Wilhelm Reich: los misterios del organismo

El serbio Dusan Makavejev es una figura esencial dentro de las corrientes “nuevaoleras” que en la década de los años 60 tratan de impugnar el relato cinematográfico dominante a través de un cine que articula radicalidad formal y radicalidad política. Un itinerario que comparte, por citar algunos nombres con los que Makavejev puede tener puntos en común, con el Godard de finales de los años 60, la checa Vera Chytilova o con determinadas experiencias del cine lationamericano, de Fernando Solanas a Gutiérrez Alea.


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El serbio Dusan Makavejev es una figura esencial dentro de las corrientes “nuevaoleras” que en la década de los años 60 tratan de impugnar el relato cinematográfico dominante a través de un cine que articula radicalidad formal y radicalidad política. Un itinerario que comparte, por citar algunos nombres con los que Makavejev puede tener puntos en común, con el Godard de finales de los años 60, la checa Vera Chytilova o con determinadas experiencias del cine lationamericano, de Fernando Solanas a Gutiérrez Alea. Como bien ha señalado Santos Zunzunegui (1) en una crítica del Salmo rojo (Meg ker a nep, 1971) de Miklos Jancso, el clima crítico era propicio para elevar a los altares a cineastas cuyos filmes fuesen a la vez “revolucionarios” y “metacinematográficos”. Como señala el profesor vasco, los tiempos cambiarían rápido, y las nuevas modas críticas desecharían estas experiencias para mandarlas al limbo del olvido, cuando no del más absoluto desprecio. Esto ocurre a principios de los años 70, justo en el momento que Makavejev presenta el que sería su último filme yugoslavo: Wilhelm Reich: los misterios del organismo, que señala el inicio de la decadencia de la fama del cineasta. El filme será prohibido en su país, debido a su explicitud (discursiva más que sexual) y a la introducción de ideas consideradas burguesas (individualismo y subjetivismo, según las autoridades yugoslavas); y Makavejev inicia en el exilio una errática trayectoria con puntos tan bajos como Dulce película (Sweet Movie, 1974), una continuación desfasada y bastante ridícula de los presupuestos teóricos de su película precedente.

En todo caso, Makavejev en su WR desarrolla un estilo que ya venía explorando en su cinematografía anterior, consistente en una estética del colage en la que el cineasta mezcla diversos materiales con una completa libertad: documental, ficción, fragmentos de found footage, performances artísticas y teatrales… Un estilo en el que, de diferentes formas, militan todos los nombres citados arriba (a excepción, evidentemente, del húngaro Jancso), y que fue una de las vías más fértiles del cine de la modernidad a finales de los años 60. En cierto modo, esta heterogeneidad de recursos se ha convertido en un lugar común de las nuevas formas de cine de no-ficción, y no se ha tardado en ver a Makavejev como un precursor de estas nuevas corrientes. Pero entre esas dos manifestaciones habría que introducir una importante diferencia: Makavejev en WR no evoluciona tanto hacia un cine de corte ensayístico como hacia un cine-panfleto, en donde no se busca tanto la reflexión del espectador como su adhesión incondicional. Una adhesión (o un rechazo) que, como en todo panfleto, proviene de unos condicionantes ideológicos que son siempre anteriores al filme. Lo expresa perfectamente el propio cineasta en unas declaraciones que recoge Alberto Elena (2) caracterizando su práctica como un “Cine de Guerrilla”, en donde el estilo o los medios no importan, sólo la efectividad de los resultados. Coherente con este planteamiento, el filme comienza con el recitado de una serie de máximas sacadas de textos de Reich, y con una performance por las calles de Nueva York contra la Guerra de Vietnam. Unas imágenes que inauguran los episodios que Makavejev consagra a la contracultura americana, de la que saca un pequeño muestrario de figuras alternativas que trabajan por una nueva cultura sexual asociada a la contestación política.

Son, por tanto, las teorías del psicoanalista alemán Wilhelm Reich las que guían la elección de materiales que hace Makavejev. Estas, simplificando bastante, defienden la necesidad de una revolución sexual como requisito imprescindible para alcanzar la revolución social. El filme exalta la figura excéntrica y trágica de Reich, expulsado del Parido Comunista Alemán (KPD) por freudiano y de la Internacional Psicoanalista por marxista, y que finalizará sus días en la cárcel y en un sanatorio psiquiátrico. Makavejev ensalza a Reich a través del metraje documental que ocupa una buena parte del comienzo del filme, planteado siguiendo todos los tropos del documental hagiográfico convencional, no sin una notable distancia irónica respecto al modelo: entrevistas a los familiares (mujer e hijo), a los vecinos que subrayan la normalidad de su comportamiento cotidiano; planos que nos enseñan su lugar de trabajo, convertido ahora en museo; imágenes de la prisión donde fue recluido y de la quema de sus libros ordenada por el Gobierno de los EUA; además de ejemplos de los ejercicios corporales destinados a liberar la energía del “orgón” dirigidos por seguidores de Reich (3).

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