FIDMarsella: llamamiento, encuentro y referencia

El Festival Internacional de Documental de Marsella es hoy en día un imprescindible punto de encuentro y de referencia para tomar el pulso al cine documental actual. Sus organizadores consiguen que el evento se convierta en un ente vivo de la mañana a la noche a lo largo de sus 6 días de existencia.


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1. Cita clave
2. Sección oficial: Juízo / Traduire l’Europe
3. El primer mundo visita al tercero: cómo filmar en África

1. Cita clave

El Festival Internacional de Documental de Marsella (FID) es hoy en día un punto de encuentro y de referencia imprescindible para todos aquellos interesados en conocer, valorar e inmiscuirse en el cine documental contemporáneo. Posee una gran capacidad de llamada internacional y sabe situarla dentro de un marco excelente. Su organización y ejecución son perfectas en todos los sentidos. Por todo ello, el certamen, dirigido por Jean-Pierre Rehm, es una cita a tener en cuenta anualmente.

Más allá de criterios y películas, el FIDMarsella genera la vida necesaria alrededor del documental: se crean espacios de debate constantes, dinámicas alrededor de sus salas, uniendo cineastas de todas partes, público, programadores de otros festivales, críticos, estudiantes, amantes del género… Sus organizadores consiguen que el evento no termine en la sala de proyección sino que realmente sea un ente vivo de la mañana a la noche a lo largo de sus 6 días de existencia.

Cinematográficamente, el festival aporta una mirada plural al cine documental actual a través de una acurada sección oficial. Sus secciones paralelas sirven para plantear cuestiones entorno a la contemporaneidad así como también para realizar una inmersión didáctica hacia el pasado. Ante la explicitación del peso de formas documentales en Cannes 2008 (“La frontera abierta: documental / ficción” Carlos F. Heredero) (1) y las quejas sobre los documentales seleccionados en el mismo Cannes (“El documental sólo tenía como representantes de qualité realizaciones de una penosa mediocridad, panfletos simplistas o documentos de televisión sin ninguna idea de cine” Jean-Michel Frodon) (2), Marsella llena este espacio con un amplio abanico formal. Desde ficciones que toman elementos documentales y viceversa (Aquele querido mes de agosto de Miguel Gomes, El cielo, la tierra y la lluvia de Torres Leiva), documentales de carácter social y fatcura acurada (como Bab Sebta o Juízo), de archivo (como la ganadora Must Read After My Death de Morgan Dews), reutilización de imágenes (la política Iraqi Short Films de Mauro Andrizzi o la ensayística Optical Vacuum de Dariusz Kowalski), búsqueda de nuevos territorios (Possible Lovers de Raya Martin), ensayos provocativos y radicales (The confessions of Roee Rosen) o documentales de factura más clásica (Hunters since the beginning of time de Carlos Casas, de vertiente antropológica y única película española en competición) o simplemente buenas historias bien contadas (como The Girl with X-ray Eyes de Philip Warnell).

Al salir fuera del país, uno, de forma inevitable, tiene la tendencia de comparar lo vivido en su tierra con lo visto en la ajena. En este caso concreto, cualquier comparación con los festivales de cine documental en España es sonrojante. Sólo el Festival Punto de Vista de Pamplona marca unas tendencias que le aproximan a ésta excelente línea de trabajo.

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(1) Cahiers du cinéma núm. 635, junio 2008, extraído de Cahiers España núm. 13.

(2) Id. Eulàlia Iglesias lo analizaba en el artículo Documental, no ficción e hibridaciones en el Festival de Cannes (“Cannes mantiene una política conservadora que todavía no le permite romper con esa tendencia que sigue equiparando “gran cine” con el concepto de ficción más tradicional”).

2. Juízo / Traduire l’Europe

De entre las muchas propuestas de la sección oficial Juízo (Behave) fue la más atractiva, interesante para todo tipo de público y que ofrece unos contenidos sociales y éticos idóneos para la reflexión. María Ramos filma juicios de niños menores de dieciocho años en Sao Paulo. La energía que surge de estas audiencias filmadas transmite algunos de los problemas que desarrolla la pobreza en el mundo, como la incomprensión del ser marginal (analfabeto, pobre) ante las estructuras sociales, las implacables soluciones del estado o el incierto destino de una sociedad joven y descarrilada.

Nos situamos en un tribunal de menores. El mecanismo de rodaje es similar al 10e Chambre, instants d’audiences de Raymond Depardon. Tenemos tres ángulos de cámara: uno encuadra al juez, otro al familiar del niño. El tercero graba al acusado. La ley brasileña no permite la difusión de imágenes de menores y ante esta imposibilidad María Ramos aporta una solución práctica y brillante por el significado que conlleva. Los acusados son reinterpretados – con una credibilidad espeluznante – por niños del mismo barrio donde se llevaban a cabo los juicios. Con este añadido neoralista para crear el contraplano del juez, los diálogos permanecen intactos y el juicio se reproduce tal y como se llevó a cabo. La juez que protagoniza toda la primera parte del documental es un personaje memorable quien con toda su dureza y severidad, se revela como una metáfora del estado, trazando pautas que chocan con realidades opuestas a éstas. Juízo merece dar la vuelta al mundo.

Iraqi Short Films del argentino Mauro Andrizzi fue también una de las películas más destacables del evento. Una propuesta original, que mezcla videos sacados de internet de combatientes de todos los bandos en el conflicto iraquí. Partiendo de la ética y de un excelente conocimiento de la situación del conflicto, Andrizzi traza gran cantidad de cuestiones entorno a la guerra en la línea del frente, al poder de las imágenes, a la manipulación política y al sin sentido general que nos rodea.

De entre las diversas secciones paralelas (retrospectiva Robert Kramer, Reencuentros cinematográficos sudamericanos, Zanzíbar, Proyecciones Especiales y unas cuantas más) destacaba la llamada Traduire l’Europe / Translating Europe, comisariada por Sirkka Moeller y basada exclusivamente en documentales europeos. Lo interesante fue su cruce de miradas, las aportaciones oblicuas y mestizas de todo el continente, que reflejaron bien la extrema complejidad de los seres que lo habitan. Entró en su selección un grupo de películas españolas desde José Luis Guerín paseando por Florencia (Unas fotos… en la ciuda de Sylvia), el valenciano Claudio Zulián conversando con inmigrantes rumanos en España (A lo mejor) o Andrés Duque con La constelación Bartleby, obra que escapa a etiquetas y ofrece diversas lecturas, entre ellas la de la metáfora política.

Moeller describió sus elecciones por negación: “Traduire l’Europe no es la Europa de la Unión Europea, no es la Europa del turismo, no es la Europa del periodismo” y para dar cuenta de ello eligió un cineasta lituano, Deimantas Narkevicius, del cual se hizo una retrospectiva completa. Sus cortometrajes iluminaron la pantalla con momentos de gran belleza, inspiración y simplicidad formal, a menudo super8 en mano, andando por lugares recónditos, con Wagner o Bach al fondo. En ellos se ven reflejos de Chris Marker y también de Jonas Mekas. Sus apuntes políticos y sociales brillaron en Once in the XXth century, con el remontaje a la inversa de la deposición de una estatua de Lenin, o la búsqueda del centro geográfico europeo en un escondido paraje lituano en Europe 54º54’ – 25º19’.

Otros de los documentales interesantes de la sección fue Cosmic Station, de Bettina Timm, simpático retrato de los científicos que habitan en un perdido observatorio estelar en Armenia, y Die Lausitz 20×90 de Bernhard Sallmann, cine métrico muy parecido al de James Benning, observación serena de los espacios vacíos, donde antes había existido una ebullición obrera del cual no queda nada.

3. El primer mundo visita al tercero: cómo filmar en África

Tres películas alrededor de África y sus conflictos político-sociales fueron premiadas en el certamen. Es uno de los temas más frecuentes en el documental en los últimos años, nacido del sentimiento de culpa del hombre occidental ante la evidencia de que la prosperidad del “primer mundo” se basa en la miseria económica de parte del resto del planeta. Esta recurrente motivación ha llevado a la confección de muchos documentales de buenas intenciones el objetivo principal de los cuales es la denuncia de una injusticia o la muestra de solidaridad con los más desamparados, habitualmente sin más concepto audiovisual que el de retransmitir. Por suerte, no es el caso de lo proyectado en Marsella.

Mirages de Olivier Dury renuncia a las ideas preconcebidas de compasión, solidaridad o protesta que comentábamos, asemejándose más a la crónica de un viajero. Dury acompaña a un grupo de refugiados que cruzan el desierto del Sáhara dirección al norte con dos destartaladas furgonetas. No nos cuentan sus dramas, no aprendemos sus historias personales, no son filmados como víctimas de las que compadecerse. Tampoco llegamos a identificarlos individualmente pues se nos muestran como colectivo. Hombres apelotonados encima de la furgoneta, sin espacio, sin reposo, tormentas de arena durante el día, frío de noche y sin mantas, el motor que no funciona, el miedo a perderse, a morir de sed. El cineasta sólo necesita que le dejen filmar y seguirlos para acercarnos a los extremos de conceptos como la heroicidad, la miseria o la capacidad de supervivencia.

El documental supera el hecho de que fueran hombres africanos cruzando el desierto desde Nigeria hasta Argelia, podía suceder en cualquier otro jodido rincón de este mundo. Es un testimonio de la tenacidad del ser humano para no doblegarse ante el destino, retrato de un grupo de desesperados emprendiendo un viaje que flirtea con la muerte. Impactante plano a plano, fue una de las mejores películas del evento, acabó ganando el premio ópera prima.

Los hombres de Mirages llegaban a destinos como los que Bab Sebta (Pedro Pinho, Frederico Lobo, 2008) mostraba en una correcto acercamiento a los refugiados en el norte del continente. El documental viaja a través de diversos puntos fronterizos entrevistándolos, todos ansían cruzar como sea el mediterráneo para llegar a su sueño. Bab Sebta dibuja este submundo dentro del tercer mundo, sus ciegas esperanzas, sus eternos tiempos de espera. No añade grandes novedades a la temática pero se desarrolla correctamente y encaja como una pieza de puzzle con el anteriormente citado, pues algunos de los refugiados de Pinho y Lobo que miran al Mediterráneo han llegado allí con alguna de las furgonetas de Dury. Encontraríamos documentales para culminar todo el recorrido, desde el abandono de sus ciudades hasta las vicisitudes en el continente y a menudo su expulsión.

La tercera propuesta fue A loin des villages, película más fría que las dos anteriores y que puede generar algunas preguntas éticas interesantes. Su director, Olivier Zuchuat, propone un film sobre los refugiados de la guerra de Darfur en Chad. Su planteamiento estético es ambicioso. Así como las dos anteriores se expresaban a través de una cámara viva, de relación directa con las personas filmadas, aquí la relación es mucho más distante. Los planos siempre son abiertos, incluso las entrevistas son en plano general. No vemos definidos los rostros de las víctimas, con lo que en lugar de enternecernos conceptualizamos más su drama. Casi todas las tomas son preciosas, cuadros perfectos, que reflejan motivos y tradiciones típicos de esta parte de África: los trajes coloridos, las hogueras en la noche, la negociación de una dote para una boda.

Este alto concepto estético, en un panorama tan desolador, influye en el contenido. A loin des villages se ha planteado como una denuncia de la situación de estos refugiados, pero la explicación de la problemática es muy diluída. Olivier Dury se hundió en las profundidades del Sahara con un puñado de desesperados. Lobo y Pinho se acercaron a escuchar aquellos quienes aspiran a una vida mejor. Zuchuat mira con ojos de pintor el drama humano. ¿Es éticamente cuestionable plantear estos parámetros de rodaje en una película sobre refugiados de guerra? ¿Es ética esta estructura impersonal, alejada, con sólo apuntes políticamente correctos sobre el conflicto?

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Un Comentario

  1. Nanook 13/09/2008 | Permalink

    Leer estas cosas, te hace tener una envidia sana (?), a nuestros vecinos franceses.
    ¡Eso es un festival y no Docupolis!
    Es una pena que este festival que se celebra en Barcelona, que fue puntero en su momento y que tendría que ser algo parecido al de Marsella, se ha acabado convirtiendo en un festival de productos estándar ONG, principalmente latinoamericanos, todos ellos aderezados con música de Manu Chao. Con cero originalidad y cero creatividad, visto uno, vistos todos.
    A ver si aprendemos de los franceses.

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