Algo realmente nuevo: empezando desde el principio

En 1983 sonó mi teléfono. Un hombre joven del que nunca antes había oído hablar, José Luis Guerín, que resultó tener – entonces – 23 años y vivía en Barcelona, iba a tener en Madrid una especie de preestreno de su primer largometraje, y quería que yo se lo presentara. Le dije que primero lo tenía que ver y me tenía que gustar lo suficiente. Y eso fue lo que ocurrió (ambas cosas) unos días más tarde. Tras aceptar su propuesta, le pregunté por qué había pensado en mí para la presentación. Él me contestó que había leído algunas críticas mías que le habían gustado. En especial una, hacía unos nueve años, sobre Lancelot du Lac de Bresson. Aquello despertó mi curiosidad


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Un artículo de Miguel Marías (1)

En la ciudad de Sylvia

Il faut recommencer de zéro. J.L.Godard (hacia 1966)

Para poder ser claro, permítanme que les cuente tres historias en apariencia inconexas.

En 1983 sonó mi teléfono. Un hombre joven del que nunca antes había oído hablar, José Luis Guerín, que resultó tener – entonces – 23 años y vivía en Barcelona, iba a tener en Madrid una especie de preestreno de su primer largometraje, y quería que yo se lo presentara. Le dije que primero lo tenía que ver y me tenía que gustar lo suficiente. Y eso fue lo que ocurrió (ambas cosas) unos días más tarde. Tras aceptar su propuesta, le pregunté por qué había pensado en mí para la presentación. Él me contestó que había leído algunas críticas mías que le habían gustado. En especial una, hacía unos nueve años, sobre Lancelot du Lac de Bresson. Aquello despertó mi curiosidad todavía más: ya había detectado algunos rasgos bressonianos en su película Los motivos de Berta, y precisamente aquella película de Bresson había gustado a poca gente (y él tenía 14 años en aquella época). Así empezó una de las nuestras por lo general esporádicas pero muy prolongadas conversaciones que siempre le hacen llegar tarde a alguna cita (todavía me siento culpable al recordar que una vez hice esperar un buen rato a Marcel Hanoun). Ya entonces resultaba inusitado que alguien tan joven hablara de Flaherty, Griffith y Dovzhenko como si fueran sus contemporáneos, lo mismo que Godard, Eustache o Garrel, que tampoco eran muy populares o conocidos entre los cinéfilos o directores de cine españoles de principios de los años ochenta.

Guerín era, sin lugar a dudas, un caso aparte. Y no sólo cumplió lo que prometía su primer largometraje, sino que lo ha superado una y otra vez. Rodó Innisfree (1990) en Irlanda, en inglés y galés, acerca de los recuerdos que el rodaje de The Quiet Man (1952) de John Ford dejó en Cong, County Mayo. En 1996, rodó Tren de sombras Le Spectre de La Thuit en Francia. Prácticamente sin diálogo, se trata de una fascinante investigación que parte de una película familiar “encontrada” (en realidad, rodada por el propio Guerín). En 2000 rodó por fin en su ciudad natal, Barcelona. El resultado fue En construcción, un documental muy personal, ganador de un gran número de premios y responsable de que Guerín se haya convertido en una figura relativamente conocida. Parece – eso dice Guerín – que he sido el primer espectador de cada una de sus películas, aunque debo aclarar (ya que la gente se pregunta al ver mi nombre en el apartado de agradecimientos de los créditos finales de En construcción) que lo único que he hecho ha sido animarle y apoyarle a la hora de resistirse ante quienes querían que acortara su película, algo que la hubiera empobrecido, además de dañar su prodigioso ritmo. Desde entonces, ha continuado dando clases y seminarios, animando a los más jóvenes a hacer películas no convencionales, y ha estado muy ocupado preparando una nueva película (La ville de Sylvia o En la ciudad de Sylvia que actualmente está montando). (1)

En un cine de tamaño medio como el español, que no es realmente una industria sino una mezcla no siempre armoniosa de microempresas y artesanado individual, las únicas películas verdaderamente originales, ambiciosas e interesantes provienen de un menguante grupo de cineastas independientes con la dedicación suficiente como para afrontar largas temporadas de inactividad forzosa, frustración e incluso pobreza. Siguen pensando que el cine podría ser un arte e intentan hacer algo al respecto. La reticente “figura paterna” o ejemplo de la mayor parte de las jóvenes promesas del cine es, por supuesto, Víctor Erice, y asumen el riesgo de hacer casi tan pocas películas como él. Hay temporadas mejores y peores en un cine tan frágil como el nuestro, según cuantos de estos cineastas consigan hacer algo (aunque sea un cortometraje), pero en mi opinión y a pesar del consenso oficial, corporativo o complaciente de la mayor parte de los críticos y directores de cine, y del deprimente éxito taquillero de algunas de las peores películas, la del 2005 fue una cosecha muy pobre. Y, coherentemente, la mejor película del año es una que no existe.

Por supuesto, existe, ya que la he visto catorce veces, en tres versiones diferentes por lo menos. Lo que ocurre es que no existe a nivel oficial o administrativo: el Ministerio de Cultura no tiene conocimiento de ella, no la ha “calificado” ni “registrado” y, por eso, no aparecerá en el Catálogo del Cine Español 2005. (Ni en el del 2006 tampoco). Nunca se ha mostrado en público Conseguí, tras mucho insistir, que Guerín se la enseñara en privado a unos pocos amigos, pero, hasta el momento, se ha negado a que la viera nadie de un festival. La discutible justificación que da es que realmente no se trata de una película, sino, más bien, de una especie de anteproyecto fotográfico de un (entonces) futuro largometraje. Largo que quería rodar en celuloide 35mm (al final tuvo que ser en 16mm), en lugar de con una pequeña cámara de video digital de baja definición y, en gran parte, también con una cámara fotográfica digital; en color (el “prototipo” es en blanco y negro, ya que Guerín eligió esa opción); con (poquísimo) diálogo, sonidos y música (en lugar de ser totalmente muda, que es como yo creo que, en todo caso, Unas fotos… debería ser); naturalmente sin rótulos o intertítulos (mientras que Unas fotos… es una película que hay que leer, pues una parte vital de la experiencia que supone consiste en ver aparecer las palabras en pantalla, como en algunas de las últimas películas de Godard); y con un movimiento completamente normal (en la maqueta, parece casi La Jetée hecha largometraje, ya que la mayor parte de las imágenes son fotos fijas; tan sólo hay, de forma ocasional, algunos movimientos ligeros, breves, más bien tentativos, algo así como en algunas películas de Godard a partir de Sauve qui peut [La vie]); ah, y con actores, cosa que apenas sucede en la filmografía de Guerín desde Los motivos de Berta (mientras que en el supuesto “borrador”, obviamente, no hay actor alguno).

– – –

(1) Originalmente escrito en octubre 2005 y en inglés, para la revista online Undercurrent, de FIPRESCI. Reproducido en el catálogo Heterodocsias del Festival Punto de Vista. Traducción de Susana Antón, revisada y actualizada por el autor en enero de 2007.

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Un Comentario

  1. jolly rogers 04/12/2007 | Permalink

    jolly rogers | December 4th, 2007 at 7:37 pm
    en este link se puede ver la charla en el festival de cine de gijón de guerín sobre “Unas fotos…”

    http://www.gijonfilmfestival.com/television.php?idioma=castellano

    por fin (¡¡¡¡¡¡¡por fin!!!!!!!!!) un festival que se entera de algo y usa internet no sólo como si fuera prensa escrita sino sacándole provecho, ostia. a veces parece que estemos en un país sin acceso a la red. felicidades a quien corresponda.

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