Christmas in Icaria

Chistmas in Icaria sigue los pasos de Étienne Cabet y Joan Rovira, quienes en 1848 recorrieron el Mississippi para fundar una colonia, Icaria, donde el dinero y la propiedad estarían abolidos. Daniel García y Aurelio Medina articulan una singular road movie que hace resonar los proyectos utópicos del siglo XIX en la actual geografía norteamericana.


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«― Sabrás que en la iglesia baptista de Justin está el único resto que se conserva de aquella colonia icariana: es una campana. Hay una campana muy antigua en la puerta de la iglesia. Sí, una campana. (…)

― ¿Ah, sí? ¿Estás seguro?»

Tal vez este diálogo inicial sintetice sutilmente la apuesta documental que Daniel García y Aurelio Medina desarrollan durante los apenas 40 minutos de vídeo de Christmas in Icaria (2012). Porque antes de esta conversación hemos visto un plano de la citada campana, y también la fotografía de la (supuesta) caravana icariana que abre el filme, pero ambas evidencias serán rápidamente impugnadas como tales, bien por los autores, bien por uno de los personajes. A partir de aquí, entonces, Christmas in Icaria inicia un recorrido donde lo documental no está necesariamente relacionado con la aportación de pruebas que demuestran con detalle la verosimilitud y alcance del hecho histórico, sino más bien con cierta concepción maleable de la anécdota histórica como caja de resonancia de nuestro presente. Es cierto que un porcentaje amplio del documental moderno ha superado el corsé demostrativo, pero por el momento eso es algo menos habitual en el mal llamado “documental histórico”. Por otro lado, no es difícil imaginar que los directores poseían muchos más datos históricos que fueron descartados en favor de una estructura formal despojada de sobreexplicaciones y amparada por un cuidado montaje donde la duración de los planos y la riqueza de la banda sonora sustituyen con éxito un tipo de narración más convencional. Quizás ahí resida el mayor acierto de Christmas in Icaria.

El relato es sencillo: “En 1847 el comunista francés Étienne Cabet hizo un llamamiento para fundar en Texas una comuna igualitaria. El dinero y la propiedad estarían abolidos. Se llamaría Icaria”. Eso dice uno de los primeros rótulos. Sabremos también que un catalán, Joan Rovira, viajará poco después desde Barcelona para unirse a esa primera expedición, y con esta breve información bastará por el momento. Desde aquí, el filme crece como una singular road movie que se despliega pausadamente tras los pasos de Cabet y Rovira, por la ruta que transcurre en paralelo al río Mississippi. Por el camino, algunas conversaciones: Bill Marquis reconfigura el relato histórico en relato mítico, y de alguna manera encarna la especificidad de la transmisión cultural norteamericana; G., un recluso de “Angola” (prisión de alta seguridad del estado de Louisiana) describe con precisión la organización de los habitantes en esa especie de reverso de las colonias socialistas del siglo XIX; finalmente, Roger Reed, descendiente de icarianos, establece la pertinente conexión entre la emigración actual y las proyecciones utópicas de los antiguos colonos.

Son relaciones posibles, sí, pero ninguno de estos encuentros resuelve o aclara nada sustancial sobre Icaria. El viaje, antes bien, deviene en registro ―sensorial, sensual, sentimental― de la mil veces narrada odisea norteamericana, siempre representada en marcha, desde la ventanilla de un coche que privilegia la ansiada inmersión del individuo en el paisaje que transcurre ante sus ojos. De todos los géneros cinematográficos, la road movie, y específicamente el travelling desde un vehículo, ha sido la forma visual genuina para encarnar el sueño americano. Y desde ese punto de vista, la ruta 66 no es más que la continuación por otros medios de la caravana icariana, del socialismo utópico al espiritualismo beat. No es menos importante, entonces, que este movimiento se acompañe, de acuerdo a esta tradición formal, de extractos radiofónicos que salpican de promesas de un nuevo mundo el voraz recorrido de la cámara o el deseo insatisfecho del colono.

“No queríamos hacer una película sobre lugares vacíos, ese tipo de películas donde sabes, desde el inicio, que no se busca nada, donde parece que la Historia es algo imposible de agarrar” (1). Con cautela, por tanto, los escasos rótulos que puntúan Christmas in Icaria amarran perezosamente las imágenes al relato esquemático de las aventuras y desventuras de Cabet y Rovira. De este modo, el fracaso de la expedición icariana frena a tiempo el ejercicio formal y se proyecta en presente sobre los sustratos utópicos que cimentan la sociedad norteamericana en particular, y todo Occidente por extensión. Relato fundacional, como veremos, que aún pervive en forma de discurso legitimador de nuestro actual sistema económico.

A este respecto, la vuelta final a Barcelona, donde una avenida y una playa (antes un barrio entero) toman el nombre de Icaria en homenaje a los seguidores de Cabet, sitúa con ironía el lugar que corresponde actualmente al antiguo programa del socialismo utópico, reducido a la promoción de áreas comerciales, reconvertido en trampantojo que maquilla los planes urbanísticos municipales y, en definitiva, puesto al servicio de un capitalismo que hizo de la utopía un eslógan electoral.

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(1) Entrevista con Aurelio Medina y Daniel García, Visions du Réel, min. 4.

FICHA TÉCNICA
Realización, guión y edición: Daniel García Antón, Aurelio Medina
Operador de cámara adicional: Federico Patón
Postproducción de imagen: Federico Patón
Postproducción de sonido: Manuel Domínguez de la Osa
Producción: Colectivo SurReal
País y año de producción: España, 2012.

El documental Christmas in Icaria se estrenó en el festival suizo Visions du Réel 2012 y ha estado seleccionada en el reciente festival Documentamadrid 2012.

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