L’Alternativa 2006. Documentales de la sección oficial

Heterogéneo y excesivo (400 filmes divididos en más de 12 secciones), L’Alternativa es un festival imposible de abarcar en su totalidad. Su variedad de formatos, géneros y propuestas audiovisuales le confieren un carácter fragmentario, pero capaz de atraer a un público cada vez menos monolítico.


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Alternativa 2006

Heterogéneo y excesivo (400 filmes divididos en más de 12 secciones), L’Alternativa es un festival imposible de abarcar en su totalidad. Su variedad de formatos, géneros y propuestas audiovisuales le confieren un carácter fragmentario, pero capaz de atraer a un público cada vez menos monolítico.

En los últimos años, el certamen se había destacado por la importante presencia que la no ficción había tenido en su programación (sin ir más lejos, recordemos la edición anterior en que se dedicaron retrospectivas al francés Nicolas Philibert, al austriaco Ulrich Seidl o a la productora argentina Cine Ojo, comandada por Carmen Guarini y Marcelo Céspedes). Quizás los aficionados al documental nos habíamos malacostumbrado y su décimo tercera edición, celebrada del 10 al 18 de noviembre en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, nos ha sabido a poco. El israelí Eyal Sivan (protagonista de la sección Sinergias de la historia) no llegó a colmar expectativas y su sección oficial de documentales, sin el reclamo de grandes directores, apenas contó con un par de filmes altamente recomendables: El cerco de Ricardo Íscar y Nacho Martín y Voyage en sol majeur de Georgy Lazarevsky, que compartió el premio al Mejor Documental con Un puente sobre el Drina de Xavier Lukomsky.

No obstante, debemos reconocer que algunos filmes se nos quedaron en el tintero, como Nasiona del polaco Wojciech Karperski, que obtuvo una Mención Especial del Jurado. A continuación, comentamos brevemente los documentales de la sección oficial que pudimos ver durante los ocho días de festival.

Voyage en sol majeur de Georgi Lazarevsky (Francia, 2006)
Filme aparentemente lúdico, heterogéneo en su forma, emotivo y lleno de humor, Voyage en sol majeur fue, sin duda, el mejor documental que pudimos ver en L’Alternativa 2006. Su director, Georgi Lazarevsky, decide filmar y cumplir el sueño de su abuelo de 91 años: viajar a Marruecos. Durante años, Aimé ha estado preparando hasta el último detalle este viaje. Sus cuadernos de notas acumulan kilómetros, rutas y hasta el precio de la gasolina. Sin embargo, su mujer nunca le ha querido acompañar. En una divertida escena Lazarevski nos presenta el antagónico anhelo de su abuela: comprar un cómodo sillón (quizás para escuchar música, la gran pasión que le une con su marido).

Una vez establecido este pequeño conflicto el filme se articula como un texto libre que combina varios géneros (diario de viaje, diario escrito, road movie, biografía) y diferentes modalidades: inclusión de archivo, entrevistas en las que brillan sus magníficos personajes, escenas construidas para la cámara y otras “cazadas” con gran acierto. Al mismo tiempo, la narración incluye apuntes sobre la biografía de sus abuelos, su historia de amor, sus reflexiones sobre la vida y el paso del tiempo, las pasiones compartidas y los sueños frustrados. Como en los mejores filmes de Alan Berliner (Nobody’s Bussines e Intimate Stranger), esta película es un bello tributo a los ancestros que, indirectamente, consigue que el espectador se pregunte: “Y mis abuelos, ¿dónde están?”

Un puente sobre el Drina de Xavier Lukomski (Bélgica, Francia, 2005)
Resulta imposible comentar este documental sin separar su banda de audio y su banda de imagen. La primera recupera el audio de un juicio celebrado en el Tribunal Internacional de La Haya por los crímenes ocurridos durante la Guerra de los Balcanes. Se abre la sesión y un testigo relata un brutal, pero apenas conocido, capítulo del conflicto bélico: este vecino de Visegrad se organizó junto con otros habitantes de la ciudad bosnia para rescatar y dar sepultura digna a los centenares de cadáveres que se arrojaron al río durante la guerra. El interrogatorio del juez es minucioso y ante nuestros oídos desfila una serie de “pruebas” del horror. Mientras, nuestra mirada se posa en diversos planos generales y preciosistas, filmados en diferentes momentos del año, del puente que existe sobre el río Drina y punteados con varios fundidos a negro, a priori aleatorios.

Fue el Nobel Ivo Andric quien, en el libro del mismo título que el filme, condensó el simbolismo del puente y su paradoja: la firmeza de un monumento histórico (voluntad del hombre) frente al paso del río (la vida). Un río que divide culturas condenadas a entenderse y un puente que las une al tiempo que se mantiene como testigo férreo de las masacres que han asolado la zona a lo largo de la historia.

No obstante, sin estos referentes previos (que el documentalista da por sentado), audio y video quedan desconectados y la interesante apuesta que plantea este trabajo acaba resultando fallida. Documento histórico (audio) + símbolo histórico (vídeo), no acaban de cuajar para dar como resultado un documental. Sin embargo, el premio al mejor documental logrado en L’Alternativa se suma a los que Un puente sobre el Drina ha conseguido en otros festivales como Docslisboa o Documentamadrid.

El cerco de Ricardo Iscar y Nacho Martín (España, 2005)
Esta pequeña joya que ganó en la Berlinale 2006 el premio a mejor cortometraje europeo estuvo guardada en un cajón durante varios años. Su origen se remonta a 1999, cuando Ricardo Íscar y Nacho Martin se encontraban rodando el documental La punta del moral y para completarlo necesitaron filmar planos de la pesca del atún.

El cerco sigue una de las constantes temáticas en la obra del salmantino Ricardo Íscar: el retrato de grupos humanos cuyo trabajo está Íntimamente ligado a la tierra y presto a desaparecer. Redes, arpones, hombres que se arrojan al mar, olas que rugen y el resonar de los atunes contra la madera de los barcos (como si de un cajón flamenco se tratara) conforman un mosaico de sensaciones que retratan esta labor de un modo casi épico: en el ocaso del siglo XX, nos encontramos ante la clásica lucha del hombre contra la naturaleza. Con una impecable fotografía en tonalidades sepias y un tratamiento del sonido de forma no sincrónica y muy elaborado en postproducción, se podría concluir, a pesar del tópico y de que quizás nunca existió tal cosa, que El cerco es cine en estado puro.

Strip-Tease de Attila V. Nagy (Hungria, 2005)
Con diferentes pretensiones y de menor calado, pero conectado con El cerco en su planteamiento estético (la plasticidad de un trabajo insólito para el público urbanita), Strip-Tease es una bella, ágil y divertida descripción. Amanece en una granja, los trabajadores ocupan sus puestos y decenas de patos desfilan hacia un destino incierto. Un pequeño momento de suspense que nos lleva a imaginar el peor futuro para estas aves. Sin embargo, éste es el punto de arranque de una magnífica coreografía de granjeros que “desnudan” a los patos, plumas que vuelan, graznares y música. Una de las piezas con las que L’Alternativa sí que marca la diferencia a la hora de seleccionar sus documentales.

El color de los olivos de Carolina Rivas (México, 2006)
La ocupación israelí no conoce límites y la estoica resistencia de los palestinos tampoco. El color de los olivos retrata una semana en la vida de una familia palestina que se ha negado a abandonar su hogar, situado en una zona próxima al muro y hoy considerada zona militar. La puerta de su casa se puede considerar un checkpoint y cualquier actividad de los ocho miembros de la familia Amer está marcada por los caprichos y las esperas dictadas por los soldados israelíes.

Un claro conflicto exterior que la directora explora en sus repercusiones internas. Son los pequeños detalles los que añaden nuevos matices a un tema tan profusamente documentado. Así el mayor acierto del filme consiste en dar cuenta de los diferentes grados de reclusión en este microcosmos. Mientras el padre de familia puede salir para trabajar; su esposa se consume en el interior del hogar sujeta, además, a las órdenes de su marido. Mientras que los adolescentes crecen bajo un ideal de resistencia, lucha y heroísmo; a la hija adolescente sólo le queda lamentarse -como su madre- por no poder recibir visitas de sus amistades.

Sin embargo, estas significativas diferencias de género no constituyen el grueso del discurso del filme. Carolina Rivas nos recuerda, en una excelente escena, la arbitrariedad de cualquier guerra. En esta crónica semanal, sólo hay un día en que toda la familia sale de casa para visitar el zoo. Los niños contemplan, con una naturalidad que nos deja atónitos, una jirafa disecada que murió en un ataque israelí. Una imagen macabra, insólito memorial que condensa la injusticia y lo absurdo del conflicto.

Saba de Gregorio Graziosi (Brasil, 2006)
Tal y como se explica en la sinopsis de este cortometraje brasileño, “Saba” es una palabra japonesa que aúna los efectos del envejecimiento con la belleza. Un título sugerente pero que lastra la mirada del director debutante Gregorio Graziosi a la hora de retratar una jornada en la vida de sus abuelos de 75 años.

Graziosi opta por un tempo lento, el silencio y los planos fijos excesivamente fragmentados, estetizantes y en ocasiones incómodos. Apenas vemos a los personajes en su contexto y, en demasiadas ocasiones, se nos obliga a mirarlos a través de una puerta entreabierta (como en la escena en que la abuela asea a su esposo en la cama). Un probable respeto por parte del director, pero que por parte del espectador se percibe como falso pudor y frialdad a la hora de acercarnos a la vejez.

El tren suburbano de Maciej Cuske (Polonia, 2005)
Un documental cuyo planteamiento no puede ser más sencillo: un espacio (el metro), un tiempo (un día) y una clara posición como documentalista (fly on the wall o mosca en la pared que observa sin intervenir). No estamos desde luego ante un trabajo original ni revelador, pero tampoco pretencioso y que cuenta con momentos eficaces, divertidos y curiosos: montaje al ritmo de las canciones de los músicos callejeros y la sensación de relajo progresivo que acompaña a los múltiples y transitorios protagonistas a medida que cae la tarde.

Opiniones de un guarda de noche retirado de Andreas Horvarth (Austria, 2006)
En 1977, Krzysztof Kieslowski realizó el cortometraje documental Night Porter’s Point of View. Casi 30 años después, Andreas Howard visita al protagonista de aquella historia que hoy se encuentra jubilado, viudo y viviendo en un modesto apartamento de Varsovia. El director desmenuza su vida, sus singulares opiniones (su predilección por los western, está a favor la pena de muerte y el autoritarismo, su resignación frente a la soledad) y también su espacio. La originalidad de este documental radica en los numerosos planos detalle, posiciones de cémara (travellings, planos cenitales…) y puntos de vista con que nos es mostrado el hogar del portero. No obstante, sin haber visto la película original -y sin que en el filme se haga referencia a la misma más allá del título-, resulta difícil valorar la dimensión de su protagonista como personaje anacrónico, anclado en el pasado de una Polonia que, ya integrada en la Unión Europea, quiere desprenderse del legado comunista.

The Devil’s Miner de Richard Ladkani y Kief Davidson (Estados Unidos-Alemania, 2005)
Quizás el filme cuya programacián en L’Alternativa resulta más chocante. No sólo porque ya ha tenido cierta difusión (ha protagonizado El documental del mes en dos ocasiones), sino por que estamos ante un producto cuya manufactura responde a las expectativas del “documental europeo de qualité”: alto presupuesto, excelente fotografía, una puesta en escena clásica que invisibiliza al narrador y buenas intenciones. Richard Ladkani y Kief Davidson nos trasladan a unas minas de plata de Bolivia para retratar el trabajo de un niño de 14 años y su hermano de 12. La entrevista utilizada en off es el eje de una narración cuyas imágenes corroboran: asistimos al trabajo y a los ritos religiosos de carácter sincrético adoptados por los mineros y somos partícipes del sueño imposible del protagonista (estudiar para tener otro futuro). Idéntico en tema y estrategias narrativas al capítulo El niño del documental La espalda del mundo de Javier Corcuera, este filme resulta a la postre poco original.

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