Demon

Ya en su nombre oficial actual (Visions du Réel), el Festival Internacional de Cine Documental de Nyon señala el interés de sus organizadores por investigar la naturaleza del acto de explorar la realidad, sujeta ésta a diferentes interpretaciones no sólo en relación a su significado, sino incluso a la posibilidad misma de su aprehensión y la certeza, al menos en parte, de su construcción.


    Post2PDF
Inicio   1 2 3

Demon

“Jegor est-il un monstre ou un homme ordinaire?” (del programa de mano del festival Visions du Réel).

Ya en su nombre oficial actual (Visions du Réel), el Festival Internacional de Cine Documental de Nyon señala el interés de sus organizadores por investigar la naturaleza del acto de explorar la realidad, sujeta ésta a diferentes interpretaciones no sólo en relación a su significado, sino incluso a la posibilidad misma de su aprehensión y la certeza, al menos en parte, de su construcción. No por nada “visión” puede ser sinónimo de “fabulación”. Alegremente ecléctico, el festival reúne documental de cabezas parlantes, reportaje o diario filmado, con producciones que priman lo ensayístico, lo experimental o el manifiesto. Incluso una de las secciones, que contó con los últimos trabajos de Naomi Kawase y Ulrich Seidl, responde al apropiadamente paradójico título de Ficciones de lo real. Todo ello conforma una programación agotadora por lo generosa (casi 200 filmes en el gigantesco programa oficial y algunos centenares más en el mercado), pero siempre sugestiva e intrigante.

Varias de las obras presentes en Nyon podrían ejemplificar el interés anteriormente expuesto. Pero de entre todas sobresale, por su osadía artística, Demon, del director ruso Alexander Malinin, film presente en la sección Tendencias del festival.

Demon es en apariencia una sencilla pieza que muestra la vida diaria de un personaje pintoresco (un ex presidiario ruso). Los festivales de documental nos han acostumbrado a este formato, de manera que en cada uno de ellos esperamos nuestra dosis habitual de seres excepcionales, o al menos curiosos, que hagan que nos maravillemos ante la infinita diversidad del ser humano. En su intencionalidad, y a veces en los resultados, este tipo de trabajos no difieren demasiado de un reportaje de Gente. Demon sortea el “interés humano” para convertirse en una carga de profundidad contra cualquier pretensión de objetividad de la imagen, y lo hace acompañado de una sabiduría cinematográfica excepcional.

El film ofrece diversos fragmentos de la vida en familia de Jegor -un ex presidiario-, su mujer y sus dos hijos -un niño de unos 10 años y una niña de pocos meses. Vemos a la familia en la cocina: la madre haciendo la comida, Jegor preparándose un té y dejándoselo probar a su hijo. Vemos a la madre hablando por teléfono con un tendero o afeitándose las piernas en el patio. Vemos a Jegor bañando a su hija y acunándola por las noches en la minúscula habitación del matrimonio. Es una vida pobre pero no del todo infeliz. Lo que se nos muestra parecería absolutamente anodino si no fuera por dos secuencias: la que abre el film y otra hacia la mitad del metraje.

Inicio   1 2 3

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Redes sociales y canales de vídeo

  • Facebook
  • Twitter
  • Vimeo
  • ETIQUETAS

    ARCHIVO