de vida que algun día son compilados y pasan a denominarse “películas”, y otras veces no. Es también una actitud semejante a la de Jonas Mekas (As I was moving ahead ocasionnaly I saw brief glimpses of beauty, 1964, Scenes from the life of Andy Warhol, 1990, Happy birthday to John, 1996, y otras) compilaciones de fragmentos de su cotidianeidad, recuerdos que aparecen en un fragmentos de celuloide, reaparecen y se repiten en otros años después, o quedan sin revelar en bobinas almacenadas.

Pandora.mov

Su primer largometraje Color perro que huye, realizado apenas hace un año, fue un giro en su obra, sin llegar a ser una ruptura. Por primera vez, el autor, su cuerpo, tomaba en la película un rol de hilo conductor, el motor por el cual avanzaban las secuencias. En Ensayo final… continua en esta senda física, presencial, una subjetividad que ya era una constante en toda su filmografía pero hasta la fecha su “yo” estaba más escondido. En estos dos largometrajes observamos también como sus temas principales se siguen hilvanando: la atracción por lo outsider (Ivan Z, 2004) el hombre perdido en tierras apátridas (de nuevo Zulueta o La Constelación Bartleby, 2007), lo ritualístico (Paralelo 10, 2006) o algunas apariciones personales (No es la imagen es el objeto, 2008). Pero, sobretodo, las relaciones intuitivas de apariencia racional inconexa, “un sendero que lleva desde la perplejidad y la extrañeza a la asunción de la existencia de otras lógicas posibles que se conforman a partir de conexiones inesperadas” (1) encontrables en los films citados y todos los demás.

Este giro hacia lo más “diarístico” empezó con la caída de un puente y un hospital. Color perro… da entrada a un “diario” (2) intermitente de su pasado, la de una alma errante entre Venezuela, Barcelona y tierras de nadie. El accidente que le deja postrado en cama le ofrece la quietud necesaria para bucear en todo el material filmado durante años, dar forma a esa película que estaba creciendo de manera latente en su ordenador, abrir la caja de Pandora. En Ensayo final… es un pequeño dispositivo, pero ya sensual y hechizador, el que nos abre la puerta a su intimidad: sentado frente a una ventana, fumando, el Sol en su cara, un colega entra y la pregunta por su estado de ánimo. Duque responde: “Estoy triste porqué…” y la respuesta se funde. Este lamento inconcluso será la única frase que pronuncia el realizador en todo el film y el punto de partida del viaje. El chico empieza a bailar, la sombra de su cuerpo en la pared, un círculo de luz anaranjada parpadea… El raciocinio de sus problemas y sufrimientos no será expuesto verbalmente, será expresado por este “flujo seductor” de imágenes que nos aguardan en los setenta minutos posteriores.

Lu(cide)z entre la vida y la muerte

Duque filma de un modo intuitivo, irracional. No filma de un “modo mental” sino emocional incluso sexual, enamorado y atraído por el entorno que lo rodea, seres queridos, rostros, cuerpos. No hay una voz ni una intención reflexiva (como si la encontramos en Mekas, Morder, Perlov, McElwee) que ejerza de moderador mental entre el proceso de filmación y el montaje final. Da forma a sus sensaciones en una acción inconsciente con una actitud que tiene algo de freudiano. Y monta estas secuencias también de modo intuitivo, como si fuera capaz de usar las insólitas pero lúcidas conexiones del subconsciente. El montaje está lleno de (posibles) asociaciones relacionadas con los espacios (un viaje en barco en África / sus padres visitando un acuario), los rostros, las miradas, los cuerpos, los movimientos (el avance de la góndola en Venecia / el realizador con sus padres en un museo, navegando entre vitrinas). También percibimos este proceder en el montaje del sonido, donde las apariciones de  retazos de canciones o frases de películas, de golpe y en momentos inesperados, emergen con el mismo efecto sorpresivo que un olvidado recuerdo aparece de un rincón de nuestra mente.

Quizá el enlace más significativo para la película es el limbo que encontramos entre la secuencia del fallecimiento y la de los brincos congelados de los ciudadanos. Contrasta la tristeza del final de un camino, la pesadumbre de ese ambiente post-mortem, con la divertida vitalidad de lo cotidiano, como un entresueño entre el más allá y lo vivo (3). Hay muchas otras relaciones más abstractas o imperceptibles para la razón, uniones deslizadas suavemente entre secuencias de orden atemporal, que quedan en manos del espectador su interpretación o su no-interpretación, quizás sólo se trata de un sencillo “dejarse llevar”.

Utopías de Ohio a Mozambique

Todas estas bellas secuencias, que impregnan de sentimientos nuestras retinas, tienen en común haber sido filmadas en su mayoría con un Iphone, algo que en este caso no es ni una banalidad ni una moda. La proximidad, la sensorialidad, lo físico de todo este proyecto, es en gran medida por este hecho. Duque puede observar, bailar, juguetear, experimentar con el móbil, con una libertad y un sigilo que ni una cámara pequeña le daría. Los recursos investigados con el Iphone, uso frecuente de cuerpos a contraluz, filmación de sombras (así como efectos posteriores, ralentizados en algunas secuencias, alteración de algunos colores, amarillentos, verdosos) conducen el proyecto también hacia esa tonalidad onírica. En este sigiloso viaje sin brújula quizás el realizador busque también un mundo que pide ser mejor, en unas revoluciones soñadas y perdidas, en un cine hecho con el respirar, con la palma de la mano y al margen de la industria. Como mínimo, esta última utopía, que también lo fue de Coppola (4), cada vez parece más cercana a la realidad.

Andrés Duque es uno de los realizadores de cine más brillantes que hay hoy en día en España. En Ensayo final para utopía nos lo confirma. La sensorialidad e inolvidable belleza de sus imágenes, su transgresión de los conceptos clásicos del documental, del cine, la continua experimentación e innovación en sus proyectos y su estirpe independiente, su voluntad de seguir creyendo, pese a todo, en el cine como arte y espacio de creación, le convierten en un artista único en todo el país.

- – - -

(1) Lógicas de lo inesperado, Eulàlia Iglesias, Cahiers du cinéma – España, número 39, noviembre 2010.

(2) “Creo que ‘diario’ es quizás una mala definición, en parte que yo mismo fomenté sin querer, para encontrar una respuesta rápida a la pregunta ‘¿qué estás haciendo?’. No es ni un documental, ni una ficción, ni un ensayo. Lo entiendo como una forma libre de narrar lo que me había planteado, más que un diario podríamos decir que es un intento de construir una narración poética.” Entrevista amb Andrés Duque, M. Martí Freixas, Decine, abril 2011.

(3) Conceptos alrededor de la vida y la muerte, los que estamos aquí y los que están “allí”, fueron expuestos también por el autor en un trabajo anterior basado en reciclaje de material de internet. Nosotros los vivos (Andrés Duque, 2011).

(4) “Y de pronto, un día, una chica gorda en Ohio será la nueva Mozart y hará una película preciosa con la pequeña cámara de su padre y, por fin, toda esta profesionalización del cine será destruída para siempre, y el cine se convertirá en una forma de arte” Francis Ford Coppola en “Hearts of Darkness: A Filmmaker’s Apocalypse” (Fax Bahr, George Hickenlooper, Eleanor Coppola, 1991). Citado en Realidad y creación en el cine de no ficción. El documental catalán contemporáneo, 1995-2010, Torreiro, Casimiro (ed.), Madrid: Catedra 2010.

3 Comentarios

  1. Arcadi Pi i Genet 01/04/2012 | Permalink

    Gracias por el artículo ! Y gracias Andrés, por las muchas cosas que nos muestras, y por mostrarnos que un pinche teléfono puede ver lo invisible y por demostrar-nos que los límites los puede mover uno mismo, eso si, con ayuda de “lo otro”.

  2. Andrés Duque era poeta del cine antes de ser Andrés Duque, antes de ser célula.

  3. maria e cedeño berna 02/10/2013 | Permalink

    Felicidades, genio.
    Gracias por abrir dimensiones nuevas en nosotros con la intimidad de tu obra. Beso.

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Canales de vídeo y redes sociales

  • Vimeo
  • Facebook
  • Feeds

    ETIQUETAS

    ARCHIVO