Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo

Situado en un lugar impreciso entre el retrato, la crónica y el relato íntimo, la jovencísima cineasta mejicana Yulene Olaizola deslumbra con un documental que cuestiona el límite entre la cordura y la locura para situarse en el inquietante umbral de la incertidumbre y la sospecha.


    Post2PDF

LA SEDUCCIÓN DEL INQUILINO
“Qué horror!” va exclamando Rosita Carbajal mientras recorre la casa de huéspedes que durante años ha regentado entre las calles Shakespeare y Víctor Hugo de Ciudad de Méjico. “Qué horror!”. Rosita relata a la cámara los recuerdos que le unen a Jorge Riosse, un inquilino que vivió en su pensión durante ocho años, con quien trabó una inseparable amistad y quien le dejó una imborrable huella. Situado en un lugar impreciso entre el retrato, la crónica y el relato íntimo, la jovencísima cineasta Yulene Olaizola deslumbra con Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo (2008), un documental que cuestiona el límite entre la cordura y la locura para situarse en el inquietante umbral de la incertidumbre, justo donde la sospecha inaugura el temor por lo desconocido. Para ello, Olaizola pone en marcha un dispositivo aparentemente sencillo que para nada hace prever lo tintes siniestros que llegará a alcanzar la reconstrucción de los acontecimientos que rodearon el paso de Jorge Riosse por la casa de huéspedes de su abuela.

Pintor, escritor, músico, homosexual, esquizofrénico y presunto asesino. Jorge Ríos, quien se hizo llamar Jorge Riosse, Jorge Cariño o también Rossemberg, es el centro de las conversaciones entre Olaizola y su abuela Rosita. La película, que transcurre únicamente dentro de la cuatro paredes de la pensión, también recoge el testimonio de otros personajes que tuvieron alguna relación con el inquilino, como es el caso de Flor, la encargada de la cocina y  la limpieza, o José Ángel, quien se convirtiera en su compañero accidental.

Pensada a partir de una cuestionable estructura que discurre en los límites del suspense y que juguetea con la sorpresa, Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo se inaugura con un relato forzosamente fascinado por la vertiente más encantadora al tiempo que declaradamente estrambótica de Jorge Riosse. Un inevitable amor rodea las palabras de las que se sirve Rosita para describir sus habilidades con la pintura, la literatura y la música, en un mecanismo próximo al Truman Capote que describió la entrañable y no menos estrambótica Holly Golightly de Desayuno en Tiffany’s (1958) para acabar él mismo fascinado por los asesinos verídicos de su celebrada novela de no-ficción A sangre fría (1966). Hasta aquí, al espectador no le queda más remedio que dejarse subyugar por la obra de Jorge (sus cuadros, sus canciones, sus versos) y por la celebración de su inteligencia y sensibilidad puesto que se nos dibuja un personaje brillante y solitario, un outsider cuyo carisma solamente se ensombrece al atribuírsele una hipotética esquizofrenia. Un genio, al fin, cuya locura es el germen que le empuja hacia la creación.

Así las cosas, la película toma un giro de ciento ochenta grados justo en el momento en qué aparecen las primeras referencias a los tabloides anteriores a la muerte del inquilino y la sospecha se instala en la narración con la violencia desgarradora de un cuchillo capaz de cortar la respiración. La sombra del “maníaco mata mujeres”, como bautizan en la prensa al asesino en serie que entre 1991 y 1993 estranguló al menos a 13 mujeres en el barrio de La Merced, empieza a planear sobre la figura de Jorge Riosse a consecuencia de las pistas, las coincidencias y las deducciones de la abuela de la cineasta. A partir de este momento, la película avanza en  tensión, entre los indicios de culpabilidad y el deseo de su puesta en duda, entre el miedo a la certeza y la esperanza de una prueba exculpatoria.

Llegado este punto, y aún recorriendo a unos vínculos lejanos, es difícil no pensar en la impostura y la renuncia a los códigos sociales de la normalidad del Joaquim Jordà de Monos como Becky (1999) o De nens (2003), y, al mismo tiempo, en la fascinación que ejerce el serial killer de Zodiac (David Fincher, 2007) sobre Robert Graysmith, el protagonista que lucha por descubrirlo. Igual que éste, abuela y nieta se encuentran ante un caso de homicidios múltiples que jamás se resolvió, ante un maníaco asesino implacable en la repetición de sus métodos pero, sobre todo, ante la propia empatía por un sospechoso que, de un modo u otro, ha conseguido penetrar en sus universos sentimentales. Es justo en esta encrucijada que Intimidades… es sorprendentemente capaz de documentar el contraste entre la mitomanía que caracteriza el imaginario legendario del pueblo mejicano y la fractura social a la cual debe enfrentarse el país en su día a día. Dos polos aparentemente opuestos pero que conviven y que también se abrazan en otros territorios de la creación artística mejicana, como entre el Arturo Ripstein de Profundo Carmesí (1996) y el de La perdición de los hombres (2000).

Seducida y atrapada por la figura del  asesino a quien tuvo ocasión de conocer y que la pintaba en sus cuadros cuando era pequeña, finalmente Olaizola asiste impávida al descubrimiento edípico de su abuela en lo que constituye el exultante clímax de la película. Rosita, al ir desgranando los detalles de su particular investigación y aportando las pruebas de la prácticamente inequívoca vinculación entre Jorge Riosse y el “maníaco mata mujeres”, debe aceptar haberse convertido, muy a su pesar y sin haberlo sabido jamás, en la perfecta cómplice de un asesino en serie. “Qué horror!”.

FICHA TÉCNICA
Dirección: Yulene Olaizola
Dirección de fotografía: Rubén Imaz, Yulene Olaizola
Sonido: Rubén Imaz, Yulene Olaizola
Montaje: Yulene Olaizola
Postproducción de sonido: Pablo Fernández
Música: Emiliano Motta, Emiliano González de León
Producción: Centro de Capacitación Cinematográfica de México, Jan Vrijman Fund
País y año de producción: México (2008)

Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo fue la ganadora del BAFICI 2008 (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente) donde también fue premiada con el premio del público. En el FICCO 2008 (Festival Internacional de Cine Contemporáneo de la Ciudad de México) se llevó el premio a mejor documental, entre otros varios. El documental se podrá ver en la próxima edición del Festival de Cine de San Sebastián, dentro de la sección Horizontes Latino.

3 Comentarios

  1. Antonio 09/09/2008 | Permalink

    El artículo ya te pone los pelos de punta. Qué ganas de verla y poder ser cómplice de Rosita.

  2. María Noriega 01/03/2013 | Permalink

    Vi el documental ayer y me pareció merecedor de todos los premios que ha recibido. Íntimo, conciso, nada efectista, sobrio. ¡Me gustó muchísimo! Más porque viví 27 años de mi vida a unas calles de Shakespeare esquina con Víctor Hugo.

  3. Alicia 17/03/2013 | Permalink

    Atrapante desde el comienzo, la tensión e interés va in crescendo minuto a minuto. Muy buen trabajo Felicitaciones.

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Canales de vídeo y redes sociales

  • Vimeo
  • Facebook
  • Feeds

    ETIQUETAS

    ARCHIVO