El silencio entre los disparos

El nuevo mediometraje de Lluís Escartín muestra una cara menos conocida en su filmografía. En el entorno revolucionario egipcio, el qué pasa a ser más importante que el cómo, con el único fin de elevar el sentido a su más alto grado de comprensión crítica.


    Post2PDF

Please Revolution

Desde 75 Drive-a-way (1991) que Lluís Escartín filmaba en el southwest americano hasta The silence between the shots (El silencio entre los disparos, 2012), presenciamos una trayectoria en la que no existe coalescencia entre sus películas y los distintos estratos normativos del aparato cinematográfico de nuestros días. La primera constatación de esta falta de química es la oposición radical entre el autor y la industria del cine: la industria ignora su obra y su obra no necesita de la industria. La segunda, es la incapacidad del discurso teórico-crítico para sistematizar un corpus fílmico sin tradiciones estéticas y ubicarlo dentro del sistema historiográfico. Como señala Josetxo Cerdán, “su obra se sitúa al borde del abismo: no hay respuesta a las tendencias, ni siquiera a las minoritarias” (1). Será este doble frente de desprecios mutuos el terreno por el que transite. Un espacio que se ubica allende las fronteras de la extraterritorialidad cinematográfica. Un cineasta solitario que podríamos calificar de “outsider”.

Mas, por otra parte, quedaría por saber de qué manera las películas dan cuenta de este modelo de desviación. Cerdán convoca la idea de un “viaje de desaprendizaje de trucos, de recursos, de elementos discursivos y narrativos” que se traduce, añado, en un acto consciente de degeneración fílmica (reforzado por el uso de la imagen videográfica) en su particular búsqueda del cine primigenio. A la figura de palimpsesto como metáfora definitoria de la superposición de capas de sentido, que se ajusta a una manera de hacer del cine contemporáneo, Lluis Escartín contrapone la figura de la tabula rasa en su tentativa de deconstruir estas convenciones. Lo que este hecho tiene de singular es el primitivismo que subyace. Sus películas no son alambicadas sino elementales. No son sofisticadas sino toscas. Precisamente son estas características las que, a mi juicio, hacen defendible su cine.

No tiene nada de azaroso que El silencio entre los disparos, mediometraje que recoge los testimonios de distintos artistas egipcios en la inmediata post-revolución, comience con una cita (alguna de las escasas pero privilegiadas referencias intertextuales en la obra de Escartín) de D. H. Lawrence. Una declaración de intenciones no sólo por el contenido literal que circula a lo largo del metraje, sino también por poner de manifiesto la preferencia del director por la espontaneidad y la pasión frente al intelectualismo y la razón: tensión latente en los escritos del autor inglés, y más concretamente en Lady Chatterley, de donde susodicha cita procede (2).

A partir de aquí podríamos colegir que la película en cuestión basa sus esfuerzos en encontrar una relación física y espiritual, en vez de racional, con el entorno revolucionario, mediante un proceso por el cual, tanto el plano sonoro como el visual, adquieren una dimensión táctil y mística. Y en cierto sentido así es. La banda sonora se vuelve casi hipnótica con el grupo de música, al igual que ocurría con el canto de los tuaregs en Amanar Tamasheq (2010). El crescendo y la atonía en conjunción con los insertos de los planos cortos de los grafitis, o los planos desprovistos de cualquier tipo de racord de las calles de El Cairo, confieren a los primero minutos una estética trance que va más allá de la mera experiencia aural y visual. En otras palabras, la forma fílmica adquiere por momentos total independencia y pleno sentido por sí misma, en un vano intento por exorcizar el planeta.

Sin embargo, y  quizá debido a la urgencia del mensaje, el último filme de Escartín muestra una cara menos conocida en su filmografía. Esta parte instintiva tan característica queda eclipsada por un discurso mucho más recodificado que responde a los preceptos del género panfletario. De este modo, la película se convierte, conforme el metraje avanza, en un arma de aquellos que tienen problemas para expresar sus opiniones en el reducido flujo de ideas dominantes (3). A diferencia de Amanar Tamasheq, donde el Tuareg se evapora literalmente entre los intersticios de la forma, en El silencio entre los disparos los testimonios cobran especial protagonismo. El qué pasa a ser más importante que el cómo, con el único fin de elevar el sentido a su más alto grado de comprensión crítica.

Pero lo verdaderamente significativo es la progresiva remisión de los elementos concretos de la revolución egipcia a un orden superior. Así, el espectador será testigo de un desplazamiento, sin solución de continuidad, por el cual lo particular es remitido a lo general. Las peculiaridades de las revueltas se imbrican con la crítica al patriarcado, no sólo en el mundo islámico, para acabar dinamitando las bases del capitalismo mundial. La práctica artística se erigirá como el medio ideal para transformar las conciencias y en primer plano una proclama dirigida a Occidente: “PLEASE REVOLUTION”.

– – – –

(1) “El desaprendizaje de Lluís Escartín” Josetxo Cerdán. Revista Pausa, núm. 9, febrero 2009. Última consulta 01/06/2012.

(2) “Ours is essentially a tragic age, so we refuse to take it tragically”. Nuestra época es esencialmente trágica, por eso nos negamos a tomárnosla trágicamente.

(3) Función principal que Casimiro Torreiro atribuía al “panfleto” en su reflexión teórica sobre la obra de Eloy de la Iglesia. Véase en C. Torreiro, Del cineasta como cronista airado: Historia e Ideología, en VV.AA. Conocer a Eloy de la Iglesia. Donostia-San Sebastián, Filmoteca Vasca-Euskadiko Filmategia, 1996, Pág. 17.

FICHA TÉCNICA
Dirección, guión, montaje: Lluís Escartín
Música: Um Abdallah, Islam Chipsy, Shaabi Band, Marina Rossell, Mazaher, Sufi Band
Traducciones: Asunción Molinos, Osama Dawod, Ruth Jurado, Ana Munuera, Rubi Ahmed
Producción: Lluís Escartín, Mauricio de Miguel
País y año de producción: España, 2012

El documental El silencio entre los disparos de Lluís Escartín tuvo su estreno en el festival Documentamadrid en mayo del 2012.

5 Comentarios

  1. Por favor, Revolución. Pero con estilo.

  2. franco 08/06/2012 | Permalink

    Sin empezar a leer el artículo. Escartín Llara! Sin conocerle, alguna vez me crucé con un video suyo hecho en texas y fue apasionante.

  3. Jorge D. González 13/06/2012 | Permalink

    Un saludo!! Felicidades, Germán, por tu artículo, que me parece muy acertado al rescatar las influencias de sus trabajos anteriores para poder situar y explicar este nuevo paso en el vacío del cine de Escartín Lara. A mí me gustaría dar mi opinión acerca de si verdaderamente “The silence between the shots” está lleno de un espíritu revolucionario, no sólo en el mensaje, sino también en el estilo artístico, en el cómo lo expresa. Este punto ha sido muy polémico y personas que han visto la película arguyen que en este trabajo Lluís se ha centrado tanto en el contenido que ha dejado de lado completamente la forma. Todo esto, unido a una vieja frase que el otro día volví a escuchar de nuevo y que creía perdida y olvidada, me animaron a ordenar mis pensamientos y desarrollar la siguiente argumentación necesaria:

    Un conocido guerrillero argentino habló una vez de lo que para él significa ser revolucionario: “La virtud más hermosa de un revolucionario es sentir como propia cualquier injusticia que se cometa en cada lugar del mundo.”

    En este documental su director no es un abanderado de la vanguardia, y por vanguardia no me refiero sólo a la vanguardia artística, sino a la vanguardia que conoce las leyes de la historia (leer “Revolución en la revolución”, de Regis Debray sobre la teoría del foco insurreccional). No lo es por el debido respeto a lo que está rodando. Esa inocencia pura, que se siente en su mirada con la cámara, hace que el sentido de la observación se aumente, que el espectador deje a un lado la figura del camarógrafo y se implique directamente en lo que está viendo, se conecte con la realidad filmada. Eso es lo que para mí es verdaderamente revolucionario y bello (que no estético). Porque, ¿qué y quién define el estilo y la estética de alguien? Eso es algo que nos han imbuido en la Historiografía del Cine para explicar movimientos, directores, estilos, pero en verdad nada de eso que nos han explicado existe. Incluso es discutible que la misma persona tenga un estilo definido, porque la historia del cine y del arte está llena de personas que hacen una película y su contraria. La estética, amigos míos, no se decide, sino que sale del bruto que se está filmando, de cada plano que se rueda, no se inventa, se va haciendo a cada momento, como un organismo vivo que muere en el montaje y da como resultado una película. Y eso sí que se palpa en cada instante de la película de Lluís Escartín Lara.

    Para mí la revolución no se realiza en un “salón de las artes”, la hacen las personas, que son las que se juegan la vida por mejorar el mundo. Y si esas personas tienen una mirada artística (y cuando me refiero a artística me refiero a observadora, crítica y libre) como todos los que participan en el documental, nos abren los sentidos y nos hacen más sensibles a la realidad, en este caso la egipcia.

    J.M. Otero Roko escribió un lúcido artículo sobre “The silence between the shots” (http://contrapicado.net/2012/05/‘the-silence-between-the-shots’-lluis-escartin-2012/) en el que daba su explicación acerca de la tragedia de ser revolucionario, qué significa y qué consecuencias tiene; y cómo, a pesar de todo eso, existen tipos como Escartín Lara, que se atreve a coger una cámara y filmar lo que nadie se atreve a filmar. A mí, “The silence betwen the shots” me ha hecho desempolvar esta frase, con la que inicio mi argumentación, y que creía desprovista de todo sentido por el uso político que se le había dado, pero que hoy, tras ver de nuevo la película, me ha saltado a la cara con toda la vigencia que dan las grandes frases que forjan la Historia del Hombre sobre la Tierra.

  4. Please, Revolution ! 30/06/2012 | Permalink

    Artículo de Jara Yánez:

    http://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/junio_12/26062012_02.htm

    “…La muerte se convierte entonces en un sacrificio del individuo por la colectividad. Convertida en belleza, la muerte hace fuerte al pueblo que, sin miedo, lucha inquebrantable….”

  5. Oriol Illa 06/07/2012 | Permalink

    Hola a todos!

    Si algo aprecio mucho de la obra de ese espectro audiovisual que es Lluís Escartín, es la búsqueda de aquello primitivo, elemental e inocente incluso en su apuesta conceptual. La ausencia de embustes, de formalismos, de trucos conceptuales. Su obra es auténtica, rezuma expresividad y libertad creadora.
    Lluís Escartín parece deambular por los márgenes de la vanguardia contemporánea, o mejor dicho, por los abismos de la misma, o mejor, la vanguardia se la trae sin cuidado, y traza sus propios caminos. Busca y vuelve a buscar en cada obra la frescura, la falta de discurso preconcebido y la actitud punk de sus primeras obras americanas.
    Este continuo reciclaje puede ser lo que lleve la obra de Escartín a entenderse tan bien con jóvenes creadores audiovisuales e inspire nuevas generaciones de artistas españoles; los reflujos y ecos entre Los Materiales de Los Hijos y Nescafé Dakar o 75 drive a way me parecen claros, incluso más evidentes entre París#1 y Las Cimeneas Decidieron Escapar de Oliver Laxe y ese 75 drive a way o Terra Incógnita (por cierto, como el reflejo de Todos Vos Sodes Capitans del propio Laxe parece de Tropical Malady y ésta de Mullholland Drive).
    Si su obra en general me parece altamente estimulante, no así algunas piezas, o algunas partes de piezas, como Terra incógnita o Nescafé Dakar (ésta en diálogo constante con Tishe de Víctor Kossakowski).
    En cuanto a The Silence Between the Shoots, me parece una de las obras cumbre en la filmografía de Escartín, al nivel de Texas Sunrise, Amor, Amanar Tamasheq o Mohave Cruising. En lugar de su cámara captar la revolución, la revolución lo captó a él, y esa transparencia, ese acto íntimo de dejarse atrapar y dejar atrapar su obra, y sobretodo de mostrárnoslo sin artilugios ni engaños, me parece tan tierno como poético tan sicero como artístico, de gran valor.
    Con esto no quiero huir de la parte más polémica de ésta obra; forma versus contenido. Al iniciar el visionado, en la primera parte, parece que el autor se va a entregar a una borrachera de juegos y luces, a una apuesta conceptual de patchwork o collage vital, con múltiples juegos, guiños (como cuando interpela al entrevistado para que continuen el viaje en ascensor) y pequeñas piezas dentro de la pieza (la escena de la “danza de la muerte”), y parece que no hay salida en ese torvellino rezumante de energia. Pero vemos, nos enseña, en la segunda parte del film, como Escartín renuncia a la forma y a la expresión artística pura (según convencionalismos), quizá por respeto a aquello y aquellos a los que está enfocando con su cámara y ese preciso momento abre otra película, que cómo el celebrado efecto díptico de Apitchapong Weerasethakul (marca de la casa alquilada a Lynch y otros), no es más que otra explicación de lo que hasta ahora hemos visto. Y ese cambio de ritmo, es para mi lo que hace muy valiosa la apuesta estética de Escartín, huye de lo fácil, de lo previsible, de lo “moderno” y va mas allá, trasciende y nos da de bruces con una serie de durísimas entrevistas (todavia me desequilibra cuando recuerdo la sonrisilla estúpida y evasiva de los personajes cuando hablan de asesinatos y muerte) clásicas que por otro lado ponen en evidencia el buen entrevistador o mediador, Amor, que es Escartín, y nos libra de ejercicios de estilo. Quizá ello le libre de recoger más premios, pero a mi me subyuga esa idea de destrucción que emana de esa obra, el romper unas cuantas veces el discurso, el hilo, la estructura para alejarse de él mismo y acercarnos a la revolución.
    Please revolition.

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Redes sociales y canales de vídeo

  • Facebook
  • Twitter
  • Vimeo
  • ETIQUETAS

    ARCHIVO