En la ciudad de Sylvia. Políticas de la mirada

Un viaje a una ciudad, un hotel, la persecución de alguien por un voyeur, la acción de En la ciudad de Sylvia (2007) de José Luis Guerín es mínima, esquemática y abstracta, se sugiere una cierta acción y apenas se esbozan los personajes.


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En la ciudad de Sylvia

SOBRE LA REPRESENTACIÓN DE LO FEMENINO EN EL ÚLTIMO FILME DE GUERÍN

Un viaje a una ciudad, un hotel, la persecución de alguien por un voyeur, la acción de En la ciudad de Sylvia (2007) de José Luis Guerín es mínima, esquemática y abstracta, se sugiere una cierta acción y apenas se esbozan los personajes. Se podría resumir la película como alguien que mira y alguien que es mirado; mejor, hay un él que mira y un ellas que son miradas, y dentro de este argumento narrativo cabrían infinidad de películas o de imágenes tanto de la publicidad como de la tradición del arte.

Invocamos, a grandes rasgos, Muerte en Venecia (1971) de Luchino Visconti, un viaje a Venecia que lleva a que el personaje, Gustav, tras instalarse en el Hotel del Lido, se encuentre al joven Tazio y a que se lance a seguirlo por las calles de la ciudad. Vagará contemplando la hermosura del muchacho y de la propia Venecia, la ciudad es bella, pero su belleza parece la de un inmenso cementerio, ya que se encuentra en plena epidemia de cólera – el declive progresivo de la ciudad es asimismo el de la vida del protagonista. Tazio es así la belleza que rompe con los esquemas o ideales anteriores del protagonista, es algo que él no busca, sino que irrumpe y al darse de bruces con esa belleza está condenado a morir (1). Y aquí la película de Guerín se separa radicalmente de la de Visconti. El protagonista de En la ciudad de Sylvia viaja a una ciudad, Estrasburgo y, por el contrario, no se encuentra con la belleza, sino que la busca en una figura femenina: Sylvie. Tiene un mapa, el posavasos de un bar…, tiene un esquema, un ideal a seguir, y mira a la ciudad y a los rostros femeninos a partir de ese esquema o proyecto. El hecho del ir con un proyecto que ya prevé donde llegar – esa búsqueda de ese ideal femenino – implica una cierta ceguera, ‘un ver sin ver’, pues el proyecto o esquema es una decisión que prevé un designio anterior. Así no mira las cosas que se presentan delante de sus ojos, sino que mira con anterioridad. Y en esa manera de dirigirse a la ciudad y a los rostros femeninos que la pueblan, no los ve, sino que los obliga a confirmar lo previsto. Lo que vendría a ser un permanecer ciego ante los rostros, sin querer mirar, sin querer escuchar.

En ese sentido lo que vemos en la película es el desfilar de ese esquema, ese ideal de belleza, algo abstracto y estilizado, que tiene un nombre, Sylvie. De tal forma que el protagonista de En la ciudad de Sylvia está mucho más cercano al protagonista de la película de Eric Rohmer L’amour, l’après-midi (1972), Frédéric, que al de Muerte en Venecia. Frédéric adora a las mujeres y a su belleza y aprovecha los tiempos muertos para reflexionar sobre la belleza mientras busca la mirada de las mujeres con las que se cruza. Hay una secuencia dónde Frédéric se imagina un seductor irresistible frente a las heroínas de los cuentos morales precedentes. De tal forma que tanto las calles de Paris de la película de Rohmer, como las de Estrasburgo, de la película de Guerín, se pueblan de fantasmas del deseo. Las películas remiten a un pasado anterior a la contemplación, un ha sido que sigue siendo, una especie de presencia fantasmal, Sylvie, Laure, Claire, Fabien, Haydeé, Françoise…


(1) ‘Aquél que ha contemplado la belleza está condenado a morir’, refiere Visconti.

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4 Comentarios

  1. jfcls 23/10/2007 | Permalink

    uy, aqui que el texto es a favor nadie dice nada, y en el otro, que se cargan la peli, venga a protestar la gente… ¿qué raro no? Y eso que hay uno/a que dice que ha oido muchos comentarios en contra y solo algunos a favor ¿que raro no? por cada uno en contra que yo veo en este blog, yo encuentro dos a favor… ¿qué raro no? y este que es a favor no tiene ninguno en contra, ¿qué raro no?

  2. D. Petrescu 24/10/2007 | Permalink

    Este texto muerde bastante a la peli, y nadie ha dicho nada. ¿Quién calla otorga? Sigo oyendo comentarios bastante duros con esta película, sobretodo por su planteamiento de hombre-perseguidor más que por las formas elegidas – y quienes la defienden tienen sus dudas y aceptan sus flaquezas. Bastantes mujeres que la han visto encuentran en la película un pov machista, algunas ya les da repelús sólo de leer la sinopsi y creo que simplemente no irán a verla. Se levanta una barrera desde una óptica feminista, no sé si Guerín se lo había planteado. Estaría muy bien oir las opiniones de gente de DracMagic, por ejemplo.
    Por otra banda no he leído en ninguna parte un análisis freudiano de su mirada, y ya que parece algo autobiográfico el relato, creo que podría ser interesante. Más bien pienso que Freud se pondría las botas con esta película.

  3. Nanook of the South 25/10/2007 | Permalink

    Me gustaría saber qué textos a leido jfcls, (el del 1º comentario), porque creo que es al revés, este texto es bastante negativo, y desmonta la pelicula; mientras que el otro la defiende, propone otro final, pero en ningún momento se la carga. Así que chato-a, te recomiendo que vuelvas a leer los dos textos; porque lo único raro es tu interpretación de los mismos.

    Por otro lado, creo que los comentarios están en el otro texto, precisamente, porque es a favor, y a la gente, la pelicula, no le ha gustado mucho, salvo excepciones. También creo que muchos no se atreven a criticar este otro, porque no es politicamente correcto ir contra el feminismo.
    No quiero entrar a valorar si lo que aquí se dice es cierto o no, pero pienso que no hay que verlo todo desde el prisma de lo masculino o lo femenino. Y, si es cierto, que la mirada de Guerin es “demasiado masculina”, ¿qué importa?, es su mirada y es su pelicula. También podríamos decir, entonces, que las peliculas de Marguerite Duras son “demasiado femeninas” o las de Spike Lee “demasiado afroamericanas”, por ejemplo.

    Cada cineasta tiene un bagaje cultural y una mirada propia, de los que no puede desprenderse a la hora de hacer cine. Igual que cada espectador tiene los suyos, y no podemos pretender que ambas miradas coincidan, porque espectadores hay muchos y cineasta, (Guerin, en este caso) sólo uno, con unas paranoias e intereses propios, y sobre ellos construye su cine; como todos.

  4. jfcls 27/10/2007 | Permalink

    ups! cierto, lo siento, lapsus… cruzé lecturas. Mea culpa.

    En todo caso y respecto a la segunda parte del texto de Nanook: los vientos de las historia nos dicen repetidamente que no es lo mismo ser demasiado masculino que demasiado afroamericano o demasiado feminino… es un tema de posición de poder. No sirve la comparación.

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