En la ciudad de Sylvia. En la ciudad de… Guerin

En la ciudad de Guerin el tiempo se ha detenido, las luces y las sombras envuelven a la gente en una atmósfera idílica, casi irreal, y el sonido lleva sobre sí toda la carga de la realidad. En la ciudad de Guerin abundan las mujeres, guapas, por supuesto, el viento mueve sus cabellos ante la atenta mirada de los hombres, y de la cámara. Pero en esta ciudad (…)


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En la ciudad de Sylvia

La abeja
se embriaga
con el aroma de una flor desconocida
(Abbas Kiarostami)
(1)

En la ciudad de Guerin el tiempo se ha detenido, las luces y las sombras envuelven a la gente en una atmósfera idílica, casi irreal, y el sonido lleva sobre sí toda la carga de la realidad. En la ciudad de Guerin abundan las mujeres, guapas, por supuesto, el viento mueve sus cabellos ante la atenta mirada de los hombres, y de la cámara. Pero en esta ciudad también hay sitio para los personajes marginales, que aparecen, de vez en cuando, contrastando con tanta belleza y dejando un poso de realidad. Esta es una ciudad donde las calles están libres de coches y ruidos molestos, y la gente pasea cruzándose con los tranvías en un baile sin fin. Todo esto sucede mientras un chico busca a una chica, a la que perdió hace años en esta ciudad, en la ciudad de Sylvia, que es también la ciudad de Guerin.

En la ciudad de Sylvia no es un documental, pero tampoco es una ficción, sino que se encuentra en otro lugar, en esa “tierra de nadie” en la que Guerin se mueve como en su casa. Un lugar sólo reservado para unos pocos, aquellos que no tienen miedo a correr el riesgo de experimentar con el cine; ni de andar por senderos solitarios, alejados de las carreteras principales por las que circula la industria cinematográfica.

Es difícil definir el género de esta película, igual que del resto de la filmografía de Guerin. Supongo que los géneros están hechos para un tipo de cine standard, y, desde luego él está muy alejado de este tipo de cine. Quizá habría que establecer nuevos géneros para ese cine que se mueve en los márgenes, o tal vez no…

En todas sus declaraciones, Guerin se empeña en definir su film como “una película sencilla”. Creo que esta afirmación ha de matizarse, porque sin duda el argumento de esta película es terriblemente sencillo: “Un chico en una ciudad, mira a una chica. Después mira a otra”. Esto es lo que se cuenta en la sinopsis del film, y en realidad la película es eso, sin más. Una anécdota que genera todo un filme. Este es un recurso muy utilizado por él en su cine, pero aquí llega a su punto máximo y lo anecdótico no sólo genera la película, sino que es la película. Por eso En la ciudad de Sylvia es sencilla de contar, pero no sencilla de ver. El espectador tiene que estar preparado para lo que va a ver, no puede entrar en el cine esperando que le cuenten una historia convencional con su presentación, nudo y desenlace típicos. En la ciudad de Sylvia es una película lineal, pausada, sin sobresaltos, sin giros inesperados y sin final feliz. Para ver esta película hay que ir al cine con la idea de dejarse seducir por la belleza de las imágenes, descubrir el ritmo interno de sus planos, buscar en sus encuadres la sinfonía de rostros que aparecen y desaparecen tapados por otros rostros. Dejarse guiar por los personajes, durante su larga persecución, en esa ciudad idílica. Y escuchar atentamente todos los sonidos que circulan por la atmósfera de esta ciudad. En definitiva, sentarse en la butaca, mirar y escuchar, sin buscar dobles sentidos o explicaciones complejas a lo que estamos viendo.

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5 Comentarios

  1. alguien de la borradora 11/10/2007 | Permalink

    “En la ciudad de Sylvia” Guerín ha tocado el vacío. No sé como defender una película en la que la admiración de la belleza y del mundo es de una falsedad apabullante, en la que la pulsión ha sido enterrada para construir una película de un romanticismo babeante, en la que el misterio ha sido reducido a un anuncio de publicidad con travellings filmados a la altura de los pies.

    Eso sin hablar de los continuos desaciertos en los cortes, en la construcción del tempo de las escenas, en los falsos raccords que huelen a suturas de modisto afrancesado. Un fallido intento de Bressonismo. Falta la crueldad. Eso sin hablar de la construcción de la escena hablada que hace aún más patético “la película sencilla”, su aparente humildad en la autoría: “oh la juventud perdida!”. y luego Guerín pasando en bicicleta por detrás.

    Y luego también (¿por qué no?) el encuadre de la miseria al lado de la belleza… Sobre todo el plano de la vagabunda que lanza la botella. Me hace acordarme de Rivette en su crítica de “Kapo” de Pontecorvo: “el hombre que en ese momento decide hacer un travelling hacia adelante para encuadrar el cadáver en contrapicado, teniendo el cuidado de inscribir exactamente la mano levantada en un ángulo del encuadre final, ese hombre merece el más profundo desprecio”.

    Nada, que basta ya de encantadores de serpientes.

  2. dan petrescu 13/10/2007 | Permalink

    Estoy escuchando muchísimos comentarios negativos alrededor de “En la ciudad de Sylvia”. Y tb algunos positivos. En todo es una peli que habiendo llegado a las salas genera debate, ya es algo hoy en día.

    Comparto la opinión de esta crítica (la de B&D) en que podría haber terminado la peli cuando ella baja del tram. Totalmente desacuerdo en que hay desaciertos en los cortes y en el tempo. La escena enfrente de la escuela de Arte (la segunda de la película) contiene precisamente todo esto a nivel excelente, aparte de una clase maestra de composición de cuadro y de uso de la luz. Verlo o no verlo consiste en el grado de manía que se le tenga a JLG. Curioso (ocurre en muchos países) que el cineasta más próximo (físicamente hablando) es el más vilipendiado. Y a veces se nos cae la baba por Fu Man Xu, cineastas de países recónditos (como más exóticos mejor) de los cuales hemos visto un mediometraje y ya los adoramos como si fueran semidioses, esto es snobismo.

    Uno de los riesgos de JLG – que sus depradadores olvidan – es su alto nivel de riesgo. Intentar reinventarse en cada película es apostar a todo, al doble o nada cada vez. Le puede salir mejor o no tan bien, pero es exagerado machacar este largometraje lleno de arte en cada toma.

    Comparto lo de la crueldad. Pero es una elección. A veces elecciones muy gratuitas, como el imbécil de Haneke.

    Viva Guerín

  3. alguien de la borradora 15/10/2007 | Permalink

    Hemos defendido al señor Guerín hasta la saciedad. Desde “Inisfree” hasta “En construcción”. Hemos alabado su factura, su compromiso con el cine, su herencia aventajada, su movilidad entre fronteras y los límites, e incluso hemos admitido su cada vez mayor Ericeización.
    Pero insistimos “En la ciudad de Sylvia” es una película muerta, estancada, irritante por su aparente sencillez maestra, un auténtico chasco cinematográfico. Algo se ha perdido por el camino cuando parecía que lo habíamos recuperado.

  4. Muerte a Carroggio, Viva Guerin 16/10/2007 | Permalink

    Guerin va una passa per endevant sempre. Tant de bo la resta de cineastes arrisquesin la meitat que ell i obrisin camins igual. Al costat de “sylvia”, “Honor de cavalleria” em sembla en el fons una película poc arriscada i gens transgressora. Que falla i puntxa per molts llocs, cap dubte. Però ja se sap, qui no arrisca mai guanya. I són molts els petits prodigis que ens brinda.

  5. veoracidad 19/10/2007 | Permalink

    La película de Guerín pese a quien le pese se cae (como lo hace “Inland Empire” por cierto, justo en las antípodas de ésta). Yo la disfruté y no diría que es una mala película, al contrario, pero no acaba de conseguir lo que pretende. Una película sencilla sobre la búsqueda, la belleza, la contemplación, cierto retrato social contemporéneo. A mi se me hace todo demasiado evidente y repetitivo. Quizá con un metraje menor, algo más de realismo y un protagonista más convincente…
    Lo que está claro es que con Guerín siempre vemos algo nuevo y apasionante asi que mi más sincero elogio para él y para “En la ciudad de Sylvia”.

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