Eyal Sivan en L’Alternativa 2006

Dentro de las múltiples actividades llevadas a cabo en el Festival L’Alternativa hubo la ocasión de ver una selección de documentales del realizador israelí Eyal Sivan dentro de la sección Sinergias de la Historia. Su cine ha dejado sensaciones decepcionantes en el festival, por dar mucho peso a los argumentos políticos y dejar de lado, a veces totalmente, las construcciones cinematográficas.


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Dentro de las múltiples actividades llevadas a cabo en el Festival L’Alternativa hubo la ocasión de ver una selección de documentales del realizador israelí Eyal Sivan dentro de la sección Sinergias de la Historia. Su cine ha dejado sensaciones decepcionantes en el festival,por dar mucho peso a los argumentos políticos y dejar de lado, a veces totalmente, las construcciones cinematográficas.

Sivan

Route 181, fragments d’un voyage en Palestine-Israel (2003)
Este filme es el que sin duda explica el interés del festival por mostrar la obra de Eyal Sivan, y es probablemente la causa del desequilibrio de la retrospectiva, con documentales de calidad bastante inferior al de este último. Alejados como estamos aquí de los circuitos de discusión europeos sobre documental, conviene recordar que Route 181 fue víctima de una decisión sin precedentes (o con unos muy lejanos por lo menos): la prohibición por parte del Ministerio de Cultura Francés de un pase en el Festival de Cinema du Reel, alegando posibles disturbios alentados por el clima que se había creado tras un pase del filme en la cadena Arte.

Sorprendente cuando el film ya no es -como Izkor– un filme de destrucción, sino de construcción, y uno no puede encontrar el achacado antisemitismo por ninguna parte. El filme se construye en primer lugar como artefacto simbólico, en la línea del trabajo inaugurado por Edward Said y Daniel Barenboim. Así, el director Michel Khleifi, palestino, y Sivan, israelí, deciden hacer juntos una película -lo que exige su lectura como “gesto político”-, trabajando sobre la noción de “frontera”. En una “road movie” muy particular -en la que no faltan los clásicos travellings por carretera para separar los distintos bloques-, los cineastas recorren la línea fronteriza establecida por la Resolución 181 con el objetivo de negarle su función separadora. Un panorama de las diversas relaciones que establecen palestinos e israelíes a lo largo de este extenso “no lugar”. Una apuesta por la convivencia (“un ciudadano, un voto, un estado”, que decía Said), legible en la forma en que los cineastas se relacionan con los sujetos que filman, tratados con la mayor neutralidad y complicidad posible. Salvo, claro, cuando la tensión de un clima viciado no puede sino manifestarse: por ejemplo, en un control con un joven soldado al que uno de los cineastas abronca por su actuación, donde advertimos una toma de postura explícita al tiempo que sentimos el peligro que tal decisión acarrea. Una ejemplar respuesta a eso que inquietaba a Jean-Louis Comolli en su acercamiento documental al FN: ¿Cómo filmar al enemigo?
Ivan G. Ambruñeiras

Agabat-Jaber, paix sans retour? (1995)
Pesado documental de importante valor histórico. Sivan filmó en 1987 Agabat-Jaber, un campo de refugiados palestinos, y volvió 8 años después, justo cuando un tratado de paz dejaba a estos refugiados sin muchas esperanzas de volver. Sivan entrevista varias generaciones frustradas y que desean volver a la tierra natal de sus antepasados al precio que sea.
El hecho de que la mayor parte del documental sean simplemente entrevistas, sin ni siquiera seguimiento de los personajes, lo convierte en un material denso. El valor histórico de los testimonios es el elemento más destacable de la obra. Eyal Sivan estuvo en la proyección y, aparte de pedir disculpas por la mala calidad en que vimos la película (sala Fnac de Plaça Catalunya), tuvo un fuerte discurso político de izquierdas e hizo interesantes reflexiones entorno a la censura/autocensura que en el estado presuntamente democrático de Israel se vive.
M. Martí Freixas

Jerusalem(s), le syndrome borderline (1994)
Este documental es una aproximación al centro histórico de Jerusalén como metáfora del  absurdo en que se mueve Israel. Sivan sabe esconder dentro de esta divertida obra una buena dosis de crítica política.
La acumulación de situaciones surreales y gente fanática por metro cuadrado dan pie a un retrato de un mundo absurdo, donde se cruzan islámicos, judíos ortodoxos radicales y turistas de todo tipo, desde los que no saben donde están hasta los más apasionados. Tiene momentos realmente buenos, como el seguimiento a un grupo de visitantes norteamericanos que se pasean arrastrando una gran cruz o cuando los niños judíos impiden con violencia que el cámara siga grabando (“¡cámaras os vamos a matar, izquierdistas!”). Por otro lado, usa metáforas muy directas. Por ejemplo, Jerusalén es representada por una vieja prostituta, o un presunto médico define un síndrome enfermizo que se da en la ciudad sagrada. Aunque hechas con elegancia, son parábolas muy directas y se echa de menos cierta sutileza.
M. Martí Freixas

Izkor, les esclaves de la mèmoire (1991)
En la presentación de este documental ante la audiencia de L’Alternativa, Sivan calificaba este filme como un ejercicio de “contra propaganda”. Y, desde ese punto de vista, se trata sin duda de una buena muestra de esta denostada práctica. Sivan acota el espacio y el tiempo de filmación: un colegio durante el mes de abril, inflado de ceremonias que recuerdan el (un) pasado del Estado de Israel (o el Pueblo Judío, identificación que trabaja la ideología puesta en cuestión).
Izkor hace colisionar dos discursos: el educativo, personalizado por una maestra que defiende los métodos del sistema, y el opositor del profesor Leibovich, con el que el cineasta obviamente se identifica. Y al decir que los hace colisionar, quiero decir que los elabora como un diálogo ficticio, en el medio del cual se sitúan los pensamientos y las vidas de los alumnos del centro. Alumnos que realizan una auto-puesta en escena (“he elegido ser grabada aquí, ¿por qué?”, dice una de las protagonistas), que contrasta con el abordaje en el puesto de trabajo de los dos adultos que sostienen la lucha ideológica.
Diferentes acercamientos según la situación y respeto por el sujeto filmado “más allá de sus opiniones” que definen con más o menos acierto la práctica documentalista (pueden sustituirlo por periodística si quieren, no creo que le moleste) del autor. Porque la ambigüedad de lo Real -y eso lo sabe Sivan- no puede ser anulada por la práctica fílmica, y por ello es mejor dejarla trabajar, no sin inscribir claramente el punto de vista desde el que se habla. Esto último es lo que intenta desterrar la “mitología” -en el sentido de Barthes-desde la que opera la Institución, escudada en las ideas de transparencia y objetividad.
Ivan G. Ambruñeiras

Israland (1991)
Antiguo trabajo de Eyal Sivan de muy baja calidad en todos los sentidos, indigno de estar en un festival llamado L’Alternativa. Basado en cuatro entrevistas, intenta explicar una situación prometedora de antemano: un empresario georgiano construye un parque de atracciones cerca de Tel Aviv en plena Intifada. Sus obreros son todos palestinos, excepto el gruísta que es israelí. La antención del espectador, sin embargo, decae en seguida.
En ningún momento vemos interactuando los personajes. Sivan se limita a entrevistarlos en sus casas, sentados en sus sofás con las cortinas pegadas en la nuca, con unos encuadres y una luz a nivel de becario en prácticas. Esto sería un mal menor si la historia atrapase, pero las entrevistas son largas y aburridas. La historia tampoco funciona bien y no se entiende del todo sin haber leído antes la sinopsis que, dicho de paso, da pie al engaño. Hay algunas escenas más, muy cortas, en las obras o durante los bombardeos, que quedan del todo aisladas e inconexas con el resto de material grabado. En un festival de cine donde teóricamente hemos de ver obras irreverentes, diferentes, que planteen temas desde nuevos puntos de vista y con nuevos planteamientos cinemtaográficos resulta decepcionante encontrar en la programación piezas como ésta.
M. Martí Freixas

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