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En tierra de nadie. Las obras de Lluís Escartín

Filmes de Lluis Escartin

Visionar los documentales videográficos de Lluís Escartín (Barcelona, 1966) es adentrarse en un espacio confuso, un terreno huérfano, un No Man’s Land tan evocador como intrigante, del que emergen ideas como la del paisaje romántico, el lugar fronterizo y el viaje iniciático (1). Mohave Cruising (2000) y Texas Sunrise (2002) trazan recorridos que, representando parte de la estancia de Escartín por tierras norteamericanas, invitan al desplazamiento físico, a la aventura y al dejarse llevar por la sensación de libertad. Junto con Terra Incognita (2005), estas piezas forman un todo coherente, que no unitario, en el que el autor, armado con una cámara y con una intuición envidiable para capturar instantes latentes; da voz a gente mayor, rescatando puntos de vista que, pudiendo suscitar controversia, permiten replantear la situación del ser en el mundo (2).

Mohave Cruising es un trayecto por el desierto de Arizona protagonizado por cuatro personas, situadas en el interior de un todoterreno. La inmensidad y la espectacularidad del paisaje que les rodea es el eje alrededor del cual giran unos diálogos entrecortados y unas imágenes temblorosas que describen la acción de recorrer una carretera sin asfaltar, hacia el final del día. El intercambio de palabras entre el matrimonio norteamericano, situado en la parte delantera del automóbil (ella conduciendo el cuatro por cuatro y él balbuceando en estado ebrio), remiten insistentemente a la belleza del entorno natural que están cruzando, y al intento de explicar el impacto visual producido por la luz del atardecer, en un terreno árido con cielo nebuloso. Registrado dentro del coche, desde la parte trasera, el planteamiento del vídeo remite al carácter beat -por la necesidad de contrastar reflexiones en la carretera- y al sentir romántico -por la belleza indescriptible del paisaje-.

Texas Sunrise consta de un monólogo, asombrosamente lúcido, narrado por Johnston Frisco, un homeless norteamericano que reflexiona sobre el papel de la libertad en la sociedad occidental actual. Temas como el de las ayudas gubernamentales y el control sobre el ciudadano por parte de las democracias, junto con los del deseo de propiedad privada y la necesidad de sentirse seguro, son algunos de los puntos en los que incide. Los primeros planos del vídeo muestran, en un punto de vista picado, una persona adulta que se desplaza en bicicleta (previsiblemente Johnston Frisco); a continuación las imágenes se estructuran en un conjunto de planos, mayoritáriamente estáticos, que representan la soledad de los escenarios de la Costa Oeste de Estados Unidos. La ciudad de Las Vegas y el paisaje de sus alrededores son las imágenes que acompañan las palabras de Frisco (cuyo nombre no amaga la denominación de la ciudad de San Francisco, por parte de los beatniks). Arquitectura postmoderna, caminos solitarios, automóbiles en desuso, viandantes, señales de restaurantes de carretera y panorámicas de desiertos van apareciendo a lo largo de un relato, en el que el rostro del protagonista queda sin desvelar. Resulta sencillo encontrar similitudes iconográficas entre One Way Boogie Woogie [1] de James Benning y Texas Sunrise -la obra más redonda de Lluis Escartín-, pero aquí las palabras de Johnston demuestran tal veracidad y consecuencia vital que acaban adquiriendo el protagonismo de los diecisiete minutos, dejando la sucesión de encuadres en un segundo plano.

Terra Incognita es un particular retrato de la gente mayor que conrea el campo del Alt Penedés catalán. Escartín da voz a conocidos para plantear la pérdida de unos valores alejados de la tecnificación y la mecanización actual, mucho más proclives al tempo pausado y al contacto con la naturaleza. La aparente dejadez en la captura de algunas de las entrevistas, el rechazo a grabar imágenes bellas y decantarse hacia lo directo e inmediato dan una textura visual amateur que en la post-producción queda empobrecida por el uso de efectos digitales. La descripción de ese espacio natural y las declaraciones de los que lo habitan y lo trabajan, suscita una curiosidad y un interés que bascula entre la comicidad y el extrañamiento.

El documental Path of the Bees (1999) demuestra, con su inquietud etnográfica, un punto de vista ortodoxo en la puesta en escena y en el resultado final. El modo en que retrata las personas autóctonas de la selva de Chiapas, prescindiendo de la voz en off explicativa y dejándose llevar por una narración visual hecha de detalles; hace que documente con perseverancia la vegetación del lugar, las construcciones, los gestos y las miradas de quienes lo habitan.

El encargo titulado Ivan Istochnikov [2] (2001) forma parte del proyecto Sputnik del fotógrafo Joan Fontcuberta. Estos treinta minutos ayudan a arropar la crisis de la objetividad fotográfica que Fontcuberta ha cuestionado desde sus inicios, mediante exposiciones como Fauna Secreta. La hipotética desaparición del cosmonauta ruso Ivan Istochnikov (cuyo nombre es una traducción al ruso del de Joan Fontcuberta) es el leit motiv de una pieza videográfica estimable. Fragmentos musicales de Maria Callas, Cabaret Voltaire, J. S . Bach y trozos de largometrajes de Solaris, Viaje a la Luna o La Guerra de los Mundos sirven a Escartín para realizar un falso documental de compilación –inevitablemente tendencioso-, donde las imágenes de archivo se mezclan entre entrevistas a un supuesto hisoriador ruso que investiga y elabora la teoría conspirativa. Hacia el final del fake es el propio Fontcuberta quien describe la experiencia de encontrarse gravitando en el espacio en un inserto confuso, difícil de creer.

Los veintisiete minutos de Amor (2001) resultan ser una entrevista a un joven pro-palestino que se encuentra en una prisión, relatando la historia de su vida, su oficio como fotógrafo de prensa y su conversión a soldado de élite israelí, con todas las complicaciones resultantes de ello. El hecho de que el propio Escartín haya trabajado como fotógrafo de guerra explica la inquietud de su realizador por dejar de banda las imágenes violentas y enfrentarse al recluso sin prejuicios, dejando que las palabras hablen por sí mismas.

Estas y otras obras audiovisuales de Lluís Escartín realizadas durante las dos últimas décadas (75 drive-a-way (1991), Aguila, AZ (1992), Amazons (1994)…) son piezas que nacen de una necesidad, la de capturar vivencias en primera persona del singular, recreadas posteriormente con criterio y sensibilidad.

Algunos filmes de Lluís Escartín se podrán ver el próximo sábado 13 de octubre en el CGAI, dentro del Ciclo D-Generación, que después de presentare en el Festival de Cine de Las Palmas, comienza su itinerancia en La Coruña

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(1) “Fotógrafo errante y poeta del cine, fundador de El Armadillo Productions en Nueva York, conservador de celuloide y fotografía en la selva tropical de Chiapas y de allá a regidor del festival OVNI de Barcelona, entre muchas otras cosas: él es, en todas sus encarnaciones, un observador del mundo con compromiso poético. Su biografía se podría medir en kilómetros, si tenemos en cuenta el sentimiento de un artista inquieto con curiosidad por descubrir lugares, personas y, lo que es más importante, a él mismo”.
De la página web de Flux 2007. Festival de Vídeo d’Autor [3].

(2) ”Él es un poeta que monta versificaciones visuales y sonoras, y líquidas y anárquicas, con una estructura tan libre, tan abierta (si bien estructura al fin y al cabo) que no puede sobrar nada y que, dentro del tono distendido y el amplio panorama mental y externo de cada pieza, admitiría cualquier añadido…” Carles Hac Mor, A Trenc d’Alba. Catálogo Flux 2007. Festival de Vídeo d’Autor. Barcelona, 2007.